domingo, 26 de mayo de 2013

Oblivion




Título Original Oblivion (2013)
Director Joseph Kosinski
Guión Joseph Kosinski, Michael Arndt y Karl Gajdusek basado en el cómic de Joseph Kosinski y Arvid Nelson
Actores Tom Cruise, Olga Kurylenko, Andrea Riseborough, Morgan Freeman, Nikolaj Coster-Waldau, Zoe Bell, Melissa Leo, Lindsay Clift, Jaylen Moore, Julie Hardin, Paul Gunawan, Jay Oliver, Jason Stanly






Hace tiempo que Tom Cruise pasó de ser un actor a convertirse en una marca, un comerciante o una empresa dentro del mundo del séptimo arte. El protagonista de Nacido el 4 de Julio es el productor de la mayoría de los largometrajes que protagoniza y como tal se los realiza a su propia medida, normalmente mirando más por el box office que por la calidad artística de los proyectos, pero lo cierto es que la taquilla rara vez se resiste a sus productos. Las distintas entregas de Misión Imposible, El Último Samurai o Jack Reacher son films cuyos papeles principales están ajustados a Cruise para que le queden como un guante a sus limitadas pero esforzadas aptitudes interpretativas.




Oblivion no es uno de esas producciones (el actor no ha puesto un duro del presupuesto, al menos oficialmente), pero podría serlo. El film gira alrededor de Tom Cruise y su personaje, de modo que su comercialidad está fuera de toda duda porque ha sido creado para llegar al mayor número de público posible. La cinta es el segundo trabajo como director dentro del mundo del largo por parte de Joseph Kosinski tras aquella polémica Tron Legacy que aún no he visto ya que prefiero revisar la primera parte de 1982 que vi hace demasiados años y de la que recuerdo sólo lo básico del argumento. Aquella secuela de 2011 gustó a algunos pero desagradó a otros cuantos de los fans de la producción de culto ideada por la Disney dirigida y escrita por Steven Lisbeger.




La obra que nos ocupa está basada en una novela gráfica escrita por el mismo director y guionista y dibujada por el ilustrador Arvid Nelson, aunque aún no ha visto la luz oficialmente (mala señal, supongo). El resultado es como ya he mencionado un producto hecho para barrer en taquilla, una cinta que hace tantas referencias a películas, libros, cómics e incluso videojuegos dentro del género de ciencia ficción que sería difícil enumerarlos todos. Pero está rodado con oficio, su puesta en escena es interesante y aunque empieza de una manera bastante fría va tomando interés gracias a un in crescendo de intriga y solidez en la trama que llega hasta el climax final del largometraje.




En el año 2077 la población de la Tierra ha sido practicamente erradicada tras una invasión alienígena. Jack Harper (Tom Cruise) y su colaboradora y compañera sentimental Victoria (Andrea Riseborough) forman un equipo de ingenieros que reparan unos robots llamados Drones cuya misión es buscar los pocos recursos vitales que quedan en el planeta. Jack, con la supervisión de Victoria hace patrullas diarias para controlar el buen funcionamento de las máquinas para que cumplan su cometido. Un día ambos encontrarán una nave espacial derribada en cuyo interior hay seres humanos. El único que sobrevive al accidente es una mujer llamada Julia (Olga Kurylenko) que tiene mucho que ver con el pasado de los dos ingenieros y la empresa para la que trabajan ambos que está comandada por Sally (Melissa Leo).




Oblivion es un producto bien realizado que aún siendo una obra de naturaleza poco ambiciosa se aleja en cierta manera del cine de ciencia ficción comercial actual que abusa de montajes precipitados, cámaras lentas, explosiones llenas de de artificio y crear mucho estruendo para intentar tapar la más pura y llana de las nadas argumentales. De hecho prefiere mirarse más en clásicos dentro del género cinematográfico al que se adscribe aunque lo hace en demasiados y en ocasiones tantísima referencia (el mismo prólogo es deudor del mediometraje La Jetée de Chirs Marker que inspiraría años después aquella obra maestra llamada 12 Monos salida de la mano de Terry Gilliam) distrae a un espectador que está a veces más pendiente de descifrar todos los homenajes que hay en la trama que en la estructura argumental del film que si bien poco original no tiene nada de desdeñable.




Desde Minority Report hasta 2001: Odisea en el Espacio pasando por Soy Leyenda, El Planeta de los Simios, Star Wars, Serenity o Star Trek e incluso Up de Pixar. Bebiendo también del mundo del cómc añadiendo referencias a las obras ilustradas por el gran dibujante francés Jean Girard "Moebius". A lo largo del metraje podemos pensar en Philip K. Dick, Isaac Asimov, Ray Bradbury o Frank Herbert pero siempre en unas vertientes mucho más simplistas y menos elaboradas argumentalmente. De todas formas este collage multireferencial aunque nos hace pensar inevitablemente en que no estamos viendo nada nuevo también nos confirma el buen gusto de Kosinski y sus colaboradores en el guión del largometraje.




Al inicio la puesta en escena aséptica de Kosinski nos impide empatizar con sus criaturas por mucho que quiera humanizar por medio del guión al personaje de Jack con las referencias al mítico partido de fútbol americano o lo de la planta que regala a Victoria. Esas localizaciones frías, de blanco artificial del todo impoluto son muy adecuadas para la historia que se nos narra, pero impide que el producto transmita algo de calidez ya que el conjunto peca de gélido. Por suerte esto va cambiando cuando el personaje de Kurylenko entra en escena y se resuelve el secreto de los Scavengers, ya que estas revelaciones personales hacen que la cinta vaya ganando en calado humano aunque nunca llega a una trascendencia verdaderamente notable, vamos, que no estamos hablando de Blade Runner.




El trabajo como realizador de Kosinski es junto al diseño de producción, la banda sonora (que parece mezclar las de Hans Zimmer y James Newton Howard para los Batman de Nolan con composiciones de Vangelis) y los efectos digitales lo mejor de Oblivion. El tipo sabe dónde colocar el objetivo, que en los momentos de calma los planos reposen, sean estáticos y elaborados (visualmente muy logrado el pasaje de la cena entre Jack y Victoria que culmina en el baño en la piscina) y en los de acción que las secuencias sean claras, cristalinas nada aparatosas y que no lleguen a saturar por medio del abuso del nervio o la saturación de movimientos de cámara. Sabe contraponer la limpieza artificial de las localizaciones de los protagonistas con la suciedad más sensitiva de la guarida de los Scavengers e incluso en ocasiones se marca algún momento memorable, como ese travelling lateral que sigue al Dron en llamas entrando en la torre donde habitan Jack y Victoria, un momento deudor (salvando mucho las distancias, huelga decírlo) de Stanley Kubrick.




