domingo, 27 de septiembre de 2015

La Visita



Título Original The Visit (2015)
Director M. Night Shyamalan
Guión M. Night Shyamalan
Actores Olivia DeJonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan, Peter McRobbie, Kathryn Hahn, Celia Keenan-Bolger, Samuel Stricklen, Patch Darragh




Fue en 1999 con el estreno de su tercer largometraje, El Sexto Sentido (no muchos saben que su aquí inédita ópera prima Praying With Anger y la posterior Wide Awake son sus dos primeros trabajos detrás de las cámaras) y su posterior éxito de crítica y público cuando se hizo conocido el nombre del cineasta norteamericano de origen hindú M. Night Shyamalan. Aquella historia sobre fantasmas con una puesta en escena brillante, un trío de actores (Bruce Willis, Haley Joel Osment y Toni Collete) magníficos y un soberbio guión que nos guardaba un inesperado, coherente y ya mítico giro final se convirtió en la carta de presentación de un director al que algunos se apresuraron a tildar de “el nuevo Steven Spielberg“. Sólo un año después volvió a aunar fuerzas con Bruce Willis, al que se sumó su compañero de reparto en Pulp Fiction y La Jungla de Cristal: La Venganza (Die Hard: With A Vengenace) Samuel L. Jackson, para dar una interesante vuelta de tuerca al cine protagonizado por superhéroes deudores del mundo del cómic con una cinta de culto como El Protegido, que por otro lado no dejó del todo satisfechos a aquellos que esperaban una continuación lógica de El Sexto Sentido. En 2002 llegó Señales, protagonizada por Mel Gibson y Joaquin Phoenix, y con esta pieza minimalista sobre extraterrestres que invaden nuestro planeta, que mezclaba con no siempre acertado tino el terror con la comedia, se confirmó la irregularidad en la impronta de su autor al afirmar el espectador encontrarse frente a una película que poseía momentos brillantes (ese grabación en el cumpleaños) alternados con otros que producían cierta vergüenza ajena (todo lo relacionado con el punto débil de los invasores era de una estupidez supina) y a partir de ahí la prometedora carrera de M. Night Shyamalan comenzó a ir preocupante descenso.




Ya en 2004 se rodeó de un magnífico reparto con jóvenes promesas como Bryce Dallas Howard o Adrien Brody y veteranos como William Hurt o Sigourney Weaver para narrarnos la historia de El Bosque, film vendido como una película de terror que resultó no ser y que, aunque aguantaba su primer twist de guión, se hundía con el segundo que remataba un libreto lleno de agujeros e incoherencias. La Joven del Agua llegó dos años después y ya tanto taquilla como prensa especializada le habían cogido el gusto a despellejar, unas veces con más motivo que otras, sus producciones. Este relato fantástico protagonizado, de nuevo, por la hija de Ron Howard a la que acompañaba Paul Giamatti entre otros, mereció más suerte, pero confirmó no sólo que Shyamalan no era el de antes por mucho que todavía fuera capaz de rematar escenas visualmente potentes sino también que su megalomanía (ese papel que se reserva a sí mismo como “cuentacuentos de sobrenatural talento”, una demostración de egolatría sonrojante) era directamente proporcional a la pérdida de calidad de sus trabajos. La insostenible El Incidente con Mark Whalberg y Zoey Deschannel, su infravalorada pero rudimentaria incursión en el cine familiar con la adaptación a imagen real que realizó de la serie animada de Nickleodeon, Airbender o la vapuleada After Earth protagonizada por Will Smith e hijo y en la que se eliminó su nombre de prácticamente todo el material relacionado con la promoción del film, confirmaron nada más y nada menos que ya tanto el público como la mayor parte de la crítica hacían leña con un árbol que llevaba más de una década caído y pateado.





Tampoco empezó Shyamalan muy bien el presente 2015 cuando vio cómo la serie de televisión que él mismo apadrinó, Wayward Pines, con un reparto de caras conocidas como Matt Dillon, Carla Gugino, Toby Jones o Melissa Leo y una temática deudora de Twin Peaks no pasaba de su primera temporada por culpa de la escasa audiencia que la cadena Fox consiguió con su emisión. Puede que por sentirse el punching ball de Hollywood, encadenando fracaso tras fracaso y habiendo perdido tanto a muchos de sus fans irredentos como la confianza de los productores, por fin decidió tomar una elección acertada con respecto a revitalizar su carrera como cineasta. Ejerciendo como productor, guionista y director puso en marcha un modestísimo proyecto adscrito al manoseado formato found footage (metraje encontrado o falso documental, nombre con el que se ha conocido siempre a este tipo de films) llamado La Visita que le ha devuelto, en gran parte, tanto el favor de la crítica como el del público. Una cura de humildad condensada en 94 minutos de metraje que nos devuelven, puede que no al M. Night Shyamalan más personal, pero sí a uno en plena forma, con ganas de experimentar con los límites del género contando una historia mínima, de una sencillez desarmante, que atesora en su interior una de las propuestas más interesantes de lo que llevamos de 2015, una rara avis dentro de la maquinaría de Hollywood que seguramente nunca hubiera sido gestada si su autor no hubiera decidió abordarla como una producción independiente y supuestamente menor. El resultado, contra todo pronóstico, es la mejor pieza salida de la mano del hindú desde los tiempos de Unbreakable.




La semana que dos hermanos adolescentes pasan alejados de su madre para conocer por primera vez a sus abuelos en Pensilvania es el campo de batalla donde M. Night Shyamalan irá colocando estratégicamente sus pocas pero potentes fichas para ofrecer un producto que auna calidad y comercialidad con intachable sabiduría aún siendo un proyecto que nace, más o menos, fuera de las fronteras del Hollywood más ortodoxo. Al poco tiempo de estar en la casa los dos niños comienzan a descubrir un extraño comportamiento en sus abuelos. Ella da paseos nocturnos arrastrándose por el suelo desnuda, golpeando el moviliario o arañando las paredes, mientras, él parece tener un comportamiento huraño, intrigante y pasando muchas horas del día en el misterioso cobertizo colindante a la casa familiar. En el proceso, Becca, la aspirante a cineasta que está rodando con su cámara un documental sobre la infancia de su madre estará completamente convencida que los comportamientos peculiares, peligrosos en ocasiones, de sus abuelos tienen lugar debido a su avanzada edad. Por otro lado Tyler, que se dedica a componer rap con sus vivencias y “líos con las nenas” no se quita de la cabeza que algo inusual está pasando con ellos y que lo que para su hermana son achaques por la edad para él son otra cosa más retorcida. Esta doble idea sobre lo que puede estar pasándole al matrimonio de ancianos es sobre la que se vertebra el largometraje y a pesar de su sencillez y la posibilidad de caer en la reiteración el guionista y director sabe aprovecharlo al máximo sacando oro de una idea tan aparentemente poco atractiva y tópica como esta.




