sábado, 31 de enero de 2015

Nightcrawler, straight out of hell, one of a kind, stalking his victim, don't look behind you



Título Original Nightcrawler (2014)
Director Dan Gilroy
Guión Dan Gilroy
Actores Jake Gyllenhaal, Bill Paxton, Rene Russo, Riz Ahmed, Kevin Rahm, Ann Cusack, Eric Lange, Anne McDaniels, Kathleen York, Michael Hyatt




Debut en la dirección del productor y guionista Dan Gilroy, conocido por ser hermano del también cineasta y libretista Tony Gilroy (la saga de Jason Bourne, Michael Clayton) y escribir o financiar films como Acero Puro, de Shawn Levy, Apostando al Límite, de D.J Caruso o aquella injustamente semidesconocida obra maestra llamada The Fall: El Sueño de Alexandria a manos del hindú Tarsem Singh. Después de muchos años ayudando a otros directores a sacar adelante sus proyectos y de vender sus propios guiones a ajenos el hermano menor de Tony Gilroy debuta por fin en la realización de largometrajes con Nightcrawler, su existosa carta de presentación detrás de las cámaras que ha llamado considerablemente la atención en Estados Unidos por varios motivos que trataremos de desgranar en la siguiente reseña. El guionista de Freejack: Sin Identidad escribe y dirige esta historia protagonizada por un Jake Gyllenhaal que debió confiar bastante en el proyecto desde su gestación si tenemos en cuenta que también ejerce como productor ejecutivo del mismo ateniéndonos a lo que rezan los, por otro lado, ya logrados títulos de crédito iniciales.




Un largometraje que ha recibido un considerable número de alabanzas y reconocimientos internacionales como la nominación al Óscar al Mejo Guión Original para el propio Dan Gilroy, candidatura que a algunos ha supuesto poca recompensa si tenemos en cuenta que se esperaba la presencia de un pletórico Jake Gyllenhaal en la categoría de Mejor Actor Principal. En un primer visionado Nightcrawler puede parecer, y de hecho es, un retrato brutal del periodismo criminalista estadounidense. Programas de televisión ávidos se sangre, violencia y muerte con los que disparar sus índices de audiencia impactando a los espectadores con material audiovisual lo más gráfico y explícito posible aunque para conseguir su fin tengan que pisotear los derechos más básicos de las víctimas a las que acosan con los objetivos de sus cámaras.




Pero este contexto de sensacionalismo periodístico y televisivo es sólo una excusa por parte de Dan Gilroy para retratar la figura de un parásito, uno de los ejemplares más bajos, rastreros y por el contrario inteligentes del hombre del siglo XXI. Lou Bloom es un ladrón, un timador apocado que da la impresión de padecer los síntomas del inefable Síndrome de Asperger y que es capaz de engañar, intimidar y hasta amenazar física o psicológicamente al prójimo sin levantar el tono de su voz. La delgadísima, casi la de insecto, presencia de un contenidísimo pero visceral Jake Gyllenhaal de mirada plácidamente psicótica hace el resto para dar forma al retrato de este estadounidense tipo, devorado por el deseo de éxito y reconocimiento, ese por el cual será capaz de cometer actos criminales que le ayuden a llevar a buen puerto tan difícil empresa, sin importar los medios empleados para ello. Un ratero venido a menos metido en trapicheos de medio pelo que ve el cielo abierto cuando descubre lo sencillo que es convertirse en un periodista freelance de sucesos criminales y sacar con ello sustanciosas sumas de dinero al vender el material audiovisual a las cadenas de televisión de la ciudad de Los Ángeles que saben cómo vender sus productos de cara a la audiencia. Un individuo que graba el sufrimiento ajeno para producir más del mismo de cara a las personas que ven dichos programas catódicos confirmándose como un ciudadano despreciable que disfruta con crear y capturar los peores momentos de la vida de sus semejantes.




