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miércoles, 31 de marzo de 2021

Doom Patrol Temporada 2, when you wish upon a star, your dreams come true.



"Las causas perdidas no lo son del todo si alguien lucha por ellas"




Aunque pasó bastante desapercibida, incluso dentro del tipo de ficción al que se adscribe, la primera temporada de Doom Patrol se convirtió en una de las mejores series del año 2019, no ya dentro de las producciones audiovisuales dedicadas a adaptar los personajes de cómics a imagen real, sino dentro de cualquier género que pudiera cultivarse dentro del medio televisivo o las plataformas digitales de pago por visión. Nacida como spin off derivado de la serie Titans, Doom Patrol llegó a DC Universe, para más tarde pasar a HBO, como una adaptación bastante fiel de la gloriosa y renovadora etapa de los personajes escrita por Grant Morrison y dibujada por Richard Case a finales de los 80. Como recordamos, por aquel entonces los personajes creados por los guionistas Bob Haney y Arnold Drake, acompañados del dibujante Bruno Preamini, en junio de 1963 dentro de las páginas de My Greatest Adventure #80 vivían las horas de popularidad más bajas de su vida editorial. Pero Morrison y Chase insuflaron nueva vida a base de imaginación desbordada, surrealismo y metalenguaje.




Esta época de la Patrulla Condenada que a día de hoy sigue siendo una de las mejores de la historia de DC Comics, y posteriormente el sello Vertigo, fue la elegida por Jeremy Carver, creador y showrunner de la serie, con el respaldo de los productores Greg Berlanti y Geoff Johns o Sarah Schechter. En el apartado artístico encontrábamos a Timothy Dalton (Niles Culder/el Jefe), Diane Guerrero (Crazy Jane y sus otras 64 personalidades) April Bowlby (Elasti-Girl/Rita Farr) Joivan Wade (Cyborg/Victor Stone) y dos casos curiosos como los de Brendan Fraser (Cliff Steele y voz de Robotman) y Matt Bomer (Larry Trainor y voz de Negative Man) que junto a Riley Shanahan y Matthew Suk, los actores que realmente los interpretan cuando llevan puestos sus atuendos, daban forma a dichos personajes. A ellos se sumaba Alan Tudyk (Mr. Nobody/Eric Morden), dando vida, no sólo al villano principal de la temporada, sino también al demiúrgico narrador de la historia planteada.




El resultado no sólo fue, como ya hemos apuntado previamente, una adaptación notablemente respetuosa con los cómics diseñados por Grant Morrison y Richard Case, sino una de las series más originales, atípicas, divertidas, alocadas y emotivas de la ficción reciente y la, con mucha diferencia, mejor producción adscrita a DC Entertainment, independientemente de si su origen es cinematográfico, televisivo o de pago por visión. El acabado visual de todos y cada uno de los episodios, la mezcla entre carisma, ternura, tragedia y humor negro de un reparto en estado de gracia interpretando a personajes tridimensionales con los que era imposible no empatizar; el divertidísimo uso del metalenguaje y la intertextualidad por parte del villano interpretado por Alan Tudyk o la aparición de míticos secundarios de las viñetas como Flex Mentallo, Danny, la Calle o el Cazador de Barbas convirtieron la primera temporada de Doom Patrol en un logro mayúsculo que mereció un mayor reconocimiento debido a su trascendente amalgama entre entretenimiento bizarro y emotividad perfectamente conjugada.




Por suerte esos primeros quince episodios funcionaron lo suficientemente bien como para que Warner Bros diera continuidad al show con una segunda temporada que debutaría paralelamente en DC Universe y una por aquel entonces recién nacida HBO Max. El 25 de julio de 2020 llegaba esta nueva entrega de Doom Patrol y lo hacía con una importante incorporación en su reparto, la de Abigail Shapiro como Dorothy Spinner, rol que sólo apareció, sin mostrar su rostro, en el último episodio de la primera temporada. Este personaje se convierte en el epicentro de la los diez episodios que configuran este nuevo gran arco de la serie creada por Jeremy Carver, ya que gran parte de la trama gira en torno a sus enormes poderes y las desastrosas consecuencias a las que puede dar lugar cada vez que “pide un deseo” y permite a sus amigos imaginarios tomar forma corpórea en nuestra realidad. Dicha situación es alumbrada por primera vez en el flashback de 1927 centrado en la pequeña niña con facciones simiescas en el que es adoptada por Niles Culder después de dar rienda suelta de manera involuntaria a una masacre en la carpa del circo en el que era brutalmente expuesta y maltratada por su dueño.




