domingo, 30 de septiembre de 2012

Hellblazer, de Jamie Delano


Guión Jamie Delano
Guionistas Invitados Grant Morrison, Neil Gaiman y Dick Foreman
Dibujo John Ridgway, Brett Ewins, Jim McCarthy, Alfredo Alcalá, Richard Piers Rayner, Mark Buckingham, Mike Hoffman, Ron Tiner, David Lloyd, Dave McKean, Kevin Walker, Sean Phillps, Steve Pugh, Dean Motter, Mark Pennington.





John Constantine debutó como personaje en 1985 dentro de la mítica etapa de Alan Moore con el no menos célebre personaje Swanp Thing en el sello de DC. En el número 37 de dicha coleccíon hacía por primera vez su aparición ese mago de origen británico con gabardina, melena rubia y siempre fumando que acabaría convirtiéndose en un icono de la casa de Superman y Batman en general y del futuro subsello Vertigo en particular. El personaje fue creado por el mismo Moore y los dibujantes Steve Bissete y John Totleben inspirándose en la imagen que el cantante inglés Sting tenía por aquel entonces. El rol gustó tanto que no tardó en ganarse una serie propia titulada Hellblazer (en un principio iba a llamarse Hellraiser, pero el novelista Clive Baker se adelantó) la más longeva serie de Vertigo y por la que han pasado algunos de los mejores autores del mundo del cómic actual.





Para que John Constantine diera sus primeros pasos como personaje en solitario el mismo Alan Moore recomendó a su amigo el guionista Jamie Delano a los jefazos de DC. Delano por aquel entonces era un autor británico practicamente desconocido. Suya sería la misión de encauzar las primeras andanzas protagónicas del mago e intentar conectar con un público que se enfrentaba a un personaje que había debutado con buen pie en el mundo del cómic pero del que se sabía más bien poco. El autor de Animal Man  escribió los 40 primeros números de la colección, cediendo su pluma a guionistas que en muy puntuales ocasiones dieron su visión del personaje. Estos fueron Grant Morrison en los números 25 y 26, Neil Gaiman en el 27 y Dick Foreman en el 32.




La etapa de Jamie Delano en Hellblazer es importante por varios motivos, pero el principal y más importante es que en ella se asentaron las bases de la personalidad y el microcosmos del personajes creado por Alan Moore. El guionista se aseguró de definir bien el carácter de John Constantine, retratándolo como un pseudomendigo fumador y siempre con gabardina que contrastaba un talento prodigioso con la nigromancia y los rituales de lo sobrenatural con una humanidad realista que lo hacía mostrarse en numerosas ocasiones como un cobarde egoísta que usaba a sus amigos de manera rastrera en su propio beneficio. La imperfección de John lo hacía un personaje cercano e identificable cuando Delano se centraba en su lado más mundano, porque como rol poseía algunas de las virtudes y todos los fallos que hacen al ser humano lo que es.





Pero sí hay algo que marcó a fuego Jamie Delano en su etapa y eso se deja ver sobre todo en los primeros pasos de la misma es el origen de clase obrera de John Constantine y un matiz de alegoría política con todo lo relacionado con lo demoniaco en la colección. Al igual que otros escritores de cómic ingleses de la época al autor de Hellblazer no le hacía ninguna gracia el mandato político de la por aquel entonces primera ministro de Gran Bretaña. Margaret Tatcher. Esclarecedor es el capítulo Vamos a Por Ello en el que se hace un divertido juego de espejos en el que se nos plantea que la victoria del partido conservador inglés beneficiaría económicamente a los seres diabólicos que habitan el averno. Número lleno de mala baba y bastante saña por parte de Delano del que guardo un grato recuerdo. Según las malas lenguas esta lectura comprometida social y política en el grueso de su obra es la que ha hecho que el guionista británico sea cada vez menos requerido por las grandes editoriales del cómic, un caso parecido (incluso ideológicamente) al de la interesante Ann Nocenti.




Delano se hace fuerte como autor cuando utiliza la introspección con John Constantine, muy bien cuando narra en primera persona, pero mucho mejor cuando lo hace en tercera. El guionista nos sumerge en los pensamientos retorcidos de su criatura rodeando todo su entorno y atmósfera de un tono deudor de la literatura beat o la contracultura. En ese sentido encontramos otra de las virtudes estilísticas del escritor, cuando, por poner un ejemplo, nos cuenta una historia que parece salida de la misma mano del novelista William S. Burroughs mientras el carácter y comportamiento de Constantine como rol lo emparenta al derrotismo mundano de Charles Bukowski. Por otro lado el creador de Outlaw Nation se muestra como un conocedor de las artes cabalísticas y los rituales espiritistas así como del tarotismo y sabe dar un tono psicotrópico a muchas de las aventuras del bueno de John que lo emparentan en ocasiones a las de Grant Morrison.