En un gesto de valentía que le honra, Shymalan decide que su último largometraje sea tanto una cinta de terror como una comedia de humor negrísimo (al menos para el tono del que él solía utilizar en films como Señales o La Joven del Agua, que por su naturaleza más de ciencia ficción o fantasía son los films con más situaciones cómicas en sus respectivos metrajes de su carrera). Por lo tanto las situaciones en las que tememos por la integridad física y psicológica de los dos hermanos debido a compartir inmueble con dos peculiares ancianos a los que hasta ese momento no conocían son alternadas con las situaciones en las que el asombro producido por los surrealistas y rocambolescos actos de dichos miembros de la tercera edad despiertan la risa y hasta carcajada de la sala. Por ello es fácil que en pocos minutos el espectador de un respingo en la butaca con alguna escena de intriga bien ejecutada (con una en concreto un servidor se asustó como hacía años que no lo hacía en una multisala) para después llegar a lo descacharrante con alguna de las ocurrencias o acciones de los personajes. Sirva como ejemplo de síntesis para lo que comento la escena de la persecución debajo de la casa con momentos brillantes de control del tempo narrativo y la tensión para instantes después desembocar en un momento de catarsis cómica (esa falda subida que enseña más de lo que debe) que la platea recibe carcajeándose. Este equilibrio, que es mucho más sutil que recurrir al típico terror cómico del subgénero gore, es una de las mayores virtudes de La Visita gracias a el talento de Shyamalan por mantener en todo momento el suspense y la sensación de amenaza global pero aderezando estas ideas con situaciones descacharrantes que no rompen el tono, ni desequilibran la homogeneidad del film como producto cinematográfico compacto.




Para que el terror tome forma en pantalla Shyamalan se hace fuerte con, posiblemente, la única identidad de su estilo que no ha perdido fuerza con el paso de los años y la realización de producciones fallidas y no es más ni menos que su magnífica puesta en escena. Hasta un producto tan irregular (puede que hasta fallido) como El Incidente contenía momentos en los que la fuerza visual de Shyamalan hipnotizaba con su impronta, como aquellos obreros saltando voluntariamente del rascacielos en construcción que sintetizaban con coherencia la conceptualidad de la obra o aquella mujer clavándose la aguja de punto en el cuello. En aquella producción de 2008 podíamos encontrar una secuencia brutal en la que una mujer de la tercera edad comenzaba a actuar de manera violenta autoinglingiéndose heridas golpeando su cabeza con las paredes y ventanas de su casa. Dicha escena es el germen de La Visita, una producción que utiliza a personas propias de la ancianidad que nos transmiten a un nivel social y emocional vulnerabilidad y candor para convertirlos aquí en individuos peligrosos, que realizan actos temerarios, violentos e incluso escatológicos (esos pañales y el uso que se hace con uno de ellos en el clímax final) y sin saber en ningún momento cuál será la próxima barbaridad que lleven a cabo. Pero no sólo del talento de cineasta se sirve la tensión acerada del proyecto que nos ocupa, a que esa inquietud se haga palpable, terrenal, mundana, ayuda la enorme labor de dos actores en estado de gracia como los semidesconocidos Deanna Dunagan y Peter McRobbie que dan vida a la pareja de abuelos hardcore de la cinta y que saben transmitir sin esfuerzo alguno intimidación física y psicológica cuando la historia lo requiere o falsa vulnerabilidad en momentos puntuales cuando la narración lo exige.




Pero en un triple salto mortal sin red Shyamalan decide por medio de la escritura que esta misma pareja también sea uno de los pilares sobre los que se sustenta el humor negro de La Visita. Las barbaridades que llevan a cabo esta “extraña pareja” en ocasiones son tan siniestras y descerebradas que despiertan las simpatías de un público que si entra en el juego de moderada morbidez y malignidad del cineasta hindú podrá disfrutar de momentos de alto voltaje cómico con situaciones que en la realidad tendrían más bien poca gracia. Pero no sólo en la tercera edad se sustenta el tono más hiriente y travieso de La Visita, ya que tenemos la presencia de una especie de Aaron Carter (y eso que odia las Boys Band con toda su alma) adolescente con ínfulas de rapero blanco, maniático de los gérmenes y tan dado a soltar palabras malsonantes (suponemos que debido a su alma de MC dedicado al hip-hop) que decide sustituir estas por el nombre de cantates pop que se lleva los mejores golpes de humor de la velada. El australiano Ed Oxenbolud es el descubrimiento de lo último de Shyamalan, un pequeño gran actor carismático, chulesco, gamberro que se gana al espectador con pasajes como ese “Me acabo de quedar ciego” después de ver a su abuela arañar de manera demencial las paredes de la casa en estado de desnudez, bromeando con su hermana Becca (una Olivia DeJonge competente, pero totalmente eclipsada por sus tres compañeros de reparto) a la hora de imitar a la anciana haciendo sus carreras nocturnas, tratando de poner buena cara durante el arranque del clímax final del film con la partida de dados o interviniendo durante los créditos finales de la película. Todo un cabroncete cuyas salidas de tono, barrabasadas y caras de asombro sirven como vía de escape al suspense que la trama central va tejiendo con sabiduría y contención.




Retorciendo tanto el subgénero found footage que en ocasiones llega a convertirse en una incisiva parodia de la saga Paranormal Activity, con una escritura tan inteligente y medida que cuando pensamos que la obra se va a convertir en una potente metáfora sobre la soledad a la que se ven abocada nuestros mayores cuando llegan a la senectud por medio del mejor y más acertado giro de guión de su filmografía en muchos años cambia totalmente su lectura y subtexto, tomando apuntes de distintos tipo de obras de ficción que van desde el terror oriental hasta las novelas (o sus adaptaciones catódicas) del escritor canadiense R.L Stine como las de la colección juvenil Goosebumps (Pesadillas, aquí en España) pasando por el humor cafre (aunque aquí adaptado para una calificación PG-13) de las producciones ideadas por Seth Rogen y Evan Goldberg, añadiendo breves apuntes de drama deudores de la visión de las familias desestructuradas que la influencia spielbergiana ha tenido a lo largo de toda su filmografía, M. Night Shyamalan vuelve con mucha potencia al terreno en el que se curtió como “eterna promesa”, tratando ahora de redimirse por tanta labor fallida desde principios de la década pasada. Por el camino nos quedamos satisfechos con esta La Visita que gracias a su valentía, modestia, naturaleza híbrida y mala baba se convierte en una de las propuestas más memorables de lo que llevamos de 2015. Un proyecto humilde, sin pretensiones, que el director hindú necesitaba como el respirar y del que otros cineastas que comenzaron en el cine independiente y que hoy driblan con megaproducciones que les han robado tanto la salud como la personalidad podrían tomar nota para encauzar sus erráticas carreras. El autor de un largometraje como este, que consigue algo tan complicado como que durante algún tiempo miremos con desconfianza a nuestros mayores, merece una nueva oportunidad para volver, puede que no a ser grande, pero sí un artesano respetado (y solicitado) nuevamente por la industria cinematográfica.