Pero afortunadamente el interesante perfil psicológico de los personajes en el que más que superhéroes son retratados como marginados con notables problemas psicológicos derivados de pasajes traumáticos pertenecientes su pasado, algo que ya estaba en la visión que de ellos dio Grant Morrison en su ya citada etapa, siguen imperando en las distintas tramas de esta temporada. Crazy Jane y la crisis relacionada con sus distintas personalidades, Robotman y Negative Man persiguiendo su pasado familiar, Elasti-Girl intentando controlar sus poderes y recuperar su vida como estrella cinematográfica, Cyborg comenzando una relación sentimental con su compañera de terapia y el Jefe intentando contener el peligroso don de su hija muestran un abanico de diferentes dilemas morales y afectivos con el que Doom Patrol se sigue confirmando como una de las series actuales con una mejor galería de protagonistas que a pesar de su naturaleza extraña y poco común consiguen empatizar con un espectador que lo tiene muy fácil para conectar con los problemas, muy humanos, de estos siete personajes a los que se suma Dorothy como nueva incorporación.




Precisamente es la incorporación al cast de Abigail Shapiro como Dorothy el mayor acierto de esta segunda temporada. La hermana de Milly Shapiro (Hereditary) captura de manera brillante la mezcla entre ternura, tragedia y terror que transmitía el personaje en los cómics de Doom Patrol en general y en la etapa de Morrison y Case en particular. Su lenguaje corporal, voz cándida y el buen hacer de los sencillos efectos de maquillaje conjuran un personaje del que es imposible no enamorarse y que la pequeña actriz acomete con una convicción y profesionalidad impropia de una niña de su edad con pocos trabajos interpretativos a sus espaldas. A Shapiro le acompaña un equipo artístico que ya en la primera temporada demostraron haber sido elegidos por la divina providencia para dar vida a sus papeles y que en esta nueva entrega consiguen desarrollar y llenar de matices haciéndolos sobresalir con respecto a cualquier otro personaje de DC Comics extrapolado al medio audiovisual. Lo único que se echa de menos es al Mr. Nobody de un inconmensurable Alan Tudyk que, esperemos, pueda volver como villano en alguna de las próximas, esperemos que muchas, temporadas de la serie, ya que la aparición puntual de villanos como Red Jack son agradables, pero saben a poco.




Aunque se pierde el factor sorpresa y el uso delirante y genuino del metalenguaje aportado por el villano interpretado por el Hoban “Wash” Washburne de Firefly y Serenity con respecto a la primera temporada, la segunda parte de Doom Patrol sigue siendo un producto que, como ya apuntamos al inicio de esta entrada, trasciende las adaptaciones de personajes de cómics a imagen real para consolidarse como una de las mejores series actuales, algo que sintetiza de manera impecable el maravilloso episodio Sex Patrol, una genuina oda a la diversidad y la inclusividad. Afortunadamente su paso a HBO Max resultó un gran éxito, convirtiéndose en una de las producciones propias más vistas de la plataforma de pago por visión, de manera que en el DC FanDome de septiembre de 2020 se confirmó su renovación por una tercera temporada que llegará a nuestras pantallas en algún momento, todavía sin especificar, del presente año. Aunque no tiene una vinculación directa con la serie es muy de agradecer que un proyecto tan remarcable como Doom Patrol haya sido construido por sus máximos responsables en base a los geniales e inteligentes planteamientos argumentales que Grant Morrison desplegó a lo largo de los tres años que permaneció en la colección con el respaldo de Richard Case a los lápices. Por suerte nos queda Grant Morrison para rato en la ficción audiovisual.


sábado, 16 de julio de 2016

Instinto Básico 2: Adicción al Riesgo, algo pasa con Catherine



Título Original Basic Instinct 2 (2006)
Director Michael Caton Jones
Guión Leora Barish y Henry Bean basado en personajes de Joe Eszterhas
Actores Sharon Stone, David Morrissey, Charlotte Rampling, David Thewlis, Hugh Dancy, Anne Caillon, Iain Robertson





El enorme éxito que obtuvo Instinto Básico hizo que la idea de realizar una secuela siempre estuviera en el aire. Si buscar el equipo técnico y artístico del largometraje de Paul Verhoeven fue complicado dar con los de su secuela fue una tarea mucho más ardua. Después de bastantes años de baile de actores y directores un entusiasmado David Cronenberg hablaba a principios de la década pasada en entrevistas de un retorcido guión de Instinto Básico 2 que había leído y le hubiera interesado llevar a imágenes. Por lo visto el canadiense comenzó a realizar trámites con el productor Mario Kassar (propietario de los derechos de la franquicia) pero ante la negativa de este a que Cronenberg se trajera a su equipo técnico habitual para que colaborara en el film el proyecto no llegó a ninguna parte. Más tarde trataron de tantear a John McTiernan pero este no pareció mostrar mucho interés y por aquel entonces sus problemas con la ley ocupaban la mayor parte de su tiempo.