El guión carece de una originalidad al menos en un sentido ortodoxo, pero se guarda algunos giros argumentales bastante logrados e inesperados pero también otros innecesarios que incluso se introducen en cierto sexismo simplista (el giro radical de actitud por parte de uno de los personajes femeninos es una estupidez argumental indigna del logrado conjunto de la historia). El reparto está formado por un grupo de actores que cumplen con su cometido como un Tom Cruise haciendo lo que se espera de él en este tipo de papeles, unas Olga Kurylenko y Andrea Riseborough bastante acertadas dándole la réplica, un Morgan Freeman haciendo un rol que es una rara avis dentro de su filmografía, pero vuelven a fallar cuando no le dan demasiada cancha a  Nikolaj Coster-Waldau (Jamie Lannister en Juego de Tronos) y Zoe Bell (Death Proof) dos actores que físicamente pueden dar mucho más de lo que ofrecen a lo largo del metraje, sobre todo esta última, especialista en escenas de riesgo en la vida real.




Oblivion ofrece dos horas de digno entretenimiento para todo tipo de espectadores. Sin pretensiones que puedan mermar su humilde misión de ser una cinta rematada con profesionalidad cuya idea es divertir a la platea la segunda obra cinematográfica de Joseph Kosinski se deja ver con simpatía y un interés que va a aumentando hasta ese epílogo final que por su naturaleza de descarado happy end nos vuelve a confirmar que aunque su nombre no aparezca como productor en los títulos de crédito Tom Cruise es el amo y señor de este producto, una vez más, hecho sobre todo para su propio lucimiento, el de su bien conservado cuerpo y dotes interpretativas cada vez más entregadas a cierta acomodaticia actitud que puede que en un futuro le pase factura como artista, pero que en la actualidad le está haciendo inmensamente rico como profesional.



viernes, 24 de mayo de 2013

La Jungla: Un Buen Día Para Morir, desde Rusia con sopor



Título Original A Good Day to Die Hard (2013)
Director John Moore
Guión Skip Woods basado en personajes de
Actores Bruce Willis, Jai Courtney, Sebastian Koch, Mary Elizabeth Winstead, Julia Snigir, Amaury Nolasco, Megalyn Echikunwoke, Cole Hauser, Anne Vyalitsyna, Yuliya Snigir, Melissa Tang, Pasha D. Lychnikoff, Radivoje Bukvic, Sergei Kolesnikov





En 1988 un John McTiernan en todo su apogeo como director de cine de acción y con la ayuda al guión de Jeb Stuart (El Fugitivo) y Steven E. de Souza (director de la mítica Street Fighter: La Última Batalla) adaptó la novela Nothing Lasts Forever de Roderick Thorpe a imágenes en una película llamada Die Hard en Estados Unidos y La Jungla de Cristal en España. El largometraje lanzó a la fama a Bruce Wilis como action heroe ofreciéndonos uno de sus personajes más recordados, el incansable y muy humano John McClane, además fue un éxito de taquilla que hasta se recibió más o menos bien por la crítica. A día de hoy es una obra de culto dentro del género thriller y una de las piezas cinematográficas estadounidenses que hay que ver sí o sí en festividades navideñas.




Dos años después llegó la secuela, Die Hard 2: Die Harder, rebautizada aquí La Jungla 2: Alerta Roja, ya que se prescindió del "cristal" porque la historia estaba localizada en un aeropuerto en el que John tenía que acabar con un grupo de mercenarios que querían liberar a un dictador sudamericano interpretado por el gran Franco Nero si la memoria no me falla, porque ciertamente la vi hace años y no la recuerdo todo lo bien que quisiera. La batuta de la dirección se la cedió John McTiernan al mediocre Renny Harlin y si bien la película era inferior a la primera parte se mostraba entretenida, tenía buenos momentos y McClane seguía ofreciendo salidas memorables.




Seis años tardó en llegar la tercera parte Die Hard With a Vengeance, esta vez La Jungla de Cristal: La Venganza nuestro país, el vidirio volvía al título porque la acción tenía lugar a lo largo y ancho de New York y claro, la misma está plagada de edificios y rascacielos, a nuestros avispados traductores no se les escapa una. Para un servidor hablamos de la mejor y definitiva entrega de la saga, John McTiernan volvía a ponerse detrás de la cámara ofreciendo no sólo su último gran thriller, también uno de los mejores films de acción de los 90 con John más John que nunca, Samuel L. Jackson dándole la réplica como nadie interpretando al electricista Zeus Carver, un memorabe villano llamado Simon a manos de un Jeremy Irons que poco tenía que envidiarle a su hermano en la ficción, el inolvidable Alan Rickman de la primera parte que se metió en la piel de Hans Gruber, y escenas de acción sencillamente brillantes que no daban un respiro ya que la película empezaba con una explosión e iba subiendo, Cecil B. Demile sonreía desde su tumba.




En 2007, cuando nadie lo demandaba y la saga se había cerrado magistralmente como una trilogía intachable se estrenó una cuarta parte. Live Free or Die Hard (La Jungla 4.0) a manos del negado Len Wiseman (Underworld, Total Recall) que era de todo (una cinta hueca, estruendosa, digitalizada hasta el extremo, nada realista, fantasma) menos una nueva entrega de las aventuras de John McClane. El resultado como comento fue un disparate lleno de ruido aparatoso y ridículo (lo del caza era de traca) protagonizado por Bruce Willis pero no por el protagonista de la verdadera Die Hard. A ello sumémosle la presencia de una insportable hija interpretada por la guapa Mary Elizabeth Winstead, un insufrible compañero de juerga al que dio vida Justin Long, un malo de parvulario a manos de Thimoty Olyphant y una calificación moral PG-13 que llenó el film de violencia Disney.




