Título OriginalMartyrs (2015) DirectorKevin Goetz, Michael Goetz GuiónMark L. Smith basado en personajes de Pascal Laugier Actores Troian Bellisario, Kate Burton, Bailey Noble, Elyse Cole, Blake Robbins, Eve Nigro, Melissa Tracy, Ever Prishkulnik, Marguerite Nocera, Lexi DiBenedetto, Caitlin Carmichael, Toby Huss, Peter Michael Goetz
En el año 2008 el cine francés de terror extremo estaba en todo su apogeo gracias a largometrajes como la potente Haute Tension de Alexandre Aja, la descarnada À l'Intérieur de Alexandre Bustillo y Julien Maury o la decepcionante Frontière[s] de Xavier Gens. Pero fue precisamente en ese año cuando se estrenó la que para un servidor, y un gran número de seguidores del subgénero, es la cumbre de esta moderna vertiente de films brutales y de una explicitud casi insoportable para depende qué tipo de espectador. Martyrs suponía la segunda cinta en labores de dirección del cineasta francés Pascal Laugier y en ella llevaba a extremos existencialistas el torture porn que sagas americanas como las de Hostel o Saw habían dado a conocer a las nuevas generaciones de espectadores, pero que siempre ha estado ahí, antes de que Hollywood comenzara a interesarse por él y los dividendos que le proporciona. A continuación comentaré importantes spoilers de la película en concreto y más tarde lo haré con el remake que es realmente el protagonista principal de esta entrada.
Martyrs seguía los pasos de Lucie (Morjana Alaoui) y Anna (Mylene Jampanoi) dos amigas que se conocieron en un orfanato de monjas cuando la primera escapó de unos desconocidos captores que la tenían secuestrada y sometida a todo tipo de torturas. Quince años después y arrastrando todos los fantasmas de aquella terrible época Lucie daba con la casa en la que vivían sus secuestradores y los eliminaba (a ellos y a sus hijos) para más tarde recibir la ayuda de Anna, que enterraría los cadáveres en el jardín de la parte trasera del chalet. Seguidamente Lucie se suicidaba por culpa de sus traumas psicológicos (representados en la forma de una chica a la que abandonó en su huida del edificio donde estaba confinada) y Anna confirmaba, encontrando un pasadizo secreto en la casa que daba a un búnker subterraneo habilitado para recluir personas y en el que localizaba a un chica totalmente deformada por las palizas recibidas y con una placa metálica adherida a su cráneo, que todo lo que su amiga relataba era cierto y que existe una organización de personas que se dedica a "martirizar" jóvenes con el fin de encontrar la respuesta a si hay vida después de la muerte.
La película de Pascal Laugier se trataba de una puesta al día o reformulación de muchas de las constantes narrativas de Saló o los 120 Días de Sodoma, de Pier Paolo Pasolini, una película enfermiza. sádica y brutal que después de "regalar" al espectador pasajes de una violencia realista y aséptica que le hacían plantearse seriamente si la persona detrás de la obra cinematográfica era un demente sin escrúpulos se desmarcaba con un final, del todo coherente, que daba sentido narrativo a todas las brutalidades que previamente habíamos expuestas, de la manera más minimalista posible, en pantalla. El largometraje poco tardó en convertirse en una obra de culto dentro de los círculos del cine fantástico y de terror, aunque en países como España nunca ha visto la luz (ni en pantalla grande, ni en el mercado doméstico, de hecho yo tuve que hacerme con la edición británica en bluray para poder adquirirla) y eso que tuvo un famoso y controvertido pase en el festival de Sitges del año 2008.
La fama de la película de Pascal Laugier, como era de esperar, también recabó en Estados Unidos y como dicta la tradición allí si una cinta extranjera tiene éxito en vez de comprar sus derechos para promocionarla y venderla a todos los cines posibles del país lo hacen para poder dar su propia e innecesaria versión de la misma. La productora Blumhouse (responsable de existosas sagas de terror como Paranormal Activity o Insidious y de obras independientes y muy personales de autores reconocidos como la cada vez más reivindicable The Lords of Salem de Rob Zombie) se ocuparía de sacar adelante el proyecto que se alargó considerablemente en el tiempo por culpa de la ardua búsqueda de un director y guionista que se implicaran para llevar a buen puerto tan poco agradecida empresa. Finalmente los hermanos Michael y Kevin Goetz (Scenic Route) se pusieron detrás de la cámara y Mark L. Smith (El Renacido, Habitación Sin Salida) se ocupó de la escritura.
Esta versión americana de Martyrs es la muestra quintaesencial de remake innecesario. Un producto que no busca en ningún momento otra motivación que no sea fagocitar y vampirizar un proyecto ajeno para digerirlo a duras penas y vomitarlo de mala manera. La primera mitad de metraje es un descarado copia y pega de la versión francesa, no hasta los límites de copiar plano por plano la cinta original como sí lo hacía el remake de Psicosis (Psycho) de Gus Van Sant, pero casi. En esos primeros pasos ya se deja notar claramente que los autores no tienen nada nuevo u original que ofrecer con respecto a lo que narró seminalmente el director de El Hombre de las Sombras. Para colmo los único pasajes que se cambian en esa parte del metraje son para mal, como la suplantación de la chica torturada con la placa de metal grapada a la cabeza por una niña pequeña y llorosa que va ofreciendo los primeros síntomas de sentimentalismo puramente americano que eclosionará de mala manera en la recta final, pero de eso ya hablaremos más adelante.
Cuando llegamos al ecuador de la película comienzan los cambios importantes con respecto al largometraje de 2008. En el remake el personaje de Lucie no se suicida (de hecho la personificación de sus miedos en forma de mujer deformada que le agrede, siendo ella misma la que se autoinflinge las heridas en la realidad, aquí no tiene nada que ver con la joven a la que no ayudó cuando escapó de su confinamiento como sí sucedía en el film de Pascal Lugier) sino que ella y Anna son capturadas por la organización que las encerrará en el búnker oculto del chalet. En la cinta francesa era Anna la que ocupaba el lugar de Lucie como "nueva martir" con la que experimentar todo tipo de torturas. En esta revisión americana Lucie es nuevamente capturada por su "potencial" y su amiga sólo ocupa el rol de la persona que recibirá la información de cómo, por qué y cuándo actúa esta especie de secta obsesionada con la vida después de la muerte. De esta manera los hermanos Getz y Mark L. Smith están allanando el terreno para el vergonzante final, pero el espectador todavía no lo sabe, aunque a esas alturas algo ya se huele.
La organización detrás del secuestro y posterior tortura de jovencitas en la versión francesa era retratada como un grupo de burgueses con ínfulas filosóficas y religiosidad extrema que eran expuestas en pantalla facilitando poca información y de manera sutil, dejando bastante a la imaginación del espectador. El remake apela a la brocha gorda y el trazo grueso y mete descaradamente y de manera pueril parafernalia cristiana y a la iglesia de por medio (¡con sacerdotes y piras funerias incluidas!) destruyendo de una tacada todo lo que de elegante tenía la Martyrs de 2008 a la hora de mostrar sus cartas para justificar la violencia deshumanizada que exponía en pantalla. Por otro lado se pierde la asepsia de las localización del búnker donde las chicas son martirizadas, los torturadores dejan de ser figuras despersonalizadas, seres despojados de sentimiento alguno, para mostrarse mundanos, de una fisicidad simplista y hasta el interesante personaje de "Mademoiselle" se convierte aquí en el de "Eleonore" (dando nombre a lo que casi era un concepto) y lo que en boca de la actriz Catherine Bégin sonaba a verdad absoluta autoimpuesta en la de Kate Burton se antoja impostado y superfluo.
Una vez Lucie ha sido capturada de nuevo tratan de hacerla llegar al nivel máximo dentro del martirio, aquel que le produce un sufrimiento físico y psicológico llevado al límite pero que le permite seguir con vida para confirmar o no la existencia "del más allá" y poder dar testimonio verbal de ello. Esta recta final que, recordemos, en el film de Pascual Laugier lo sufría Anna, estaba precedido de incontables días de palizas continuadas para mermarle cuerpo y mente desembocando todo más tarde en un despellejamiento en vida. Todo este proceso se obvia en el remake y no es que sea divertido ver a un hombre de casi dos metros golpear indiscriminadamente a un pobre chica (aunque como comenté en la reseña del film original eran los momentos de soledad del personaje protagonista en la celda los que más hacían mella en espectador y en los que más empatizaba con su desdicha) pero es ese proceso de sufrimiento el que la "prepara" para llegar al nivel de martirización exigido. La película americana salta directamente al desollamiento (mostrado de manera más burda y menos elegante que en la cinta de 2008 que lo ejecutaba en off) y todo se antoja paupérrimo y gratuito.
