lunes, 29 de abril de 2013

Drácula 3D, soy moderno, soy eterno y lo estoy pasando bien



Título Original Dracula 3D (2012)
Director Dario Argento
Guión Enrique Cerezo, Stefano Piani, Antonio Tentori y Dario Argento basado en la novela de Bram Stoker
Actores Rutger Hauer, Thomas Kretschmann, Asia Argento, Marta Gastini, Unax Ugalde, Félix Gómez, Miriam Giovanelli, Maria Cristina Heller, Giuseppe Lo Console






Creo que a estas alturas a ningún fan de Dario Argento se le escapa que el cineasta italiano está en franca decadencia. En la década pasad nos regaló productos como El Jugador (Il Cartaio), La Madre del Mal (La Terza Madre) o Giallo, que se movían entre lo mediocre y lo penoso. Pero es que antes de su última película destacable Insomnio (Non Ho Sonno) también había ultrajado en los 90 estupideces como El Fantasma de la ÓperaLa sindrome di Stendhal. En resumidas cuentas el alumno aventajado del gran Mario Bava, uno de los estandartes del cine de terror europeo de los 70 y 80 y uno de los principales impulsores del subgénero giallo está practicamente acabado en la actualidad. Pero su última producción merece una nota aparte por aberrante.




No hay una motivo oficial que confirme el motivo por el que el director de El Pájaro de las Plumas de Cristal o Suspiria se embarcó en este proyecto. Un servidor ha leído por ahí que no le gustó la versión de Francis Ford Coppola porque era infiel con respecto al libro, pero es que cuando el espectador ve su Drácula 3D no puede creerse esa teoría, porque lo que en el director de El Padrino era infidelidad en la obra que nos ocupa es directamente blasfemia, por no decir que aquella era una obra maestra y esta no sé como definirla. También se habla de que Enrique Cerezo (importante productor de cine español y actual presidente del equipo de fútbol Atlético de Madrid) fue el impulsor de la producción, de ahí que, por primera vez, haya metido mano también en la escritura del guión junto a Argento y sus colaboradores Stefano Piani y Antonio Tentori.




Realmente desconozco si a Argento le habían sometido a una operación de miopía poco antes de empezar a rodar y aún estaba con los ojos vendados durante la producción del film o si Enrique Cerezo lo coaccionó para realizar la película debido a que posee escondidas bajo llave algunas fotos del romano en situaciones sexuales comprometidas. Lo único que sé a ciencia cierta es que nos encontramos no sólo con una de las peores adaptaciones que se han hecho de la novela de Bram Stoker, una de las cintas más terribles sobre vampirismo jamás vistas y sin lugar a dudas el engendro más horrendo salido de la mano del director de Rojo Oscuro. Drácula 3D es un insulto a los no muertos, al autor de la novela en la que se inspira, a la descendencia de este, al cine y a la vida en general.




Jonathan Harker (Unax Ugalde) es un bibliotecarío ¿? inglés que es contratado para ir a trabajar para el Conde Drácula (Thomas Kretschmann) en la zona de Borgo Pass localizada en Transilvania donde su misión será ordenar la inmensa colección de libros del noble ¿¿??. Allí descubrirá que su nuevo jefe es un vampiro, un ser inmortal de ultratumba que lo tomará como prisionero en su castillo y que se obsesionará con la esposa de su invitado, Mina Harker (Marta Gastini), que en breve llegará a Passo Borgo para unirse con Jonathan en el castillo del Conde ¿¿¿???. Drácula irá eliminando uno a uno a sus enemigos pero la llegada del profesor Abraham Van Helsing (Rutger Hauer) conocedor de la existencia de los vampiros echará por tierra sus planes.




Una mierda, Drácula 3D no merece otro apelativo que ese, una enorme hez fecal. No me valen las típicas excusas del sabor a serie B, a teatro y ese homenaje a la Hammer Films del que habla Argento para justificar este aborto con incisivos. La productora inglesa realizaba productos modestos pero de una artesanía intachable (sobre todo en su época dorada) con actores carismáticos y arrebatos de violencia impropia para la época, eran romances góticos en technicolor rompedores y salvajes. En cambio la última obra de Dario Argento es una obra totalmente aberrante, un insulto a la inteligencia de un espectador que no da crédito a lo que está viendo en la pantalla porque no dejan de ser secuencias a cual más vergonzosa y peor rematada.




Por mucho que sea una coproducción entre Italia y España rodara en 35 mm y en formato estroboscópico para que el 3D quede mejor en pantalla nos encontramos con una cinta que parece haber sido realizada en una villa de mala muerte con un castillo que por fuera parece el Alcázar de Toledo y por dentro una tasca con un par de habitaciones, un salón y dos tramos de escaleras contados. La iluminación quema las retinas porque tiene saturados los rojos y verdes de día y por la noche las ecasísimas localizaciones y los decorados de cartón piedra carecen totalmente de veracidad e impiden profundidad de campo alguna o el manejo adecuado de la cámara para realizar tomas interesantes o con cierta resolución formal.