Pero claro, el éxito de taquilla dio pie a que no se descartara la posibilidad de una nueva entrega, que ya sería la quinta. Este 2013 ha sido el elegido para que vea la luz esta A Good Day to Die Hard, La Jungla: Un Buen Día Para Morir y ya el trailer presumía de ofrecer más de lo que ya dio la cuarta entrega pero esta vez al menos con una calificación R, como en las tres primeras cintas. Todo apuntaba mal en el proyecto. Ser la continuación de una tercera secuela de considerable mediocridad, estar dirigida por ese mercenario llamado John Moore (Tras la Línea Enemiga, los remakes de La Profecía o El Vuelo del Fénix), estar escrita por el infame Skip Woods, autor de los libretos de X-Men Orígenes: Lobezno o El Equipo A y tener, esta vez, a otro hijo de McClane como acompañante del protagonista. ¿El resultado?, el esperado indudablemente. Otra chorrada sin pies ni cabeza con mucho ruído y ninguna nuez.




El argumento no tiene ni pies ni cabeza. John McClane se va de vacaciones a Rusia y en la capital moscovita se encuentra con su hijo Jack que está infiltrado en un grupo de mafiosos rusos de caras enjutas, antiamericanismo exacerbado y clichés vergonzosos. La película desde el minutos cinco, más o menos, está formada por unas alargadas escenas de acción con tiros, persecuciones, explosiones y aparatosidad formal que se alternan con otras en las que John y su hijo Jack hacen chocar sus personalidades intentando el guión dar algo de entereza y carisma a la relación entre dos actores y personajes que tiene menos química que si la hubieran protagonizado Nacho Vidal y Rouco Varela.




Hay algo curioso en una película como A Good Day to Die Hard. La escenas de acción son mecánicas, interminables, sí, al menos al inicio del film no abusan de los efectos digitales y tienen un tono más artesanal y retro, pero son impersonales, estruendosas y sin talento o verdadera fuerza. Pero es que cuando los dos protagonistas se ponen a hablar y a tratar de dar hondura a su relación entre padre e hijo el espectador echa de menos las explosiones, la pólvora y las muertes por muy deficientemente que estén expuestas. Porque es curioso que una película que hace lo indecible con tal de llamar la atención del espectador por medio del más burdo de los artificios tenga tan poco que contar (la trama no avanza absolutamente nada en todo el metraje y lo haga de manera tan penosa y plana.




En pleno 2013 cuando parecía que los estadounidenses habían superado los estereotipos sobre Rusia, el comunismo y su odia haca los "cowboys" va esta quinta entrega de La Jungla de Cristal y los recupera todos retratando un Moscú en el que sólo viven mafiosos, millonarios corruptos y gente de la peor calaña que habla "raro"  es antipática y a la que un americano de bien (John o su primogénito) tiene que callar la boca a hostias o disparos. Lo cierto es que para eso mejor que el espectador se ponga  Danko: Calor Rojo, de Walter Hill, que era más graciosa, tenía más encanto y rebosaba desvergüenza a la hora de meterse con los hijos de la antigua U.R.R.S. 




Una vez más tenemos a Bruce Willis, pero no al gran John McClane, ese hombre que que fumaba y bebía, que tenía que eliminar a sus rivales a regañadientes, que sentía y padecía y que llegaba a tener miedo (enorme la escena con el cartel racista en pleno Harlem durante la tercera entrega). Aquí no, este tío al que da vida el protagonista de 12 Monos es un viejales descerebrado que no teme a las colisiones automovilísticas, a las balas, las armas blancas y que engancha su metralleta y se pone en medio de la línea de fuego sin pensárselo dos veces porque tanto él como nosotros sabemos que no va a morir de ninguna manera, en todo caso sangrará un poco por algún impacto y hará algún comentario supuestamente jocoso que no será ni la sombra de los memorables diálogos que salían de su boca durante los tres primeros films.




La Jungla: Un Buen Día Para Morir es una chorrada indigna de la saga a la que se adscribe y de la que sólo se salva esa señorita llamada Julia Snigir que no puede ser más agraciada físicamente. La obra que nos ocupa es la lógica extensión de la ya de por sí del todo olvidable cuarta entrega ya que comparte con aquella estar ejecutada con una impersonal y alarmante desgana, ser artificiosa hasta lo indecible (esos helicópteros digitales que por cierto pueden acribillar con misiles un edificio en pleno centro de Moscú sin que pase nada, se ve que es lo "habitual" en tierras  rusas según los creadores de la película) y tratar de seguir la terrible senda de querer convertir en un tío familiar a nuestro querido y admirado John MacClane. Aquel que iba descalzo por el Nakatomi Plaza, aquel que se lamentaba de su suerte en un aeropuerto o el mismo que mandaba recuerdos al hermano de Simon Gruber antes de darle el tiro de gracia, ese que en esta A Good Day to Die Hard no aparece en ningún momento en pantalla.


La Matanza de Texas 3D, primos lejanos




Título Original Texas Chainsaw 3D (2013)
Director John Luessenhop
Guión Adam Marcus, Debra Sullivan, Kirsten Elms, Stephen Susco basado en personajes de Tobe Hooper y Kim Henkel
Actores Alexandra Daddario, Trey Songz, Tania Raymonde, Keram Malicki-Sanchez, Shaun Sipos, Thom Barry, Paul Rae, Bill Moseley, Dan Yeager, Richard Riehle, John Dugan, Gunnar Hansen, Marilyn Burns, Tobe Hooper





En 1974 el director Tobe Hooper (con la ayuda de su amigo Kim Henkel al guión) creó un clásico con todas las letras dentro del cine de terror americano titulado La Matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre). Basada lejanamente en la historia de Ed Gein, el Carnicero de Plainfield, el film fue realizado con un presupuesto irrisorio en condiciones infrahumanas por unos equipos técnico y artístico completamente desconocidos y en un formato cuasi documental no buscado (el mismo vino al rodar el film en 16 mm y luego pasarlo a 35) que daba una veracidad cortante a una obra que se hacía fuerte más en la tortura psicológica (inolvidable su media hora final) que en la supuesta casquería que el tiempo le asignó y que nunca ha tenido. Aún hoy la cinta de Hooper es clave para entender la evolución que experimentó el género al que se adscribe cuando se estrenó como largometraje a nivel internacional marcando un gran impacto generacional.