En cuanto a la dirección, puesta en escena y tono Dan Gilroy parece querer crear un mestizaje entre Crash de David Cronenberg (soberbia cinta del cineasta canadiense nacida de la inolvidable novela homónima del escritor birtánico James G. Ballard) con esa delectación con la que rueda a las vehículos siniestrados y los cadáveres en plena carretera o las reacciones casi orgásmicas de una magnífica y sutilmente sensual Rene Russo (veterana actriz que es también la esposa del guionista y director de la obra que nos ocupa) al ver los truculentos vídeos grabados por el protagonista, y Drive de Nicholas Winding Refn, con esas nocturnas calles angelinas bañadas en luces de neón y laconismo formal o las persecuciones autmovilísticas que pueblan gran parte del metraje, imágenes todas ellas acariciadas por la inspirada partitura del compositor James Newton Howard. A Dan Gilroy se le nota el gusto por el cine de David Lynch o Michael Mann y trata de extrapolar dichas predilecciones cinematográficas a su impronta o discurso realizando un trabajo técnicamente perfecto sustentado en un guión bien ensamblado que incluso cuando decide entregase un poco a la caricatura y el exceso en su recta final no pierde veracidad aunque se vea todo el conjunto de la obra rodeado por un halo de extraño onirismo cuyo epicentro es el personaje principal que será nuestro antipático pero atrayente anfitrión.




Lo único que se le puede echar en cara al guionista de El Legado de Bourne es que la asepsia formal con la que aborda sus personajes, ese halito de nihilismo al que habría que sumar la escasa empatía con prácticamente todos los personajes (exceptuando el Rich de un muy cercano Riz Ahmed, todo un recital el de este actor al que hemos visto en Oro Negro, Camino a Guantánamo o Centurión y que se marca un soberbio tour de force con el protagonista de Donnie Darko) impide una implicación sólida entre emisor y receptor, director y espectador, aunque puede que el cineasta y escritor no buscara dicha relación de reciprocidad con la platea. Salvo esta pequeña mácula poco más se le puede achacar a un interesante y desolador proyecto como Nightcrawler, el terrible y sórdido retrato de un despojo humano que nos propone un guionista reconvertido en director al que convendrá seguir de cerca. Para no olvidar pasajes de una fuerza más que considerable como la narración por parte del personaje de Nina a los presentadores de informativos para amedrentar y quebrar la voluntad de unos espectadores que por este uso mediático del miedo apenas reparan en la violación de la privacidad a la que han sido sometidas las víctimas del asesinato en el adosado o los momentos en que este cronista del caos y la muerte comienza a implicarse demasiado en un trabajo tan execrable y podrido que sólo podría triunfar en una sociedad como la nuestra en la que realities shows e informativos sectarios son capaces de adormecer nuestra consciencias ofreciendo pan y circo, lo único que parece que necesitamos para seguir adelante en una existencia de vacío vital y e ideológico en pleno siglo XXI.


jueves, 29 de enero de 2015

Babadook



Título Original Babadook (2014)
Director Jennifer Kent
Guión Jennifer Kent
Actores Essie Davis, Noah Wiseman, Daniel Henshall, Hayley McElhinney, Barbara West, Ben Winspear, Tiffany Lyndall-Knight, Tim Purcell, Benjamin Winspear, Cathy Adamek, Carmel Johnson, Adam Morgan, Craig Behenna, Michael Gilmour, Michelle Nightingale, Stephen Sheehan




Babadook, supone el debut en la dirección de la cineasta australiana Jennifer Kent, que también se ocupa de la escritura del guión. Basada en un cortometraje de su propiedad llamado Monster y estrenado en 2005 el largometraje que nos ocupa ha supuesto uno de los sleepers más sonados del pasado año. Ganando varios premios internacionales, entre ellos el especial del jurado y el de mejor actriz del último festival de cine fantástico y de terror de Sitges, la obra ha sido alabada considerablemente por la crítica, aunque no tanto por el público. Hasta William Friedkin, director de El Exorcista, ha dicho de ella que es la película más aterradora que ha visto en su vida, declaraciones un tanto exageradas por su parte.