Porque jamás se ha visto a un Dario Argento tan apático, impersonal y ridículo en la dirección cinematográfica como en Drácula 3D. El director de El Gato de las 9 Colas ha sido un autor que siempre ha preferido anteponer forma al fondo y por ello su puesta en escena ha estado normalmente a la altura, incluso en al actualidad cuando su manera de hacer cine ha quedado bastante anticuada. Pero lo de esta obra es innombrable, planos taciturnos, estáticos, carencia casi total de movimientos de cámara, un tono desganado, pueril y un abuso de unos efectos digitales de vergüenza ajena que hacen que el largometraje se emparente más que a otras adaptaciones de la novela de Stoker (las de Terence Fisher, John Badhman, el ya mencionado Coppola) a las intros de los videojuegos en formato de aventura gráfica protagonizados por el famoso conde (Drácula: El Último Santuario, Drácula: La Senda del Dragón) durante la década pasada y a los que un servidor admite ser adicto. Ni siquiera su talento para las escenas de asesinatos se vislumbra en el film, ya que las muertes se mueven entre lo mimético y lo sonrojante.




Porque a mí personalmente lo que más me duele al enfrentarme a un detritus fílmico como el que nos ocupa (aparte de haber sido durante mucho tiempo seguidor de la obra de Dario Argento) es que soy un profundo admirador de la mitología oculta detrás del Drácula de Stoker (la vida de Vlad Tepes también me interesa mucho, pero en el plano histórico). He leído libros y cómics, he visto documentales o muchas versiones cinematográficas y esto no tiene nombre lo mires por donde lo mires. Lo peor de todo es que parece que sus creadores se la tomaron totalmente en serio, pero es ver la ambientación, la fotografía, y sobre todo las interpretaciones de los actores que incitan tanto al llanto como a la carcajada y el espectador no puede creérselo.




Porque el casting se nota que no tenía ni idea de qué cojones hacía ahí y está completamente perdido, sobreactuado y penoso. Habría que someter a incontables torturas a Unax Ugalde (papel que en principio debía interpretar Miguel Ángel Silvestre, pero el amigo debió verle las orejas al lobo y huyó como alma que lleva el diablo y con razón) como Jonathan Harker (y eso que el actor vasco ha demostrado su talento en más de una ocasión) una Asia Argento sencillamente terrible que tiene dos modalides al dar vida a Lucy ¿Killsinger? (cuando debería ser Westenra, problemas con los derechos supongo) yonqui lívida y vampiro con cara desencajada que entrecierra un sólo ojo. Luego tenemos a un Rutger Hauer que aparece como protagonista en los créditos pero que tiene quince minutos contados en pantalla en los que se mueve como un saco de patatas recitando los diálogos con un aburrimiento que lo va devorando poco a poco.




Pero tenemos a dos actores que vamos a salvar de la quema, pero no precisamente porque hagan una buena labor interpretativa (y eso que no son malos en su trabajo) sino por su ímpetu y dedicación, la primera por su deshinibida entrega y el segundo por intentar hasta lo innombrable creerse un papel que ya desde el papel no había por donde cogerlo. Mi adorada Miriam Giovanelli, actriz española de origen italiano, interpreta una (de las tres que debería haber, pero la crisis aprieta hasta en Transilvania y la posada que el conde tiene por castillo no iba a ser menos) novia de Drácula que se pasa casi todo el metraje desnuda y provocando al ¿pobre? Jonathan Harker. La actriz de Gli Sfiorati desde el minuto cinco más o menos nos deleita con su apetecible anatomía convirtiendo la cinta en ocasiones en un remake de El Liguero Mágico de el impagable Andrés Pajares.




En segundo lugar tenemos al alemán Thomas Kretschmann (El Pianista, Stalingrado, El Hundimiento) actor que ha hecho tantas veces de nazi que cuando lo vemos sin uniforme de las SS no extrañamos. Este buen hombre que hizo previamente un ridículo mayúsculo a las órdenes de Argento dando vida a un psicópata de baratillo en La sindrome di Stendhal ha venido a por más intentando interpretar a Vlad el Empalador en clave vampírica. El amigo pone todo su esfuerzo y profunda voz para dar algo de seriedad al rol, el suyo es el trabajo más aceptable (que no creible) de la cinta pero de su boca salen tantas estupideces, su lenguaje corporal es tan horrendo y esos movimientos a velocidad supersónica tan crepúsculeros son tan ridículos que no podemos huir de la carcajada continua cada vez que está en pantalla.




Porque eso es lo único bueno que tiene Drácula 3D, el espectador se ríe mucho viéndola. Hay momentos de puro delirio como Drácula decapitando cabezas de plástico o utilizando la fuerza jedi para mandar a Tania, el personaje de Miriam Giovanelli (desnudo, of course), al otro lado de la habitación, un Van Helsing achacoso estampando un candil en la cabeza de Mina mientras esta arde entre llamas digitales (el efecto más trabajado del film y eso que es bastante malo), unas pelucas que dan más miedo que cualquiera de los vampiros que salen a lo largo del metraje, Renfield en modo pagafantas retorciéndose en el suelo en posición fetal porque han matado a su señora o un sacerdote que parece un sosías del ínclito Torbe que hace de Sancho Panza (sin venir a cuanto) del célebre profesor alemán que quiere matar al protagonista.