sábado, 26 de septiembre de 2015

Beyond Re-Animator, el gabinete del Doctor West



Título Original Beyond Re-Animator (2003)
Director Brian Yuzna
Guión José Manuel Gómez y Miguel Tejada Flores
Actores Jeffrey Combs, Jason Barry, Elsa Pataky, Simón Andreu, Santiago Segura, Lolo Herrero, Raquel Gribler, Enrique Arce, Nico Baixas, Bárbara Elorrieta





Para el año 2003 la Fantastic Factory ya había dado muestra de lo que era capaz, para bien o para mal. La productora del filipino Brian Yuzna y el español Julio Fernández ya había parido mediocridades entretenidas como Faust: La Venganza Está en la Sangre, del mismo Yuzna, o Arachnid, de Jack Sholder, y por otro lado proyectos interesantes como Dagon: La Secta del Mar a manos de Stuart Gordon o Darkness, primera incursión internacional del cineasta catalán Jaume Balagueró. De modo que ya que la compañía estaba bien asentada el director de Society o las dos entregas de El Dentista decidió utilizar su nueva aventura como productor para llevar a cabo por fin la eternamente pospuesta tercera entrega de la saga Re-Animator, iniciada por su amigo Stuart Gordon con la cinta de culto, de título homónimo, en 1985 y a la que él dio continuación cinco años después con esa La Novia de Re-Animator que diseccionamos humildemente en la anterior entrada del blog.




Beyond Re-Animator se estrenó en el ya mencionado año 2003 como proyecto de la Fantastic Factory, de modo que la mayor parte de los equipos técnico y artístico estaba formada por profesionales españoles. El mismo Brian Yuzna se hizo con las riendas de la dirección, el guión lo escribieron el español José Manuel Gómez y el norteamericano Miguel Tejada Flores (con la colaboración no acréditada de Xavier Berraondo y, de nuevo, el propio Yuzna)  y como no podía ser menos el gran Jeffrey Combs repitió como el inolvidable Doctor Herbert West, único elemento imprescindible que no puede faltar en una entrega de la saga inspirada en las serie de relatos cortos Herbert West: Reanimador surgidos de la pluma del escritor norteamericano nacido en Providence, H.P Lovecraft, aunque esta vez la historia que vertebra al largometraje no está inspirada directamente en ninguno de esos relatos cortos que sí se usaron de manera más o menos explícita en las películas de 1985 y 1990.




Esta tercer entrega tiene lugar en una cárcel en la que el Doctor Herbert West (Jeffrey Combs) lleva recluido catorce años cumpliendo condena tras los hechos acontecidos en La Novia de Re-Animator. La llegada del prometedor e imberbe Doctor Howard Philips (Jason Barry), que guarda un oscuro secreto en su pasado que le relaciona con West, permite a este último volver a ponerse manos a la obra con sus inhumanos experimentos, esta vez usando como cobayas a los reclusos de la prisión a los que inocula su recién recuperado suero de color verde fluorescente, Con la ayuda de Philips y la intromisión de una ambiciosa periodista llamada Laura Olney (Elsa Pataky) así como la del sádico alcaide Warden Brando (Simón Andreu) nuestro científico loco favorito volverá a sembrar el caos, pero esta vez en una localización de la que nadie puede escapar. Como resultado tenemos una tercera entrega de Re-Animator que está a años luz de sus predecesoras, pero también un producto 100% Fantastic Factory en el que la escasez de medios y la mediocridad formal se suplen por medio de la mala baba, la brutalidad o la más disfrutable y salvaje desvergüenza.




Al igual que todas las piezas menores de la Fantastic Factory (la mayoría de ellas, para qué negarlo) Beyond Re-Animator es una Serie B orgullosa de serlo, un proyecto en el que Brian Yuzna y su séquito depositan más ganas y diversión que verdadero talento, siendo brutalmente fieles al gore tradicional y autoparódico que ha sido siempre la seña de identidad del filipino. Evidentemente en el proceso se notan las carencias de la producción como una localización no del todo aprovechada cuya enormidad se ve alaramantemente potenciada por el escaso número de extras que dan forma al grueso de los reclusos de la prisión, unos efectos digitales muy ajustados (pero sabiamente dosíficados para no delatar su naturaleza más que humilde) que se ven superados por los de maquillaje del gran Scream Mad George, una dirección de Brian Yuzna con más buenas intenciones que resultados y un reparto que hace lo que puede con los esquematizados personajes a los que tienen que dar vida, después de la muerte en algunos casos..




Por suerte Beyond Re-Animator no carece de ese afán por ser políticamente incorrecto, grosero y hasta sánamente desagaradable que anida en toda producción salida de la mano de Brian Yuzna consiguiendo llenar de simpatía, salvajadas y momentos disparatados, que mezclan el humor escatológico con el gore más descerebrado, casi todo el metraje de los ajustados 90 minutos que dura la cinta. Pasajes como el del arranque con el asesinato de Bárbara Elorrieta, la reanimación de Moses, todos los relacionados (sobre todo el de su descacharrante final) con el prisionero politoxicómano, Speedball, al que interpreta un desatado Santiago Segura, o los que tienen como protagonistas a la rata del personaje de Enrique Arce y el pene de otro de los secundarios ofrecen el lado más gamberro, travieso y de mal gusto del director de Progeny o Amphibious 3D y ahí la obra se hace fuerte para dar al espectador lo que busca en un proyecto tan ligero y carente de pretensiones como este.




Por suerte loas actores que dan forma al reparto, casi en su mayoría, están entregadísimos para dar forma a roles supeditados, necesariamente, a lo exagerado, la sobreactuación y el grand guiñol. Ahí tenemos a nuestro Simón Andreu dando vida al típico alcaide carcelario demente pero inyectándole, nunca mejor dicho, su propia personalidad (recordemos que el actor es habitual en las producciones internacionales rodadas en nuestro país por su dominio del inglés) una guapísima Elsa Pataky pasando de dama desvalida a femme fatale a lo largo del film, un muy macarra Enrique Arce como Cabrera o Nico Baixas recurriendo a su peculiar fisicidad para dar vida a Moses, por no mencionar al ya citado Santiago segura en su salsa. Por el lado negativo mencionar a un desganado James Barry como el Doctor Howard Philips (nombre y apellido que son una referencia directa a Lovecraft) que no sólo transmite cierta desgana durante toda su intervanción sino que también hace que en todo momento echemos de menos al inolvidable Daniel Caine al que dio vida en las dos primeras entregas de la franquicia un magnífico Bruce Abbot al que aquí se añora desde el minuto uno de metraje.




