Mostrando entradas con la etiqueta Harmony Korine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Harmony Korine. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de agosto de 2016

Spring Breakers, girls gone wild



Título Original Spring Breakers (2012)
Director Harmony Korine
Guión Harmony Korine
Actores Selena Gomez, Vanessa Hudgens, Rachel Korine, Ashley Benson, James Franco, Heather Morris, Emma Holzer, Ash Lendzion, Josh Randall, Gucci Mane





Harmony Korine es un tipo que me produce rechazo, tanto en el plano profesional como en el personal. Como guionista al servicio de otros directores se hizo famoso por escribir Kids, la sobrevalorada y gratuitamente provocadora ópera prima del fotógrafo Larry Clark, y posteriormente sólo me ha convencido realizando la misma operación con Ken Park, la descarnada pero vitalista cuarta película de Clark como realizador. Como director la cosa empeora si tenemos en cuenta que su debut detrás de las cámaras es Gummo uno de los engendros cinematográficos más aburridos, insultantes e irritantes de la década de los 90 que se convirtió en una especie de cinta de culto dentro de los círculos del cine independiente americano, pero de la que hoy por suerte pocos se acuerdan. Más tarde experimentó con el movimiento Dogma 95 en Julien Donkey Boy, rodó una rareza protagonizada por un imitador de Michael Jackson en Mr Lonely y se embarcó en un proyecto llamado Trash Humpers cuyo cartel con un actor disfrazado de anciano mientras hace aguas mayores me hizo perder todo el interés por este niñato con ínfulas de falso transgresor.




Tras un tiempo de relativo silencio realizando cortos o involucrándose en largometrajes rodados por varios directores en 2012 Korine estrenó, con bastante repercusión y una enconada polémica entre los que la consideraban una obra maestra (entre ellos el cineasta John Waters) y los que aseguraban que era la peor película de aquella temporada, Spring Breakers la que puede considerarse su obra más accesible y comercial, una pieza que sin perder las señas de identidad de su discurso (la pocas buenas y las muchas nefastas) ofrece un trabajo que contiene los suficientes alicientes como para ser considerado su mejor obra (que no es decir mucho) detrás de las cámaras gracias a su esquizofrenia ideológica, su malsana inclinación por ensuciar iconos catalogados "para todos los públicos" y por el camino hacernos reflexionar sobre distintos temas bastante interesantes que un servidor jamás hubiera pensado podrían ser abordados con un mínimo de inteligencia por un descerebrado de escaso talento como el que nos ocupa.




Spring Breakers sigue los pasos de Faith (Selena Gómez), Candy (Vanessa Hudgens),  Brit (Ashley Benson) y Cotty (Rachel Korine) cuatro universitarias que tras atracar un restaurante consiguen el dinero suficiente para poder pegarse las vacaciones de primavera de su vida. Durante el desfase de la fiesta interminable en la que las chicas se ven implicadas la policía hace una redada en el apartamento donde se están llevando a cabo la misma y las detienen para llevarlas a comisaria. Arrestadas y ya frente a un juez verán como su suerte cambiará cuando Alien (James Franco) un narcotraficante amante del lujo, las mujeres y las armas pagará la fianza y acabará acogiéndolas en su casa donde les permitirá establecerse entre el lujo y el peligro de la vida de un gangster. Esta es la sencilla trama de la quinta película como director en solitario de Harmony Korine y la simpleza de la misma sigue denotando el pobre talento de este como narrador, pero por suerte como guionista deja subyacer algo interesante debajo de lo rudimentario de su argumento y ahí es donde el film se hace fuerte de cara al espectador.




El agradecido carácter malsano de Spring Breakers se deja notar prematuramente sólo con mirar su casting, Tres de las cuatro protagonistas (la cuarta es la esposa del mismo director, Rachel Korine) son conocidas como iconos infantiles que se han hecho famosas en programas o series dirigidos principalmente a niños y adolescentes. Selena Gómez a parte de cantante es uno de los rostros más reconocibles de Disney Channel, Vanessa Hudgens cimentó su fama con los films de la saga High School Musical, propiedad también de la casa del Pato Donald, y Asley Benson es una de las actrices protagonistas de la serie para quinceañeros Pretty Little Liars. La elección completamente consciente de este reparto "estelar" por parte de Harmony Korine es toda una declaración de principios, ya que mientras las jóvenes actrices creen estar abriendo el abanico de sus aptitudes interpretativas y los fans de estas acaban tragando cualquier película en la que hagan acto de presencia sus "ídolos" el guionista y director escupe en todo lo que sus actrices representan de cara a la opinión pública.