Pero ya el despiporre de la velada, los momentos que más incitan al descojone son los de las múltiples transformaciones del conde, que como cuenta la leyenda puede tomar la forma de todo tipo de animales e insectos. Para enfatizar la omnipresencia del protagonista a lo largo de todo el metraje Argento por medio del uso de sus terribles efectos digitales en 3D hace que Drácula siempre esté presente en forma de lobos, moscas (genial el momento en el que un enjambre de estas toman la forma del personaje y las últimas que le quedan en la cara se le introducen en el rostro de manera cutre) ratas o escarabajos. Pero la cumbre de esta vertiente, de la película y posiblemente del cine trash del siglo XXI llega cuando nuestro querido protagonista se convierte en una enorme e indescriptible mantis religiosa de color verde fosforescente. Verlo para creerlo.




Drácula 3D es el último clavo en el ataúd (nunca mejor dicho) de un director que, como ya he mencionado en varias ocasiones en esta casa, me ha regalado grandes momentos de ocio gracias a muchas de sus obras cinematográficas pretéritas. Pero hoy es un señor mayor, anticuado, anclado en una época en la que el cine era muy diferente y que con esta obra ha tocado fondo. Su versión de la novela de Bram Stoker se pasa por el forro prácticamente todo lo planteado por el escritor irlandés ya que es una película insultante, terrible que no merece ni existir. aunque el horrendo trailer y que el mismo Argento hay dado pocas entrevistas para promocionar el proyecto ya apuntaban a que el desastre era un hecho. Pero luego uno lee en Wikipedia que en Italia fue declarada "película de interés cultural nacional" y ya pierde la fe en el cine, en la decencia y en el sentido común. Pero bueno, podría ser peor, porque el final de la película apesta a secuela a kilómetros y eso ya no habría cuerpo, vivo o no muerto, que lo aguantara.



domingo, 28 de abril de 2013

Iron Man 3



Título Original Iron Man 3 (2013)
Director Shane Black
Guión Drew Pearce y Shane Black basado en los cómics de Stan Lee, Jack Kirby, Don Heck, Wilson Meza y Larry Lieber.
Actores Robert Downey Jr., Ben Kingsley, Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, Guy Pearce, Rebecca Hall, James Badge Dale, Stephanie Szostak, Wang Xueqi, Miguel Ferrer





Cuando la editorial de cómics norteamericana Marvel quiso hacerse totalmente con el control creativo de los largometrajes que llevaban a imágenes las vivencias de sus personajes en viñetas crearon la productora Marvel Studios. La puesta de largo de la misma se llevó a cabo con Iron Man, la primera adaptación en imagen real del personaje creado por Stan Lee, Larry Lieber, Don Heck y el inolvidable Jack Kirby en 1963 y que narraba las aventuras de Tony Stark, un genio multimillonario y filántropo (émulo del magnate Howard Hughes) que defendía a los inocentes embutido en una armadura casi indestructible de su propia creación.




En 2008 el largometraje se estrenó y fue un rotundo éxito. La cinta dirigida por el actor, guionista y cineasta Jon Favreau desprendía simpatía, acción, humor, era, hasta cierto punto, fiel con el espíritu del personaje y ofrecía lo que se esperaba de ella, cine de entretenimiento bien hecho, rematado con oficio y para todos los publicos. Aunque el tótem que hacía que la película se mantuviera sólida en todo momento era un Robert Downey Jr que había nacido para ser Tony Stark. Guardando la esencia del rol clásico pero añadiéndole unas gotas de la chulería de su versión Ultimate (la creada por Mark Millar y Bryan Hitch) el actor de Chaplin se convirtió en lo mejor de la velada confirmando su rehabilitación personal y profesional marcada por años de excesos.




Dos años después llegó la secuela con prácticamente el mismo equipo técnico y artístico y en la taquilla volvió a funcionar pero ni la crítica ni el fandom fueron muy generosos con ella. Estando lejos de la primera parte era un entretenido fuego de artificio bien realizado pero que pecaba de cierta aparotosidad (síndrome de casi toda secuela hollywoodiense que se precie de serlo) y una innecesaria autocomplacencia que se veía reflejada en una trama irregular y un Tony Stark demasiado encantado de conocerse, ya que el guión del actor Justin Theroux (Mulholland Drive) parecía regodearse demasiado con las famosas salidas cómicas del protagonista que en esta ocasión no siempre tenían la frescura que sí destilaban en la primera entrega.




Su siguiente intervención cinematográfica llegó con el festival, la bacanal, el climax, la season finale que supuso esa pequeña joya del cine comercial actual llamada Los Vengadores, que aún siendo una cinta coral (pocos autores hay en Hollywood que entiendan mejor que Joss Whedon el concepto de trabajo en equipo) le tenía a él como piedra angular con sus dudas, su afán de superación y deliciosa altanería y si no fuera por las brutales intervenciones de Hulk la cinta del director de Serenity hubiera sido más suya que de ningún otro. Tras el éxito a nivel mundial Marvel Studios decidió poner en marcha su Fase 2 con la que llegarían films como las secuelas de Thor y el Capitán América, la primera película del Hombre Hormiga, el debut de los Guardianes de la Galaxia, en un tiempo lejano Los Vengadores 2 y como no, la tercera parte de Iron Man que nos ocupa y que da comienzo a la nueva aventura cinematográfica de los personajes en imagen real de la Casa de las Ideas.