Pero si del casting tenemos que hablar ese seguro de vida llamado Jeffrey Combs vuelve a llevarse el gato al agua convirtiéndose en el mayor acierto de Beyond Re-Animator, con amplia diferencia. Herbert West vuelve a ser el rey de la velada y aunque esta vez la producción que protagoniza no está al nivel de la repercusión icónica que posee como personaje de ficción el actor de Edmond o Aún Sé lo Que Hicisteis el Último Verano vuelve a recurrir a la contención, la gestualidad petrea y la gelidez formal para retratar a este inteligente demente, este ser ajeno a cualquier tipo de empatía con otros humanos a los que considera conejillos de indias o en el mejor de los casos ayudantes para sacar adelante sus diabólicos planes con el suero reanimador al que él mismo dio forma cuando trabajaba en la universidad de Zurich en el arranque del film primigenio de 1985. El norteamericano no tiene  que esforzarse demasiado para eclipsar al resto de actores que comparten plano con él y eso el fan de la franquicia lo agradece considerablemente.




Aunque ya hemos comentado que como secuela de  Re-Animator y La Novia de Re-Animator no está a la altura de estas, Beyond Re-Animator respeta y enriquece, una vez más, el microcosmos de experimentos y muertos revividos de esta ya mítica saga, aunque en esta ocasión con unos resultados considerablemente más humildes e irregulares. Como producto gestado y nacido dentro de la Fantastic Factory esta tercera película sobre las correrías del mad doctor más icónico de los 80 es un subrpoducto de contrastada mediocridad que no elude serlo en ningún momento y gracias a ello su principal cabeza pensante, Brian Yuzna, puede sentirse libre de prejuicios para encadenar barbaridad tras barbaridad sin pensar demasiado en si la historia que está contando tiene sentido incluso como muestra de cine de género, ya que en un largometraje como el que nos ocupa la sinrazón y el "más todavía" forjan positivamente el proyecto.




Pero esa locura bañada en sangre y vísceras (que ciertamente podían haber abundado más a lo largo del metraje, pero el presupuesto parecíó no dar más de sí) protagonizada por personajes llevados al extremo del absurdo es suficiente para hacernos pasar un buen rato de evasión cafre y deslenguada mientras esperamos pacientemente que Yuzna encuentre financiación para realizar esa nueva trilogía formada por House of Re-Animator, Re-Animator Unbound y Re-Animator Begins con la que intentará dar nueva (no) vida a los experimentos del ínclito Herbert West vía "suero reanimador". Para finalizar adjuntamos un videoclip que no sólo hace más grande a Beyond Re-Animator sino también a la Fantastic Factory en general, aquella productora de cine nacida a destiempo pero que tuvo la valentía de hacer algunas de las películas más entrañables que ha dado el fantaterror español en los últimos años. Re-Animate your feet!


lunes, 14 de septiembre de 2015

La Novia de Re-Animator, y Herbert West creó a la mujer



Título Original Bride of Re-Animator (2015)
Director Brian Yuzna
Guión Woody Keith, Rick Fry y  Brian Yuzna, basado e relatos de H.P, Lovecraft
Actores Jeffrey Combs, Bruce Abbott, Claude Earl Jones, Fabiana Udenio, Kathleen Kinmont, Mel Stewart, Mary Sheldon, Marge Turner, Johnny Legend





Cuatro años después del enorme éxito de la mítica Re-Animator, el productor de aquella, el filipino Brian Yuzna, trataba de idear una secuela en colaboración con los guionistas y el director de dicha obra de culto de 1985, Denis Paoli, William Norris y su amigo y compañero de fatigas Stuart Gordon. Los problemas surgieron cuando una productora japonesa decidió invertir en la gestación de dicha segunda parte exigiendo al futuro director de El Dentista o Faust; La Venganza Está en la Sangre comenzar inmediatamente el rodaje. De este modo el cineasta filipino se vio en la tesitura de trabajar a contrareloj y prescindir de sus colaboradores en la cinta primigenia en favor de tener todo a punto lo antes posible. Encontrándose entre la espada y la pared el mismo Brian Yuzna tomó las riendas como director, productor y co guionista del proyecto y solicitó los servicios de Woody Keith y Rick Fray a la escritura del libreto, pareja que había creado el argumento de Society, la desopilante ópera prima detrás de las cámaras del co fundador de la entrañable Fantastic Factory.




En 1989 vio la luz La Novia de Re-Animator, una dignísima secuela, casi a la altura de la original, que no fue bien recibida por la crítica viéndose en algunos países relegada a los videoclubs sin pasar por las salas comerciales. Esta nueva aventura protagonizada por los doctores Herbert West y Daniel Cain nuevamente se inspira en la serie de relatos Herbert West: Reanimador salidos de la mente del escritor nacido en Providence, H.P. Lovecraft, basándose concretamente en el quinto y sexto, titulados El Horror de las Sombras y Las Legiones de la Tumba respectivamente, añadiendo, como era de esperar, material de cosecha propia al guión que sirve como base al largometraje. Como comentamos el resultado del film es excelente, ya que no sólo se mantiene fiel a la esencia e idiosincrasia de la anterior entrega sino que la enriquece y acrecienta ofreciéndonos por el camino el mismo Brian Yuzna la que sigue siendo la mejor película de su irregular, estrambótica y después de todo divertida filmografía.




En homenaje directo a La Novia de Frankenstein, aquella obra maestra con la que James Whale daba continuación a su mítica El Doctor Frankenstein en la que adaptó la novela homónima de Mary Shelley, Brian Yuzna aborda con esta secuela una extensión coherente en fondo y forma de Re-Animator, Después de colaborar como médicos de guerra en Perú los doctores Herbert West y Daniel Cain vuelven a la ciudad de Arkham para trabajar de nuevo en el instituto Miskatonic después de la masacre que allí se produjo (de la resolución a lo que allí aconteció y cómo acabaron los personajes en sudamérica no se da explicación, pero más o menos quede claro en un prólogo que no se incluyó en la cinta y que tenía lugar minutos después del final del film de Stuart Gordon) y con ello avanzar en sus investigaciones con el suero creado en Zürich por West consiguiendo esta vez no sólo revivir a personas fallecidas sino también insuflar vida a miembros amputaados u órganos independientes para con ello crear nuevas formas de existencia humana.