Entonces la misma Sharon Stone entró como productora en el largometraje y eso lo condenó definitivamente. Parece ser que la actriz antepuso sus aires de diva a las decisiones que podrían haber beneficiado a la secuela del film de 1992 y comenzó a rechazar sistematicamente actores que o no le agradaban o le podían hacer sombra de alguna manera, cuando ella era indudablemente la reina de la velada. Finalmente en el año 2005 comenzó el rodaje con el escocés Michael Caton Jones (Memphis Belle, Vida de Este Chico) en la dirección, un guión escrito a cuatro manos por Henry Bean (The Believer) y Leora Barish (Buscando a Susan Desesperádamente), el británico David Morrissey (The Walking Dead, Centurión) como partenaire de la protagonista y secundarios como Charlotte Rampling (El Portero de Noche, Melancolía) o David Thewlis (Teorema Zero, Regresión) en el reparto. En 2006 la obra se estrenó oficialmente y el fracaso fue el esperado, la crítica despellejó el film y la taquilla le dio la espalda, no sin motivo.




La escritora Catherinne Tramell se encuentra en Londres y tras verse implicada en un nuevo y extraño caso de asesinato la policía de Scotland Yard, representada por el agente Roy Washburn, le asigna un psiquiatra criminalista, el doctor Michael Glass (que guarda un oscuro pasado relacionado con uno de sus clientes) para que se ocupe de evaluarla psicológicamente. Por medio de mentiras y sus dotes de seducción Catherinne se irá convirtiendo poco a poco en la obsesión del doctor Glass y este se verá implicado en una serie de asesinatos en serie que parecen ser cometidos por su paciente. Esta es la trama de Instinto Básico 2: Adicción al Riesgo, un sota, caballo y rey visto hasta el hartazgo que no sólo está construido de la manera más procedimental posible, sino que también se antoja en todo momento como una revisión torpe e innecesaria de la película original rodada por el director de Eric: Oficial de la Reina en el año 1992 con muchísimo mejor resultado a todos los niveles.




Instinto Básico 2: Adicción al Riesgo es, más que una secuela, un remake de la primera entrega. Como producto cinematográfico repite casi una por una todas las ideas y resoluciones formales de la película de Paul Verhoeven pero de manera mucho más rudimentaria, fallida y en ocasiones hasta inintencionadamente cómica. El personaje de Sharon Stone consigue seducir a un hombre (en la primera entrega un agente de policía con problemas personales, en esta un psiquiatra criminalista que también los tiene) que pierde los papeles por ella, por el camino este se vuelve loco por su influencia aún sabiendo que puede ser una asesina en serie y ella finalmente revela que ha usado a su amante para que lleve a cabo los planes que había, previamente, diseñado. El problema radica en que ni Michael Caton Jones tiene la personalidad de Paul Verhoeven a la dirección, ni Henry Bean y Leora Barish la malicia de Joe Eszterhas al guión.




El trabajo del director de Disparando a Perros es impersonal y desganado, su mirada no se aleja de la de cualquier mercenario de turno haciendo un especial hincapié por resaltar las modernas localizaciones londinenses en las que se desarrollan las escenas y utilizar un efectista estilo videoclipero en las escenas de acción (el arranque del film dentro del coche deportivo pone pronto las cartas sobre la mesa en cuanto a la paupérrima puesta en escena) y las de sexo que no tienen nada de la carnalidad milimétricamente diseñada por director de Desafío Total o Spetters. Conociendo el buen gusto de David Cronenberg el guión que finalmente se utilizó en Instinto Básico 2: Adicción al Riesgo no debe ser el que él leyó, porque este cúmulo de sinsentidos narrativos, giros gratuitos, contradicciones en sesión continua y apuntes que incluso dañan a lo acontecido en la primera película es imposible que agradara en manera alguna al autor de Map of the Stars o Vinieron de Dentro de....




Pero no hay que negar lo evidente, si hay alguien que se salió con la suya a la hora de poner en marcha un proyecto como la secuela de Instinto Básico esa fue Sharon Stone. La actriz de Casino o Flores Rotas sació su ego y desde que puso sus manos en el proyecto en calidad de productora lo convirtió en una pasarela para que pudiera lucir sus todavía notables encantos de mujer. Evidentemente a los cuarenta y ocho años que tenía cuando rodó el film en 2006 no era ni la sombra de la mujer que con un cruce de piernas volvió loco a medio mundo en la cinta primigenia, pero todavía mantenía una sensualidad más que considerable que se crecía en pantalla sobre todo cuando compartía pantalla con un David Morrissey que no sabía ni donde estaba y que nos hacía echar mucho de menos a Michael Douglas. El problema es que la actriz se cree tanto su personaje de Catherine Tramell que en no pocas ocasiones lo convierte en una parodia de sí mismo protagonizando algunas escenas de vergüenza ajena como la del epílogo en el patio del sanatorio mental.