Tras la batalla en New York que compartió con sus compañeros los Vengadores Tony Stark/Iron Man no parece el mismo, eso piensan al menos sus allegados como Pepper Potts o James Rhodes (anteriormente Maquina de Guerra, ahora Iron Patriot, guardaespaldas del presidente del gobierno de los Estados Unidos) ya que se ha obsesionado con su trabajo encerrándose en el sótano de su enorme mansión. Pero todos sus problemas se multiplicarán cuando hagan aparición Aldrich Killan y Maya Henesen, dos personas vinculadas con su pasado más o menos reciente y el Mandarín, un terrorista internacional de corte radical que está decidido a sembrar el caos a lo largo y ancho del país así como eliminar a Tony y todo su imperio empresarial hasta reducirlo a cenizas.




Shane Black (guionista de El Último Boy Scout, Arma Letal o El Último Gran Héroe y director de la muy recuperable Kiss Kiss Bang Bang) ocupa el puesto de un Jon Favreau que esta vez ejerce sólo de productor ejecutivo y secundario con su rol de Happy Hogan (enormes las coñas internas que se hacen con el "nuevo puesto" de su personaje si lo extrapolamos a su labor como director) y el cineasta ofrece todo su oficio para estar a la altura de la franquicia y sin lugar a dudas lo consigue incluyendo además algunos cambios conceptuales. Pero me veo en la obligación de ser coherente y declarar que no hablamos ni de la joya que proclaman algunos, ni de la herejía en imágenes que afirman otros. A continuación algún spoiler de la trama.




Iron Man 3 es una buena película de superhéroes realizada por un director que conoce los thrillers como la palma de su mano, no desentona para nada con el resto de la franquicia, tiene escenas de acción magníficas realizadas con aplomo a pesar de ser mastodónticas en su ejecución y para colmo revitaliza la saga con respecto a la segunda parte. Black es mejor cineasta que Favreau, controla mejor el ritmo, los utensilios que tiene a su disposición y se le da mejor el humor (a diferencia del creador de la cinta Swingers, Black sí interviene oficialmente en la escritura del guión de su entrega de Iron Man y se nota) porque es un hombre curtido como narrador en todo tipo de buddy movies hollywoodienses.




El largometraje sabe mantener un equilibrio entre escenas espectaculares de atentados, combates o batallas épicas con momentos de cierta introspección más contenida en la que Stark se replantea conceptos de su vida personal como la dependencia de sus armaduras, su relación con Pepper Potts (con bastante más protagonismo en esta entrega y con momento Rescate incluido) o su futuro como Iron Man, por que sí, es cierto eso que dicen, el protagonista de la cinta que nos ocupa es más Tony Stark que su alter ego superheróico, pero no se mete Black en terrenos fanganosos a la hora de psicoanalizar a su criatura, esto es un film de la Marvel Studios y la diversión y el desenfado imperan a lo largo de casi todo el metraje.




El grueso del argumento está en gran parte basado en la saga Extremis editada en los años 2005 y 2006 e ideada por el guionista inglés Warren Ellis y el dibujante también británico pero de origen bosnio Adi Granov (curiosamente diseñador de las armaduras del personaje en cine) pero tiene apuntes de muchas otras. El mayor acierto es que el guión se desvincula un poco de las cintas anteriores y se entrega a una historia atípica al menos en lo referente al protagonista, que ejerce más bien poco a lo largo del metraje como Iron Man, aunque eso no hace que el producto se resienta lo más mínimo ya que de esta manera Black enfatiza la ironía, el humor y los momentos en los que los personajes interactúan con bastante convencimiento, pero nunca olvidándose de la acción, que es espectacular en todo momento.




Hay grandes secuencias en Iron Man 3, el ataque a la casa de Stark y todo lo que ello conlleva, las apariciones televisivas del Mandarín (deudoras indudablemente del terrorismo islamista radical en general y de las que grababa Osama Bin Laden en particular) las intervenciones de los infectados con el virus Extremis (muy acertado el trabajo físico de James Badge Dale) que dan pie a escenas técnicamente muy trabajadas y hasta la interacción de Tony con el crío pequeño aún estando llena de clichés tiene sus momentos gracias a lo espabilado que es el infante y la ironía que destila el protagonista. Aunque también son de agradecer algunos de los giros del guión, unos más previsibles y otros menos, algunos del todo rocambolescos y unos pocos bastante coherentes, pero si no contamos el que ha montado el revuelo los demás no han dado mucho que hablar porque no desentonan con el conjunto.




Y así nos metemos en el tema que más ampollas está levantando con respecto al film, sobre todo si nos referimos al fandom y los seguidores del cómic. El giro brutal que se da con el Mandarín pude gustar o no, puede tener sentido o ser un disparate, pero detrás de su inesperada ejecución se esconde un mensaje muy interesante sobre cómo en Estados Unidos se busca al enemigo fuera cuando en última instancia lo tienen dentro de sus propias fronteras. Mensaje que está tan al día que me extraña que no se haya pospuesto el estreno del largometraje tras la trágica matanza de la maratón anual de la ciudad de Boston. A un servidor, fan de los cómics y del villano en concreto, le ha parecido una broma simpática (aunque sí, un tanto blasfema, para qué negarlo, pero sin llegar a extremismos)  para quitar fuerza a un personaje y dársela a otro y si se me apura hasta para parodiar Batman Begins de Christopher Nolan.