Pero es con el clímax final cuando la cinta se adentra en los terrenos de lo bochornoso. Anna irrumpe en la martirización de Lucie pistola en mano, esta última dice las famosas palabras secretas que constatan la existencia o no de vida después de la muerte (la reacción del cura trata de ser un émulo pobre del final de la cinta original, demostrando guionista y directores que no lo entendieron en absluto) los "malos reciben su merecido" y tras entrar Lucie en trance Anna, por obra y gracia del espíritu santo o sabe Dios quién, hace lo propio porque le prometió que siempre serían amigas y que estarían juntas pasara lo que pasara. Este cierre estúpido y vergonzoso, esta pueril apología de la amistad (en el film original lo que Anna sentía por Lucie era un amor no correspondido, expuesto de manera más sutil pero no eludiendo su calado dramático) culmina con un plano de las dos chicas cuando eran niñas y compartían vida en el orfanato en el que se conocieron. Todo una recta final llena de despropósitos alterna lo mal que entendieron los autores del remake lo que abordó Pascal Lugier en su obra con un material de cosecha propia que sólo trata de edulcorar, suavizar y dar una estúpida conclusión agridulce a la obra que desacredita todo lo que ha planteado la trama desde su mismo arranque.
Lo más triste es que los hermanos Goetz ejercen con profesionalidad su puesto como directores mercenarios, Aunque la cinta toma prácticamente todo el material de lo que rodó con mucho más talento el director de Saint Ange (Sanatorium) los realizadores utilizan una medida puesta en escena, encuadran con sabiduría, saben medir los tiempos y recurrir a un in crescendo de tensión epidérmica que al menos durante la primera mitad de metraje ofrece resultados, puede que no excelentes, pero sí bastante aceptables. Por otro lado las actrices Troian Bellisario y Bailey Noble (sobre todo la hija del famoso productor de series de televisión Donald P, Bellisario) cumplen dignamente dando vida a Lucie y Anna, pero es ineludible que palidecen miserablemente ante la descarnada composición que se arrancaron de las entrañas (de hecho como se puede ver en el extenso making of de Martyrs ambas actrices tuvieron no pocos roces con Pascal Laugier por culpa de como el cineasta les exigía cada vez más para implicarse con personajes tan extremos) las francesas Morjana Alaoui y Mylene Jampanoi para dar vida a los mismos roles con mucho más desgarro y verismo.
Martyrs (2015) es una de las muestras más cristalinas de lo que es un remake tan innecesario como condescendiente con el espectador que se enfrenta a su visionado, faltándole incluso al respeto. Por descontado que los hay mucho peores (me vienen a la mente ahora mismo los de Viernes 13 o [·REC]) pero su naturaleza falsaria y mimética, su estúpida intención de dar todo masticado traicionando el material original del que parte, la despersonalización de todo su conjunto y el afán de sus creadores por llevarla al terreno de lo burdo, peregrino y torpe la convierten en una experiencia decepcionante que palidece irremisiblemente al lado de la Martyrs original de un Pascal Laugier que nunca ha vuelto a estar más inspirado (de hecho si no contamos su segundo film el francés no tiene nada más de interés en su, por otro lado, corta filmografía) pero que marcó un punto y aparte en un tipo de celuloide de género europeo que nos ha regalado no pocos momentos de desprejuiciada, enfermiza y malsana fruición cinematográfica.
Título OriginalTwin Peaks: The Missiong Pieces(1992) DirectorDavid Lynch GuiónRobert Engels y David Lynch ActoresSheryl Lee, Ray Wise, Moira Kelly, Chris Isaak, James Marshall, Dana Ashbrook, Kyle MacLachlan, Eric DaRe, Phoebe Augustine, Kiefer Sutherland, Frank Silva, Harry Dean Stanton, Michael J. Anderson, Al Strobel, Grace Zabriskie, David Lynch, David Bowie, Walter Olkewicz, Miguel Ferrer, Mädchen Amick, Heather Graham, Michael Ontkean, Jack Nance, Joan Chen, Peggy Lipton, Harry Goaz, Michael Horse, Wendy Robie, Everett McGuill, Warren Frost, Mary Jo Deschanel, Russ Tamblyn
Los que lleven leyendo este blog desde hace tiempo recordarán mi especial predilección por Twin Peaks, la serie de televisión creada por el cineasta David Lynch y el guionista televisivo y novelista Mark Frost que revolucionó el tubo catódico a principios de los 90 con sólo dos temporadas. Cuando Transgresión Continua todavía gateaba le dediqué una entrada a la creación de los autores de On the Air y un año después de aquella (hace seis nada más y nada menos) publiqué otra, la más extensa de cuantas he escrito en el blog (también de las más visitadas, rara es la semana que no se encuentra en los primeros puestos del listado que tenéis a vuestra derecha) par desgranar pormenorizadamente Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo, el film precuela/secuela dirigido por el creador de Terciopelo Azul y Mulholland Drive en el que narraba la última semana de vida de Laura Palmer y que es indispensable para entender, en la medida de lo posible, el microcosmos ficticio con el que él y Frost encandilaron a medio mundo.
En aquella entrada dedicada a la vapuleada versión cinematográfica de Twin Peaks estrenada en el año 1992 comenté que algún día reseñaría también la gran cantidad de escenas eliminadas que existían del largometraje, las mismas por cuyos derechos se pasó David Lynch décadas luchando y que por fin vieron la luz hace casi dos años gracias a la edición en blu-ray de la serie, aquel pack llamado Twin Peaks: El Misterio Completo que contenía las dos temporadas (casi) todos los extras relacionados con las mismas de las distintas ediciones en dvd, algunos nuevos, la ya mencionada película de marras y como guinda del pastel esos más de 90 minutos de metraje inédito que los fans del programa emitido en su origen por la cadena ABC llevábamos casi veinticinco años aguardando como agua de Mayo. La espera terminó, por fin pudimos ver todo lo que se desechó de la cinta y lo visionado mereció mucho la pena, tanto como para que un enfermizo seguidor de las correrías del agente especial Dale Cooper como el que esto suscribe le dedique una entrada a dicho material de altísimo valor tanto cinematográfico como sentimental.
Evidentemente lo que viene a continuación no es una reseña sobre una obra cinematográfica, sino una descripción de todas y cada una de esas escenas inéditas o extendidas de Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo y una visión personal sobre cómo funcionarían si fueran añadidas al metraje de dicho largometraje. De modo que esta entrada servirá como complemento de la ya mencionada anteriormente en la que diseccionaba prácticamente todas las secuencias de la sexta obra fílmica de David Lynch en labores de realización. Con este texto voy a tratar de enfatizar el valor que muchos de estos pasajes tienen con respecto a la obra de la que fueron amputados, cómo su presencia en el metraje original no sólo hubiera complementado más la visión y la compresión de lo que acontecía en pantalla sino también cómo le hubiera permitido parecerse más a su hermana catódica (recordemos que el film es una versión mucho más oscura de la serie de tv) y por último ser más compacta como pieza cinematográfica narrativamente coherente. Por descontado que los spoilers van a estar presentes en todo momento, de modo que cuidado.
Las cinco primeras escenas eliminadas o extendidas están dedicadas a la primera media hora de metraje del film, aquella en la que un año antes de la muerte de Laura Palmer los agentes del FBI Chester Desmond (Chriss Isaak) y Samuel Stanley (Kiefer Sutherland) investigan el caso de homicidio de Teresa Banks (Pamela Gidley) perpetrado por el mismo asesino que mató a Laura, Leland Palmer, su propio padre. La primera escena, Desmond's M.O es un pequeño inserto en que alarga la escena en la Chester y Sam abandonan la morgue donde le han realizado la autopsia a Teresa y se dirigen al Hap's la cafetería donde esta trabajó durante un mes a las órdenes de la arisca camarera jefe, Irene. Say Hello to Jack extiende, y da algo de sentido, a la conversación que ambos agentes tienen con Jack, el huraño encargado del local que en el largometraje era bastante más corta y Good Morning Irene tiene lugar a la mañana siguiente cuando Chet y Stanley salen de Hap's y ven a Irene marcharse a casa en su coche, ambos se despiden de ella, y deciden ir al Parque de Caravanas Fat Trout para seguir sus investigaciones.
