Título Original Frankenweenie (2012)
Director Tim Burton
Guión John August, Leonard Ripps y Tim Burton
Cuando parecía que lo habíamos perdido, cuando todo apuntaba a que se le había ido la magia y el encanto entre Alicias, Sombras Tenebrosas y Charlies, el señor Tim Burton, como el moderno Prometeo que creó Mary Shelley y al que él homenaje aquí, vuelve a la vida y nos regala la que para un servidor ya es una de sus mejores películas y la condensación en 87 minutos de todo lo que en su momento hizo glorioso al estilo burtoniano de entender el cine. Una joya de la animación que eleva la calidad de esta temporada del 2012 hasta niveles altísimos.

Frankenweenie está basada en un simpático cortometraje de imagen real que el mismo Tim Burton rodó en 1984 para la Disney. Protagonizado por Barret Oliver, Shelley Duval y Daniel Stern el trabajo era un agradable ejercicio de nostaliga por parte del director de Bitelchus en el que homenajeaba a la película Frankenstein, el clásico del cine de terror que el mítico cineasta británico James Whale rodó en 1931 para la Universal con el inolvidable actor Boris Karloff dando vida a la criatura creada por el doctor Víctor Von Frankenstein.

El corto no tuvo mucho éxito y según las malas lenguas la misma Disney despidió a Burton por "no tener talento" tras realizarlo. Pero aparte de haberse convertido en una pieza de culto, el mismo ha servido como base para la producción de 2012 que nos ocupa, en la que Burton ha cambiado la imagen real por el stop motion (como en Pesadilla Antes de Navidad y La Novia Cadáver) y lo ha pasado a largometraje con resultados sencillamente brillantes en todos los sentidos posibles, ofreciendo una pieza totalmente inolvidable dentro de su filmografía.

Víctor Frankenstein es un chico solitario que vive con sus padres y su perro Sparky en la ciudad norteamericana de New Holland. Un día durante un partido de beisbol Sparky pierde la vida al ser atropellado accidentalmente por un coche. La pena de Víctor tras la desaparición de su mejor amigo será tal que gracias a los consejos de su profesor de Ciencia, el señor Ryzkruski, conseguirá revivir a Sparky utilizando los rayos de una noche de tormenta. El problema para Víctor y Sparky llegará con el intento por parte de ambos de mantener en secreto la resurrección del cánido, algo que se antojorá imposible.

Me he enamorado perdidamente de Frankenweenie, una cinta que es una muestra quintaesencial de todo lo que es Tim Burton como cineasta y me ha parecido rica a tantísimos niveles que seguro que al comentarla se me van a escapara ideas y conceptos que a lo largo de la proyección de la película me tocaban la fibra sensible sobremanera. Por encima de todo Frankenweenie es una obra autobiográfica por parte de su director y guionista (el personaje de Víctor tiene un considerable parecido con él) una mirada nostálgica a una infancia llena de amor por el cine de género, la ciencia ficción y el terror, por parte de un chico lacónico y "rarito" que prefería quedarse en casa con sus dibujos de esqueletos y sus vídeos rodados en Super 8 a jugar al beisbol con sus amigos.

Pero también es (como ya lo era el corto) una relectura del clásico de James Whale que adaptaba (con bastantes licencias) la novela universal de Mary Shelley. Aunque al pasar a largometraje el proyecto Burton se ha permitido no sólo homenajear a todo ese cine (la Hammer Films, los monstruos de la Universal de los años 30, las adaptaciones fílmicas de relatos de Edgar Alan Poe que hacía Roger Corman) que le ha influenciado para crear su propio sello, también se revela como una pieza en la que el cineasta se rinde tributo a sí mismo y a toda su carrera como director marcándose un autohomenaje, que bordea la intertextualidad, del todo memorable.

Ya en lo que a la historia en sí se refiere Frankenweenie es un poema de amor a las mascotas y al enorme hueco que dejan en nuestras vidas cuando fallecen, de hecho el cortometraje también lo era. Es un sueño en el que la vida vence a la muerte y al curso natural de la naturaleza en favor de la amistad y el cariño, sobre todo en la infancia. Con este mensaje no sólo cubrimos el cupo de película Disney para toda la familia llena de humor y simpatía para todos los públicos, también recuperamos al mejor Tim Burton, el que nos ponía el corazón en un puño con copos de nieve en Eduardo Manostijeras, una escena bajo la lluvia en la puerta de un cine en Ed Wood o un hijo que relataba los últimos minutos de vida de su padre en Big Fish.