Porque una vez vista un servidor puede afirmar de manera más o menos rotunda que el resultado no es ni tanto, ni tan poco, ya que Babadook no es ni la obra maestra que se apresuraron a bautizar algunos ni el engendro insalvable que aseguraron otros cuantos. La película de Jennifer Kent está llena de meritorios hallazgos y aciertos que se ven ensombrecidos por su recta final en la que la máquina se desboca en algunos pasajes y sobre todo por la intención de la cineasta por hacer prevalecer el fondo de su propuesta sobre la forma de la misma, algo que se acentúa considerablemente en la ya mencionada media hora final del metraje de la cinta.




Vaya por delante que Babadook es un homenaje confeso al maestro del terror italiano Mario Bava y no sólo porque en un momento del metraje aparezca en la televisión de la casa donde se desarrolla la historia del film una de sus grandes obras maestras como es Las Tres Caras del Terror, sino porque la trama en la que la supuesta presencia del espíritu de un familiar muerto se hace fuerte en un inmueble habitado por dos personas evidencia de una manera bastante clara que la obra que nos ocupa es un tributo o revisión encubierta de la reivindicable, aunque algo dispersa, Shock, una de las últimas obras del ya mencionado autor de films como Semáforo Rojo o La Máscara del Demonio con Daria Nicolodi y John Steiner.




Esa puesta en escena, la atmósfera malsana casi palpable en la que la presencia de una criatura de reminiscencias infantiles y tribales amenaza a una madre y su pobre hijo que todavía no superan la muerte en accidente automovilístico del cabeza de familia seis años antes son los apartados en los que la ópera prima de Jennifer Kent se hace fuerte. Planos fijos que aventuran la presencia de una figura en segundo plano, un soberbio uso de los efectos de sonido (esa voz pronunciando el nombre del monstruo protagonista que se queda grabada en el oído y la mente) en las antípodas de esas producciones que los usan para dar gratuitos golpes de banda sonora con los que asustar a la platea y una delectación enfermiza con los decorados y la profundidad de campo son los que dan pie a que haya momentos en el film que lleguen a helar la sangre.




También sería de recibo destacar la enorme labor de los dos actores principales interpretados por Essie Davis y el debutante Noah Weiseman. Ella se entrega lo indecible para arrancarse de las entrañas una interpretación que resulta brillante en casi todo momento y sólo renqueando a la hora de abordarla cuando se ofrece un poco a la sobreactuación en el clímax final. Él nos hace pasar del rechazo que causa su supuestamente caprichoso comportamiento durante la primera hora de metraje a la complicidad y compasión cuando vamos descubriendo poco a poco su personalidad cándida y generosa con respecto a su progenitora. Ellos llevan casi todo el peso de la trama y su interacción física y psicológica apuntala con fuerza la estructura del relato.




Pero Jennifer Kent comete el pecado de apresurar un clímax final en el que se alternan los momentos ridículos con los que podrían considerarse los mejores de toda la película. Desde el momento en el que el personaje de Amelia "cambia" las escenas físicas llegan a mostrarse tan atropelladas como mal ejecutadas y mientras la presencia de Badabook como mórbida sombra que sobrevuela todas y cada una las habitaciones del hogar cada vez es más potente, los actos llevados a cabo por la protagonista son más cuestionables y en ocasiones estúpidos por mucho que hayan sido previamente profetizados de cara al espectador. Aunque toda esta acumulación de sinsentidos tiene un fin, noble y con muy buenas intenciones, pero con un resultado cuestionable.