Con respecto al trabajo de Robert Downey Jr poca pega se le puede poner, el tipo conoce al personaje como a sí mismo (hay paralelismos entre ambos, qué duda cabe) y Black y su coguionista le regalan diálogos bastante más logrados y menos impostados que los de la segunda entrega (aunque no tan brillantes como los que le puso en bandeja de plata Joss Whedon en Los Vengadores, pero es que hablamos de un hombre que respira comedia por todos los poros de su piel cuando escribe) además se agradece esa intención de volver a las raíces de la saga cuando Tony tiene que valérselas de su talento como "mecánico" cuando no puede depender de su inseparable ejército de armaduras, humanizando así su lado más mundano y cercano para el espectador.




Entre los secundarios muy bien Gwyneth Paltrow y una guapísima Rebecca Hall, muy divertido Jon Favreau como Happy e interesantes las labores de Ben Kingsley (aunque claro está, mucho mejor antes del twist) y Guy Pierce, que al aparecer por primera vez en pantalla parece que va a ser un émulo del Edward Nigma de Jim Carrey en Batman Forever pero que acaba siendo algo mucho más interesante y acertado, aunque en ocasiones no deja de ser una versión hardcore del gran Artie Ziff, personaje salido de Los Simpson. Don Cheadle no tiene muchos momentos en pantalla por mucho Iron Patriot al que dé vida y me ha encantado el guiño a Robocop de Paul Verhoeven cuando ha aparecido Miguel Ferrer a su lado como vicepresidente y supuesto responsable del prototipo de la máquina. Por cierto, la secuencia que hay al final de los títulos de crédito es un guiño gracioso a los fans, no esperéis a Thanos masacrando civilizaciones enteras o adelantos de las tramas de Thor: Dark World o Captain America: Winter Soldier, no es nada de eso, aunque sí, hay estrella invitada.




Iron Man 3 es cine palomitero al 100%, divertido, rápido, ya que sus 130 minutos de metraje se pasan en un suspiro, aparatoso (más que la segunda parte, que ya es decir, pero el gran presupuesto y los efectos digitales están mucho mejor calibrados) y realizado por un Shane Black que sabe lo que hace al pie de la letra, aunque siempre teniendo en cuenta que los productores lo atan bastante en corto y no le dejan hacer todo lo que quisiera con el producto. La cinta supera a la secuela, se queda a poco de igualar a la primera pero tampoco es una maravilla, porque en mi opinión ese 7,9 que tiene a día de hoy en IMDB me parece un tanto exagerado y hasta un punto hilarante.




Con la tercera parte de Iron Man no comprendo a aquellos que hablan de una joya impagable dentro del celuloide sobre superhéroes, pero tampoco a esos puristas que se rasgan las vestiduras por las licencias que se toman con respecto al cómic. Pero sí me pongo del lado de aquellos espectadores más moderados que han salido del cine con una sonrisa de oreja a oreja al confirmar que nuestro Tony Stark, el de todos, sigue siendo el de siempre y que a pesar de ese final a lo fin de ciclo, que no se lo cree ni el espíritu de Jack Kirby, aún queda Iron Man para rato gracias a este agradable reinicio que el marine poco espabilado que murió  el primero en Predator le ha dado a la franquicia para encarrilarla en esa prometedora Fase 2.


viernes, 26 de abril de 2013

Posesión Infernal (2013)



Título Original Evil Dead (2013)
Director Fede Álvarez
Guión Diablo Cody, Rodrigo Sayagues y Fede Álvarez basado en los personajes de Sam Raimi
Actores Jane Levy, Shiloh Fernandez, Lou Taylor Pucci, Elizabeth Blackmore, Jessica Lucas




En 1981 un director norteamericano de 22 años llamado Sam Raimi debutó en esto del cine con Posesión Infernal (Evil Dead), una cinta de terror de presupuesto irrisorio, medios escasos y actores no profesionales que no tardó en convertirse en una obra de culto dentro de su estilo en general y los círculos del cine gore en particular. La dirección de Raimi que contraponía la imaginación a las limitaciones técnicas (magnífico uso de los movimientos de cámara, el sonido y los artesanales efectos especiales) y el buen hacer de su protagonista, Bruce Campbell (actor que lo daba todo en el plano físico y que se dejaba la piel en el set de rodaje) convirtieron la ópera prima del director de Arrástrame al Infierno en un rotundo y polémico éxito.




Tras ella vinieron dos secuelas. Terrorificamente Muertos (Evil Dead II) más un remake en clave de humor negro y slapstick que una segunda parte y El Ejército de las Tinieblas (Evil Dead III: Army of Darkness) una tercera entrega localizada en el medievo en el que la comedia fantástica se hacía con el núcleo del argumento convirtiéndose en una revisión bufa de Un Yanki en la Corte del Rey Arturo de Mark Twain (y sus distintas versiones cinematográficas) y un homenaje a films como Jason y los Argonautas o Furia de Titanes en los que ejerció como director de efectos especiales el mítico especialista en stop motion Ray Harryhausen, personalidad mayúscula dentro del cine fantástico del Hollywood clásico.




La trilogía se convirtió en un éxito a nivel mundial y fue la catapulta que impulsó a Raimi al estrellato hollywoodiense donde dio forma a trabajos como Darkman, Rápida y Mortal, la célebre trilogía de Spiderman o el que sigue siendo su mejor trabajo como cineasta, la muy recuperable Un Plan Sencillo. Pero los seguidores del director sentíamos especial devoción por Ash y sus correrías entre poseídos y entidades demoniacas. Evil Dead extendió su fama hasta aparecer en otros medios como el cómic, los videojuegos o los musicales de Boradway. Mientras la cuarta entrega se retrasaba continuamente sobre el año 2011 empezó a sonar la noticia de un posible remake de la cinta original.