Porque realmente es una paradoja que para que el director de Sweeney Todd haya recuperado el corazón que le faltaba a sus últimos proyectos (que sólo eran cintas a lo Tim Burton por su envoltorio, no por su interior) haya tenido que volver al formato stop motion, esta vez sin la ayuda de otro director con el que sacar adelante el proyecto, para volver a ser un autor mayúsculo dentro del panorama del cine contemporáneo y regalar una pequeña joya en blanco y negro con ínfulas de futuro clásico de la animación cinematográfica.
Frankenweenie condensa como obra cinematográfica todo el mundo fílmico de Tim Burton. Los adosados que daban forma a la comunidad vecinal de Eduardo Manostijeras, la pasión por el cine de Victor remite a Ed Wood, la estética de Elsa es idéntica a la de Winona Ryder en Bitelchús (de hecho la actriz de guante blanco presta su voz al personaje en la versión original de la película) la estética retro de la casa nos recuerda a La Gran Aventura de Pee-wee. o la ya mencionada cinta protagonizada por Michael Keaton, Alec Baldwin y Geena Davis, la muñeca rusa a tamaño natural emulando una Doncella de Hierro como la de Sleepy Hollow.
La estética de los protagonistas y su entorno tienen ecos de La Novia Cadáver y de Family Dog (primero corto para la serie Amazing Stories y más tarde serial de tv creado por Brad Bird y con el diseño de personajes a manos de Burton) el murciélago de la cometa (que ya estaba en el corto pero aquí se enfatiza su presencia estéticamente) a Batman y Batman Vuelve, el alcalde orondo es muy parecido al de Pesadilla Antes de Navidad y los bichos anfibios nos traen a la mente Mars Attacks!, pero también a los Gremlins de Joe Dante.
En ese sentido y como ya he mencionado la cinta también rinde tributo al tipo de cine que adora el director. El terror de Terence Fisher, el gótico europeo de Mario Bava, el cine de monstruos radioctivos japonés (por dios, esa prima hermana americana de Gamera casi me hace levantarme y aplaudir en el cine de puro gozo) pero el más cálido homenaje hacia el séptimo arte lo realiza con los memorables personaje secundarios que ha incluído en la película y que no estaban en el corto. Un desfile de extravagantes roles que enriquecen considerablemente la historia y que regalan momentos de humor sencillamente impagables al espectador.
Tenemos a un Igor (inolvidable el personaje de Edgar, 100% burtoniano), un Fu Manchú, y hasta dos émulos de Vincent Price y Boris Karloff (qué risa con el momento compartido con "Colossus" de este último) y una perrita (ya presente en el corto) que es una referencia a La Novia de Frankenstein, el otro clásico de James Whale con el personaje ideado por Mary Shelley en el que le creaban una compañera. Pero yo me quedo con Weird Girl, que con sólo aparecer en pantalla ya me hacía reírme a carcajadas con esos enormes ojos, su voz fantasmal y el gato que la acompaña.
Frankenweenie es una obra para toda la familia, un cuento gótico con toques de fábula que nos devuelve al mejor Tim Burton, aquel que quería llegar al corazón del espectador por medio de reafirmar su diferencia y su mundo mágico personal e intransferible. La película satisfará a aquellos que habían perdido la esperanza en el director del remake de El Planeta de los Simios, a los que busquen una película animada de calidad y tono clasicista y a los que quieran imbuirse en una historia humor, amor, amistad y nostalgia que les haga recuperar la fe en el lado más artesano y artístico de un cine actual cada vez más corrompido por el artificio y la comercialidad vacua.
Pero sobre todo la última película de Tim Burton será una obra muy especial para todos aquellos, que como un servidor, han compartido vida con una mascota y tras años de convivencia con ella la han perdido, dándose con ello cuenta de que gestos tan sencillos como una cola agitándose compulsivamente por la alegría o un lengüetazo húmedo y cálido en la mano para despertarte por la mañana pueden ser el acto de amor más sincero que pueda experimentar el ser humano por parte de un animal que no dudaría un segundo en dar la vida por su dueño. Tim Burton estaba muerto, pero una descarga eléctrica en pleno corazón lo ha resucitado, esperemos que hayan voltios de sobra para que siga ofreciéndonos obras como Frankenweenie, posiblemente la mejor película del 2012.