Por suerte y al igual que sucedía con la primera Re-Animator esta secuela no es un festín de gore descerebrado al estilo de producciones como Premutos: El Ángel Caído, salidas de la mano del alemán Olaf Ittenbach, carentes de coherencia interna y cuyo único fin es poner en sesión continua escenas de vísceras sin pies ni cabeza. Bride of Re-Animator es una pieza de género perfectamente estructurada, que al igual que su hermana mayor se toma su tiempo para contextualizar espaciotemporalmente la historia que va a narrar, desarrollar los personajes que la van a habitar o las relaciones interpersonales que estos van a compartir en pantalla. Yuzna y su pareja de co guionistas aprovechan para extender el microcosmos creado en el primer film enriqueciéndolo, añadiendo nuevos matices a los dos personajes principales, estrechando la relación de odio y admiración que les une y haciendo especial hincapié en cómo la ambición desmedida de Herbert West va en peligroso y descontrolado aumento.




Durante este proceso y mientras las distintas subtramas (la científica conducida principalmente por Herbert West, la emocional cuyo epicentro es el torturado Daniel Cain de Bruce Abbot, la conspiranóica con los doctores Graves y Hill entre las sombras y la policíaca con el agente Lee Chapman como núcleo central) van encarrilándose, Brian Yuzna riega su largometraje con apuntes de humor negro sustentado en el slapstick y el humor físico (algo que también hacía acto de presencia en Re-Animator) aprovechando el director el juego y las múltiples posibilidades cómicas que brazos, piernas, dedos u ojos vivientes le ofrecen, pero sin llegar a cotas de hilaridad como las de la primera película, por mucho que se haya vendido esta segunda parte como más adscrita a la comedia, algo que no sucede hasta que llegan varios apuntes carcajeantes durante el clímax final en el sótano donde la pareja de doctores llevan a cabo sus reprobables experimentos. Con todo la obra mantiene muy bien el equilibrio entre terror y humor incluso planteando algunos temas interesantes en cuanto a la psicología de los personajes, algo inesperado en este tipo de producciones.




Porque yendo un poco más allá que la Re-Animator original Yuzna y sus colaboradores consiguen empaparse del aire trágico de la obra literaria de Mary Shelley y ofrecer lo mejor del largometraje cuando esa pobre criatura que da título al film toma vida, ya que ninguno de sus dos creadores siente verdadero afecto por ella. West porque al ser un hombre frío y visceral la rechaza al descubrir que ha resultado un proyecto fallido (aunque de manera fiel al personaje nos queda claro en todo momento que el único interés que ella le suscita era en "aras de la ciencia") y Cain porque al depositar en su cuerpo todas las esperanzas por ver resucitar a su amada novia, Meg (cuyo corazón habita en el pobre monstruo creado con miembros y órganos de distintas personas) y ver que lo que ha renacido es poco menos que una aberración, reniega totalmente de ella. Desembocando todo esto en la mejor y más mítica escena del film (y una de las imágenes más icónicas del subgénero gore) en la que la "Novia" se arranca el corazón y lo ofrece a Daniel, un prodigio de secuencia que mezcla la brutalidad extrema con la tragedia y una declaración definitiva de amor por parte de una forma de vida nacida muerta cuya simple existencia confirma el fracaso de sus dos "reanimadores" como científicos y seres humanos.




Jeffrey Combs y Bruce Abbot vuelven como Herbert West y Daniel Cain. El primero una vez más aborda su personaje más famoso con una contención y austeridad brillante, dando vida al mad doctor menos histriónico y más cerebral jamás visto en la historia del cine. Con una frialdad inhumana el científico creador del suero reanimador sigue en su escalada de locura y megalomanía con tal de jugar a ser más que un Dios al que él mismo tilda de inferior e imperfecto. para llegar a unos niveles de autorealización profesional que sacien su desmedida ambición. En su escalada de crímenes y (no) muerte arrastra a un Daniel Cain todavía torturado por la muerte de su amada Megan en el primer largometraje. Al igual que en Re-Animator, Bruce Abbot insufla imperfecta vida a un personaje lleno de debilidades y taras psicológicas que el mismo West utiliza como armas para manipularlo a su antojo y con ello poder llevar a cabo sus maquiavélicos y abominables planes. También hace de nuevo acto de presencia el mítico Doctor Carl Hill (más bien su cabeza) al que daba vida el británico David Gale que vuelve a hacer de las suyas aunque esta vez en un rol más secundario y no tan activo. El resto del casting lo completan la italiana Fabiana Udenio que ocupa la vacante de mujer explosiva que deja la Barba Crampton de Re-Animator seguida de Claude Earl Jones como el agente Lee Chapman, Mel Stewart como el Doctor Graves y una inolvidable Kathleen Kinmont como Gloria y posteriormente la "Novia" que da nombre a la película.




Dentro del apartado técnico es de recibo mencionar primeramente a un Brian Yuzna sencillamente irreconocible. El filipino venía de divertir a propios y extraños con la excesiva y viscosa Society y de aquella ópera prima se trajo el control del tempo narrativo o el suspense y lo excesivo en cuanto las escenas gore a lo que habría que sumar un sabio uso de la colocación de la cámara y el encuadre, una dirección de actores harto meritoria y una inteligente utilización de in crescendo de locura que poco a poco se va apoderando del metraje cuando nos vamos acercando a ese final en la crípta del cementerio que es más deudor de la letra escrita de Lovecraft que cualquier pasaje de la primera entrega de Re-Animator, aunque dicho climax se antoje algo apresurado y resolutivo en su cierre. A que el trabajo de Yuzna sea de nota ayuda no sólo la fotografía de Rick Fitcher o el diseño de producción de Philip Duffin sino también los cuatro equipos de efectos especiales que se ocuparon de la creación de todas las criaturas y escenas gore del film, encontrándose entre ellos los KNB de Kurtzman/Nicotero/Berger y el habitual colaborador del director de Progeny, Screaming Mad George, haciendo todos ellos un trabajo sencillamente brillante.




Sin llegar a ser tan rotundamente buena como Re-Animator (Stuart Gordon siempre será mejor director que Brian Yuzna) esta La Novia de Re-Animator supone una secuela indispensable para los fans del gore y las correrías del sádico Doctor Herbert West, Ideada y ejecutada con una profesionalidad fuera de toda duda aunque sus creadores se vieran en la complicada situación de trabajar en un corto espacio de tiempo y a toda prisa la segunda película del creador de Cariño. He Encogido a los Niños parecía confirmar tras Society que nos encontrábamos con uno de los mejores y más prometederos cineastas del cine gore en particular y del género de terror en general. El tiempo quitó la razón a los que así pensaban cuando comenzó a encadenar mediocridad tras mediocridad con alguna que otra cinta de culto (te miro a ti, Mortal Zombie) pero siendo fiel a sí mismo y a su insana visión del séptimo arte haciendo el cine que siempre le ha dado la gana, independientemete de la calidad del mismo. 