This One's is From J.Edgar es la primera escena de verdadero peso dentro de esta hora y media de material eliminado. En ella podemos ver la pelea en la que se enzarzan el agente Chester Desmond y el sheriff Cable (Gary Bullock) ya que este último se niega a ceder por las buenas el cuerpo sin vida de Teresa Banks para que Sam pueda hacerle una autopsia completa en Portland. Antes de comenzar el combate el sheriff local hace un alarde de fuerza doblando una barra de acero (imagen que también pudimos ver en una fotografía de su despacho como afirma el film original) para después recibir una importante paliza a manos del personaje de Chris Isaak (que curiosamente ejerció como boxeador en su juventud en la vida real). Cuando Desmond le vence coge otra barra de acero y la dobla incluso más de lo que lo hizo su contrincante antes del intercambio de golpes. En líneas generales la escena es agradecida y la pelea está bien rodada (al parsimonioso estilo Lynch, por supuesto) pero es excesivamente larga y llega a agotar al espectador.
Cooper and Diane es una secuencia tan irrelevante como imprescindible para los fans. En ella vemos al agente Dale Cooper hablar con su secretaria Diane desde el umbral de una puerta en las oficinas del FBI de Philadelphia, de modo que a ella nunca llegamos a verla u oirla, algo que la tercera temporada que supondrá el regreso de la serie en 2017, y de la que hablaremos más adelante, se solucionará si hacemos caso a la noticia que afirma que Laura Dern (actriz fetiche de Lynch en films como Terciopelo Azul, Corazón Salvaje o Inland Empire) pondrá cara, cuerpo y voz a la destinataria de todas las cintas que el agente especial grababa en su grabadora a lo largo de toda la serie de televisión y algunos momentos del film precuela/secuela.Stanley's Apartment narra la visita de Cooper al apartamento del personaje interpretado por Kiefer Sutherland,allí intercambian impresiones sobre el caso, así como de la misteriosa desaparición de Desmond, debido a ello Sam pregunta a Cooper sobre el mensaje oculto que Lil ocultaba con su vestido, complementos (la famosa rosa azul) o gestos y el rol de Kyle McLachlan se niega a darle más información sobre el tema.
Buenos Aires/Above the Convenience Storeson posiblemente dos de las escenas más importantes de estos 90 minutos de descartes. En ellas vemos, por un lado al agente Philip Jeffries (el difunto David Bowie) en un hotel da la capital argentina ambientado con estética y folclore de aquella región. Seguidamente asitimos a una de las joyas de la corona, una versión extendida de la secuencia que tiene lugar, supuestamente, en la Logia Negra, aquel "almacén de oportunidades" en el que los personajes del Enano y Bob, el espíritu maligno que poseyó a Leland Palmer, firman un pacto en el que este último se compromete a asesinar a toda aquella persona que porte el anillo con el símbolo que en la serie encontrábamos esculpido en una de las piedras dentro de la cueva del Búho. En esta versión más extensa, podemos ver con más detenimiento a los asistentes a dicho ritual como los Chalfonts/Tremonds el enano saltarín que un servidor siempre ha defendido que podría ser un émulo de Leland Palmer y otros extraños personajes, como el interpretado por el alemán Jürgen Prochnow. Montada de esta manera la secuencia no sólo se muestra más siniestra que la original sino que también aporta más información para entenderla como un todo coherente.
Cuando la secuencia finaliza le sigue la llegada de Philip Jeffries a las oficinas del FBI, allí le reciben con estupefacción (recordemos que el personaje de David Bowie llevaba desaparecido misteriosamente dos años) Gordon Cole (David Lynch), Albert Rosenfield (Migue Ferrer) y Cooper. Este pasaje es prácticamente idéntico al del largometraje, pero allí estaba montado de manera que se simultaneaba con el de ya mencionado de la reunión de Logia Negra a la que Jeffries afirmaba haber asistido. De esta manera, mostrándose cada secuencia de manera individual, el impacto con respecto al espectador no es tan poderoso, pero sí apela su narración más a la lógica dentro de la narrativa del film. Como apuntes importantes recordar el momento en el que Jeffries se extraña al descubrir que se encuentra en el año 1989 (recordemos que tanto él como Desmond o Cooper tienen el don de viajar en el tiempo y entre las Logias) para seguidamente desparecer inesperadamente como sucedía en la película, pero aquí se añade un breve epílogo en el que vemos a Philp de nuevo aparecer en el hotel de Buenos Aires como si hubiera atravesado una puerta temporal o dimensional ante la estupefacción de los huéspedes del edificio, uno de ellos afirmando que se ha hecho aguas mayores encima al ver al agente del FBI irse y volver de la nada.
Mike is the Man/Sharing a Cigarrette ya son parte del material eliminado del film dedicado a narrar la última semana de vida de Laura Palmer. La primera escena extiende un poco la original del film en la que Laura y Donna se encontraban con Bobby Briggs (Dana Ashbrook) y Mike Nelson (Gary Hershberger), sus respectivas parejas, camino del instituto. En la segunda Laura ayuda a su madre con las bolsas de la compra, y con el cigarrillo que está a punto de caérsele de la boca, justo antes de irse de casa para visitar a Harold smith y entregarle su diario secreto. School Books tiene lugar esa misma noche y en ella Sarah reprocha a su hija no haberle dicho la verdad con respecto a donde iba, la chica le dijo que a por unos libros del colegio, pero realmente iba a ver a su ya mencionado amante agorafóbico y cultivador de orquideas. The Palmers es otra de la secuencias más importantes y que nunca debió ser eliminada ya que no sólo muestra uno de los momentos felices de la familia en el film (Leland trata de enseñar unas palabras en noruego a su mujer e hija ante la inminente venida de los inversores nórdicos que hicieron acto de presencia en el episodio piloto de la serie) sino que dentro del metraje hubiera servido como presentación del personaje de Ray Wise aumentando su dualidad como padre ejemplar y hombre lascivo e incestuoso (debido a la posesión a la que lo somete Bob) ya que en la cinta su primera escena es de violencia psicológica y descolocaba en cierta manera al espectador, sobre todo al aventurero que decidió ver el film antes del programa de televisión, como el "avispado" que esto suscribe.
En Laura's Party vemos a el personaje homónimo ejercer la prostitución con un camionero, amigo de Leo Johnson, a cambio de una papelina de cocaina que el personaje de Sheryl Lee esnifa en ese mismo momento. Con la intrascendente pero entrañable 2x4 comienzan las escenas en las que aparecen aquellos actores/personajes de la serie de televisión que colaboraron en la película pero que la tijera de la sala de montaje dejó fuera del metraje final. Aquí concretamente asistimos a una estúpida discusión (lynchiana al 100%) entre Josie Packard (Joan Chen), Pete Martell (Jack Nance) y el señor Mibbler (el anciano que trabajaba en el banco de Twin Peaks y al que pudimos ver en el último episodio de la serie) sobre el tamaño de unas tablas que había encargado a la serrería y que no están a su gusto. Este pasaje en concreto es puro fanservice ya que no sólo no aporta nada a la trama central del film sino que rompe el tono oscuro y visceral del mismo, eso sí, recuperando un aire ligero y surrealista más deudor de la serie de televisión. Por otro lado Kind a Quiet alarga un poco más el pasaje en el que Laura abandona su puesto en Meals on Wheels incluyendo un momento en el que Ed Hurley (Everett McGuill) y su esposa Nadine (Wendy Robie) entran en la cafetería Double R Dinner, para salir inmediatamente de ella tras el enfado de la tuerta adicta los rieles de cortina, y otra situación posterior en la que Norma Jennigs (Peggy Lipton) llora en una de las mesas, escena que se agradece ya que en el film original sólo vemos a la dueña de la cafetería en un plano general en el que casi no podemos apreciar su rostro. Como apunte curioso también tenemos a la camarera alemana Heidi, y su peculiar risa (que pudimos ver en los episodios que abrían y cerraban la serie) con una hemorragia nasal sentada en otra de las zonas del establecimiento.