Durante estos 40 número conocemos en profundidad a personajes secundarios memorables como Zed, que llegará a convertirse en amante de John para luego "evolucionar" en algo superior. Al grupo de post hippies en el que se encuentran Marj y su hija Mercury (que se tornará como protagonista y núcleo central, en el sentido argumental, en algunos números debido a sus poderes psíquicos) o Errol o por otro lado los antiguos amigos de John (Ben, Lester, Ritchie) que tomaron parte en el importantísimo hecho de New Castle, del que nos dan pistas en el primer arco de la colección y que conoceremos en el segundo (en el memorable número Newcastle: Una Muestra de lo que Está por Venir) que forjaría en gran parte el carácter irónico, taciturno y oscuro de Constantine y cuya sombra recorrerá toda la etapa de Delano.




Aunque para un servidor posiblmente lo mejor de la etapa de Delano en Hellblazer está en el principio de la misma (en la que el protagonista se enfrentaba al demonio Nergal) o puede que en los 20 primeros números, hay arcos argumentales memorables a lo largo de todo su trabajo en la colección. El arranque es esclarcedor en lo que a apuntalar la personalidad del protagonista se refiere, los números Hambre y Un Festín de Amigos sirven para que veamos que John es en ocasiones un cabrón que no dudará en ofrecer en sacrificio a un amigo de toda la vida. También son destacables la crítica anribelicista de Cuándo Johnny Llegó Desfilando a Casa, la ahora anticuada pero en su momento rompedora trama sobre informática y realidad virtual de El Alma de la Máquina, la surrealista reivindicación ecologista de En la Playa. el juego metatextual literario de Por Delante de la Vida y una de mis historias favoritas, la del  atípico asesino Hogareño y que sería la últma realmente grande del guionista en la colección. En cambio el largo arco de La Máquina del Miedo no me parece tan remarcable, aunque tenga sus virtudes.







Como ya he comentado dentro de la etapa de Delano el autor se tomó unos efímeros descansos de la colección cogiendo las riendas del libreto tres guionistas invitados. El primero fue el escocés Grant Morrison, una de las personalidades más importantes y polémicas del mundo del noveno arte, que escribió dos números que formarían un sólo y breve arco, el 25 y el 26, títulados Pimer Aviso y Cómo Aprendí a Amar las Bombas y que tenían como protagonista un extraño y macabro desfile callejero en el que el de Glasgow añadía algunas de sus constantes autorales como la obsesión con las armas nucleares que le inculcó su maniático padre, rematado el conjunto con el siniestro trazo de David Lloyd que en ningún momento deja de recordarnos a esa obra maestra que es V de Vendetta. Tras estas dos entregas y antes de que el escritor original volviera a la colección Neil Gaiman nos regaló Abrázame, sin lugar a dudas una de las mejores historias con el personaje como protagonista que atesora algunos momentos de emotividad inolvidables que muestran a Constantine más vulnerable que nunca gracias también a la ayuda del  dibujo de un gran Dave McKean (Batman: Arkham Asylum). Más tarde, cuando a Delano no le quedaba mucho en la colección otro número suelto (el 32) cayó en las manos de Dick Foreman (Black Orchid) que escribió el tibio y poco interesante relato Trucos Nuevos, protagonizado por una especie de enorme Bulldog mafioso que era un poco insulso.




A modo de profecía ese olvidable número de Dick Foreman marcaría la llegada de cierta decadencia a la colección. A Jamie Delano se le acababan las ideas, abusaba de caminos transitados y recurría demasiado regularmente a la retótica dando vueltas sobre las mismas ideas, no hay más que ver el bastante rebuscado arco del carnicero que daba buenas muestras de que el guionista ya había contado practicamente todo sobre  el personaje. Pero eso no impidió que por el camino nos regalara los números que nos relataban a modo de flashbacks la infancia de John, el relato secreto de su hermano o que se despidiera de la colección con ese último número a modo de homenaje y tributo hacia el carácter (sobre)humano de Constantine, una vez más con un Dave McKean bastante inspirado con el lápiz. Hilando fino ya me meto brevemente con el trabajo muy eclétcito de los dibujantes de la colección entre los que un servidor destacaría a John Ridgway que marcaría el estilo del cómic en sí, el trazo tenebrista de Jim McCarthy, la línea limpia de Alfredo Alcalá, el tono rústico (adecuado para los números que ilustró) de Dean Motter o e trabajo de un Sean Murphy dando sus primeros pasos y que poco tenía que ver por aquel entonces con el artista que ahora nos regala joyas como Joe el Bárbaro o American Vampire: Selección Natural.




La etapa de Jamie Delano no es ni la mejor de Hellblazer, ni la más recordada ya que tras su trabajo en la colección otros autores importantes en el medio como Warren Ellis, Brian Azzarello o Andy Diggle darían su visión del nigromante de Liverpool. Es más, justo cuando el británico dejó la colección se hizo con ella un por aquel entonces poco conocido Garth Ennis que alejó un poco a Constantine de lo sobrenatural para ponerle los pies, de manera brutal, en la tierra y regalarle uno de los arcos argumentales más importantes de su historia. Ese Hábitos Peligrosos que en pocos números superaba a todo lo escrito previamente por Delano y que por desgracia sería tomado (de manera lejana) como base para la terrible adaptación cinematográfica que la Warner Bros hizo con un imposible Keanu Reeves como protagonista. Pero guardo especial cariño al run del bueno de Jamie en Hellblazer. Es una etapa memorable en algunas ocasiones, anticuada a día de hoy en otras tantas, pero tiene personalidad, encanto y sirvió para que tomáramos contacto con un personaje que lleva casi 25 años ofreciéndonos historias memorables y siendo el estandarte de un sello como Vertigo, que en su momento fue mítico pero por desgracia hoy no vive su mejor momento.