Ya en el año 2003 y dentro de la inolvidable y anacrónica Fantastic Factory que el mismo Brian Yuzna creó en colaboración con el productor español Julio Fernández (Los Sin Nombre, El Segundo Nombre) para realizar cine de género terrorífico y fantástico de Serie B con vocación internacional rodó Beyond Re-Animator, la hasta ahora última entrega de la franquicia localizada en una cárcel, con actores españoles como secundarios (el indispensable Simón Andreu, una epatante Elsa Pataky y un desquiciado Santiago Segura), rodada en Barcelona y con la indispensable presencia del gran Jeffrey Combs como el ínclito Doctor Herbert West, haciendo, una vez más, de las suyas De esta tan vapuleada como reivindicada entrega de Re-Animator hablaremos dentro de poco en Transgresión Continua para reseñar al completo todo el trayecto vital y profesional de uno de los mad doctors más recordados, admirados e imitados de la historia del séptimo arte.



viernes, 11 de septiembre de 2015

Cuatro Fantásticos



Título Original Fantastic Four (2015)
Director Josh Trank
Guión Simon Kinberg, Jeremy Slater y Josh Trank basado en el cómic de Stan Lee y Jack Kirby
Actores Miles Teller, Kate Mara, Michael B. Jordan, Jamie Bell, Toby Kebbell, Tim Blake Nelson, Reg E. Cathey, Lance E. Nichols, Mary Rachel Dudley, Tim Bell, Ronnie Hooks, Jodi Lyn Brockton, Chet Hanks, Shauna Rappold





Ya desde su temprana concepción este segundo reinicio cinematográfico inspirado en los cómics de la primera familia de superhéroes creada en el seno de Marvel Cómics en 1961 por Stan Lee y Jack Kirby estuvo envuelto en la polémica y las decisiones controvertidas. Por temor a perder los derechos fílmicos de los personajes a los que ya habían explotado en las dos endebles pero simpáticas entregas dirigidas por Tim Story la 20th Century Fox se puso a trabajar contrareloj para realizar una nueva adaptación de las andanzas de Reed Richards, Ben Grimm y los hermanos Sue y Johnny Storm, El director elegido para sacar adelante el proyecto fue el joven Josh Trank, que sorprendió a propios y extraños con aquella magnífica amalgama de found footage y cine superheróico crepuscular llamada Chronicle, Todo esto después de caerse como cineasta del spin off que Disney está llevando a cabo de la saga Star Wars, lo que ya presagiaba lo peor para el reboot que nos ocupa.




Las decisiones desacertadas no se hicieron esperar  y los malos augurios tampoco. La estética oscura de las imágenes filtradas y de los diseños de los uniformes de los personajes, declaraciones por parte de Trank en las que afirmaba que iba a hacer una versión "más realista" de Los 4 Fantásticos (sí, de el Hombre Elástico, la Chica Invisible, la Antorcha Humana y La Cosa, un gigantón hecho de piedra) y que había prohibido a sus actores leer cómic alguno protagonizado por los personajes hicieron enfurecer al fandom, aunque claro, no tanto como el hecho de cambiar de raza a Johnny Storm, eso fue "mucho peor", acabáramos. Tras estos primeros tropezones los rumores sobre que la producción de la cinta estaba siendo un caos, que otro director había rodado material adicional al de Trank (algo que el cineasta se apresuró a desmentir, muy indignado, en la redes sociales) o que la 20th Century Fox confiaba poco o nada en el proyecto terminaron por sepultar las pocas esperanzas que se pudieran tener en esta nueva etapa en celuloide protagonizada por los Imaginautas.




El resultado fue el esperado, estreno rocambolesco y controvertido, Josh Trank haciendo declaraciones en Twitter (eliminadas posteriormente por él mismo) sobre cómo la 20th Century Fox había destrozado su película, que no tenía nada que ver con la que ha llegado a la pantalla grande, los productores tapando la boca a la prensa especializada para que no comentara nada de la cinta antes de su puesta de largo internacional, cruce de declaraciones entre miembros del reparto artístico y técnico, filtraciones de borradores del guión que superaban considerablemente en calidad al que finalmente sirvió de base a la película, en resumidas cuentas una serie de catastróficas desdichas que han convertido esta Cuatro Fantásticos en la comidilla cinematográfica hollywoodiense del año y cuyas intrincadas conspiraciones interiores (con las que parece que todo el mundo quería hundir la obra) seguramente darían para un libro o un telefilm morboso protagonizado por las estrellas televisivas en decadencia de turno.




Vaya por delante que Fantastic Four no es tan mala como se ha dicho por la red, pero sí es un proyecto de una más que contrastada mediocridad que al ser visionado por primera vez transmite a la platea la sensación de que nadie se lo tomó muy en serio a la hora de gestarlo. Desde unos productores que no se fiaban del director con, aparante, mal carácter que habían contratado para comandar el la máquina, pasando por este último que aparentaba tener un ego que no correspondía con un cineasta casi debutante, hasta un reparto que parece completamente perdido a lo largo de los innecesarios 100 minutos de metraje que tiene la obra. A pesar de todo esto, como comento, no hablamos de una película "más mala que Catwoman o Elektra", ni mucho menos, pero sí de un producto fallido  prácticamente en su totalidad, deficiente en la mayoría de sus apartados y completamente desganado en fondo y forma.




A pesar de sus buenas intenciones desde sus compases iniciales la cinta de Josh Trank comete sus primeros fallos. Cuando se va a utilizar casi una hora de metraje para presentar a los personajes y su origen (algo nada alocado que han utilizado films adscritos al subgénero superheróico como los Spiderman de Sam Raimi o Marc Webb o el Batman de Christopher Nolan) es importante darle al patio de butacas un prólogo que enganche, que se revele como un fuerte puñetazo en la mesa para que a lo largo de esos sesenta minutos tengamos algo prometedor por lo que esperar. De esta manera desde el arranque se hace patente el desastroso y caótico ritmo narrativo de Cuatro Fantásticos, dejándose ver las incontables costuras que un montaje terrible (en el que parece haber metido mano todo el mundo) saca a la luz y en el que, aunque lo niegue el mismo Josh Trank, la mano de más de un cineasta sobrevuela a lo largo de todo el film, sirva como el ejemplo la alternancia de escenas en las que Kate Mara unas veces lleva postizo capilar y otras no, delatando el posible rodaje de escenas nuevas después de la producción principal de la cinta.




Por otro lado y aunque las cabezas pensantes se amparen en que han hecho una adaptación de la versión "Ultimate" de los personajes (de hecho Mark Millar, guionista de las andanzas de esta visión de Los 4 Fantásticos en los cómics, ejerció como asesor en el largometraje) el tono, la personalidad y las relaciones interpersonales de los protagonistas no pueden ser más infieles a las que llevan forjándose en los cómics desde hace más de cincuenta años. Como bien apuntó mi compañero Jordi T. Pardo en su magnífica crítica de la película para la web Zona Negativa, hay dos elementos indispensables en las historias en papel de los personajes creados por el tándem formado por Stan Lee y Jack Kirby y estos son el sentido de la maravilla puramente superheróico y el hecho de que los cuatro personajes formen un verdadero núcleo familiar que va más allá de su estatus como grupo de personas con superpoderes.