Best Friends extiende un poco más la escena posterior al encuentro entre Laura y Bob en el dormitorio de la primera para seguidamente ir la chica a consolarse en los brazos de su amiga Donna Hayward (Moira Kelly). Más peso tienen I'm the Muffin/The Ring, ya que la primera contiene la importante aparición de los padres de la ya apuntada Donna, el doctor Will Hayward (Warren Frost) y su esposa Eileen (Mary Jo Deschanel). El personaje interpretado por el padre de Mark Frost aparece en escena haciendo un truco de magia y regaña cariñosamente a Laura por fumar en casa mientras aparece su esposa en su silla de ruedas con unas magdalenas. Seguidamente el doctor Hayward le recita a Laura un poema que le ha escrito y que es de vital importancia con respecto al final del film porque el mismo reza: "Los ángeles volverán y cuando veas al que debe ayudarte llorarás de alegría", algo que como todos recordamos sucede en la Habitación Roja en el epílogo del film y ante la atenta mirada de un Dale Cooper que representa a ese "ángel guardián" que velará por su alma. La segunda secuencia centrada en el anillo de Teresa Banks regala algo más de metraje al sueño de Laura en el que el enano y Cooper se encuentran en la habitación roja para que el personaje de Michael J. Anderson se presente al agente del FBI y le ofrezca la citada joya, haciendo mención a si lo que acontece en ese momento es parte del pasado o del futuro, apunte que nos retrotrae al último episodio de la serie en el que Cooper se queda encerrado en la Logia Negra ocupando su lugar en la realidad su dooppelgänger o doble maligno poseído por Bob.
En Bob Speaks Through Laura/The Blue Sweater la voz de Bob habla con Laura mientras ella se queda paralizada subiendo las escaleras de su casa (recordemos que el ventilador que corona dicha zona del inmueble es de alguna manera el epicentro de la presencia de Bob como entidad en el hogar de los Palmer) en estos segundos añadidos que se suman al metraje del momento en el que el habitante de la Logia negra trata de convencer a la chica de que le deje poseer su cuerpo vemos a Sheryl Lee dando lecciones de interpretación cambiando lentamente su rostro de dolor y confusión a uno con una sonrisa demente que nos confirma que Bob está poco a poco mermando la voluntad de la muchacha y que tarde o temprano la acabará derrotando. Seguidamente Sarah aparece y pregunta a su hija por su suéter azul y al no saber donde está se asusta mencionado que "está sucediendo otra vez" posiblemente una referencia a las perdidas de memoria que sufría cuando su marido Leland la drogaba para que no descubriera las visitas furtivas que hacia a la habitación de su hija cuando caía la noche. Sunday at the Johnson's es el pasaje del largometraje en el que Leo Johnson (Eric DaRe) regañaba y golpeaba a su mujer Shelley (Madchen Amick) por no limpiar adecuadamente la casa, pero con unos segundos previos que no estaban en aquella.
Smash Up es una simpatíca escena en la que Ed y Norma se encuentran en el interior de la furgoneta del primero compartiendo un momento romántico y en la que ambos juegan con un test de alcoholemia. The Power and the Glory es una secuencia que tiene lugar entre el momento en el que Laura, Donna, Buck y Tommy, estos últimos dos camioneros que quieren mantener relaciones sexuales con ellas, abandonan el Road House para cruzar la frontera con Canadá y asistir allí a un local de mala muerte llamado The Power and Glory. En la secuencia los vemos ir a toda velocidad por la carretera y a la llegada Laura reta a Donna a esnifar cocaína como lo hace ella, algo que el personaje de Moira Kelly declina hacer para seguidamente entrar en el bar en el que, como recordamos del film, Laura se encontrará con Ronette Pulaski, su compañera de prostitución y posteriormente único testigo de su asesinato. Fire Walk With M está centrada en Mike/Philip Gerard, el manco, realizando un ritual con un círculo de velas (como el que pudimos ver en el final internacional del episodio piloto junto a Bob y en el segundo episodio de la serie en un sueño de Cooper) que va apagando (la secuencia está rodada hacia atrás como las que tienen lugar en la Habitación Roja) mientras pronuncia las famosas palabras "Fuego Camina Conmigo" y que parece una especie de ceremonia preparatoria para ir en busca y captura de Bob, su antiguo socio de fechorías sobrenaturales.
En Party Girl asistmos a un flashback en el que Leland Palmer, que porta en sus manos una copia del número de la revista pornográfica Flesh World que pudimos ver en la serie de tv, solicita por teléfono los servicios como prostituta de Teresa Banks. A continuación vemos una escena que tiene lugar después de que Leland Palmer huya del hotel Red Diamond City al ver que su hija Laura es una de las chicas de compañía que la revista promociona. Teresa comunica a Laura y Ronette (que está con ellas en la habitación del motel) que "el cliente" se ha rajado pero no sin antes haber pagado previamente el servicio, mientras tanto Teresa se pasa la mano por el flequillo y tanto Laura como el espectador pueden ver el famoso anillo del pacto, escena que la protagonista recordará posteriormente en una de sus ensoñaciones. Seguidamente tenemos una secuencia en la que Teresa llama por teléfono al camarero y traficante Jacques Renault (Walter Olkewicz) para preguntarle por el aspecto de los padres de Laura y Ronette, algo que el mismo Jacques explicará a las dos chicas en la fiesta que montan en el local canadiense mencionado previamente, cuando este le confirma el aspecto de Leland Palmer ella no duda en volver a llamarlo para volver a quedar con él. Don't Forget/Laura's Secret Stash son dos escenas sin mucha trascendencia, en la primera Leland recuerda a Laura antes de irse al trabajo que ese día es el cumpleaños de Johnny Horne (hijo del millonario Benjamin Horne de la serie de tv) y en la segunda el personaje de Sheryl Lee saca una bolsita de cocaína de un escondite secreto debajo de una lámpara para seguidamente esnifar un poco de la misma. En Bernie the Mule el sheriff Harry S. Truman (Michael Ontkean) Andy Brennan (Harry Goaz) y Tommy "Hawk" (Michael Horse) hablan sobre los hermanos Renault y cómo el pequeño de ellos, Bernard, está pasando droga desde la frontera con Canadá ejerciendo de mula, algo que se corroboraría en los primeros episodios de la serie, I Killed Someone es una escena en la que Bobby pasa cocaína a Laura en el instituto mientras ella bromea, su novio en cambio tiene pocas ganas de reír ya que la noche anterior había matado al ayudante del sheriff Cable que les había tendido una emboscada al venderles droga procedente del país vecino, En dicha secuencia destaca sobre todo la naturalidad de una Sheryl Lee totalmente mimetizada con su personaje.
En Baby Laxative Bobby sufre un ataque de ira cuando al intentar cortar la droga que el ayudante del sheriff Cable le pasó desde la frontera descubre que es Laxante de Bebé, su reacción es romper el paquete y esparcirlo por todas partes. Send Me A Kiss tiene como protagonista al Doctor Jacoby (Russ Tamblyn) el psiquiatra hace una llamada a Laura pidiéndole que le grabe alguna más de las cintas que le envía como parte de su tratamiento (las que descubrían James y Donna en su apartamento durante el último episodio de la primera temporada de la serie de tv) y le pide que le mande un beso, confirmando que Lawrence era uno más de los hombres de Twin Peaks enamorado de la hija de los Palmer. Asparagus es una escena en la que Laura cena esperragos junto a su madre mientras esta le cuenta que su padre no las acompaña porque se ha quedado trabajando con Benjamin Horne en el negocio de los noruegos, este pasaje sirve como conexión con el episodio piloto de la serie, ya que como recordamos el agente Cooper leyó en el diario falso de Laura que su última noche de vida cenaba esparragos, un plato al que profesaba un especial odio y también marca el último momento en el que Sarah Palmer ve con vida a su única hija. Bobby and Laura in the Basement es una versión extendida de la visita nocturna de Laura a casa de Bobby para pedirle una dosis con la que pasar su última noche, este pasaje se completa en su inicio y cierre con la aparición del Mayor Briggs (Don Davis) y su esposa Betty (Charlotte Stewart) que leen pasajes de la Biblia ante la mirada irónica de su hijo y la novia de este.