Doce años después un Tobe Hooper en decadencia (en la que sigue, por desgracia) realizó una terrible secuela que quería ser una especie de revisión humorística de la obra original y cuyo resultado fue poco menos que aberrante. Cuatro años después el director Jeff Burr y el guionista David J. Schow dieron forma a la tercera parte, no tan lamentable como la anterior entrega, pero aún así de una contrastada mediocridad llena de tópicos y resoluciones formales fallidas. Pero ya en 1994 llegó la hecatombe, Kim Henkel, cocreador de la saga, realizó una cuarta cinta tan terriblemente deleznable que hacía que la segunda pareciera El Padrino II. Curiosamente los dos únicos films en forma de continuación relacionados con esta franquicia que merecen la pena han sido La Matanza de Texas 2004, remake del largometraje primigenio a manos del mediocrísimo Marcus Nispel y la precuela de esta, La Matanza de Texas: El Origen, dirigida por el impersonal Jonathan Liebesman, que, aún estando ambas a años luz de ella, eran dignas sucesoras de la versión de 1974.




En 2013 ha llegado este experimento llamado La Matanza de Texas 3D (Texas Chainsaw 3D) y para desentrañar su naturaleza hay que echarle un rato. Pseudosecuela de la cinta original, anterior a las tres entregas que siguieron a aquella, pero sin nada que ver con el remake y su protosecuela, es decir, sería una especie de segunda parte del film de 1974 en su prólogo para seguir el resto del metraje con una historia que sucede 20 años después. En resumidas cuentas, estamos ante otra película dentro de esta franquicia, un producto hecho por y para rascar dinero en taquilla y satisfacer el apetito de los fans de Cara de Cuero y su motosierra. El resultado es una cinta llena hasta arriba de todos los tópicos del género que ofrece al espectador precisamente eso que busca, entretenimiento bruto y casquería fina con sabor tex mex.




En 1974 el pueblo de Went en Texas descubrió que la familia Sawyer encubría los múltiples crímenes de uno de sus miembros, Jeb, también conocido como Leatherface. Los lugareños se vengaron de ellos quemando su casa y masacrando en un tiroteo a todos los componentes del clan, sobreviviendo sólo el pequeño bebé de una de las hijas, el mismo fue acogido por dos de los pueblerinos que la criaron como su propia hija. 20 años después Heather descubre que es adoptada y huye del hogar con su novio y dos de sus amigos (a los que se sumará un autoestopista) para descubrir en Went cuál es su origen y hasta donde llegan sus raíces familiares. Lo que encontrará no será de su agrado, ni del de sus compañeros de viaje y mucho menos de los habitantes de la localidad que no han olvidado la matanza de los Sawyer.




Texas Chainsaw 3D es fanservice en vena, fast food para echar un rato que cumple todos y cada uno de los tópicos de la saga en la que se ha gestado en particular y del género al que pertenece en general. En el prólogo tenemos un regalo para los fans de la colección de películas ya que los componentes de la familia Sawyer están interpretados por Gunnar Hausen (el Cara de Cuero original) Marilyn Burns (la desvalida protagonista de la película de 1974) Bill Moseley (el insoportable "Chop Top" Sawyer de la secuela de 1986 y actual actor fetiche de Rob Zombie). El reparto está formado por cinco personajes interpretados por bellezones (destacando Tania Raymonde y sobre todo la desconocida Alexandra Daddario, a la que no conozco de obras previas pero a la que es conveniente seguirle la pista) de cuerpos apolineos y neuronas ausentes que merecen morir de la manera más cruel posible a manos del nuevo Leatherface, que no desmerece en nada al de la película de los años 70.




Por el camino se cumplen clichés como que los fumetas y folladores caigan a manos del asesino principal (un cariñoso saludo desde aquí a Drew Goddard y Joss Whedon), que los protagonistas (tanto masculinos como femeninos) enseñen lo justo de carne, sugiriendo y calentando pero nunca mostrando abiertamente o culminando la desnudez, que tomen decisiones estúpidas a la hora de esquivar a sus verdugos o metiéndose voluntariamente en la boca del lobo o que la policía sea una inepta en todos los aspectos. Pero también se esquivan otros como que el negro muera el primero, que la protagonista sea virginal o que el villano sea tal a lo largo de todo el metraje. Esto último no hace que la película destaque o sea original, pero al menos ofrece algunas salidas inesperadas a la platea.




Pero lo mejor de la velada es por un lado el gore desatado que si bien no llega a cotas de brutalidad como las de La Matanza de Texas: El Origen sí ofrece pasajes memorables (deliciosa esa motosierra partiendo, literalmente, en dos a uno de los personajes) las múltiples referencias a La Matanza de Texas original con el mismo diseño de producción y dirección artística e incluso una fotografía que en cierta manera quiere asemejarse a aquella que bordó Daniel Pearl en 1974 y sobre todo esas rebuscadas escenas en 3D con regusto a productos ochenteros de terror como la fumadísima Viernes 13: Parte 3 (tercera parte de la saga protagonizada por Jason Voorhees y su santa madre) de Steve Miner que da un tono añejo al producto que hace las delicias del fan de este tipo de films.




No le podemos pedir a La Matanza de Texas 3D algo que no ofrece. Su dirección es tan impersonal como cumplidora, su reparto sólo luce palmito en el caso de los protagonistas o clichés en el de los secundarios y el mensaje sobre el aislamiento que la América profunda sufrió tras la Gran Depresión criando a hijos de hambre y el rencor que nos supieron exponer tan inteligentemente Tobe Hooper y Kim Henkel hace casi 40 años aquí brilla por su ausencia (aunque no se deja nada bien a la gente de Texas en general, una vez más). Pero tenemos minutos de fruicioso entretenimiento grotesco y cruel con un final que nos confirma que en el estado de George W. Bush los lazos de sangre son más fuertes que el desarraigo, la venganza o las herencias malditas y dejando al espectador preguntándose si hay algo de bueno o noble en dejar vivir a monstruos (alegóricos y reales) en los sótanos de nuestros supuestamente idílicos hogares.



domingo, 19 de mayo de 2013

Furia Ciega, el paraíso perdido de Milton




Título Original Drive Angry (2011)
Director Patrick Lussier
Guión Todd Farmer y Patrick Lussier
Actores Nicolas Cage, Amber Heard, William Fichtner, Billy Burke, David Morse, Katy Mixon, Christa Campbell, Charlotte Ross, Nick Gomez




A nadie se le escapa que a día de hoy la carrera de Nicolas Cage va de culo, cuesta abajo y sin frenos (simil muy adecuado para la temática de la cinta que nos ocupa). El ganador de un Oscar por Leaving Las Vegas debe un dineral al fisco por una vida de excesos llena de cómics y pelucas variadas, por ello guión que le ponen delante película que rueda seguramente sin echar un vistazo ni al título del producto que le están ofreciendo protagonizar. Entre tanta mierda de vez en cuando se mete en algún proyecto interesante como Kick-Ass o Teniente Corrupto, pero la regla general es hacer bazofias como Contrareloj (Stolen) o chorradas como El Aprendiz de Brujo y las dos entregas de La Búsqueda (National Treasure).