Instinto Básico 2: Adicción al Riesgo es la mediocridad hecha celuloide. Lo que pudo ser una interesante, aunque innecesaria, secuela se convirtió en aquello que el film original eludía ser gracias a la labor de Paul Verhoeven y Joe Eszterhas, un thriller erótico que parece un telefilm de los que protagonizaba Andrew Stevens, junto a la actriz madura en decadencia de turno, en las sesiones nocturnas de la televisión americana de los 90. Con un guión ridículo en el que, eso sí, se vislumbran un par de ideas interesantes (lo que se plantea en la escena del intento de ahogo en el jacuzzi es interesante con respecto a la personalidad de la escritora) unos secundarios que son carne de cañón para que una Sharon Stone en plan tirana los devore impunemente (sólo una profesional como Charlotte Rampling consigue mantener el tipo y con más mérito si analizamos fríamente su estereotipado rol) y el trabajo detrás de las cámaras de un director al que se le notan en todo momento las ganas de "quitarse pronto el marrón de encima" no es de extrañar que el film no cubriera gastos, disgustara a todo el mundo y ganara hasta cuatro premios Razzie en 2006. Por suerte el rotundo fracaso mantendrá a la buena Catherine Tramell durmiendo el sueño de los justos por muchos años, con su famoso picahielos al pie de la cama, por supuesto.



sábado, 5 de septiembre de 2009

Frágil, cómo está el servicio, señorito


Título Original Frágil (2004)
Director: Juanma Bajo Ulloa
Guión: Catalina Gilabert
Actores: Muriel, Julio Perillán, Imma Colomer, Maria Bazán, Silvia Segovia, Lidia Navarro, Bibiana Schönhöfer, Paula Pizzi, Violaine Estérez, John G. Rubin





Juanma Bajo Ulloa es uno de los directores más inconformistas del panorama español. Después de sorprender a propios y extraños con esa joya que es Alas de Mariposa y con la menos inspirada pero aún así genial La Madre Muerta el tío se desmarcó con aquella chorrada simpaticona llamada Airbag que fue durante un tiempo la película más taquillera de la historia del cine español, manda huevos.




Salvando esta última, sus dos primeras películas son dos retratos de la pureza impoluta e inocente en un mundo lleno de oscuridad y perversidad. Frágil quiere volver a esa senda que el mismo Bajo Ulloa abrió con los ya dos mencionados films y el resultado es desastroso. Tras un prólogo que parece un anuncio de la Granja San Francisco rodado por un estudiante de primer año de cine y con un resultado con el que dan las ganas de sacarse los ojos la temática sigue por este cauce enlazando un despropósito tras otro durante todo el metraje.




La inocencia y el candor siendo destruidos por un mundo sombrío poblado de malas personas ha sido mejor llevado a la pantalla que en Frágil, el realizador vasco bebe de Gilliam y del Peter Jackson de Criaturas Celestiales y en ocasiones intenta conseguir un lirismo parecido al de las escenas más luminosas que David Lynch insufló a su Terciopelo Azul, pero estas referencias están tan mal digeridas que el resultado es simple, estúpido y cursi, en vez de emocionante o profundo.




Muriel, la chica protagonista que tiene unas piernas como las de Roberto Carlos y pinta de tumbar un vaca de un solo bofetón, transmite esa inocencia, pero por culpa del guión a veces parece más pava y gilipollas que sencilla y tierna, vamos que Bajo Ulloa quiere crear una Amelie española y le sale una pobre cría que en vez de enamorar al espectador hace que este sienta una profunda pena por ella debido a las chorradas que salen de su boca. Hay algunas escenas que dan vergüenza ajena; todas la chicas con la manos cogidas por debajo de la mesa y llorando, la del vómito o ese final a lo Heidi en los prados con Pedro y alguna más que paso de enumerar.




Pero otra cosa que es de juzgado de guardia es el retrato pueril, simplista y tópico que Bajo Ulloa hace de los cineastas americanos, representados estos por personajes estereotipo sin profundidad y nada creíbles. Mola ser un director español y criticar el cine americano, pero cuando traen sus pelas para producirnos películas, les metemos la lengua por el recto hasta acariciarles la glotis. Si quieres hacer una crítica al Hollywood más chabacano y superficial, hazlo con estilo y sinceridad, no con un toque de brocha gorda que queda como el puto culo.




Bueno, tras cebarme bien con este hombre (sólo lo hago con los que se que son buenos y alguna vez hacen polladas de este calibre), sólo decir que coger un reparto desconocido no siempre es un acierto, que hacer una película con toda la libertad artística del mundo no significa que te vaya a salir una joya y que con menos ambición se puede llegar más lejos, Juanma hijo, tú vales mucho como director, pero esto es una película de Gracita Morales con pretensiones, ni más ni menos.