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miércoles, 29 de octubre de 2014

Ninja Turtles



Título Original Ninja Turtles (2014)
Director Jonathan Liebesman
Guión Josh Applebaum, Andre Nemec, Evan Daugherty basado en los cómics de Kevin Eastman y Peter Laird
Actores Megan Fox, Alan Ritchson, Jeremy Howard, Pete Ploszek, Noel Fisher, Will Arnett, Danny Woodburn, William Fichtner, Whoopi Goldberg, Jeremy Howard, Pete Ploszek, Minae Noji, K. Todd Freeman, Malina Weissman





Cuando hace casi un año hice una crítica de la primera película en imagen real de las Tortugas Ninja hablé de que aquel fenómeno de principios de los 90 llamado "tortugamanía". Basadas en el cómic underground de los autores Kevin Eastman y Peter Laird las aventuras de Donatello, Michelangelo, Leonardo y Raphael dieron la vuelta al planeta y se convirtieron en un fenómeno a nivel mundial con muñecos, series de animación, nuevas colecciones de cómics y películas en pantalla grande, tres concretamente. Hace unos años saltó la noticia de que Michael Bay y su productora Platinum Dunes iban a impulsar un reboot de nuestros quelonios favoritos. El hecho de que los protagonistas fueran a estar realizados con efectos digitales con un diseño más bien tosco, la inclusión de Megan Fox para dar vida a April O'Neill y la dirección del medicore Jonathan Liebesman no auguraban nada bueno con respecto al proyecto.




Supongo que ahora es cuando debería decir que es la nostalgia la que ha hecho que salga de los multicines con una sonrisa de oreja a oreja, por haberme reencontrado con algunos de los personajes de ficción que más horas de diversión me proporcionaron en todos los formatos posibles y sería de necios negarlo, pero no todo se reduce a eso. Porque las buenas vibraciones comenzaron desde esa intro animada en claro homenaje a los cómics de Eastman y Laird, sin olvidar que la construcción como blockubuster para todos los públicos lleno de acción, humor y carisma se hace notar bien pronto con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. Porque contra todo pronóstico tanto Michael Bay como sus guionistas, a los que habría que sumar el director mercenario de turno, han dado forma a una más que digna adaptación que amalgama casi todas las versiones que se han dado de los pupilos de Splinter en los distintos medios en los que han hecho acto de presencia.




Porque sí, Ninja Turtles es un producto 100% Michael Bay, y aunque su nombre no conste como director en los títulos de crédito su sello se deja notar a lo largo de todo el metraje. La cinta es una estruendosa macarrada llena de testosterona, hipertrófica desde su presupuesto hasta la realización pasando por el diseño de los personajes, llena de acción sobreproducida y humor tan simple como efectivo. Pero a diferencia de la mayoría de trabajos salidos de la mano del director de la saga Transformers en la obra que nos ocupa no sólo hay unos personajes con un carisma incuestionable que devoran la pantalla, también hay una fidelidad intachable (no tanto en la génesis de los roles o su estética, en ambos apartados se toman cuestionables licencias) hacia la esencia de estas cuatro tortugas que aprendieron el arte del ninjitsu gracias a su sensei y figura paterna, Splinter.




Y es que aquí están el rebelde Raphael, el inteligente Donatello, el gracioso Michelangelo, el líder Leonardo y por descontado el sabio y recto Splinter (conocido gracias a la primera serie de animación como el Maestro Astilla en España, país con afán por traducir innecesariamente todo idioma a la lengua castellana). Todos ellos representados como si fueran una amalgama de la mayoría de las versiones en papel o imagen en movimiento que se han dado de ellos a lo largo de sus 30 años de vida. Se nota el tono de camaraderia y hermandad camuflada en chulería adolescente entre los cuatro quelonios y el respeto, admiración y deuda pendiente de estos hacia ese padre roedor que los crío y adiestró, tal y como podemos ver en ese flashback en el que asistimos a cómo los protagonistas crecen y se convierten en expertos en artes marciales, uno de los mejores pasajes del largometraje.




Michael Bay y su protegido Jonathan Liebesman (que ya trabajó para el director de La Roca en la estimable La Matanza de Texas: El Origen, aunque siempre se ha revelado como un realizador más bien paupérrimo en obras como Invasión a la Tierra o Ira de Titanes) se ocupan de que en la pantalla no sólo se vean aparatosas escenas de acción llenas de persecuciones, combates, tiroteos y artes marciales caóticas, también consiguen que unos personajes realizados con CGI aplicados a actores reales transmitan calidez, veracidad o humanidad y miran con lupa satisfacer a los fans clásicos de los protagonistas con referencias directas a las series de dibujos animados (el tono de animación del diseño de las tortugas) la primera película en imagen real (el momento en que la porción de pizza cae en la cabeza de Splinter y toda la estructura del guión que es idéntica al que narraba el film de 1990) o alguna de sus secuelas (la estética hip hopera heredera de la secuela, Las Tortugas Ninja 2: El Secreto de los Mocos Verdes en la que el inefable rapero Vanilla Ice hacía de "estrella invitada") y hasta la oscuridad urbana de los primeros cómics de Eastman y Laird que homenajeban al Frank Miller de los años 80.