Drive Angry (Furia Ciega en el "acertadísimo" título en España) es una cinta fallida en muchos sentidos que quiere ser algo que no puede pero que tiene buenas intenciones en lo que respecta a ser un producto de evasión cafre y desenfadado. Como acabo de comentar el film no consigue su cometido pero aún siendo una malísima película sin pies ni cabeza realizada como si fuera una especie de collage de cientos de largometrajes, cómics o referencias a la cultura pop se revela como una de las cosas más decentes dentro de la vertiente más cutre del grueso de la filmografía reciente de Nicolas Kim Coppola.




Milton (Nicolas Cage) busca vengarse de Jonah King (Billy Burke) el líder de una secta satánica ha matado a su hija y secuestrado a su nieto recién nacido. En su viaje por las carreteras de Estados Unidos le acompañará Piper (Amber Heard), una guapa camarera que cansada de su vida de mierda decide unirse a su causa. Paradójicamente a ellos dos también les seguirá la pista un misterioso personaje conocido como "El Contable" (William Fichtner) cuya naturaleza sobrehumana tiene mucho que ver con el pasado, presente y futuro de Milton. Cuando todos crucen sus caminos una batalla de proporciones apocalípticas tendrá lugar.




Drive Angry es el resultado de mezclar películas como  Ghost Rider 1 y 2 (aquí nuestro Nic controla, cuidado) Death Proof o Abierto Hasta el Amanecer con obras de otros medios como el cómic Predicador creado por el guionista Garth Ennis y el dibujante Steve Dillon. Es decir, un pastiche indigerible que en manos de alguien con talento a lo mejor se hubiera convertido en una obra de culto del cine macarra norteamericano de segunda fila pero que habiendo sido pergueñado por ese mercenario sin talento que responde al nombre de Patrick Lussier (Drácula 2000 y secuelas, San Valentin Sangriento 3D) se queda en un quiero y no puedo de campeonato.




Lussier lo tiene todo, a un actor que se ha convertido en una parodia de sí mismo acompañado de una inenarrable peluca rubia como protagonista, una actriz morbosa hasta decir basta haciendo de chica dura, un actor más o menos serio y contenido dando vida a la muerte, el emisario de Satán o sabe dios qué y al actor que interpretaba al único rol con dos dedos de frente de la saga Crepúsculo (el padre de la drogodependiente Bella) con una vestimenta y peinado que le emparentan con José Luis Rodríguez El Puma. A todo ello se le añaden demonios, armas milenarias, gore, tetas, coches deportivos de todo tipo y unos efectos digitales en 3D cutrísimos. Es decir, a Drive Angry no le falta nada para marcar época dentro de ese cine que es tan malo que acaba siendo bueno.




Pero el producto no cuaja. Lussier tiene la materia prima pero no las dotes como narrador y verdadero conocedor del tipo de cine al que quiere homenajear o lo que viene a ser lo mismo, quiere ser Quentin Tarantino pero no llega ni a Robert Rodríguez, quiere realizar una Serie B y le sale una Z pero sin encanto. No hay auténtico cariño por narrar un divertido disparate y sólo en contadas ocasiones brilla la chispa (el momento del personaje de Fichtner con el camión y el remolque de nitrógeno líquido en claro homenaje a Terminator 2: El Juicio Final de James Cameron) el resto es una sucesión de escenas alocadas (la de sexo con tiroteo está copiada de la de Shoot'em Up cinta que sí consigue ser lo que Drive Angry quiere y no puede, un disparate memorable) que no llegan al espectador porque son falsarias e impersonales aunque finjan transmitir caos y anarquía.




Pero hay cosas que se pueden salvar de la quema indudablemente. Una Amber Heard de rompe y rasga con unos pantalones vaqueros cortos y unas camisetas ajustadas impresionantes, un William Fichtner memorable como The Accountant con salidas cojonudas como si fuera un personaje nacido de la pluma del ya mencionado guionista irlandés Garth Ennis de cuya boca salen diálogos cachondos, carisma y mucha mala baba, la siempre agradecida aparición de un actor como David Morse que con su sola presencia física ya da caché a cualquier producto en el que se implique aunque aquí sale durante poco metraje o la presencia de esos cochazos a lo largo de toda la película.




Es una pena pero Drive Angry no llega ni a placer culpable, carece de las características para tan insigne título. Para pasar un rato entre amigos, cervezas, patatas fritas de bolsa y algo de marihuana puede aceptarse porque como cinta es entretenida, lo suficientemente estúpida como para no aburrir y en contadas ocasiones tiene salidas de agradecer o la presencia de actores y personajes estimables. Pero es un fracaso hasta como mala película con encanto, porque al igual que sucedió con el RZA de El Hombre de los Puños de Hierro Patrick Lussier confirma que hay que tener un mínimo de talento para hacer una pasada de rosca fílmica que pueda ser recordada con una sonrisa en la boca por su desenfadado descaro, desvergüenza y afán por divertir, pero Mark Neveldine y Brian Taylor sólo hay dos, suelen trabajar juntos y por suerte o por desgracia no tienen nada que ver con la cinta que nos ocupa.



sábado, 18 de mayo de 2013

Paranormal Activity 4, hijos de la noche



Título Original Paranormal Activity 4 (2012)
Director Henry Joost y Ariel Schulman
Guión Christopher Landon y Chad Feehan
Actores Kathryn Newton, Matt Shively, Katie Featherston, Brady Allen, Aiden Lovekamp, Sprague Grayden, Stephen Dunham





Cuarta entrega de la saga de terror en formato found footage (qué moderno suena y yo toda la vida diciendo falso documental) ideada por el guionista, productor y cineasta Oren Peli en aquella primera entrega de 2009 que a un servidor le pareció una considerable mediocridad por mucho éxito de crítica y público que trajera tras de sí. La secuela elevaba considerablemente el nivel por estar mejor rodada, tener más recursos y acentuar los pocos aciertos formales de la entrega anterior. La tercera, que era una precuela, mantenía la calidad y aumentaba el tono amenazante de las presencias sobrenaturales haciendo uso de la casi siempre acertada inclusión de niños pequeños en la trama.  Esta cuarta entrega que nos ocupa es una continuación de lo acontecido en la segunda y ofrece más de lo mismo, al igual que las demás entregas, pero con menor calidad. A continuación spoilers de toda la saga.