Los fans fruncímos el ceño, incluso un servidor, que ha disfrutado con varios de los remakes que se han hecho de films de culto dentro del género del terror como los de Las Colinas Tienen Ojos, La Última Casa a la Izquierda, La Matanza de Texas o Amanecer de los Muertos. Por mucho que Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert estuvieran detrás del proyecto (siemdo ellos los creadores de la trilogía original) la elección del desconocido Fede Álvarez para dirigir el proyecto no pareció convencer a nadie, no queríamos que un film de una naturaleza tan complicada fuera fusilado por cualquier mercenario que haría lo que fuese por entrar en Hollywood.




Pero entonces llegó el trailer (sobre todo el calificado como Red Band, que se permite incluir escenas explícitas de la trama) y nos cambió la cara, al menos a un servidor le ocurrió. La cosa prometía, había hemoglobina por un tubo, escenas crudísimas, fidelidad a la cinta original y una atmósfera mórbida que tenía poco de impostada. Hoy he podido verla en pantalla grande y ha rebasado considerablemente todas mis expectativas. Me ha parecido, no sólo un remake intachable, también una pieza cinematográfica clave dentro de su género por contener en su interior una interesante y cohesionada mezcolanza de todo lo que funciona dentro de las distintas vertientes del cine de terror actual y más bien poco de lo que falla, ya sea americano, europeo o asiático.




David, Eric, Mia, Olivia y Natalie son cinco amigos que deciden pasar el fin de semana en una aislada cabaña a las afueras de Tenessee para ayudar a una de las chicas del grupo para que abandone el consumo de drogas duras y así poder pasar el síndrome de abstinencia en compañía de sus allegados, su hermano entre ellos, que también es un miembro de la pandilla. Investigando el sótano del lugar encuentran un antiquísimo libro que contiene unos extraños y arcanos pasajes. Uno de los jóvenes lee parte de los escritos y desata a una fuerza demoníaca cuya misión es poseer y eliminar a los cinco muchachos para invocar a las fuerzas del mal en la tierra.




Para empezar la versión del 2013 de Posesión Infernal acierta al desvincularse en cierta manera de la cinta que le sirve como base, no hay más que ver el arranque que no tiene nada que ver con el de la producción de 1981 y que enfatiza el tono de brujería y el corte sobrenatural que impera en el producto. Además ahí Álvarez y sus colaboradores en el guión ponen las cartas sobre la mesa, en ese prólogo se ven los derroteros por los que va a adentrarse la obra, sin miramientos ni medias tintas, brutalidad epidérmica, desatada, lacerante y carente de concesiones o elipsis narrativas con las que ablandar las escenas más cruentas.




En la presentación de personajes la cosa renquea un poco y llega a asustar, porque aunque los guionistas quieran huir de los clichés habituales del género los roles están pobremente perfilados (el personaje de Olivia en concreto está de pegote y si no fuera porque luego cobra protagonismo, muy a su pesar, no aportaría nada a la trama por muy novia del protagonista que sea) y sólo el de Mia tiene algo más de profundidad, más si tenemos en cuenta que sus problemas con los estupefacientes son el núcleo de la trama y la excusa (más consistente que la de pasarlo bien de la cinta original) que impide que los personajes principales huyan de buenas a primeras de la cabaña en la que se encuentran.




Aunque el film es un remake de la Evil Dead tenemos en el metraje incontables referencias a la trilogía original que harán que los fans esbocen más de una sonrisa cómplice. Pero como ya he mencionado Álvarez y sus guionistas han decidido tomar todas las constantes del cine de terror a nivel mundial para parir una criatura multiforme y desquiciadamente retorcida. La crudeza (que tendrá nota aparte más tarde, porque lo merece) que emparenta la obra con aquellas vkingadas gabachas de brutalidad desatada como MartyrsÀ l'intérieur y Alta Tensión o los poseídos que nos traen por sus radicales expresiones corporales a la mente films tan dispares como las niponas Ringu, The Grudge la norteamericana El Exorcista o la española saga [•REC] e incluso se pueden percibir en los deslenguados y lascivos actos de los personajes que caen bajo el influjo demoníaco reminiscencias del cómic Crossed creado por el irlandés Garth Ennis para el sello Avatar Press.




Pero lo que más me ha llamado la atención (aunque ya se dejaba ver en el trailer) es que esta revisión de la cinta de Sam Raimi le debe tanto al largometraje de 1981 que toma como inspiración como a Anticristo, la penúltima (antepénultima si contamos esa Nymphomniac que ya está dando que hablar antes incluso de terminar su rodaje) obra del danés Lars Von Trier. Del proyecto protagonizado por Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg toma la atmósfera herética, lasciva, bífida y de carácter casi vírico (aunque no la supera, creo que en mi vida he visto una cabaña y sus inmediaciones retratadas con tan aterradora maestría como en ese film) y la visceralidad minimalista y hasta llena de delectación en las escenas gore, algunas de las más brutales que he visto en pantalla grande salidas de una película producida por una major de Estados Unidos, la Tristar Pictures concretamente.