Hay una tan atractiva como irritante dualidad en Spring Breakers que puede despertar tanto iras como pasiones por parte de los espectadores. Por un lado hay una clara intención por parte de Harmony Korine de hacer un retrato inmisericorde y nihilista de los hijos del Siglo XXI, idea que queda establecida bien pronto con dos de las protagonistas que asisten a clase de historia mientras matan el tiempo hablando de la cantidad de relaciones sexuales que van a mantener en sus vacaciones de primavera haciendo oidos sordos a las palabras de un profesor que diserta sobre la importancia que tuvo en Estados Unidos la lucha por los derechos de los negros y la erradicación del segregacionismo, algo que a estas chicas deseosas de "pasarlo bien" no parece importarles lo más mínimo. Con su quinta película como director Korine no quiere tanto enfatizar ideas que retratan a los adolescentes nacidos en los 90 como salir de fiesta, experimentar con el sexo o las drogas, meterse en líos y entregarse al exceso (conceptos indivisibles a cualquier juventud que se precie desde el principio de los tiempos) como poner el acento sobre la vacuidad moral y la nula implicación social o ideológica a la que se ha entregado gran parte de una acomodaticia "generación internet" que no sabe lo que es luchar por sus derechos más básicos porque nunca lo han necesitado.




La dicotomía nace cuando descubrimos que para realizar esa crítica furibunda sobre la alienación a la que una generación de adolescentes se ha entregado casi sin saberlo o importarle el director utiliza un despliegue de recursos visuales que parecen querer abrazar esa idea de vacío existencial de carácter vírico y pueril. Desde el arranque del film, que parece la intro de un programa de la Mtv tipo Jersey Shore, ejectuado con una artificiosa comunión entre imagen y música que convierten a Spring Breakers en un interminable y efectista videoclip de reggaeton regado con desnudos, coches, alcohol y drogas, todo el proyecto está abordado de la manera más "videoclipera" posible por parte del director de Gummo. que con ello parece contradecir su propio discurso al utilizar el "vacío" para criticar la "vacuidad", algo parecido a lo que hizo Oliver Stone con la muy superior Asesinos Natos (Natural Born Killers) haciendo uso de una estética intrinsecamente violenta para criticar la violencia. En ese momento no sabemos si Korine es un traidor de sí mismo o un genio que juega a placer con los límites de la autoparodia sin que la platea pueda distinguir cuál de las dos ideas es la que se ciñe más a la realidad.




Lo interesante es que entre incontables pasajes ideados como si fueran versiones light de orgiásticos vídeos porno que lo único que hacen es atraer la atención de los espectadores a los que se está dejando en evidencia con la obra podemos ver fogonazos de talento en la narración impropios de un cineasta tan deficiente como el de Julien Donkey Boy. Momentos como el atraco al restaurante rodado en plano secuencia dentro del automóvil, la escena de sexo en la piscina o el asalto a la mansión por parte de dos de las protagonistas en la recta final del metraje dan muestras de que Harmony Korine va cogiendo oficio con la cámara y gracias a ello consigue tapar los fallos de ritmo que sus guiones siguen conteniendo con síntomas claros de no saber hacia donde guiar la trama con diálogos repetitivos hasta la extenuación, situaciones dinámicas por parte de los personajes alargadas hasta el agotamiento y todo ello con la excusa de que el espectador esté más pendiente del acabado estilístico de la obra que de un trabajo de escritura tan aceptable como lleno de altibajos.




Spring Breakers es un producto que merece le pena ser visto aunque sólo sea una vez, ya que debajo de su carcasa de "película para pajilleros" o videoclip de hora y media late el corazón de un relato tan interesante como contradictorio, tan subversivo como moralista, tan políticamente incorrecto como autocomplaciente en el que cuatro actrices adolescentes juegan a ser algo más que juguetes de la industria del entretenimiento comandadas por un tan memorables como grimoso James Franco con rastas, fundas dentales de metal y cara de ir puesto hasta el culo de todo tipo de sustancias. Mientras Harmony Korine se embarca en su próximo proyecto The Trap, los productores de Spring Breakers anunciaron en 2014 una secuela titulada Spring Breakers: The Second Coming de la que el director y James Franco están totalmente desvinculados (de hecho el actor de Mi Nombre es Harvey Milk echó pestes de la misma cuando se enteró de su desarrollo) y que será abordada por el director Jonas Åkerlund (autor de videoclips para Metallica, Rammstein o U2 y de la nefasta cinta Spun) y el novelista Irvin Welsh (Trainspotting, Porno) aunque parece ser que el proyecto está bastante aparcado. Sólo el tiempo nos dirá si  estas vacaciones de verano se convierten en tradición o quedan en anécdota de un sólo año.