Un lustro después de que Katie (la protagonista de la primera parte) asesinara estando bajo el influjo de una entidad demoniaca, primero a su novio Micah, más tarde a su propia hermana y el marido de este y finalmenrte secuestrara a su sobrino Hunter se instala en una nueva casa con el niño que ya tiene seis años y ahora se hace llamar Robbie. Ambos tienen como vecinos a una familia formada por un matrimonio y dos hijos, Alex la chica mayor y Wyatt el niño pequeño a los que se suma Ben, amigo de la la muchacha y asiduo visitante a la casa. Alex y Ben son aficionados a grabar en vídeo todo lo que hacen y un día revisando el metraje se dan cuenta de que cada vez es más recurrente en ellas la presencia de Robbie, el niño de la casa de enfrente, pero con él parece ir alguien más cuya naturaleza no es humana.




Paranormal Activity 4 es una cuarta entrega que no ofrece nada nuevo dentro de la saga, es más, aún siendo una cinta entretenida y no desdeñable es un paso atrás en la franquicia porque en ella se nota cierta apatía por parte de sus autores y un abuso innecesario de las señas de identidad clásicas dentro de esta colección de largometrajes llegando en ocasiones a explicitarlos tanto que casi bordean una parodia inintencionadamente cómica que rompe con el tono de suspense e inquietud que debería transmitir el metraje del producto y que sí estaba en las dos anteriores entregas, aunque un poco menos en la obra primigenia que nunca ha tenido mis simpatías desde que me decepcionó cuando la vi en su momento en pantalla grande.




Se percibe un desgaste de la fórmula por parte de Joost y Schulman y es paradójico, porque son los mismos directores que tiraron de inventiva, nuevas ideas formales (esa acertada cámara oscilante) y el tono de brujería de la anterior cinta que enriquecía el microcosmos creado por Oren Peli. Aquí impera la desgana durante la primera hora de metraje ya que poco inquieta, nada asusta y todo se antoja repetitivo y poco interesante, curiosamente lo que mejor resultado da son los golpes de humor, los comentarios de Ben sobre Robbie o los escasos diálogos que comparte con este tienen su encanto. Por suerte en la media hora final hay un considerable in crescendo de interés y escenas como la de la levitación, la de la silueta siguiendo a Wyatt en el salón, ese "bautismo impío" o el plano final ofrecen algunos aciertos a la historia.




Lo peor es el abuso de conceptos habituales de los films anteriores como lamparas bamboleantes, la entidad  zarandeando a algún personaje (aquí le coge el gusto a la cosa y sólo falta que arrastre por los suelos a los directores o los guionistas) o la presencia de la Katie poseída rompiendo cuellos a lo Steven Seagal que aquí toma cotas hasta humorísticas por el abuso del recurso. Todo lo que en las anteriores cintas era sutilidad, atmósfera y arrebatos violentos muy puntuales rompiendo momentos de calma durante planos largos en los que no parecía suceder nada deja paso en el largometraje que nos ocupa a golpes brutos de efecto (cuando estrellan a uno de los personajes en el techo del salón para caer de boca al suelo el espectador no puede evitar reírse) entroncan con el tono más contenido del sello Paranormal Activity.




Esta cuarta parte es la cinta menos convincente de la saga después de la primera porque todo lo que en las anteriores películas eran señas de identidad bien llevadas aquí se muestran como recursos metidos con calzador porque el fan de las franquicia los exige. Aumenta el microcosmos de demonios, aquelarres y corrupción de la inocencia que son marca de la casa, tiene unos actores convincentes (muy bien la guapa Kathryn Newton y el cachondo Matt Shively), un acertado final abierto para seguir explotando la gallina de los huevos de oro, algunos momentos acertados a lo largo del clímax que sirve de cierre y referencias cariñosas a Al Final de la Escalera (The Changeling) o El Resplandor con pelotas que caen por escaleras o niños montandos en triciclos. Pero que lo más inquietante de la velada sea el personaje de Robbie y no precisamente por el malestar que debería transmitir sino por su parecido físico con Peter Dinklage (mítico Tyrion Lannister en Juego de Tronos) y por llevar esas aterradoras chanclas con calcetines blancos lo dice todo de esta floja Paranormal Activity 4.



domingo, 12 de mayo de 2013

Maniac, into the mind of a serial killer



Título Original Maniac (2012)
Director Franck Khalfoun
Guión Alexandre Aja y Gregory Levasseur basado en personajes creados por C.A. Rosenberg, Joe Spinell y William Lustig
Actores Elijah Wood, Nora Arnezeder, America Olivo, Morgane Slemp, Liane Balaban






Durante la segunda mitad de los 90 cuando el VHS empezaba a dar sus últimos coletazos un servidor empezó a obsesionarse con ver todos los films adscritos a algún tipo determinado de (sub)género. Durante una época me dio fuerte por el gore de todo tipo, desde el americano impulsado por cineastas como Sam Raimi con Posesión Infernal, Brian Yuzna con Society o Stuart Gordon con Re-Animator, el neozelandes de Peter Jackson con Mal Gusto o Braindead, pasando por el ultragore alemán de autores inefables como el divertido Olaf Ittenbach de Premutos o Burning Moon o el pretencioso Jor Buttgereit de Nekronamtik o Schramm llegando a terribles subproductos de serie Z como Darkness, que con su carátula prometían algo que durante el metraje de la película no ofrecián, decepción en toda regla la de esta última.