Porque hay momentos en los que me he llegado a reír sólo de pensar que no hayan metido más tijera en una película como esta y darle sólo la calificación R (sí, como dije en la entrada de Killer Joe, la NC-17 es sólo para la exposición en pantalla de los malvados genitales humanos, no para la violencia más desatada). Recordad toda esa casquería prefabricada y de barraca de feria que se puede ver en sagas como Hostel o Saw y pensad que no tienen nada que ver con lo que se ve en la cinta que nos ocupa y eso que tampoco podríamos hablar de un exceso de vísceras a lo ultragore alemán salido de la mano del infame Olaf Ittenbach que da más risa que asco, sino un medido festival de secuencias descarnadas protagonizadas por los encuentros fortuitos de objetos como cristales, pistolas de clavos, motosierras, agujas hipodérmicas o cutters con partes del cuerpo como manos, bocas, lenguas u ojos. Es más hay una escena con un cuchillo eléctrico sencillamente bestial que tiene ecos a La Posesión de Andrej Zulawski, cinta a la que se hace referencia también con la descarnada interpretación de Jane Levy que nos retrotrae a la de Isabelle Adjani en aquel retorcido film también de 1981.




Pero que nadie se piense que este desfile de brutalidades que regala la película está expuesto en pantalla por medio de un caos impersonal y desenfrenado, ni mucho menos. Fede Álavarez no es un Marcus Nispel de mala muerte, un mercenario inepto que deja que el diseño de producción y el reparto le hagan el trabajo. Detrás de la cámara de Evil Dead hay personalidad, mesura un uso magistral de recursos como los Dolly Zoom, los planos generales o los movimientos de cámara naturalistas, lentos, que permiten que el encuadre tome forma llegando en ocasiones a lo imposible, que es nada más y nada menos que sacar belleza en varios planos como el del coche sumergido en al pantano o el del clímax final con la motosierra y la cabaña ardiendo de fondo que podríamos decir que tiene incluso pinceladas de la pinturas de Pieter Brueghel  "el Viejo", revelándose para un servidor como uno de los mejores momentos cinematográficos del 2013, hasta he aplaudido en el cine, con eso lo digo todo.




Evil Dead versión 2013 es la burrada más disfrutable, fruiciosa y descarnada que un espectador pueda echarse a la cara en la cartelera actual y con toda seguridad el film americano más salvaje que un servidor ha visto en pantalla grande fuera de un festival de cine. Una bocanada de agría bilis mezclada con sangre, un ejercicio de herético satanismo (en más de una ocasión el film transmite miedo y no precisamente con las escenas de vísceras) que nos regala un clímax de diez minutos que debe, por derecho propio, quedar en los anales del cine de terror moderno por su osadía, carencia de prejuicios y poca consideración por el espectador medio. Me cuesta mucho recomendar una película como esta, pero aquellos que la vean no quedarán indiferentes de ninguna manera. Ya el caso de posibles secuelas, cruces con la saga original o demás derivados me da igual, todavía estoy asimilando todas y cada una de las escenas de la que es para mí, si no lo la mejor película que llevamos de año, una de las más interesantes, potentes y mejor rodadas.



jueves, 25 de abril de 2013

Killer Joe, a fucking bunch of rednecks



Título Original Killer Joe (2011)
Director William Friedkin
Guión Tracy Lets basado en su obra de teatro
Actores Matthew McConaughey, Emile Hirsch, Thomas Haden Church, Gina Gershon, Juno Temple






William Friedkin es junto a cineastas como Tobe Hooper o Peter Medak (curiosamente los tres curtidos en el cine de terror, o teniendo dentro de ese género algunos de sus mayores éxitos) uno de esos directores surgidos en los 70 que no supo estar a la altura de sus primeros y remarcables trabajos una vez le llegó la fama (ganando incluso un Oscar por su trabajo en la inolvidable French Connection). A lo largo de los años ha ofrecido productos que por desgracia nunca llegaron a la excelencia de la ya mencionada obra protagonizada por Gene Hackman o la de El Exorcista, su obra más conocida y todo un clásico no ya sólo del cine de terror sino del séptimo arte en general.




La Tutora (The Guardian), The Hunted, A la Caza (Cruising) o Vivir y Morir en Los Angeles podían ser obras más o menos acertadas con tantas virtudes como defectos pero Friedkin nunca volvió a ser el mismo tras coquetear con las posesiones demoníacas en 1973. Killer Joe se estrenó en el año 2011 en el festival de Venecia aceptando una acogida más bien tibia. La cinta recibió en USA la temida calificación NC-17, que impide el paso de menores de edad (a diferencia de la calificación R que permite la presencia de los mismos si van acompañados de adultos) en las salas cinematográficas que la proyectan . Como siempre con otras obras "marcadas" con esa calificación moral (Crash, Shame) la misma le ha sido impuesta, no por las escenas de brutal violencia contra niños o mujeres, sino por los intolerables y malvados desnudos integrales de algunos de sus agraciados actores, faltaría más.




La cinta está protagonizada por Matthew McConaughey, Emile Hirsch, Thomas Haden Church, Gina Gershon y la joven Juno Temple. El resultado, aún teniendo varios aciertos que más tarde pasaré a enumerar, es fallido y no volverá a subir a Friedkin a los altares del éxito que saboreó antaño. Son demasiados lastres, fallos y malas elecciones como para que Killer Joe pueda ser tildada como una buena obra cinematográfica. Sus errores de bulto estilísticos y argumentales hacen que si bien en su primera mitad la historia, sin contar nada nuevo ni demasiado interesante, se mantenga en pie gracias a cierta solidez narrativa y la profesionalidad de su director en la recta final mande al traste muchos de los hallazgos que el producto había ido construyendo con mesura y hasta cierta personalidad.