jueves, 27 de septiembre de 2012

Habemus Papam, aparta de mí este cáliz



Título Original Habemus Papam (2011)
Director Nanni Moretti
Guión Federica Pontremoli, Francesco Piccolo y Nanni Moretti
Actores Michel Piccoli, Nanni Moretti, Margherita Buy, Jerzy Stuhr, Renato Scarpa, Roberto Nobile, Franco Graziosi, Massimo Drobovic, Leonardo Della Bianca






Cuando allá por el 2010 empezó a correr como la pólvora la noticia de que el director italiano Nanni Moretti iba a realizar un largometraje sobre un supuesto Papa muchos esperaron de él (hombre siempre comprometido con la izquierda) un furibundo ataque al Vaticano que levantara una considerable polvareda entre defensores y detractores de la Santa Sede. Nada más alejado de la realidad, Habemus Papam es una simpática comedia que da una visión irónica y satírica de las altas instancias de la iglesia católica, pero en ningún momento se puede ver en su impronta revanchismo o verdadera inquina contra ella.




Tras la muerte de un papa, el conclave del Vaticano, tras varias elecciones sin éxito, por fin consigue dar con el nombre del que será el próximo Santo Padre, de modo que la fumata blanca aparece para regocijo de los devotos seguidores de la iglesia que se encuentran en la plaza de San Pedro recibendo jubilosos la noticia. El problema surge cuando el nuevo Sumo Pontífice sufre un ataque de ansiedad, por culpa del exceso de responsabilidad que supone su nuevo status, antes de salir al balcón para darse el tradicional baño de multitudes. El resto de obispos y cardenales de la Santa Sede intentarán convencer al nuevo Papa para que acepte su reciente e importante cargo




Habemus Papam es un agradable producto elegantemente abordado con el que Moretti da una visión socarrona y sardónica de la jerarquía de la iglesia católica. No es la primera vez que el director de La Habitación del Hijo aborda el tema de la religión, ya lo hizo con La Misa Ha Terminado en 1985. Pero si en aquella se centraba en las aventuras y desventuras de un sacerdote (el mismo Moretti como protagonista) aquí ha decidido analizar desde el humor las altas instancias de la Santa Sede. Aunque es cierto que hay dos mitades diferenciadas dentro de a última película del cineasta italiano y contrariamente a lo que algunos proclaman para mí las dos funcionan considerablemente bien.




En la primera mitad Moretti nos muetra, siempre desde el humor (esos arzobispos intenando copiarse en las votaciones del cónclave) los entresigos y parafernalia del Vaticano cuando realiza ese privado y misterioso ritual que es el de la elección del próximo Santo Padre .El director de Caro Diario se recrea en dicho acto con una exquisita delectación en todo momento acompañada de la comicidad (el cardenal que cae aparatósamente de bruces cuando están las luces apagadas) y el distanciamiento personal para siempre mirar con ironía pero nunca hacer verdadera sangre.




En la segunda parte cuando el nuevo Santo Padre realiza esa "búsqueda de sí mismo" que le indica finalmente el camino a seguir, nos encontramos con el tono más de comedia bufa y algo exagerada, pero muy en la tradición del humor cinematográfico italiano. Es inevitable pensar en Federico Fellini cuando vemos a esos obispos jugar a voleibol entre ellos de manera cómicamente competítiva o viendo a las monjas animarlos como chearleaders entregadas. Puede que esta parte del largometraje se antoje un poco más surrealista, al menos cuando Moretti retrata a los componentes de la Santa Sede, pero no deja de ser válido como argumento y regalándonos con él algunos momentos de humor bastante remarcables, como ese "falso Papa" paseando de arriba a abajo en sus aposentos.




Nanni Moretti es inteligente y muy sutil. Que no se arroje con mano de hierro contra la iglesia católica no significa que no resalte con elegancia los pensamientos y tradiciones herméticas de la institución eclesiástica. Gracias a su propio papel como psiquiatra "no creyente" vemos ese choque social y generacional y la distancia abismal que hay entre la iglesia católica y la gente de a pie, por culpa de un sistema de valores arcaico y en ocasiones cerril que se opone a cualquier tipo de idea de progreso o modernización. El rol secundario del cineasta es importante en la historia porque gracias a él no sólo podemos ser partícipes de momentos descacharrantes (esa Guardia Suiza que lo sigue a sol y sombra) sino también identificarnos con su posición en la historia y empatizar con su persona, por mucho que el guionista, actor y director caiga una vez más en un egocentrismo que lo muestra como una persona que se tiene a sí mismo en muy alta estima.