Entre todas aquellas cintas que me llevaba a puñados se encontraba una títulada Maniac que, una vez más, me entró bien por los ojos gracias a su portada.  La cinta dirigida por William Lustig y protagonizada por un desagradable señor llamado Joe Spinell (también coguionista del producto) con pinta de violador en serie que acojonaba lo suyo no dejaba de ser una cinta mediocre sobre un asesino de mujeres que arrancaba las cabelleras de sus víctmas para más tarde ponerlas en las cabezas de los maniquíes que tenía por toda su casa y con los que estaba obsesionado. Los mayores logros de aquella sobrevalorada obra de culto eran que su carácter de serie B era tan naturalista, su fotografía tan sucia y su puesta en escena tan mórbida que el producto transmitía literalmente "asco", era una cinta tan sucia (en el más amplio sentido de la palabra) que casi podía oler a lascivia y putrefacción. El otro gran logro (el mejor, para qué dudarlo) que poseía era la presencia de aquel monumento de actriz llamada Caroline Munro.




Alexandre Aja y Gregory Levasseur son dos amigos franceses que desde hace unos años están empeñados en hacerse un nombre dentro del cine de terror estadounidense. El primero ejerce como realizador, guionista y productor y el segundo también como guionista y productor e incluso en ocasiones de director de la segunda unidad de los films que realizan conjuntamente. Ambos debutaron en su Francia natal con la tibia Furia, adaptación poco conseguida de un relato corto de Julio Cortázar titulado Graffiti. Después dieron el bombazo con Alta Tensión, mezcla entre brutal slasher y giallo italiano radicalizado que mostró por primera vez a dos autores a seguir de cerca, aunque el tramposo final del film desvirtuaba algunos de sus considerables hallazgos.




Tras el éxito de Haute Tension la llamada de Hollywood no se hizo esperar y el director de culto Wes Craven los eligió para llevar a cabo un remake de una de sus cintas más celebradas, aquella Las Colinas Tienen Ojos que vio la luz y cambió el género en 1975. El resultado fue, no sólo un remake que dejaba totalmente en pañales a la obra original, también una de las mejores cintas de terror americanas de la década pasada. Los dos amigos acentuaron la visceralidad, incluyeron un mensaje de crítica política antimilitarista sencillamente brillante y para colmo fueron coherentemente fieles con el espíritu de la cinta primigenia de Craven. Más no se les podía pedir al producto, ni a sus autores.




Tras ella realizaron Reflejos (Mirrors) remake de un film coreano impulsado por un Kiefer Sutherland productor y protagonista en el que se notaba a unos Aja y Levasseur algo más mitigados, pero escenas como la de la bañera (¿Alguien que la haya presenciado puede mirar a Amy Smart de la misma manera desde entonces?) y la atmósfera hacían que mereciera la pena la velada y siguiéramos viendo parte de la impronta de los autores. Tras ella y ya asentados en el Estados Unidos decidieron realizar otra revisión, esta vez de Piraña la cinta de Joe Dante y escrita por John Sayles en en 1978 que se convirtió en Piraña 3D, un festín de vísceras y desnudos gratuitos con el que nuestros colegas franceses se reían de todos los clichés del cine de terror actual reivindicando el que ellos admiran, el de los años 70.




Pero hay otra faceta que Aja y Levasseur han cultivado en USA, la de productores y guionistas que ofrecen sus proyectos a nuevos realizadores para que los lleven a cabo detrás de las cámaras. En 2007 escribieron para su compatriota Franck Khalfoun Parking 2 (P2) una correcta cinta de 2007 sobre el perturbado guardia de un aparcamiento (Wes Bentley) que capturaba a una pobre chica (Rachel Nichols) y la sometía a incontables torturas. Sin llegar a ser una pieza remarcable tenía buenos momentos y una protagonista con un imposible escote que se convertía en lo mejor de la sesión. Pero esa no sería la última vez que los caminos de estos tres gabachos se cruzarían cinematográficamente hablando.




Año 2012, Alexandre Aja y Grégory Levasseur como guionistas y productores y Franck Khalfoun como director deciden realizar un nuevo remake, esta vez de la ya mencionada Maniac incluso con el beneplácito y dinero del mismo William Lustig que se implica en el proyecto. El resultado es una revisión que supera en casi todos los aspectos a la cinta previa y que se revela como un slasher ejemplar y una de las mejores películas de terror que van a estrenarse en nuestro país (en Julio verá la luz en nuestras carteleras).  El protagonista es Elijah Wood (El Señor de los Anillos, Sin City) y el resultado como ya comento es realmente de nota por llevar mucho más allá el punto de partida del largometraje en el que se basa.




Aunque por el día es el dueño de una tienda de restauración de maniquíes cuando cae la noche Frank (Elijah Wood) se convierte en un brutal asesino en serie que persigue a todo tipo de mujeres a las que primero asedia, luego asesina de manera brutal para después arrancarles su cuero cabelludo a cuchillo. Cuando vuelve a su hogar utiliza sus trofeos para ponérselos en las muñecas que llenan su apartamento y a las que considera como sus parejas o amantes. Un día Anna (Nora Arnezeder) una fotógrafa francesa que se cruza en su camino le hará debatirse entre su obsesión homicida o entregarse como persona al que puede ser el amor que cambie su terrible modo de vida.




Una serie de planos secuencia desde un punto de vista subjetivo (es decir, el espectador es el personaje principal) nos muestran como Frank observa desde su coche a una guapa muchacha. Él la sigue hasta su apartamento, cuando ella se da cuenta de la presencia de su acosador se da la vuelta y en una primerísima toma vemos como la mano del protagonista le clava en la barbilla un enorme cuchillo matándola en el acto. Tras este movimiento le acaricia el rostro y elogia la belleza de la joven. Un segundo después saca el arma blanca del nuevo orificio que ha creado en la parte inferior de la cabeza de la fémina y le corta con suma bestialidad la cabellera dejando al descubierto su cráneo ensangrentado. Cuando el cuerpo inerte de la chica cae al suelo el título del film, en marcado color rojo, ocupa toda la pantalla. Esto es Maniac y esos cinco minutos son esclarecedores, ese es el momento el que el que visiona debe posicionarse. Lo toma o lo deja, no hay medias tintas y las cartas están sobre la mesa.