Good Night Lucy es la única escena que tiene a la secretaria Lucy Moran como protagonista. Se trata de una intrascendente secuencia en la que Lucy avisa al sheriff y a Andy con respecto a que los mapaches están de nuevo rondando por la serrería Packard y que solicitaban sus servicios para espantarlos, excusa esta que como recordamos utilizaban Truman y Josie para verse a escondidas como amantes. En Waiting for James Laura espera en el jardín de su casa a que James llegue con su moto para escaparse con él, mientras Leland aparece de improviso en su coche y parece haberla visto en la oscuridad, algo que se confirmaría más tarde en el film y que le permitirá seguirla hasta la cabaña en la que ella y Ronette Pulaski mantendrá relaciones sexuales con Jacques Renault y Leo Johnson. Distant Screams es un breve secuencia en la que vemos llorar a la Señora del Leño en la oscuridad de la noche al escuchar en la lejanía los gritos de Laura y Ronette mientras Leland las lleva al vagón de tren abandonado donde intentará asesinarlas, algo que el personaje de la fallecida Catherine Coulson comenta en la serie cuando Cooper, Hawk, Truman y el doctor Hayward la visitan en su casa.
Llegamos a las dos últimas escenas que cierran la hora y media de metraje desechado y que tienen lugar varios meses después de la muerte de Laura, concretamente tras lo acontecido en el último episodio de la serie, de modo que esta parte del film es un flashforward en toda regla que muestra sucesos que tienen lugar después de que Cooper ofrezca su alma para ser encerrada en la Logia Negra a cambio de la salvación de su enamorada Annie Blackburn (Heather Graham) que fue secuestrada por su archienemigo Windom Earle para usarla como llave para entrar en la Logia Negra. Al inicio de Lonesome Foghorn Blow vemos el cadáver de Laura flotando en el agua, después viajamos a Glastonberry Grove y un cartel que reza "Varios meses después" nos transporta al hospital de Twin Peaks donde Annie está siendo ingresada a toda prisa. La escena se interrumpe con un émulo de la escena en la que Cooper conoce al Enano pero en esta ocasión el agente del FBI se percata de que el anillo ha desaparecido y tras ello toma conciencia de que está encerrado en la Logia Negra, este apunte afirma que dicha secuencia puede estar ocurriendo en dos líneas temporales. A continuación volvemos al hospital, allí una Annie en estado de shock pronuncia las palabras que le dijo a Laura en un sueño (una vez más juegos con líneas temporales o dimensionales) en la película y seguidamente una de las enfermeras le roba el anillo y se lo pone, convirtiéndose en la próxima víctima de Bob de acuerdo con el pacto que esté firmó con el enano, trama que suponemos hubiera tenido continuidad si el film hubiera sido un éxito, algo que por desgracia no sucedió.
Epilogeda continuación al último plano de la serie, aquel aterrador en el que Cooper, después de volver de su viaje a la Habitación Roja, golpeaba su cabeza contra el espejo del cuarto de baño de su dormitorio para que su reflejo revelara la imagen de Bob. La secuencia es bastante frustrante ya que sólo añade unos segundos más a lo que vimos en ese episodio final de modo que no incluye ningún tipo de información más que nos hubiera dado una idea de cual sería el futuro del personaje en el caso de que Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo hubiera tenido una o más continuaciones. Con este cierre acaba el metraje inédito de la película precuela/secuela de la serie de televisión creada por Mark Frost y David Lynch. Como muchos saben de hecho existen algunas escenas más que nunca se rodaron porque en ellas se veían implicados algunos de los personajes de la serie cuyos actores nunca aceptaron participar en el largometraje por distintos motivos, pero que formaron parte del primer borrador del guión que David Lynch y Robert Engels (junto a Harley Peyton el guionista que más episodios escribió de la serie y que mejor conocía el microcosmos de ese mundo ficticio después de sus creadores) que finalmente no pudo se trasladado a imágenes en su totalidad.
Como hemos podido comprobar en la entrada dentro de ese metraje inédito que podía haber dado fácilmente para otra película, y que alargaba la duración de Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo casi hasta las cuatro horas. hay de todo. A lo largo de esos 90 minutos se dan la mano escenas innecesarias cuya única misión era saciar el apetito goloso del fan del producto catódico con otras cuya ausencia en el montaje final se antoja un fallo mayúsculo. Si miramos este grueso de secuencias podemos afirmar que las que se eliminaron por ser subtramas que no iban a ninguna parte, por mucho que contuvieran apariciones estelares de algunos de los personajes más queridos de la serie de televisión, no sólo hubieran aportado poco a nada al largometraje, sino que hubieran roto el tono crudo, seco y terrorífico que contenía toda la trama central centrada en los últimos días de vida de Laura Palmer. Pero sí es cierto que varias de ellas nunca debieron descartarse porque dan más cohesión a la estructura del film, le inyectan una notable dosis de lógica a la narración y por supuesto la hubieran convertido en mejor película de lo que ya es, no poco precisamente. En caso de no haber eliminado ninguna de las secuencias desde mi punto de vista lo mejor hubiera sido dividir el film en dos entregas, algo muy de moda actualmente y que el Hollywood de hoy día aceptaría con los brazos y los bolsillos bien abiertos.
Después de este repaso a las famosas y muy esperadas escenas eliminadas y extendidas de Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo volveremos regularmente a hablar del universo creado por Mark Frost y David Lynch por medio de libros que se están editando y editarán sobre él y sobre todo si tenemos en cuenta que hace poco ambos creadores acabaron de rodar para la cadena de televisión por cable Showtime (Dexter, Californication) esa tercera temporada dividida en dieciocho episodios en los que se dará continuidad a la serie después de los 25 años a los que Laura Palmer hacía mención en el último capítulo de la serie y que recuperará a casi todo el reparto original del show (con la notable ausencia de Michael Ontkean que dio su negativa a la hora de dar vida nuevamente al sheriff Truman, elección que arranca de una tacada al segundo personaje más importante del programa, con todo lo malo que ello implica) a los que sumarán nuevos interpretes como Amanda Seyfried, Tim Roth, Monica Bellucci, Laura Dern, Tom Sizemore, Jennifer Jason Leigh o Naomi Watts entre otros que acrecentaran con su presencia el universo que hace un cuarto de siglo cambió el mundo de la ficción televisiva y que siempre ocupará un lugar de honor en este, cada vez más, humilde blog.
Título OriginalFinding Nemo(2016) DirectorAndrew Stanton y Angus MacLane GuiónVictoria Strouse y Andrew Stanton
Si el pasado 2015 tuvimos doble ración de Pixar (ya que en 2014 la productora estuvo en barbecho) con la ingeniosa y celebrada Del Revés (Inside Out) y la entrañable e infravalorada El Viaje de Arlo (The Good Dinosaur) el presente 2016 no se libra de su habitual estreno cinematográfico nacido en el seno de la productora comandada por John Lasseter, siempre al servicio de una Disney que compró los derechos de la misma en 2006. Al igual que con aquella Monstruos University que hacía de precuela de Monstruos S.A o Toy Story 3 que culminaba una trilogía brillante protagonizada por los muñecos de juguete Buzz Lightyear y el vaquero Woody en esta ocasión las cabezas pensantes de la casa del flexo Luxo vuelven a recurrir a extender el microcosmos de uno de sus mayores éxitos. Buscando a Nemo se estrenó hace ya la friloera de trece años y como suele pasar casi siempre con los proyectos de Pixar fue todo un éxito de crítica y público. La búsqueda por parte del pez payaso Marlin, aunando fuerzas con la pez cirujano Dory, de su pequeño hijo Nemo se convirtió en otra de esas obras maestras con vocación de clásico que los ideólogos de la productora norteamericana saben regalarnos de vez en cuando. Aunque no podemos considerarlo uno de los mejores films de Pixar (un servidor afirma sentir más admiración por joyas como Wall-E o Los Increíbles) aquella historia dirigida por Lee Unkrich y Andrew Stanton y escrita por este último junto a Bob Peterson y David Reynolds se revelaba como una cinta de animación ejemplar con una mezcla potentísima de drama, humor, amor y aventura, admitiendo un servidor que nunca se ha reído tanto con una cinta de animación como cuando fue a ver en pantalla grande esta enésima muestra del talento y la destreza del los muchachos de John Lasseter.