lunes, 5 de julio de 2010

Gummo, now I'm dancing, It's like a dream, no end and no beginning



Título Original: Gummo (1997)
Director: Harmony Korine
Guión: Harmony Korine
Actores: Linda Manz, Max Perlich, Jacob Reynolds, Chlöe Sevigny, Jacob Sewell, Nick Sutton, Lara Tosh, Carisa Bara





En más de un momento he prafraseado al gran Matías Prats Jr viendo la ópera prima como director del joven guionista Harmony Korine, habitual colaborador del fotógrafo y realizador Larry Clark en la escritura de sus films. Gummo recibió varios galardones en distintos festivales en 1997 y fue durante un tiempo, allá por la segunda mitad de la década de los 90, un notorio estandarte de cierto cine independiente estadonuidense. A día de hoy está muy olvidada y pocos se acuerdan de ella, por suerte para el sentido común.




Gummo, es una enorme hez fecal en imágenes. La primera película de Harmony Korine como director es una soplapollez tal, que decir que es cine es un insulto a la inteligencia del cualquier espectador que se precie de serlo. Gummo no es una película, es el resultado de poner una cámara delante de todos los deficientes mentales, pirados, mendigos y niñatos fumados de tu barrio e ir enlazando las imágenes unas con otras sin sentido o rigor alguno. Sólo para ver como queda, reírte con tus colegas por ver como salís en pantalla y que un puñado de flipados con ínfulas de radicales trasnochados alabe tu talento para retratar una sociedad cruda, decadente y sucia donde la alienación infantil está al orden del día.




Pues no, Gummo no aporta nada en ningún sentido, ni siquiera está rodada porque la cámara está ahí de la misma manera que podía estar metida en un cubo de basura. Korine cuenta lo que le da la gana y por eso mismo no cuenta absolutamente nada, porque realmente no tiene ni zorra idea de lo que quiere hablar. No sólo no hay historia (no siempre es necesario, ahí tenemos muchas muestras de arte y ensayo de calidad dificilmente cuestionable) es que no hay ni personajes. Los mismos son vecinos de barriada mostrados en una especie de vídeo casero rodado en cine que quiere ir de veraz por insuflarle un aire de documental forzadísimo, pero que solo transmite hastío, aburrimiento, indiferencia y en los peores casos gilipollez pura y dura.




Por mucho que hable (de manera estúpida, pero agradecidamente carente de efectismo y sin afán de sensacionalismo) de temas potencialmente complicados y poco agradables como la pederastia, los malos tratos, la violencia de género, el sexo entre retrasados mentales, la carestía económica, el uso de la religión como opio del pueblo, no hay una coherencia conceptual, no existe una verdadera mirada profunda. Todo es un sinsentido repleto de escenas insulsas, improvisadas, exasperantes que no dicen nada, que muestran la más absoluta vacuidad. Korine quiere ir de intimista con sus personajes y lo que en verdad consigue poco tiene de minimalista, transgresor o analítico.




Al director de Julien Donkey Boy le gustaría ser Gus Van Sant, pero como no puede ni queriendo se conforma con aspirar a ser un Todd Solondz sin inteligencia alguna. Aunque al final sólo llega a sucedáneo de su amigo y mentor Larry Clark. Por suerte a Korine no le obsesiona tanto el sexo juvenil (al menos como director, como guionista sí, como pudimos ver en los que le escribió a Clark para Kids y Ken Park) como al realizador de Bully (ay, Larry viejo verde). Porque una de las pocas cosas que se le pueden agradecer a Gummo es que teniéndolo realmente fácil para introducirse en la zafiedad con respecto a ese tema, no lo hace en ningún momento. Esa es otra, esta producción tiene fama de dura e incómoda y dicen que ahí está su mayor triunfo. Ambas cosas son mentira, ni eso son virtudes ni llega a transmitir algo que no sea irritabilidad.




Como ya he dicho previamente, Gummo mo es una película, es el preludio de lo que en un futuro vendría a ser un larguísimo vídeo de Youtube, de esos que graban los colegas para reírse ellos mismos, con gilipollezces localistas que los hacen artificialmente felices alentando una falsa camaradería. El proyecto del que hablo en esta entrada es un descomunal "Contigo no, Bicho" o "La he liao Parda" (¡una secuencia de 5 minutos con un tío rompiendo una silla a patadas ante las risas de sus amigos dementes!), que a mí al menos nada me interesa o aporta. Para colmo cuando quedan diez minutos de metraje, Korine descubre que puede mover la cámara y hacer un travelling y... ¡crear cine, del real!. Una pena, a esas alturas estoy debatiendo conmigo mismo sobre si darle un patada al monitor del ordenador o ir a su barrio y quemarlo hasta los cimientos con vecinos incluidos.