Esta revisión del largometraje de William Lustig parece llevada a cabo a cuatro manos entre Gaspar Noé (la brutalidad, el uso de planos subjetivos, la inexistencia de elipsis narrativas que nos ahorren escenas impactantes) y el Nicolas Winding Refn de Drive (esa delectación a la hora de retratar la noche urbana, una música de tono ochentero que incluso recuerda a algunas de las partituras que compuso Wendy Carlos para Stanley Kubrick en La Naranja Mecánica y El Resplandor) y logra superar considerablemente a la Maniac original porque no se centra tanto en los crímenes (que también) como en la psicología del protagonista y la naturaleza perturbada de su mente, pero utilizando un acierto narrativo y estilístico magistral, que nosotros mismos como espectadores seamos el mismo Frank.




La idea de que al menos el 95% del largometraje esté rodado en plano subjetivo es el mayor acierto del film. Ya que la perversión llevada a cabo con la empatía con el protagonista es sencillamente total. Al vernos en la piel de Frank y superados los primeros minutos de metraje llegamos a no querer que lo detengan, a padecer con él sus traumas (el que supone la raíz de todo, el de su madre, no justifica nada con respecto a su comportamiento criminal, sólo le da origen) o hasta a desear que elimine a posibles "estorbos" (un servidor estaba deseando que reaccionara "a su manera" en la escena del cuarto de baño con el novio de Anna). Pero donde la cinta da el golpe de gracia al espectador es cuando vemos que Frank (es decir, nosotros) se sale con la suya y no es atrapado durante el aterrador ritual de uno de sus asesinatos Kalhoun saca la cámara de las entrañas de su protagonista la pone delante de su rostro en pleno acto de violencia y nos enseña de primera mano con qué tipo de persona nos estamos identificando.




Pero la realización de Khalfoun es tan sobresaliente que gracias a reflejos en espejos, ventanas o lunas de automóviles podemos ver el rostro del actor protagonista, que es un inspiradísimo Elijah Wood que por mucho que pase a la posteridad siendo para gran parte del público el hobbit Frodo Bolson de la trilogía de Peter Jackson basada en los libros de J.R.R. Tolkien ya dando vida al asesino caníbal Kevin en Sin City de Robert Rodriguez y Frank Miller demostró que tiene un lado oscuro que explotar tras esa mirada aniñada que en Maniac oculta a un asesino psicópata con una mente del todo podrida (grandes los momentos en los que sufre migrañas y comienza a tener visiones) que experimenta una culpabilidad atroz cuando se siente atraído por alguna mujer en el mismo momento en el que el recuerdo de traumático de su madre entra en escena y le impulsa a realizar actos aberrantes con ellas.




Lo que en la cinta de Lustig era mugre, impacto caótico y una psicología absolutamente plana en la obra de trío Khalfoun/Aja/Levasseur es simbología, parafilias (a)sexuales bien definidas y psicoanalizadas, un viaje inteligente y medido a una mente descompuesta, dañada, podrida. Una mirada acertada y llena de aristas sobre la soledad, la destrucción de la infancia y la pureza, de cómo el odio, la misoginia o los traumas casi no se pueden distinguir del verdadero amor cuando la persona que lo experimenta es poco más que una carcasa llena de bilis, rencor e impotencia sexual. Memorables los pasajes en los que Frank trata de limpiarse las manos tras los crímenes a modo de purificación (las mismas, llenas de heridas, son el reflejo de ese rostro que en más bien pocos momentos podemos ver en pantalla) o cuando culpa a esa omnipresente madre fallecida de los delitos que comete a sangre fría.




A pesar de ser una cinta de naturaleza muy epidérmica por la de actos físicos que tienen lugar en ella hay mucho sitio en la misma para la alegoría. El caótico y sucio apartamento de Frank que parece una localización impía estancada en el tiempo de atmósfera irrespirable en contraposición al de Anna, elegante, abierto, moderno e incluso la casa del protagonista también entronca con la galería de arte en la que ella expone los maniquíes que él le presta. Todo es de una marcada simbología en la que el exterior de las zonas que regente el personaje principal representan el interior de su psique torturada y desgajada. Teniendo esta elección estilística y narrativa su culmen en la escena final en la cama con todas "las mujeres de su vida" que finalmente revelan la vacua naturaleza de Frank, clímax de una coherencia brutal con todo lo que hemos ido viendo a lo largo del metraje, o lo que es lo mismo, una escena de impacto brutal con una resolución lúcida que justifica dicha utilización explícita de la visceralidad más cruda.




Porque a parte de la presencia de esos maniquíes que sí, al igual que en la cinta original de 1980 nos recuerdan a la colección que poseía Archibaldo de la Cruz en la memorable producción mexicana Ensayo de Un Crimen de Luis Buñuel, pero también a los que se utilizaban en las pruebas nucleares en el desierto de Arizona en el remake de Las  Colinas Tienen Ojos, la violencia explícita en Maniac es uno de los apuntes que más nos recuerda quienes son los autores que se encuentran detrás de la obra que nos ocupa. Las secuencias de asesinatos en la cinta de Kalhoun son bastante duras y no aptas para todo tipo de público (es comprensible que gran parte del femenino tenga reparos a la hora del ver el film) destacando pasajes como el que he comentado que abre la cinta, el de la habitación de hotel con la representante de Anna (el culmen en la cama es sencillamente una salvajada por cómo está rodado, magistralmente, aunque parezca paradójico) o el del cierre que he comentado en el párrafo anterior. El sello Aja/Levasseur, y también el del realizador del film, que en Parking 2 tampoco se cortaba con la casquería, se deja ver bastante a lo largo del proyecto.




Maniac hará las delicias de los amantes del género y de los fans del film original, porque por un lado como remake se adscribe a los que han triunfado dentro del terror como el de Posesión Infernal, Las Colinas Tienen Ojos, I Spit on Your Grave o La Última Casa a la Izquierda y por otro como obra cinematográfica lo supera con creces en prácticamente todos los aspectos. Pero es que esta versión también funciona como viaje a la mente de un psicópata, como perversión de un tipo de hacer cine y del punto del vista del espectador. Una excelente labor en la dirección, un guión inteligentemente hilado y estar muy bien interpretada por su protagonista y unos secundarios que le dan perfectamente la réplica (todo un descubrimiento Nora Arnezeder) hacen de esta producción un film indispensable para los seguidores de los slasher con mensaje. aunque como obra poco de poco sutil ejecución no será plato del gusto de todo tipo de público, aunque pensándolo bien la versión de 1980 tampoco lo era.