Pero Habemus Papam es sin lugar a dudas el actor francés Michel Piccoli. El mítico protagonista de Tamaño Natural sabe transmitir con convicción ese aire de bonachón miedoso y despistado por tener que enfrentarse a una situación que lo supera psicológicamente. Él es el centro de la historia y la misma recae sobre sí mismo y su excelente labor, siendo el protagonista y núcleo de pasajes tan interesantes como el inésperado grito de terror que da inicio a todo el entramado del film, el monólogo en el autobús, las conversaciones con los actores de teatro o cuando le da la réplica con los diálogos de la obra de teatro Antón Chejov al intérprete mentalmente inestable.




Habemus Papam es una simpática pieza que deja un muy buen sabor en la boca del espectador. Puede que su final de tono (simbólicamente) trágico choque un poco con el tono de comedia que tenía el resto de metraje, pero no deja de ser interesante que Nanni Moretti cierre así su último trabajo, con esas caras desencajadas por el miedo y la incertidumbre de un futuro incierto y peor aún, conociendo al Vaticano, por la imagen pública que darían con ese acto a su feligreses. Película altamente recomendada para creyentes y no creyentes con amplitud de miras que quieran pasar un rato entretenido y reflexivo con cine interesante, no el mejor, pero sí lo suficientemente bueno como para saciar al espectador inteligente.



Mátalos Suavemente



Título Original Killing Them Softly (2012)
Director Andrew Dominik
Guión Andrew Dominik basado en la novela George V. Higgins
Actores Brad Pitt, Richard Jenkins, James Gandolfini, Ray Liotta, Sam Shepard, Scoot McNary, Ben Mendelsohn, Garret Dillahunt, Max Casella, Vincent Curatola





El largometraje Killing Them Softly supone por un lado la adaptación cinematográfica de la novela Cogan's Trade escrita por el novelista norteamericano George V. Higgins y por otro la tercera cinta del interesantísimo director de origen neozelandes Andrew Dominik, autor de la irónica y crudísima Chopper, biopic del célebre criminal australiano Mark Brandon Read interpretado por un brutal e irreconocible Eric Bana, y de la soberbia El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford con Brad Pitt, Casey Affleck, San Rockwell, Sam Shepard o Mary-Louise Parker, un enorme y atípico western que un servidor considera una de las mejores películas de la década pasada.




Pero por desgracia esta Mátalos Suavemente, a la que le tenía muchas ganas desde hace tiempo, ha supuesto una considerable decepción que no me esperaba para nada. La última cinta de Andrew Dominik no es ni mucho menos una obra cinematográfica desdeñable, pero contiene unos considerables fallos estructurales y tonales que la hacen mostrarse cuando acaba su metraje como un film más o menos fallido con el que el cineasata neozelandes, contra todo pronóstico, no ha estado a la altura ni en la escritura ni en la dirección y es una verdadera pena porque el hombre tiene talento y oficio a paladas.




Tras el atraco por parte de dos ladrones aficionados a una importante partida de poker dentro del submundo del hampa, la mafia contrata los servicios del asesino a sueldo Jackie Cogan (Bradd Pitt) que deberá elaborar un plan para eliminar a los dos atolondrados atracadores que no saben donde se han metido. Durante el proceso Jackie pondrá sus ojos sobre Marki Trattman (Ray Liotta), criminal que en su momento ya ideó un falso asalto a otra timba y que por ello es el principal sospechoso y contratará los servicios de otro gánster de New York llamado Mickey. La misión de Jackie se encontrará con varios obstáculos inesperados que podrán dar al traste con todo el trabajo y la transacción económica que ganaría con él.




Killing Them Softly es una cinta sobre gangsters que se mueve entre un Scorsese más tenebrista de lo habitual y los Coen de Fargo o Muerte Entre las Flores, es decir, que no inventa nada. No he leído la novela en la que se basa el largometraje, pero este contiene dos fallos de sólidez narrativa que hacen tambalear su esqueleto estructural. El primero es que Dominik decide centrarse más en los diálogos que en los sucesos que acontecen en la trama, prefiere que los personajes interctúen entre ellos por medio de disertaciones habladas que por acciones. El segundo es un efecto secundario derivado del primero y es que en el film realmente pasan pocas cosas o casi ninguna. No estoy en contra de historias mínimas, con ellas a veces se han forjado obras maestras, pero la poca amplitud de miras en cuanto al argumento central del film hacen que la tercera cinta del neozelandes se quede un una anécdota más que en una película remarcable.




Por otro lado, si bien la dirección es sólida, hace un buen uso de la cámara al hombro, los planos largoso las tomas estáticas con reminiscencias al clasicismo coppoliano y posee algunos momentos memorables en secuencias complicadas, apenas se ven retazos del director que con su anterior film se marcó un claroscuro americano de un lirismo arrebatador, un western pictórico en el que remataba con su objetivo planos que parecían lienzos en la línea del Stanley Kubrick de la imperecedera Barry Lyndon o el Terrence Malick de sus tres últimos films. Sirva como ejemplo el tiroteo de coche a coche, lleno de sangre y cristales digitales (un error considerable que casi todos los impactos de bala del largometraje hayan sido retocados con CGI), técnicamente es un pasaje intachable, pero también muy efectista (aunque el tema que acompaña las imágenes le regala enteros al conjunto, por cierto, excelente banda sonora) dejando muy lejos el tenebrismo deudor de Caravaggio de algunos momentos de El Asesinato de Jesse James... como el asalto al tren nocturno.