Por desgracia el guión escrito a seis manos or Simon Kinberg, Jeremy Slater y Josh Trank (o lo que quedara de él al trasladarlo a la pantalla) no capta en ningún momento ese sense of wonder que la historia demanda amaprándose en un tono de ciencia ficción supuestamente serio y una gravedad formal que a personajes como a Batman, Daredevil o Punisher pueden quedarle bien, pero no a los más ilustres habitantes del edificio Baxter cuyas mejores historias (ahí están las etapas de John Byrne o las del dúo formado por Mark Waid y el fallecido Mike Weringo) se sustentan en una luminosidad que aquí brilla (nunca mejor dicho) por su ausencia. Por otro lado en ningún momento se percibe que estros cuatro personajes actúen como una familia y hay quien se podrá escudar en que todavía no forman el grupo propiamente dicho, pero es que ni Reed y Sue parecen dar forma a una futura historia de amor (la química entre Miles Teller y Kate Mara es del todo inexistente) ni Ben aparenta ser importante en la historia más allá de la primera mitad de metraje ni tampoco el mejor amigo de Reed (de hecho esa llamada etílica de madrugada para meterlo en el lío que lo mete se antoja harto ridícula) ni Johnny tener vínculos muy estrechos con su hermana.




Pero ya el acabose viene con la nueva génesis que dan a Víctor Von Doom, que hace que la de la primera película de Tim Story parezca "fiel a los cómics" y aquella ya era bastante aberrante. Aquí el Doctor Muerte ni es líder de la nación europea de Latveria, ni un hechicero. Es un genio científico como Reed Richards que (al igual que en la versión de 2004 y a diferencia de los cómics) forma parte del equipo que llevará a cabo el experimento relacionado con las transportación de materia y los viajes interdimensionales (que difiere bastante también del origen de los poderes adquiridos por los personajes en las viñetas) que para colmo se convertirá en autor material de la desgracia que experimentarán los protagonistas (lo de que Sue la sufra de manera colateral es una cagada más de tantas que enumerar).Al menos este despropósito se sustenta en un personaje que Tobby Kebbel aborda con dignidad cuando el guión quiere perfilar sus motivaciones y enriquecer su relación con Reed, Jonny y Sue, pero de manera tan superficial que no llega a ninguna parte.




A estas alturas y asumiendo que Josh Trank y sus guionistas (entre ellos Simon Kinberg, que, para más escarnio, no es novato precisamente en esto de adaptar cómics al celuloide) no han captado ni de lejos la esencia de los personajes que han tomado bajo su protección al espectador sólo le queda apelar a asistir a una cinta de género competentemente hecha y que ofrezca al menos un buen rato de evasión adscrita a la ciencia ficción comercial. Pero ni por esas, ya que por mucho que los productores hayan puesto en manos de Trank el presupuesto típico de un blockbuster de esta envergadura el director de Chronicle y su equipo técnico parecen abordar su labor con una contagiosa y vergonzante apatía y desgana que se deja ver a lo largo de todo un metraje en el que, más allá de la escena post accidente, no hay una sola secuencia o imagen cuya espectacularidad haga el espectador mover el rictus de indiferencia que su rostro ha ido tomando a lo largo de torpe desarrollo del film.




Hasta un reparto de actores más que competentes (algunos de un talento descomunal como ese Miles Teller que deslumbro en Whiplash) queda en nada cuando en todo momento percibimos en pantalla a que ninguno de los miembros del cast se cree lo que está haciendo o siente realmente como suyos los personajes que abordan, Curiosamente en el plano físico todos encajan (sí, Michael B, Jordan también, digan lo que digan) con sus versiones en viñetas pero es a la hora de darles vida cuando todos fracasan estrepitósamente, salvándose un poco de la quema el ya mencionado actor de Chronicle y la próxima Creed que sabe captar algo del aire de chulería y altivez del Johnny Storm de las viñetas o el Reed Richards anterior a los poderes de elasticidad de Teller. A los cuatro protagonistas se les ve desubicados, mortecinos, como si tuvieran la cabeza en otro lado o deseando que todo acabara para no tener que seguir implicados en un proyecto cuya gestación les estaba produciendo más dolores de cabeza que aportando satisfacciones.




Cuatro Fantásticos es algo peor que una mala película (no llega a tanto digan lo que digan) es una película aburrida, descompensada (su clímax dura un suspiro y deja con cara de estúpidos a aquellos que han aguantado hora y media de metraje sólo para que les ofrezcan una batalla final a la altura) hipertrófica en fondo y forma, en definitiva, carne para ser un film que forme parte de la filmografía de Alan Smithee o lo que es lo mismo, la crónica de un fracaso anunciado. Josh Trank podrá patalear lo que quiera y poner el grito en el cielo, pero aunque los productores hayan destrozado su trabajo lo que aquí se vislumbra tanto en escenas aisladas como en conjunto es que no ha entendido absolutamente nada de la idiosincrasia de los personajes que ha tratado de reinventar para la gran pantalla. Su segundo largometraje detrás de las cámaras parece el alargado y fallido episodio piloto de una serie de televisión de aventuras despersonalizado, taciturno, desangelado, que transmite indiferencia a una platea que llega a lo imposible, añorar aquellas Los 4 Fantásticos y Los 4 Fantásticos y Silver Surfer de Tim Story o hasta la versión de Roger Corman, que ahora no nos parecen tan terribles o reprobables. Cosas de la magia del cine.



jueves, 10 de septiembre de 2015

Joe, en tierra de hombres



Título Original Joe (2013)
Director David Gordon Green
Guión Gary Hawkins basado en la novela de Larry Brown
Actores Nicolas Cage, Tye Sheridan, Ronie Gene Blevins, Gary Poulter, Adriene Mishler, Brian Mays, Aj Wilson McPhaul, Sue Rock, Heather Kafka, Brenda Isaacs Booth




La carrera del cineasta David Gordon Green es muy parecida a la de su compatriota Richard Linklater. Ambos aceptan productos comerciales adscritos a los cánones más o menos preestablecidos en Hollywood para luego financiar proyectos más personales, íntimistas y enriquecedores en el plano artístico. De modo que si no es difícil ver su nombre como director en los créditos de largometrajes como Superfumados (Pineapple Express), El CanguroCaballeros, Princesas y Otras Bestias (Your Highness) seguramente sea para después financiar films más independientes y de autor como Prince AvalancheSeñor Manglehorn, la recién estrenada en el todavía en curso Festival de Venecia Our Brand Is Crisis o esta Joe que nos ocupa, con producción de 2013 y puesta de largo internacional también en el ya mencionado certamen italiano pero de hace dos años.