En esta ocasión el protagonismo recae sobre Dory, aquella entrañable pez cirujano con perdidas de memoria a corto plazo que se robaba todas las escenas de Buscando a Nemo, permitiendo por primera vez Pixar que uno de esos secundarios inolvidables a los que saben dar forma en prácticamente todas sus producciones pueda ser el núcleo central por primera vez su propia aventura en la que esta vez los protagonistas de la cinta primigenia de 2003 serán sus acompañantes. Buscando a Dory (el título del film da pie a engaño, ya que esa búsqueda a la que el mismo hace referencia es de carácter existencial, no físico) tiene lugar un año después de lo acontecido en su predecesora y narra la historia sobre la búsqueda por parte de esta, junto a sus amigos Nemo y Marlin, de sus padres. Este sencillo y manoseado punto de partida sirve no sólo para que Andrew Stanton, Angus MacLane y Victoria Strouse hilen una aventura de proporciones épicas protagonizada por los tres pequeños peces, sino también para reafirmar la personalidad de un personaje tan entrañable como Dory del que conoceremos su infancia, los motivos por los que se separó de sus padres y todo ello con el único fin de encontrar a sus ya mencionados progenitores y mediante ello también a sí misma. Todas estas ideas hacen de Buscando a Dory uno de los mejores productos cinematográficos del año 2016, otro triunfo de Pixar, pero está vez más adscrito a su rama más autocomplaciente y menos arriesgada.
Finding Dory posee muchísimos aciertos y a continuación enumeraremos algunos de los que ayudan a revelar su naturaleza de cinta brillante y perfectamente escrita o realizada. Por un lado y aunque el salto evolutivo de la animación por ordenador de 2003 a la actualidad es más que notable los autores del film no dudan en utilizar una estética idéntica a la de Buscando a Nemo, al menos en lo que a retratar a los personajes principales se refiere, todo para mantener el tono de aquella primera entrega y así afianzar ese afán que tienen los trabajadores de Pixar por dejarse imbuir en un clasicismo cinematográfico que hunde sus raíces más allá del género animado. Otro de los hallazgos del film es, paradójicamente, su tono cercano al thriller, no en un sentido genérico pero sí en esa estructura narrativa en la que gracias a los recuerdos que Dory va recibiendo a modo flashbacks (el uso de los mismos a lo largo de la película es sencillamente ejemplar y con ellos conocemos a la entrañable Dory pequeñita) y que le sirven como pistas para dar con el paradero de Jenny y Charlie, sus padres, incluyendo referencias que nos recuerdan incluso a Memento, de Christopher Nolan. Este discurrir de la trama en el que el espectador debe estar atento a todo lo que acontece en pantalla se auna con el ya mencionado legado de lo clásico que es marca de la casa dentro de la factoría y permite a Buscando a Dory tomar una personalidad bicéfala como producto cinematográfico que se puede inclinar tan pronto por homenajear a autores como Charles Chaplin o Jacques Tati como a jugar con texturas y o resoluciones visuales como ese pasaje subjetivo desde el punto de vista de Dory que se antoja un dechado de virtudes narrativas y conceptuales.
La última producción de Pixar también recurre a otras de sus señas de identida como es la creación de personajes secundarios sencillamente brillantes que en no pocas ocasiones consiguen que estemos más pendientes de ellos, sus hazañas y sus ocurrencias que de la trama principal en la que los tres protagonistas están implicados. Dentro de estos nuevos personajes debemos destacar a Hank el pulpo, un descacharrante octópodo experto en camuflarse con su entorno y al que los directores del film recurren cuando quieren hacer uso del slapstick y el humor físico propio del ya mencionado Chaplin y Buster Keaton o los diálogos llenos de ironía y mal humor. Por otro lado tenemos la divertida pareja formada por el tiburón ballena Destiny y la beluga Bailey que ayudarán a los protagonistas a encontrar a los padres de Dory, el trío de leones marinos y ese desquiciado colimbo llamado Becky que tiene momentos remarcables cuando comparte pantalla com Marlin. Todos estos personajes de reparto se suman a los tres principales y dan pie a momentos que muestran la mejor cara cómica de una obra como la última producción de Pixar. Becky ayudando a Nemo y Marlin a encontrar a Dory con el uso del cubo o los tres leones marinos haciendo lo propio, la enorme química de Dory con Hank que comparten secuencias para quitarse el sombrero (como la del carricoche que a un servidor casi hizo llorar por culpa de la risa continuada) y que tienen su clímax en la caída al vació del camión por el terraplén al ritmo de What a Wonderful World de Louis Armstrong, un gag totalmente antológico.
Pixar lo ha vuelto a hacer, Buscando a Dory no sólo es una secuela a la altura de su hermana mayor, también es un producto que mantiene el tipo con respecto al resto de producciones de la casa que fundaron Edwin Catmull y Alvy Ray Smith y que llevaron a lo más alto John Lasseter o Steve Jobs entre otros. Evidentemente podemos achacarle que al igual que las secuelas de Toy Story o la precuela de Monstruos S.A peca de conservadora con respecto a ofrecer algo nuevo como continuación de un film que marcó unas pautas que aquí de manera un tanto cobarde son copiadas de manera extrema para no arriesgar innecesariamente, pero más allá de eso poco más le podemos reprochar. Evidentemente la apuesta a Disney y Pixar les ha salido bien, ya que Finding Dory ha marcado un hito convirtiéndose, gracias a sus 136,1 millones de dólares, en el mejor estreno de una película animada de la historia en Estados Unidos. Como ya hemos comentado en otras ocasiones la influencia del director de Toy Story o Cars como director creativo en la rama cinematográfica animada de Disney está dando unos grandiosos frutos ya que no sólo Pixar ofrece sus ya conocidos productos de calidad a la casa del ratón Mickey, sino que producciones como Enredados (Tangled),Frozen,Big Hero 6o la reciente Zootrópolis son muestras cristalinas de que el hogar del tío Walt está en uno de sus mejores momentos después del bajón que sufrió durante la segunda mitad de los 90 y la primera de los 2000, de modo que esperemos que esta racha dure mucho tiempo. Por último mencionar que el cortometraje Piper es una obra maestra y habrá que seguir muy de cerca a su director Alan Barillaro, que posiblemente en un futuro no muy lejano nos de más de una alegría en formato largo dentro de la misma Pixar.
Título OriginalNinja Turtles: Out of Shadows(2016) DirectorDave Green GuiónJoseph Applebaum y Andrew Nemec basado en los personajes de Kevin Eastman y Peter Laird ActoresMegan Fox, Will Arnett, Laura Linney, Tyler Perry, Alan Ritchson, Jeremy Howard, Pete Ploszek, Noel Fisher, Brian Tee, Tony Shalhoub, Stephen Amell, Brittany Ishibashi, Stephen Farrelly, Gary Anthony Williams
Dos años después de su predecesora llega a las pantallas españolas, y a las del resto del planeta, la segunda entrega de la visión que el director Michael Bay, esta vez en su faceta como productor, y sus socios están dando de las Tortugas Mutantes Ninja adolescentes, el cómic que los autores Kevn Esatman y Peter Laird crearan en 1984 para la editorial independiente Mirage Studios que supo sacar partido a las correrías en viñeta de los quelonios Leonardo, Raphael, Michelangelo y Donatello para convertir su marca en una descomunal franquicia a nivel global que invadió el mundo (como recordamos hace poco en el artículo que le dedicamos al fenómeno de la “Tortugamania”) y en la que tenían cabida cómics, videojuegos, series animadas, figuras de acción y una trilogía cinematográfica que hizo las delicias de millones de espectadores durante la primera mitad de la década de los 90. Durante el año 2013 fuimos asistiendo a cómo Paramount Pictures y Nickelodeon Movies iba mostrando con cuentagotas material relacionado con esta nueva versión cinematográfica de las Tortugas Ninja auspiciada por el realizador de la saga Transformers con la ayuda de los guionistas Josh Appellbaum, Andrew Nemec y Evan Daugherty al guión a los que se sumaba el sudafricano Jonathan Liebesman ocupando la silla del director del proyecto. Aunque gran parte del material que fuimos viendo a la largo del proceso de producción del film no puntaba buenas maneras (desde el tosco diseño de las tortugas hasta los innecesarios cambios con respecto a su génesis como mutantes) Ninja Turtles supuso una agradable sorpresa por el simple hecho de que bajo su caparazón digital, su sobreproducción y su afán por el “cuanto más mejor” anidaba un certero y cariñoso retrato de los personajes originales, así como verdadero cariño por la esencia de los mismos.