En Mátalos Suavemente Andrew Dominik ha sufrido el síndrome de Quentin Tarantino en Death Proof. Se ha visto tan seguro de su destreza con los diálogos que prefiere ver a sus criaturas conversar sobre temas más o menos triviales que llevando a cabo los chanchullos que deben ejecutar para llegar a conseguir sus propósitos económicos. Ciertamente esos momentos entre los roles comentado problemas personales o anécdotas de anteriores trabajos quedan bien en pantalla y dan peso a los protagonistas, pero a lo largo del metraje se abusa en exceso de ellos. Por muy buen papel que hagan un maduro Brad Pitt, James Gandolfini, Richard Jenkins, un muy recuperado Ray Liotta (protagonista de dos de las mejores partes del film, como la bestial y muy epidérmica paliza, muy deudora de los tiempos de Chopper y la última aparición que tiene su personaje en el largometraje), el cameo de Sam Shepard o unos inspirados Scoot McNairy (Monsters) y Ben Mendelsohn (El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace) llegado un punto cansa tanta verborrea barriobajera y amenzante cuando la historia no avanza practicamente nada por culpa de ello.




También me ha llamado mucho al atención cómo la prensa especializada y bastantes espectadores han visto una dura crítica al capitalismo norteamericano y a la crisis global cuando se cebó con aquel país, que a mí se me ha antojado como un poco creíble subtexto no muy sostenido que sólo se deja ver por la omnipresencia de discursos televisivios y radiofónicos de los dos últimos presidentes de Estados Unidos hablando de enconomía, ver en la trama que hasta los criminales cobran menos por ejecutar personas o la presencia de ese discurso interesante pero un poco fuera de lugar con el que Brad Pitt cierra el largometraje. La intención de Dominik es buena y supongo que estaba en el mismo libro de V. Higgins, pero films como Gangs of New York de Martin Scorsese o su propia El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford dieron fe con más pericia del hecho que confirma que USA es un país forjado con dinero y regado con sangre.




Como ya he comentado no estamos ante una cinta evitable o mediocre, pero sí es cierto que al menos a mí, como espectador, no me ha ofrecido todo lo que esperaba de ella. Andrew Dominik es capaz de mucho más que esto y espero que en el futuro puedo confirmarlo, porque le sobra profesionalidad, inventiva y hasta cierto tono de autoría cinematográfica bastante identificable. A ver qué tal se desenvuelve con esa Blonde que en la que está embarcado con Namoi Watts haciendo de Marilyn Monroe en la época en la que compartió vida con sus dos maridos Joe DiMaggio y Arthur Miller o alguno de sus amantes como el presidente John Fitzgerald Kenndy. Puede que el cambio radical de género le abra nuevas vías cinematográficas con las que experimentar como cineasta.



lunes, 24 de septiembre de 2012

Conocerás al Hombre de tus Sueños, vidas ajenas




Título Original You Will Meet a Tall Dark Stranger (2010)
Director Woody Allen
Guión Woody Allen
Actores Joshn Brolin, Anthony Hopkins, Naomi Watts, Freida Pinto, Antonio Banderas, Gemma Jones, Lucy Punch, Pauline Collins, Ewen Bremner, Christian McKay





Nadie me verá nunca quejarme del estreno de una película del neoyorkino Woody Allen. Es más, considero su ración anual de celuloide algo necesario para que la temporada cinematográfica sea redonda. Unas veces me convence más, otras menos, pero siempre consigue que no haya un ápice de sentimiento en mi interior que me haga pensar que he perdido el tiempo viendo una de sus películas. Con Conocerás al Hombre de Tus Sueños no he llegado tampoco a percibir esa sensación, la de que haber desperdiciado hora y media de mi vida, pero por desgracia he estado muy cerca, porque me parece la cinta del cineasta norteamericano que más indiferencia me ha transmitido.




En Inglaterra vive Roy, un escritor norteamericano de éxito editorial pasajero que no encuentra la inspiración para sacar adelante su siguiente libro. A dicha crisis tampoco ayuda su reciente obsesión que la vecina de la ventana del piso de enfrente, Día. Su mujer, Sally, es una marchante de arte que comienza a sentir una fuerte atracción hacia Greg, su jefe, casado y con descendencia. Por otro lado los padres de Sally se han divorciado de manera traumática. Él, Alfie, encuentra consuelo en una prostituta atolondrada con la que decidirá casarse al poco tiempo de conocerla y ella, Helena, sólo disfruta de su triste vida cuando va a ver a Crystal, una tarotista que le lee el futuro. Todos estos personajes cruzaran sus vidas y problemas personales para darse de bruces con la cruda realidad de sus infelices existencias.