También es cierto que tenemos algunos fallos como la ya mencionada saturación en el apartado técnico, una Megan Fox terrible como April O'Neill que no da la talla en ningún momento, siempre pendiente de aparecer divina en la pantalla aunque tenga en su contra las cantidades ingentes de botox que la van poco a poco quitando naturalidad y expresión facial. Por otro lado el Shredder de la película también peca de aparatosidad, aunque dé la talla en las brutales escenas de acción, pero más grave es su pobre caracterización como villano principal sin que el guión de Josh Applebaum, Andre Nemec y Evan Daugherty aporte algo de información con respecto a sus motivaciones criminales, que brillan por su ausencia. Es más, está mejor perfilado como némesis de las tortugas el Eric Sachs de William Fitchner que el Triturador al que da vida (al menos en las escenas en las que no lleva la armadura puesta) el desconocido actor nipón Tohoru Masamune.




En su estreno en Estados Unidos le llovieron golpes, por algunos que tienen poco aprecio (y no les culpo) por el sello Michael Bay, por otros que afirmaban que habían violado a sus personajes de infancia y por el resto que, en un arranque de verdadera sinceridad, afirmaron que la película no les gustó sin tener que recurrir a los dos primeros puntos mencionados previamente. Un servidor sólo puede recomendar encarecidamente la película a los que, como yo, se han criado con los personajes que un día crearan, sin muchas aspiraciones artísticas o económicas, Kevin Eastman y peter Laird. Porque aunque la estética es puro cine de evasión del siglo XXI, en su interior Ninja Turtles atesora un un aroma a celuloide comercial de los primeros 90 y verdadero amor por los personajes a los que adapta. A escenas como la confesión final de Raphael o a ese desesperado "Sensei, sensei... ¿papá, qué estás haciendo" que Leonardo espera a Splinter en el verdadero clímax de la película me remito. Como fan irredento de las Tortugas Ninja no puedo estar más satisfecho y agradecido con la labor ejercida en esta deliciosa y entretenida cinta de la que espero con ganas su secuela en la que no deben faltar Casey Jones, Bebop, Rocksteady y hasta Baxter Stockman, si me apuran.



jueves, 19 de diciembre de 2013

Tortugas Ninja, los quelonios toman Manhattan



Título Original Teenage Mutant Ninja Turtles (1990)
Director Steve Barron
Guión Todd W. Langen y Bobby Herbech basado en el cómic de Peter Laird y Kevin Eastman
Actores Judith Hoag, Elias Koteas, Josh Pais, Michelan Sisti, David Forman, Leaf Tilden, Sam Rockwell






En el año 1984 los autores Kevin Eastman y Peter Laird publicaron por medio de la editorial Mirage Studios el primer número de un cómic independiente titulado Teenage Mutant Ninja Turtles. El tebeo dibujado en blanco y negro y protagonizado por cuatro tortugas antropomórficas especialistas en artes marciales no dejaba de ser una parodia/homenaje a la obra de Frank Miller. Desde la estética japonesa y samurai que nos recuerda a Ronin hasta la presencia del Clan del Pie, que era una variante de La Mano, el grupo de ninjas de su inolvidable etapa en Daredevil, todo el contenido formal y estético de TMNT era deudor de la obra ochentera del autor de 300 o El Regreso del Caballero Oscuro.




Lo que Estman y Laird no sabían es que ese número único editado gracias al dinero que el tío del primero les prestó a ambos iba a ser un éxito editorial descomunal que no sólo cambiaría el panorama del mundo del noveno arte confirmando que las editoriales independientes podían dar pie a personajes exitosos que se enfrentaran de tú a tú con los pesos pesados de Marvel o DC, también se convertiría en una franquicia mastodóntica cuya repercusión continúa hoy día, casi 30 años después de la publicación de aquel cómic. A los cientos de tebeos de distintas colecciones se sumaron juguetes, varias series animadas de televisión, música inspirada en los personajes, videojuegos y por supuesto las inevitables adaptaciones cinematográficas en imagen real.




En 1987 se estrenó la primera y exitosa serie de animación de los personajes (cuyo tratamiento para el público infantil se alejaba diametralmente del tono oscuro, sucio y adulto del cómic original) confirmando la hegemonía de lo que se llamó la "tortugamanía", fenómeno fan surgido durante la primera mitad de los 90 con las criaturas de Estman y Laird como epicentro que pilló de lleno a un pequeño Armin Tamzarian que bebía los vientos por Michelangelo, Leonardo, Raphael, Donatello y compañía, eso sí, desconociendo un servidor por aquel entonces el origen en viñetas de los personajes y sólo influenciado por la serie animada, los tebeos publicados a rebufo de esta (con poco que ver con los de la colección primigenia) y por supuesto por los muñecos articulados que aún conservo en mi poder. Sólo tres años después del estreno de la serie animada nuestros quelonios favoritos decidieron dar el salto a la gran pantalla con el esperado y previsible triunfo a nivel global del producto.