Pero si hay una personalidad importante que destacar en un proyecto como Joe es la de su protagonista, el tan mítico como inefable Nicolas Cage. En varias entradas hemos comentado que en los casi últimos diez años el sobrino de Francis Ford Coppola elige prácticamente cualquier guión que le ofrecen para pagar esas incontables deudas contraídas por "vivir por encima de sus posibilidades". Evidentemente por mucha basura en la que se involucre el protagonista de Cara a Cara o Con Air al ritmo de tres o cuatro películas al año por lógica alguna tiene que ser decente como en el caso de Tokarev de Paco Cabezas o bastante buena como la primera entrega de Kick-Ass, adaptación del cómic de Mark Millar y John Romita Jr a manos del británico Matthew Vaughn  o esta Joe que nos ocupa, que se revela, sin ser un dechado de originalidad y virtudes, como lo mejor que ha rodado Cage en los últimos cinco años, como mínimo.




Joe es una muestra prototípica de retrato intimo y desarraigado de la América profunda, una visión melancólica de esos Estados Unidos rurales anclados en el tiempo forjados con violencia, regados con alcohol e hijos de una pobreza económica enraizada en la tierra. La historia, basada en la novela homónima escrita por el novelista Larry Brown, sobre un adolescente con un padre borracho y maltratador que finalmente encuentra en un ex convicto que se dedica al oficio de "envenenar árboles" para una empresa maderera la figura paterna que nunca ha tenido creando con él unos vínculos afectivos desconocidos hasta ese momento para ambos le sirve al director David Gordon Green y al guionista Gary Hawkins para narrar una historia de perdedores y antihéroes alienados en continuo divagar existencial, una desesperanza que pasa de generación en generación y en la que habitan tanto seres justos y honrados como desalmados despreciables y egoistas.




Gordon Green recurre a un naturalismo en fondo y forma que permite a la cinta transmitir veracidad durante sus ajustados 117 minutos de metraje. Lo hace tanto por medio de la iluminación, sobre todo en exteriores, como con el uso de unos secundarios (sobre todo el equipo de trabajo comandado por Joe) que no son actores profesionales, unos protagonistas tocados por el don de la sinceradidad a la hora de abordar sus criaturas o unas localizaciones en la que los árboles cobran importancia capital en la historia. El director de George Washington o Snow Angels no inventa nada que no hayamos visto en clásicos como La Noche del Cazador o Matar a Un Ruiseñor o en obras contemporáneas como Take Shelter o Winter's Bone a la hora de hablar de aquellos parajes agrarios y alejados de las grandes urbes en los que se percibe una violencia latente y subterránea que poco a poco va enseñando sus fauces mostrándose siempre a punto de explotar de manera brutal, pero lo hace con mucho oficio y un magnífico control de los tiempos y los silencios.




Como bien hemos mencionado con anterioridad Nicolas Cage realiza uno de los mejores trabajos de su carrera en Joe. El actor de Adaptation o Leaving Las Vegas hace suyo este hombre justo, cercano, afectivo que trata de adormecer la bestia violenta que anida en su interior (magnífica metáfora la pelea de perros para simbolizar el salvajismo que trata de mantener encerrado en su psique) y que encontrará el hijo que nunca tuvo en Gary, al que da vida un contenido y magnífico Tye Sheridan que da la réplica de manera muy profesional al personaje protagonista convirtiéndose en un reflejo del mismo Joe (que el rol principal "mate árboles débiles para hacer crecer otros más fuertes" sintetiza de manera elegante su relación con el chico) con sus virtudes y defectos, convirtiéndose en su inmediato heredero, con todo lo bueno y malo que ello conlleva.




Pero cuando creemos que este dúo son los pilares sobre los que se sustenta la cinta de David Gordon Green aparece un tipo llamado Gary Poulter interpretando al padre de Gary, un señor que falleció poco después del rodaje del film (el mismo está dedicado a su memoria) y que nunca había participado previamente en obra cinematográfica y se marca el mejor padre borracho, maltratador, asesino y ladrón desde el David Strathaim de Eclipse Total (Dolores Claiborne), un total desconocido que lo hace tan jodidamente bien que en más de una ocasión transmite al espectador la sensación de que no es un actor y debido a ello pudiera estar interpretándose a sí mismo, un ser despreciable e instigador de una violencia vírica y contagiosa que sirve como representación física de todo lo cruel y visceral que hay en ese pueblo lacónico y mortecino.




Aunque no todo son parabienes para Joe, ya que su mayor fallo es un pecado, intencionado o no, que no se puede dejar pasar por alto. El mayor defecto es que en su puesta en escena, estructuración, contexto y más grave, personajes, parece una copia un poco descarada de Sling Blade (Al Otro Lado de la Vida) aquel film independiente de 1996 en el que Billy Bob Thronton ejerció de director, guionista (ganando gracias a su libreto el Oscar al mejor guión original aquel año) y protagonista que relataba la relación de un ex convicto deficiente con problemas para reinsertarse socialmente que inicia una relación de amistad con un chico (un por aquel entonces jovencito Lucas Black) cuya padrastro le propina palizas un día sí y otro también hasta que el personaje protagonista interviene debido a los lazos de afecto que ha estrechado con el muchacho. El parecido entre ambos films es en ocasiones sonrojante, pero el injusto olvido al que el tiempo a abocado a la ópera prima como director del actor de Un PLan Sencillo o Monster's Ball supongo que benefició a que esta Joe que nos ocupa no tuviera que enfrentarse a las odiosas comparaciones.




Por lo demás Joe es un meritorio largometraje con un reparto magnífico (aunque personajes como los de la madre y la hermana o el Willie- Russell de un interesante Ronnie Gene Blevins están desdibujados en los dos primeros casos y desprovechado en el tercero) un guión muy bien compactado y un trabajo de David Gordon Green detrás de las cámaras en el que se le nota mucho más cómodo que en las comedias de medio pelo que le ofrecen en el Hollywood más mainstream. Para la, cada vez más autdestructiva y autoparódica, carrera de Nicolas Cage supone una muestra de que debajo de la gestualidad desatada y la sobreactuación más recalcitrante todavía habita un actor que cuando recurre a la contención, la introspección y el naturalismo puede ofrecer trabajos tan meritorios como este. Ya veremos si futuros proyectos potencialmente interesantes en los que está involucrado como Snowden, de Oliver stone o Frank or Francis, de charlie Kaufman, le devuelven algo de ese crédito perdido en el interior de la fosa aséptica en la que las producciones de medio pelo (o peluquín en este caso) han convertido la última etapa de su filmografía.