Si alguien lee el argumento puede ver claramente todos y cada uno de los alicientes para que Woody Allen se marque una de sus comedias menores, esas que sin ser piezas de orfebrería dentro de su filmografía ofrecen buen y entretenido cine a un espectador que le agradece la velada. Nada más alejado de la realidad. Yo Will Meet a Tall Dark Stranger es una cinta completamente insípida, desangelada, en la que parece, no ya que Woody Allen la haya llevado a cabo con el piloto automático encendido, sino que parece desde mi punto de vista como si el director de Manhattan le hubiera entregado las señas de identidad de su cine a un becario para que él realizara la escritura y realización del largometraje.




Conocerás al Hombre de tus Sueños no funciona como comedia y eso que tiene planteamientos argumentales puramente alleninanos, como un hombre maduro que no puede aceptar mantener una relación con una mujer que le gusta hasta que su esposa muerta le dé el visto bueno desde el más allá en una sesión de espiritismo, un señor mayor que quiere seguirle el ritmo a la prostituta de la que se ha enamorado locamente y que no quita los ojos a los hombres más jóvenes que él o un escritor en crisis que se adueña del magnífico manuscrito de un amigo supuestamente muerto para aprovecharse de él. El director de Desmontado a Harry tiene la materia prima, pero a diferencia de otras ocasiones en esta no ahonda en la historia y se queda en la superificie.




Algo parecido le sucede en el tono más dramático del film. En esta vertiente Allen ha sabido sacar a lo largo de su cine nuestros instintos más bajos, mostrándonos como animales de costumbres que cuando queremos romper con una rutina autoimpuesta fallamos estrepitosamente y volvermos al redil con el rabo entre las piernas. Esas constantes autorales también están aquí, pero sólo en la carcasa, ya que el cineasta parece no tener interés alguno en imbuirse totalmente en estos dilemas morales que podrían dar lugar a un largometraje memorable, porque tiene los personajes, tiene el contexto y un reparto magnífico con unos destacables Josh Brolin, Antonio Banderas o Naomi Watts, un recuperado Antohny Hopkins, una entrañable Gemma Jones, una apaciblemente bella Freida Pinto o la descocada Lucy Punch como guinda del pastel.




Estamos indudablemente ante una película de Woody Allen, su sello está latente, apunto de eclosionar, podemos ver constantes que recuerdan a Melinda y Melinda, Poderosa Afrodita y hasta Match Point o Cassandra's Dream, pero el problema reside en la poca implicación y pasión que el director aporta al proyecto, que finalmente aunque no es una mala obra cinematográfica, sí es una insuficiente. Lo más triste es que cuando quedan 10 minutos de metraje y la realidad y el caprichoso azar empiezan a golpear a sus criaturas, el de New York encuentra el camino y la cinta se entona considerablemente, pero ya es tarde, los créditos aparecen, el recuerdo de los personajes se me antoja desdibujado y sus dudosos porvenires poco interesantes, algo que nunca me ha pasado con Allen, ni siquiera con la floja Vicky Cristina Barcelona.




Le perdonaremos la metida de pata al bueno de Allan Stewart Konigsberg porque hablamos de un señor con una filmografía de más de 40 films a sus espaldas, porque todos los años rueda uno, porque tras este pequeño fiasco que ha supuesto You Will Meet a Talla Dark Stranger llegó esa joyita pulida llamada Midnight in Paris que tan buen rato me hizo pasar con su visionado y porque esa A Roma Con Amor, estrenada el Viernes pasado en España,  al menos pinta socarronamente simpática. Esta última intentaré verla y comentarla a la mayor brevedad posible por estos lares.



Resacón II: ¡Ahora en Tailandia!, Bangkok dangerous



Título Original The Hangover II (2011)
Director Todd Philips
Guión Scot Armstrong, Graig Mazin y Todd Philips
Actor Zach Galifianakis, Bradley Cooper, Ed Helms, Justin Bartha, Paul Giamatti, Jamie Chung, Ken Jeong, Todd Philips, Mike Tyson, William A. Johnson, Jeffrey Tambor





En el año 2009 tuvo considerable éxito de taquilla y crítica una comedia llamada Resacón en Las Vegas (The Hangover) sobre un grupo de amigos que despertaban en la ciudad americana del juego y el vicio tras una despedida de soltero bestial de la que ninguno de ellos recuerda nada. La película dirigida por Todd Philips (Road Trip) y con un reparto en estado de gracia era una simpática cinta, divertida, ligera y correctamente hilada que no era la maravilla que algunos proclamaban, pero que al menos sí hacía pasar un rato divertido al espectador que disfrutaba de poco más de hora y media de cine de evasión para echar unas risas que no tomaba por estúpido al que lo degustaba.




Como era lógico el taquillazo dio pie a pensar en la secuela inmediatamente a la Warner Bros que se había hecho (una vez más) de oro con la película. En el año 2011 se estrenó la segunda parte y para que la cosa no fallara se dejó practicamente al mismo equipo técnico y artístico. De nuevo la taquilla se rindió a los pies del film, pero esta vez la crítica no fue tan benevolente con el producto como con la primera entrega. Lo cierto es que mi opinión sobre Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia! es la misma que con la cinta anterior, porque  realmente esta continuación es practicamente igual que aquella en casi todo.