La ciudad de New York está sufriendo una oleada de robos silenciosos en el que se ven implicados muchos de los adolescentes de la zona. Detrás de la misma se encuentra el Clan del Pie, una organización criminal secreta formada por ninjas adiestrados por un desconocido maestro que responde al nombre de Shredder. Cuando la periodista del Canal 6 April O'Neil decide investigar el caso llega demasiado lejos y es atacada por el Clan y salvada in extremis por Leonardo, Michelangelo, Donatello y Raphael, cuatro tortugas mutantes expertas en artes marciales que fueron entrenadas por Splinter, una rata que sufrió la misma mutación que ellos y que es tanto el sensei como la figura paterna del cuarteto de reptiles. April se unirá a estos atípicos héroes y al humano Casey Jones para derrotar a Shredder y sus secuaces.




Es curioso como una mediocridad sin pretensiones como Tortugas Ninja no sólo se confirma como un producto comercial que supera al 90% de los films del mismo ramo actuales sino que también aguanta con muchísima dignidad el paso del tiempo viéndose hoy día aún como una simpática obra cinematográfica para todos los públicos disfrutable a muchísimos niveles. Muchos más fiel a los cómics de Eastman y Laird que la serie animada, pero tomando un poco del humor de aquella para perfilar la personalidad de los protagonistas, el largometraje de Steve Barron triunfa como adaptación de los personajes al celuloide pero pasándola por un filtro que permite que sus aventura sean consumidas por toda la familia, alejándose del tono adulto de los primeros tebeos pero conservando de aquellos el entorno urbano y oscuro.




Uno de los motivos principales por el que Tortugas Ninja era y sigue siendo un estimable producto comercial es que nació y fue gestado en los 80, década en la que se dio forma al mejor celuloide comercial norteamericano de los últimos 30 años. Esta humilde producción de 1990 sigue la estela de productos como Gremlins, Los Goonies o Cazafantasmas  y demás productos dirigidos a todos los públicos pero sin mirar por encima del hombro al espectador, siempre con un ojo en la taquilla pero con el otro pendiente de realizar una obra estimable, con ciertos valores artísticos y hasta cariño por parte de sus creadores. Por eso el estilo realización de la cinta que nos ocupa es bastante estimable y su acabado puramente artesanal del todo encomiable.




Pero el largometraje también es destacable por méritos propios. Las tortugas caen simpáticas desde los primeros compases del film aunque su humor se antoje un poco infantil y algo demodé y es de un mérito remarcable que los actores consiguieran realizar los movimientos de artes marciales enfundados en tanto látex. Por descontado que el uso de animatronics diseñados por el mítico Jim Henson se ganan mi corazón de cinéfilo, ese Splinter tiene mucho más mérito que cualquier recreación por medio de efectos digitales que pueda hacerse en la actualidad, consiguiendo transmitir ese carácter paternal y de sabiduría que siempre destiló en los cómics o las distintas series animadas siendo solamente una marioneta. Por otro lado es acertada y creíble la interacción de los intérpretes disfrazados de animales parlantes con los que no lo están y que son respresentados por una atractiva y pizpireta Judith Hoag (una pena que en las dos secuelas fuera sustituida por la mucho menos apatecible Paige Turco) como April, un Elias Koteas aún con pelo (o peluca) como el memorable Casey Jones o James Saito como un convincente Shredder. Hasta a un jovencísimo Sam Rockwell tenemos haciendo un breve papel.




También llama poderosamente la atención la acertada dirección del irlandés Steve Barron (Merlín, Mi Vida Como Una Rata, Los Caraconos), medida, acertada, en ningún momento histriónica o ruidosa, puede que por la escasez de medios (dentro del cine comercial TMNT fue una producción más o menos independiente) pero su puesta en escena es en cualquier caso muy meritoria para un proyecto ligero como este, ya que si un producto como este se realizara hoy día se utilizaría una concepción totalmente opuesta con todo tipo de artificios como movimientos de cámara innecesarios y falsamente nerviosos y un montaje efectista que no dejaría respirar las escenas de acción en favor de un fuego de artificio tan aparatoso como vacuo. Miedo me da ese reboot que está produciendo Michael Bay sobre los personajes con Jonathan Liebesman como director y Megan Fox como April O'Neil.




Teenage Mutant Ninja Turtles es una inyección de nostalgia en vena. Para un servidor es una cinta muy especial por lo que supuso en su momento (su secuela incluso más, ya que fue la primera película que vi en pantalla grande allá por 1991) y los gratos recuerdos que me trae. Es una obra mediocre y con algunos apuntes cutres y pasados de moda (esos rap que se multiplicarían hasta lo chirriante en la ya mencionada segunda entrega con la presencia de aquel bulto con ojos llamado Vanilla Ice), pero está hecha con cariño hacia los personajes, los fans de los mismos y los espectadores en general. Dentro de poco comentaré las secuelas y la película de animación digital que se estrenó hace unos años, incluso si me animo puede que le dedique una entrada a los primeros cómics de Eastman y Laird que dieron origen a todo. Estas tortugas adolescentes mutantes ninja lo merecen.