Independientemente de sus referentes estilísticos y formales (desde Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo, de David Lynch hasta Anticristo, de Lars Von Trier pasando por El Ente de Sidney J, Furie) Babadook es una metáfora de los estragos que la perdida de un ser querido puede producir en sus allegados. Por medio de la simbología Jennifer Kent quiere crear un paralelismo entre los efectos de una grave depresión (compartida por madre e hijo, pero de manera más visceral en la primera) y la temática sobrenatural de la obra, como si la presencia del mismo monstruo sea un representación retorcida y violenta del recuerdo del padre de la familia cuya muerte violenta se refleja en el rechazo que Amelia siente por su hijo Samuel, al que culpa del siniestro, y que está tan bien expuesta en los primeros compases de la obra. Pero esa intención porque todo el conjunto esté cargado e un tono alegórico que forme un todo es la que lastra el remate final que por mucho que simbolice que el recuerdo del padre de familia nunca abandonará a los protagonistas formalmente puede llegar incluso a indignar a distinto tipo de espectador.




Babadook es una obra con muy buenas intenciones y resultados tan meritorios como en cierta manera insuficientes. A Jennifer Kent le podemos aventurar un futuro prometedor como directora, narradora cinematográfica y creadora de atmósferas impías y desasogantes, pero como guionista tendrá que depurar algo más sus libretos para conseguir afianzar la cohesión de la que adolece una obra como su debut detrás de las cámaras. Como producto interesante para pasar un rato de incomodidad sustentada en algunas escenas que ciertamente hacen al espectador retorcerse en la butaca Babadook merece la pena e incluso su debilidad, querer anteponer su mensaje a su estética, puede ofrecernos pasajes interesantes y personajes identificables, pero como conjunto su irregularidad eclipsa bastantes de sus triunfos confirmándola como una buena entrega de género de terror pero una no del todo conseguida obra cinematográfica.



martes, 13 de enero de 2015

Musarañas



Título Original Musarañas (2014)
Director Juanfer Andrés y Esteban Roel
Guión Sofia Cuenca y Juanfer Andrés
Actores Macarena Gómez, Nadia de Santiago, Hugo Silva, Luis Tosar, Gracia Olayo, Lucía González, Carolina Bang, Silvia Alonso, Asier Etxeandia, Josean Pérez





El célebre cineasta bilbaino Álex de la Iglesia (El Día de la Bestia, Balada Triste de Trompeta) apadrina el debut en la dirección cinematográfica del dúo de realizadores Juanfer Andrés y Esteban Roel con Musarañas, la última gran película española de un 2014 que se ha confirmado como uno de los mejores años para el celuloide patrio con éxitos rotundos como el imparable fenómeno social de Ocho Apellidos Vascos de Emilio Martínez Lázaro, la intachable La Isla Mínima de Alberto Rodríguez, la complaciente pero muy entretenida y digna [REC·]⁴ de Jaume Balaguero y aquella El Niño a manos de Daniel Monzón que un servidor todavía no ha tenido el gusto de ver.




De esta producción se ha destacado sobre todo, y con motivo, la enorme labor de la actriz cordobesa Macarena Gómez que le ha valido varios premios internacionales y una nominación al Goya a la Mejor Actriz de la gala de los premios homónimos que se celebrará en el mes de Febrero. Cierto es que la intérprete de la exitosa serie La Que Se Avecina realiza el mejor papel de su carrera con su protagonista de Musarañas, pero sería injusto que no se nombraran otros muchos aciertos de la obra que como su cuidado guión, su milimétrica dirección o la labor de un escueto pero profesional grupo secundarios en estado de gracia que están a la altura de una superlativa actriz principal dándole la réplica de manera sobresaliente.




Como si de una mezcla entre la novela La Casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca y aquella malditísima El Extraño Viaje dirigida por un Fernando Fernán Gómez pletórico detrás de la cámara y con bastantes apuntes de Misery de Stephen King , La Tía Tula de Miguel de Unamuno o la "trilogía del apartamento" de Roman Polanski, Musarañas localiza su historia en un indeterminado pueblo de provincias de la España de posguerra en el que dos hermanas viven juntas en la casa familiar después de la muerte da la madre y la supuesta marcha del padre. Entre las paredes de aquel hogar las dos muchachas dan forma a una relación tóxica regida por el severo y ultrareligioso carácter de la mayor de ellas que impone, a veces incluso por medio de la violencia, a la pequeña