¡Ha vuelto a pasar!. Tras la despedida de soltero de Stu (Ed Helms) que se casa en Tailandia con su prometida Lauren (Jamie Chung) él y sus amigos Phil (Bradley Cooper) y Alan (Zach Galifianakis) despiertan en un motel de mala muerte situado en el centro de Bangokok sin recordar nada de lo que pasó la noche anterior. Los chicos tendrán que recorrer de nuevo sus propios pasos no sólo para saber que sucedió, sino también para encontrar a Teddy (Mason Lee) el hermano de 16 años de Lauren que decidió irse de fiesta con su cuñado y los amigos de este implicándose personalmente en la farra.




Lo dicho, repetición de la fórmula de la Hangover original, sólo que esta vez los guionistas se han ocupado de dar un poco más de consistencia a la trama central y no centrarse tanto en que la misma gire alrededor de los gags, acentuar la escatología y el trazo grueso (que ya asomaba un poco la nariz en al anterior entrega) e  intentar por todos los medios que los actos de esta segunda parte sean más bestias que los de la primera con tal de llamar la atención de un espectador que se eche las manos a la cabeza con las barrabasadas que llevan a cabo o les suceden a Stu y sus colegas.




Algunos gags acertados, personajes que en la primera parte funcionaban al 100% y que aquí en ocasiones cargan un poco (el Alan de Galifianakis) u otros que en la primera no estaban mal aquí se comen la película por los pies (Ken Jeong como Chow) o la tópica pero efectiva inclusión del mono capuchino que tiene momentos bastante jocosos. Pero también es cierto que de nuevo no me encuentro carcajeándome con el humor del film, es más, el único momento con el que me reí en voz alta fue con el tiro de cocaina matutino y su posterior reacción física en el individuo que lo esnifa. No digo con esto que el resto de la comicidad del film no funcione, lo hace, pero no a un nivel demasiado alto, vamos, la misma sensación que me transmitió Resacón en Las Vegas.




Los actores le tienen cogido el punto a sus papeles, hay momentos simpáticos como todo lo relacionado con el monje budista y su regreso al templo o el flashback con los personajes como si fueran críos pequeños, la dirección es acertada y el guión no está mal para este tipo de comedia, además la aparición de Paul Giamatti es un puntazo. El proyecto se aleja un poco de la influencia de John Landis de la primera parte y se adentra un poco más en la de los hermanos Peter y Bobby Farrelly (que también estaba en The Hangover, pero de manera más ligera) aunque como largometraje sigue siendo una tontada graciosa y políticamente incorrecta para echar un rato agradable, que al igual que su hermana mayor acaba con esa colección de fotos de lo acontencido durante la noche de aquel día. Por descontado la tercera parte está en marcha se estrenará en 2013, les mantendremos informados.


sábado, 22 de septiembre de 2012

Luces Rojas, el conocimiento es poder



Título Original Red Lights (2012)
Director Rodrigo Cortés
Guión Rodrigo Cortés
Actores Cillian Murphy, Robert de Niro, Sigourney Weaver, Elizabeth Olsen, Toby JOnes, Joely Richardson, Leonardo Sbaraglia, Graig Roberts, Burn Gorman






Última cinta del director español Rodrigo Cortés tras el éxito mundial de su magnífico segundo film, Buried, rodado con un equipo ífimo y un sólo actor, un inspirádisimo Ryan Reynolds. La excelente carrera de la producción sobre el hombre que intentaba salvar su vida saliendo del ataúd en el que se encontraba confinado bajo tierra dio pie a que la Warner pusiera sus ojos en el director de Concursante y le ayudara a sacar adelante la que sería su tercera cinta, Luces Rojas, que fu recibida con cierta tibieza durante su estreno pero que a pesar de algún fallo, del todo perdonable, ofrece un juego cinematográfico de calidad y considerable calado emocional.




Margaret Matheson (Sigourney Weaver) y Tom Buckley (Cillian Murphy) son dos físicos que se dedican a desacreditar y sacar a la luz las falsas dotes sobrenaturales de mediums y curanderos que viven del engaño a lo largo y ancho de Estados Unidos. Todo dará un giro cuando un famoso psíquico invidente llamado Simon Silver (Robert de Niro), que fue un mito años atrás por sus supuestos poderes sobrenaturales, decida volver a escena y mostrarse en público. Tom se obsesionará con el regreso de Silver y luchará por intentar desenmascarar su presunto fuego de artifico, pero Margaret se negará en redondo debido a que tuvo en el pasado una mala experiencia con Silver, figura a la que profesa un considerable miedo. Por suerte o desgracia Tom no se dará por vencido tan fácilmente.




Luces Rojas es una pieza curiosa, irregular en unas pocas ocasiones, fascinante en muchas otras, pero siempre interesante por saber en todo momento captar la atención de un espectador que quiere saber más cosas sobre esta historia y los personajes que la pueblan. No es común (al menos en el cine americano) abordar una cinta sobre parapsicología desde el punto de vista de unos personajes escépticos, ya que los mismos siempre suelen ser secundarios estereotipados y antipáticos en este tipo de largometrajes y acaban pagando con su vida la osadía de "no creer". El punto de partida es hasta cierto punto excitante y original y a un servidor le sirve para implicarse más con la narración y los roles principales.