Con esta segunda entrega Michael Bay y sus socios no han querido jugársela y han decidido repetir paso por paso lo que llevaron a cabo con la primera entrega multiplicándolo por dos y con la única peculiaridad que esta vez el guión está escrito sólo por Josh Appelbaum y Andrew Nemec en solitario y que el director mercenario de turno ya no es el de La Matanza de Texas: El Origen o Ira de Titanes, sino Dave Green el creador de la muy ochentera y spielbergiana cinta Tierra a Eco, de 2014. El resultado como era de esperar es idéntico al de la primera entrega pero con más ruido, más exceso visual y más efectos digitales, algo que atraerá a los que disfrutaron con la primera cinta y que repelará a los que aquella no les dijo nada o acabó disgustándoles. Si en el film anterior, que sirvió como tanteo para su autores a la hora de primera toma de contacto con el universo de las tortugas, no encontramos muchos personajes de los creados por Eastman y Laird en esta Ninja Turtles: Fuera de las Sombras tenemos un gran desfile de ellos copando protagonismo en pantalla aunque, como pasaremos algunos utilizados de manera más acertada que otros. Esta idea de saturar la pantalla con nuevos personajes es utilizada no sólo para que los protagonistas tengan más enemigos a los que enfrentarse sino también para apelar al fanservice con el que atraer la atención de aquellos que nos criamos disfrutando las aventuras en papel o pantallas de diferente tamaño de nuestros queridos quelonios.
Vaya por delante que el guion que Josh Applebaum y Andrew Nemec han ideado para Ninja Turtles: Fuera de las Sombras es un completo desastre, de hecho ha sido uno de esos no pocos libretos de Hollywood que este año han sido utilizados en producciones que comenzaban sus rodajes antes de que hubieran sido escritos en su totalidad. Esta realidad irrefutable se constata en pantalla cuando nos damos cuenta de que estamos asistiendo más a una serie de secuencias independientes expuestas de manera encadenada para tomar algo de lógica más allá de lo espectacularmente ejecutadas que están en el plano técnico. Todos los planes de los villanos, la presencia de Casey Jones, Krang, el Tecnódromo y el vórtice dimensional o la de Bebop y Rocksteady (mucho más justificada está la del científico Baxter Stockman) son simples apuntes de guión que se mueven entre lo caprichoso y lo peregrino, excusas narrativas de barraca de feria que, eso sí, tienen como única e irreprochable misión que podamos disfrutar en pantalla grande de tan icónicos personajes combatiendo con las Tortugas Ninja como lo han hecho cientos de veces en las distintas colecciones de cómics y en las varias series animadas que durante años han protagonizado. De hecho el uso que se hace de los personajes satélite que orbitan alrededor de las tortugas es muy irregular, ya que si la presencia del jabalí y el rinoceronte mutantes es de lo mejor del largometraje la presencia inane de Shredder o un Casey Jones que no lo parece confirman la naturaleza chapucera del guión de Applebaum y Nemec.
Pero en lo que no falla un producto como Teenage Mutant Ninja Turtles: Out of Shadows es en continuar el acertado retrato que hacía su predecesora no sólo de los cuatro protagonistas sino también de la relación paternal que estos tienen con un Splinter que de todas formas esta vez tiene un rol considerablemente más secundario. Aquí es donde el producto se hace fuerte al incidir en las inquietudes de los protagonistas, como los deseos de Michelangelo por integrarse en una sociedad que lo considera un monstruo o las dudas de Leonardo para ser un líder adecuado y así convertir a sus hermanos en un verdadero grupo que trabaje como una sola arma potente y letal, ideas que se potenciarán cuando entre en juego el mutagénico que puede cambiarles la vida y que los hará enfrentarse los unos a los otros. Por suerte aquí una vez más vemos al íntegro Leonardo, al orgulloso Raphael, al avispado Donatello y al entrañable Michelangelo, personalidades que amalagaman las señas de identidad de sus distintas contrapartidas en ficción (cómics, series animada, films en imagen real) y que respetan completamente la indiosincrasia que los convirtió en iconos de la cultura popular. Por descontado que los roles principales están envueltos por una parafernalia brutalmente exagerada, un barroquismo visual que parece no tener fin con un acabado tan meritorio como apabullante y un clímax bien resuelto pero que se antoja agotador de cara a la platea por ser una orgía digital estruendosa y espídica muy similar a las rectas finales de los cuatro films sobre Transformers que Michael Bay ha rodado hasta ahora, ya que su sello se deja ver a lo largo de todo el metraje (tanto aquí como en la primera entrega de 2014) aunque por suerte el humor y el perfil de los personajes que podemos disfrutar aquí son muchos más efectivos que los que imprime el director de Dolor y Dinero a las correrías encabezadas por Optimus Prime.
Ninja Turtles: Fuera de las Sombras, no engaña a nadie, de hecho incluso menos de lo que pudiera haberlo hecho su predecesora porque ahora “sabemos lo que hay”. Se trata de un producto de consumo rápido, que supera levemente el nivel de los blockbuster con los que nos suele asediar Hollywood actualmente (y es de un metraje agradecidamente más corto que el de aquellos) pero que no ofrece nada más que entretenimiento vacuo y fanservice (genial la referencia/puya a Vanilla Ice en el bar) bien dosificado. Aunque podemos achacar fallos como un Casey Jones pobrísimo al que a Stephen Amell no dejan sacar provecho (al igual que el protagonista de Arrow Elias Koteas también usaba la famosa máscara del personaje en una sola escena en el film de 1990, pero era mucho más creible dándole vida que su compatriota canadiense) un Shredder que no lo parece, que palidece ante el del primer film y del que se podía haber prescindido sin mayor problema y una Megan Fox en modo florero (más que que en la primera entrega si cabe) que se dedica casi en exclusividad a lucir palmito la última producción de Michael Bay basada en los personajes creados por Kevin Eastman y Peter Laird hace más de treinta años dejará, como ya hemos afirmado previamente, un buen sabor de boca a aquellos que disfrutaron con la primera parte que se estrenó en pantalla grande hace dos años y no será plato del gusto de aquellos que no sintieron simpatía alguna por ella. Esta secuela ha respondido bien en taquilla (copó el puesto número uno en la taquilla americana en su estreno) y la continuación está casi asegurada, la pregunta ahora es cuánto podrán seguir explotando sus ideólogos la tortuga de los huevos de oro antes de que un público algo cansado de superproducciones de esta índole (como apuntan los resultados de recaudación de este año en USA) acabe optando por otro tipo de celuloide más personal y menos superficial. Sólo el tiempo lo dirá.
Título OriginalThe Conjuring 2(2016) DirectorJames Wan GuiónCarey Hayes, Chad Hayes, David Leslie Johnson, James Wan ActoresVera Farmiga, Patrick Wilson, Frances O’Connor, Madison Wolfe, Lauren Esposito, Patrick McAuley, Benjamin Haigh, Maria Doyle Kennedy, Simon Delaney, Franka Potente, Simon McBurney, Javier Botet
Desde que en el año 2004 adaptara al largo un cortometraje de su propiedad con Saw el cineasta australiano de origen malayo James Wan se ha autoimpuesto reinventar distintas ramas del cine de terror. La primera entrega de la saga del sádico Jigsaw y sus retorcidos juegos mortales adscritos al torture porn fue el primer paso, pero el coqueteo con los films protagonizados por “muñecos diabólicos” de Dead Silence (Silencio Desde el Mal) y su punto de vista sobre cine de casas encantadas y posesiones demoníacas con la franquicia Insidious demostraron que su intención era experimentar con una vertiente del género más adscrita a lo sobrenatural. Ya en 2013 estrenó su, hasta el momento, opus magna, aquella The Conjuring (Expediente Warren en España) protagonizada por Vera Farmiga y Patrick Wilson que se metían en la piel del matrimonio formado por Ed y Lorraine Warren, una pareja de investigadores de lo paranormal (demonólogo él, clarividente ella) que en esa ocasión investigaban un caso relacionada con una familia numerosa, los Perron, que se habían mudado a una solitaria casa en Rhode Island. Con la ayuda Chad y Carey Hayes al guión y la supervisión de personas relacionadas con los casos supuestamente reales de los Warren James Wan puso todo su talento como narrador, su maestria con la puesta en escena, su inteligencia para transmitir desasosiego al espectador por medio de la atmósfera o el uso de la imagen y el sonido para ofrecer una obra que sin inventar absolutamente nada utilizaba todas las virtudes de las horror movies para potenciarlas exponencialmente y conseguir, no sólo ejecutar una obra cinematográfica brillante en varios aspectos, sino también transmitir en no pocas ocasiones verdadero y puro miedo a la platea, algo poco común en los tiempos que corren. Como era de esperar la cinta fue todo un éxito a nivel internacional, tanto como para dar pie un año después a un competente, pero menor, largometraje a modo de spin off llamado Annabelle protagonizado por la ya icónica muñeca maldita y rodado por John R. Leonetti, director de fotografía de The Cojuring.