La España de principios de los 50 que muestra Musarañas está condensada en el pequeño microcosmos que supone la casa en la que habitan las dos protagonistas, ya que el edificio en el que esta se encuentra es la única localización que tendremos a lo largo de todo el film, Un hogar en el que la ignorancia, el oscurantismo, los secretos escondidos entre las paredes y el miedo se dan la mano para retratar un país asilado del mundo, ténebre, hermético y lleno de esqueletos en los armarios. Este contexto le sirve a los cineastas y a su co guionista Sofía Cuenca para dar forma a un relato que tiene más de cinta de terror que de drama de la posguerra, con momentos apuntalados por una tensión que se pueden cortar con tijeras.




Aunque depositan gran parte de la responsabilidad del conjunto de la obra en los actores, Juanfer Andres y Esteban Roel saben crear una atmósfera seca y cortante en la que la claustrofobia se convierte en la reina de la velada. Ese edificio intimidante, hasta cuando la luz del sol entra por sus ventanas, tiene algo de maldito, como si el tiempo se hubiera detenido entre esas habitaciones y pasillos. La presencia de iconografía religiosa amenazante nos remite a Luis Buñuel (también es fácil pensar a lo largo del metraje en obras del de Calanda como Tristana o Viridiana) la aridez formal de algunos de los pasajes al Carlos Saura más doliente y el conjunto no deja de ser una puesta al día de obras capitales del cine de la transición española como Furtivos de José Luis Borau y su descarnada crudeza formal y conceptual.




Pero no neguemos que la actriz de Dagon: La Secta del Mar o Carne de Neón es la piedra angular sobre la que gira toda una obra como Musarañas. No sólo la composición de la intérprete cordobesa está llena de matices y contención, también es de un mérito mastodóntico que con su cuerpo menudo sea capaz de convencer a la platea de que puede ser una persona brutalmente intimidante tanto en el plano psicológico como en el físico. Con una labor que recuerda a trabajos de otras actrices expertas en retratar a personas de la España profunda como Lola Gaos o Terele Pávez, Macarena Gómez ofrece un recital impagable que no se entrega al exceso ni si quiera en la recta final del largometraje cuando el guión y los directores deciden exagerar un poco los hechos que acontecen en la media hora final del producto y que recuerda en parte al trazo de Álex de la Iglesia, como recordamos, productor del film.



Nadia de Santiago le da la réplica a la protagonista con su habitual profesionalidad. La joven actriz de Alatriste o Las 13 Rosas destila naturalidad por todos los poros de su piel y llena la pantalla con su mezcla de candidez y prematura sensualidad, siendo el receptor de esta ultima un Hugo Silva que mantiene muy bien la compostura con el papel más estereotipado de la obra, pero que el madrileño llena de verismo aunque pasa la mayor parte de su intervención en la película tumbado en una cama. Pero si hay un actor (y personaje) que le puede hablar de tú a tú al de Macarena Gómez es el del padre interpretado por un Luis Tosar haciendo lo habitual en él, devorar cada encuadre en el que participa confirmándose como uno de los mejores profesionales de la interpretación a nivel mundial.




Musarañas nos descubre a dos prometedores realizadores, muy capaces con la estructuración de la narración, meticulosos con la puesta en escena y excelentes con la dirección de unos actores a los que, por otro lado, pocas indicaciones les pueden dar para decirles cómo deben hacer un trabajo en el que son expertos confirmados. La ópera prima de Juanfer Andrés y Esteban Roel retrata una España que vivía de espaldas al progreso y el resto del mundo, una tierra regada en sangre de hermanos que se enfrentaron en una guerra fratricida y estúpida que dejó como legado unos hijos criados en el desarraigo y la austeridad más siniestra. Una obra que puede considerarse el soberbio y siniestro broche de oro final un año que ha confirmado que aquellos que dicen que aquí no se hace buen cine cada vez están más equivocados con sus apreciaciones.