Cortés acierta al introducirnos en el ambiente profesional de sus personajes y nos muestra con pericia e inteligencia cómo trabajan y cuáles son sus métodos para desacreditar a esos farsantes que se aprovechan de la buena fe de la gente montando falsas sesiones de espiritismo o "curando", supuestamente, graves enfermedades con el simple contacto de sus manos. En este sentido destacables son los pasajes de la medium que abre el film, la del niño que presuntamente realiza escritura psicográfica animado por canciones de thrash metal o la conferencia pública de Leonardo Palladino (magnífico Leonardo Sbaraglia en sus dos breves apariciones, sobre todo en la segunda, la de la cárcel)




Pero luego introduce con acierto la figura de Simon Silver (aunque con ello comete algunos desaciertos, como cuando vemos esos programas de los 70 sobre las intervenciones públicas del personaje y nos meten por la cara a un actor interpretando al personaje de De Niro en su juventud de una manera ridícula, más imitándo exageradamente al actor que interpretándolo con seriedad al rol del film) y todo se torna interesantemente oscuro, crepuscular y amenazante. La figura al que da vida con aplomo y contención (alejándose del histrionismo de sus olvidables últimos roles en Hollywood) el protagonista de Casino posee un aura de poder casi plapable, aunque todo forme parte de las estrategia de la escritura de Rodrigo Cortés.




El guión del cineasta es lo mejor del largometraje por lo acertado de su estructura, ya que cuando llega el shyamalanesco giro final, muy deudor del de El Protegido (Unbreakable), el espectador se da cuenta de que no hay gratuidad alguna en su ejecución, ya que el mismo coge esos tópicos sobre este tipo de films que el escritor y director ha ido colocando de manera desconcertante a lo largo del metraje y les da completamente la vuelta para volverlos de una coherencia desarmante, aunque como (casi) siempre suceda el realizador se vea en la obligación de meter flashbacks explicativos para atar todos los cabos, recuerso que a mí no suele gustarme (confío en la inteligencia del espectador medio) pero que aquí era bastante necesario.




El autor del cortometraje15 Dïas con la ayuda de sus actores perfila a unos personajes principales altamente creíbles y nada unidimensionales. La dirección, el guión y los intérpretes saben transmitir el estoicismo y la integridad de Margaret, haciéndose enorme el rol cuando se adentra en la duda y pone sus sistema de valores pendiendo de un hilo. También hay un acierto considerable a la hora de exponer en pantalla la ambiguedad de Tom que irá tornando en una obsesión con Silver que llega a experimentar ribetes de tragedia griega. Con respecto al reparto también anda por ahí un acertado Toby Jones y una esforzada Elizabeth Olsen (ya sabemos cuál de las hermanas se llevó el talento) que hace lo que puede con su, simplemente esbozado, personaje.




Como he dicho al principio, no todo es perfecto en Red Lights. A pesar de que el trabajo de Cortés es muy profesional en líneas generales, hay algunas taras que restan entereza al conjunto de la obra. Hay a lo largo de todo el metraje una sensación que en ocasiones hace que el espectador se dé cuenta de que nos encontramos en manos de un director que está de visita en el cine norteamericano, como mostrando cierta desubicación espacial en la que el sello del cineasta se ve diluido al menos en su fondo. También choca bastante el cambio radical de planificación de tomas y montaje que sufre el largometraje en al escena de la paliza en el cuarto de baño, que por muy bien coreografiada que esté parece fuera de lugar con respecto a la elagancia formal de la que había hecho gala el proyecto hasta ese momento, Por suerte el excelente clímax final quita ese leve mal sabor de boca con su poderosa resolución.




La tercera cinta de Rodrigo Cortés merece la pena y a mí al menos me ha dejado considerablemente satisfecho, porque sus hallazgos solapan sus mínimos fallos, porque cuando Cortés parece que ha transitado caminos mil veces vistos con un simple juego de manos nos dice que no, que nada es lo que parece, como en una de las sesiones de ilusionismo de sus personajes. Finalmente descubrimos que el cineasta no sólo no jugaba con cartas marcadas, sino que en un momento del film cogió su as en la manga nos lo puso en la cara y ni nos dimos cuenta o al menos yo no lo hice.




Lo cierto es que con eso tengo suficiente. Luces Rojas me hace disfrutar de casi dos horas de cine bien dirgidio, interpetrado y sobre todo escrito. Incluso esa vuelta de tuerca final me parece tan buena, tan acertada e interesante que no llega ni a molestarme que una vez más, los descreidos (sí, soy uno de ellos y por motivos practicamente idénticos a los del personaje de Margaret en el film con respecto a su hijo) volvemos a ser (en cierta manera) desacreditados por la maquinaria cinematográfica. Pero este film lo hace con tanto estilo y elegancia que finalmente me dejo llevar, porque me doy cuenta de que el verdadero mago es el mismo Rodrigo Cortés y eso ya me confirma, satisfactoriamente, que ha merecido la pena el viaje.