Después de su exitoso coqueteo con la saga Fast & Furious de la que rodó su accidentada séptima entrega y de ceder la batuta de director de Insidious: Capítulo 3 a su amigo y colaborador Leigh Whannell (manteniendo este muy bien el tipo como comentamos en la reseña que le dedicamos en su momento al film) James Wan vuelve al género que mejor controla con la segunda entrega de The Conjuring, que en nuestro país se conoce como Expediente Warren: El Caso Enfield. Esta vez el director de Sentencia de Muerte y su grupo de guionistas se han basado en otro de las casos más famosos con los que el matrimonio formado por Ed y Lorraine Warren tuvieron relación. En el año 1977 en una casa del municipio londinense de Einfield, la familia Hodgson requirió los servicios de la pareja de parapsicólogos cuando Peggy, la madre soltera de cuatro vástagos, descubrió que una presencia sobrenatural estaba acosando a su familia y poniendo sus ojos concretamente en Janet, una de sus dos hijas. Curiosamente antes de que Ed y Lorraine decidieran cruzar el Océano Atlántico para investigar tan peliagudo caso los Hodgson y sus problemas con el “más allá” se convirtieron en la comidilla de los programas, periódicos y revistas sensacionalistas británicos de la época. De aquellos hechos se hicieron fotos y grabaron programas, de hecho no es difícil encontrar en la red material relacionado con lo a acontecido en Enfield y los supuestos poltergeist que habitaron en aquel inmueble. Como comentamos esta es la base sobre la que bascula la trama de The Conjuring 2 y con ella James Wan ha vuelto a dar en el centro de la diana con la que es desde ya una de las mejores películas de lo que llevamos de 2016.
Desde el primer plano el cineasta australiano lo deja claro, estamos en su terreno, nada ha cambiado en los tres años que separan la primera The Conjuring y esta segunda parte y para ello inicia su largometraje con un poderoso prólogo centrado en el famoso caso de Amityville anclando de esta manera las dos vertientes que ya son señas de identidad de la saga. Por un lado una remarcable intención por ceñirse si no a la realidad (permitid a este escéptico redactor seguir creyendo en la no existencia de entidades sobrenaturales o fantasmas de distinto pelaje) sí a unos hechos muy bien documentados para ser fieles al material supuestamente verídico que toma como base narrativa y por otro homenajear a otros films o franquicias (en esta caso la de Terror en Amityville que vio la luz en 1979 alargándose con un buen puñado de secuelas y hasta un remake o algunos proyectos de factura más reciente como Babadook) que sirven como inspiración al director para dar forma a su criatura. Pero lo que también llama la atención en esta ocasión es que The Conjuring 2 deja un poco de lado el tono más clásico de su predecesora, no sólo para entregarse a una puesta en escena más dinámica e inquieta formalmente, sino también para tender en más de una ocasión puentes con su saga hermana Insidious, de hecho en no pocas ocasiones esta Expediente Warren: El Caso Enfield parece tener más hallazgos visuales y resoluciones formales en común con la otra gallina de los huevos de oro de James Wan que con su hermana mayor estrenada en 2013.
Independientemente de este pequeño cambio de tono que le acerca más (puede que de manera intencionada) al cine de terror de los ochenta que al de los setenta del que se alimentaba la primera entrega el trabajo de James Wan en esta secuela vuelve a alcanzar niveles altísimos de calidad. El futuro director de Aquaman se encuentra en pleno uso de sus facultades como narrador y eso se nota tanto en el plano técnico como el artístico a lo hora de guiar adecuadamente a un reparto al que exprime al máximo. The Conjuring 2 una vez más se revela como una producción realizada con un minimalismo desarmante por parte de un autor que ya tiene una impronta reconocible y que sabe hacer uso de la misma para ofrecer momentos que dejan al espectador agarrado a la butaca o soltando las ya clásicas risas nerviosas tras uno de los múltiples sustos que pueblan el metraje. Wan nuevamente se muestra como un maestro a la hora de controlar el timing, con una pericia fuera de lo normal a la hora de sustentar su trabajo en la dirección de fotografía y el estilismo visual de su obra para crear una atmósfera opresiva que crispa los nervios de una platea que siente más miedo cuando imagina lo que va a suceder en pantalla que cuando finalmente ve cuál es el hecho sobrenatural que el director y sus guionistas han pensado para ponernos contra las cuerdas. Al igual que en la primera película las secuencias de terror que pueblan la cinta que nos ocupa no recurren al golpe de banda sonora, no buscan el salto impulsivo del espectador de su asiento, sino por medio del “menos es más”, la sugestión visual y auditiva (una vez más los efectos de sonido son brillantes y ayudan mucho a crear la sensación de amenaza que sobrevuela todo el relato) transmitir una sensación de malestar al que visiona que apele a sus miedos intrínsecos, aquellos que forman parte de la cultura popular y las leyendas urbanas y que aquí Wan vuelve a utilizar con un pulso sencillamente apabullante.
Los pasajes en los que James Wan sabe sacar oro de localizaciones exiguas (la casa de Enfield en la que tiene lugar esta secuela es mucho más pequeña que la de los Perron del primer film y aquí también es expuesta casi en su totalidad por medio de un travelling trucado que contextualiza espacialmente el tablero con el que jugaran los responsables del largometraje) o actores que prefieren abordar sus roles por medio de la sutilidad eludiendo todo tipo de exageración o sobreactuación para con ello mostrar verdadero terror cuando se enfrentan a los entes extraterrenos que les amenazan son continuos a lo largo del metraje, aunque en número no son tantos como los de la primera película que he revisado hoy en pantalla grande junto a la secuela y no daba un minuto de respiro al espectador. Como previamente hemos comentado Wan prefiere recurrir al “sugerir más que mostrar” para construir los momentos más brutales de su último trabajo. Desde ya situaciones como la del sueño de Lorraine, la entrevista con Janet delante de las cámaras, la habitación con las cruces invertidas o la del “Hombre Torcido” (al que da vida nuestro Javier Botet) entre otras, se encuentran entre lo mejor jamás rodado por su realizador. Pero es de recibo destacar dos momentos del metraje que son desde este mismo momento muestras impecables del mejor terror contemporáneo como son todo lo acontecido con el cuadro que pinta Ed y sobre todo el interrogatorio de este último a Janet con la imagen de la niña desenfocada a las espaldas del personaje de Patrick Wilson, un tour de force interpretativo, estético y conceptual que confirma a James Wan como uno de los mejores autores de cine de género del panorama fílmico actual, dos momentos ejecutados con una pericia digna de los más grandes que se quedan grabados en la retina del espectador largo tiempo después de que las luces de la sala se enciendan al finalizar la película.
Un dúo de actores totalmente compenetrados como Patrick Wilson y Vera Farmiga, que en todo momento parecen un matrimonio real, apoyados por un grupo de secundarios que cumplen su cometido de permitirnos empatizar con sus desgracias (enorme trabajo de Madison Wolfe como la sufrida Janet) un guión perfectamente escrito que sabe medir los tiempos y ofrecer una galería de situaciones extremas con las que el espectador nunca baje la guardia y un director fuera de serie que es capaz de transmitir miedo con una tienda de campaña al fondo de un pasillo en penumbras o con un plano subjetivo que nos muestra la miopia momentánea de un personaje que de esta manera no puede percibir la presencia que se encuentra junto a él en ese mismo instante son muchos de los hallazgos de esta Expediente Warren: El Caso Enfield que nos hacen pasar por alto ciertos lugares comunes con respecto al cine de terror como retratar a los “escépticos” como personajes estúpidos, engreídos y unidimensionales (aunque Franka Potente lo haga tan bien como siempre con su breve papel) algún pasaje de terror no del todo bien rematado (la mayoría de los relacionados con Bill Wilkins son geniales, pero un par de ellos no están todo lo bien ejecutados que debieran) o contados momentos renqueantes que lastran la narración cuando hacemos la transición de Estados Unidos a Inglaterra, todos ellos errores nimios que no pueden ensuciar el buen hacer de una producción casi intachable. Aunque queda un peldaño por debajo de la primera entrega The Conjuring 2 es una de las mejores obras cinematográficas de la temporada, la muestra clara de que no hace falta inventar nada para sorprender al espectador mientras el jefe de ceremonias tenga el suficiente talento y el necesario conocimiento con respecto al material de partida con el que va a construir su historia, en este caso una de las más terroríficas de los últimos años.