Ansel (Thomas Haden Church) y Chris Smith (Emile Hirsch), padre e hijo, deciden contratar a Joe Cooper (Matthew McConaughey) apodado "Killer Joe", un agente de policía de Texas que se saca un sustancioso sobresueldo como mercenario, para que asesine a la matriarca de la familia que ya no vive con ellos. La intervención de Sharla (Gina Gershon)  actual novia de Ansel, la presencia y uso como moneda de cambio de Dottie (Juno Temple) la inestable hija adolescente de la familia y la peculiar personalidad del mismo Joe los embarcará a todos en el infierno en el que se convertirá lo que en principio parecía un trabajo sencillo y carente de excesivos problemas.




Killer Joe mezcla el thriller sórdido, con el cine noir y la comedia de humor políticamente incorrecto y el resultado deja que desear en bastantes aspectos más por sus personajes y resoluciones argumentales que por otra cosa. El largometraje está basado en la obra teatral de Tracy Lets (él mismo escribe el guión) y como obra cinematográfica cae desde el principio porque sus protagonistas son un atajo de imbéciles egoístas, interesados, criminales y estúpidos con los que el espectador no puede empatizar lo más mínimo. Esto confirma que desde los primeros compases del film nos importa más bien poco lo que le pueda pasar a esta peculiar familia de garrulos sureños.




Aún así Friedkin echa mano de su soltura como artesano, sus años de profesionalidad y sabe exponer en imágenes un guión simple y mil veces visto pero aún así aceptable, así como a un grupo de actores que no lo hace nada mal, llegando alguno de ellos (su protagonista, por ejemplo) a realizar un trabajo de nota hasta que en el clímax final del producto no sólo se desdibuja toda su personalidad, también se rompe el tono del proyecto y se mandan al carajo la mayoría de aciertos que el director de Reglas de Compromiso había construido. Pero de esa resolución final (que empieza muy bien y acaba en despropósito) hablaré más tarde.




A lo largo del film sólo vemos a un grupo de palurdos sin escrúpulos que únicamente miran por su propio interés personal y monetario. Todos los personajes transmiten indiferencia, pena o asco (el de un acertado Emile Hirsch es especialmente abofeteable) y sólo el de Dottie (el único personaje inocente de la velada al que da vida una dulce Juno Temple) consigue que nos apiademos un poco de él. La trama está llena de situaciones que enfatizan la estupidez inherente en este núcleo familiar desestructurado buscando el guión en muchos momentos (conisguiéndolo en algunos pero en otros no) la risa cómplice de un espectador que confirma sin ningún género de dudas que algo muy podrido debe haber dentro de la familia media/baja del sur de los Estados Unidos para que actúe conjuntamente de esta manera.




La aparición de Joe Cooper desestabiliza la ya de por sí poco estable familia Smith. Matthew McConagey realiza sin lugar a dudas el mejor trabajo de su carrera. Killer Joe es el típico sureño venido a más, policía por el día, asesino a sueldo al anochecer, elegante, con acento tejano pero sin deje pueblerino y modales exquisitos que ocultan tras una fachada totalmente normal a un psicópata desalmado. El protagonista de Amistad apela a la contención, los gestos, el tono de voz lento y claro, nunca se entrega al exceso o a lo chabacano (ni cuando la trama se adentra en los terrenos de la pedofília) regalando al espectador lo que antes de la media hora del final del proyecto parece uno de esos villanos cinematográficos para no olvidar.




Pero entonces Friedkin se embarca en el extensísimo clímax final (casi 45 minutos) en la caravana familiar que sirve como casa de los Smith. Lo que en los primeros 15 minutos se muestra como un acertado ejercicio en el que con pinceladas sutiles se lleva hasta extremos de crudeza considerables la intimidación psicológica (grande la labor de Gina Gershon y Thomas Haden Church, pero sobre todo de McConaughey) se convierte tras la escena del muslo de pollo en una gilipollez supina, grandguiñolesca y hasta ridícula que convierte al personaje principal en un enorme imbécil descerebrado que poco tiene que ver con el metódico manipulador de la primera hora de metraje y la sordidez del conjunto del film en un capítulo de la célebre serie holandesa Los Flodder ideada por el cineasta Dick Mass allá por los años 80.




Todo se va por la borda, Friedkin quiere hacer con el final de Killer Joe una brutal crítica a la familia prototípca del sur estodounidense retratando a todos sus miembros como desechos humanos capaces de traicionar sus propios lazos de sangre en pos de su propio beneficio económico, ofreciendo un retrato descarnado del estado de Texas. Pero cuando los créditos aparecen tras ese abrupto y estúpido ¿final feliz? al espectador no le queda más remedio que reírse porque el ridículo se ha hecho con la recta final de la obra matándola impunemente, porque con ella Friedkin no ha conseguido (ni de lejos) volver a ser el de antes, porque hasta The Hunted era mejor cinta que la que nos ocupa y porque la inestabilidad mental de la familia sureña norteamericana (hija de la gran depresión y el aislamiento social) ya la retrató con mucha más pericia Tobe Hooper en 1974 y curiosamente dentro del género de Terror.