domingo, 30 de septiembre de 2012

Hellblazer, de Jamie Delano


Guión Jamie Delano
Guionistas Invitados Grant Morrison, Neil Gaiman y Dick Foreman
Dibujo John Ridgway, Brett Ewins, Jim McCarthy, Alfredo Alcalá, Richard Piers Rayner, Mark Buckingham, Mike Hoffman, Ron Tiner, David Lloyd, Dave McKean, Kevin Walker, Sean Phillps, Steve Pugh, Dean Motter, Mark Pennington.





John Constantine debutó como personaje en 1985 dentro de la mítica etapa de Alan Moore con el no menos célebre personaje Swanp Thing en el sello de DC. En el número 37 de dicha coleccíon hacía por primera vez su aparición ese mago de origen británico con gabardina, melena rubia y siempre fumando que acabaría convirtiéndose en un icono de la casa de Superman y Batman en general y del futuro subsello Vertigo en particular. El personaje fue creado por el mismo Moore y los dibujantes Steve Bissete y John Totleben inspirándose en la imagen que el cantante inglés Sting tenía por aquel entonces. El rol gustó tanto que no tardó en ganarse una serie propia titulada Hellblazer (en un principio iba a llamarse Hellraiser, pero el novelista Clive Baker se adelantó) la más longeva serie de Vertigo y por la que han pasado algunos de los mejores autores del mundo del cómic actual.





Para que John Constantine diera sus primeros pasos como personaje en solitario el mismo Alan Moore recomendó a su amigo el guionista Jamie Delano a los jefazos de DC. Delano por aquel entonces era un autor británico practicamente desconocido. Suya sería la misión de encauzar las primeras andanzas protagónicas del mago e intentar conectar con un público que se enfrentaba a un personaje que había debutado con buen pie en el mundo del cómic pero del que se sabía más bien poco. El autor de Animal Man  escribió los 40 primeros números de la colección, cediendo su pluma a guionistas que en muy puntuales ocasiones dieron su visión del personaje. Estos fueron Grant Morrison en los números 25 y 26, Neil Gaiman en el 27 y Dick Foreman en el 32.




La etapa de Jamie Delano en Hellblazer es importante por varios motivos, pero el principal y más importante es que en ella se asentaron las bases de la personalidad y el microcosmos del personajes creado por Alan Moore. El guionista se aseguró de definir bien el carácter de John Constantine, retratándolo como un pseudomendigo fumador y siempre con gabardina que contrastaba un talento prodigioso con la nigromancia y los rituales de lo sobrenatural con una humanidad realista que lo hacía mostrarse en numerosas ocasiones como un cobarde egoísta que usaba a sus amigos de manera rastrera en su propio beneficio. La imperfección de John lo hacía un personaje cercano e identificable cuando Delano se centraba en su lado más mundano, porque como rol poseía algunas de las virtudes y todos los fallos que hacen al ser humano lo que es.





Pero sí hay algo que marcó a fuego Jamie Delano en su etapa y eso se deja ver sobre todo en los primeros pasos de la misma es el origen de clase obrera de John Constantine y un matiz de alegoría política con todo lo relacionado con lo demoniaco en la colección. Al igual que otros escritores de cómic ingleses de la época al autor de Hellblazer no le hacía ninguna gracia el mandato político de la por aquel entonces primera ministro de Gran Bretaña. Margaret Tatcher. Esclarecedor es el capítulo Vamos a Por Ello en el que se hace un divertido juego de espejos en el que se nos plantea que la victoria del partido conservador inglés beneficiaría económicamente a los seres diabólicos que habitan el averno. Número lleno de mala baba y bastante saña por parte de Delano del que guardo un grato recuerdo. Según las malas lenguas esta lectura comprometida social y política en el grueso de su obra es la que ha hecho que el guionista británico sea cada vez menos requerido por las grandes editoriales del cómic, un caso parecido (incluso ideológicamente) al de la interesante Ann Nocenti.




Delano se hace fuerte como autor cuando utiliza la introspección con John Constantine, muy bien cuando narra en primera persona, pero mucho mejor cuando lo hace en tercera. El guionista nos sumerge en los pensamientos retorcidos de su criatura rodeando todo su entorno y atmósfera de un tono deudor de la literatura beat o la contracultura. En ese sentido encontramos otra de las virtudes estilísticas del escritor, cuando, por poner un ejemplo, nos cuenta una historia que parece salida de la misma mano del novelista William S. Burroughs mientras el carácter y comportamiento de Constantine como rol lo emparenta al derrotismo mundano de Charles Bukowski. Por otro lado el creador de Outlaw Nation se muestra como un conocedor de las artes cabalísticas y los rituales espiritistas así como del tarotismo y sabe dar un tono psicotrópico a muchas de las aventuras del bueno de John que lo emparentan en ocasiones a las de Grant Morrison.




Durante estos 40 número conocemos en profundidad a personajes secundarios memorables como Zed, que llegará a convertirse en amante de John para luego "evolucionar" en algo superior. Al grupo de post hippies en el que se encuentran Marj y su hija Mercury (que se tornará como protagonista y núcleo central, en el sentido argumental, en algunos números debido a sus poderes psíquicos) o Errol o por otro lado los antiguos amigos de John (Ben, Lester, Ritchie) que tomaron parte en el importantísimo hecho de New Castle, del que nos dan pistas en el primer arco de la colección y que conoceremos en el segundo (en el memorable número Newcastle: Una Muestra de lo que Está por Venir) que forjaría en gran parte el carácter irónico, taciturno y oscuro de Constantine y cuya sombra recorrerá toda la etapa de Delano.




Aunque para un servidor posiblmente lo mejor de la etapa de Delano en Hellblazer está en el principio de la misma (en la que el protagonista se enfrentaba al demonio Nergal) o puede que en los 20 primeros números, hay arcos argumentales memorables a lo largo de todo su trabajo en la colección. El arranque es esclarcedor en lo que a apuntalar la personalidad del protagonista se refiere, los números Hambre y Un Festín de Amigos sirven para que veamos que John es en ocasiones un cabrón que no dudará en ofrecer en sacrificio a un amigo de toda la vida. También son destacables la crítica anribelicista de Cuándo Johnny Llegó Desfilando a Casa, la ahora anticuada pero en su momento rompedora trama sobre informática y realidad virtual de El Alma de la Máquina, la surrealista reivindicación ecologista de En la Playa. el juego metatextual literario de Por Delante de la Vida y una de mis historias favoritas, la del  atípico asesino Hogareño y que sería la últma realmente grande del guionista en la colección. En cambio el largo arco de La Máquina del Miedo no me parece tan remarcable, aunque tenga sus virtudes.







Como ya he comentado dentro de la etapa de Delano el autor se tomó unos efímeros descansos de la colección cogiendo las riendas del libreto tres guionistas invitados. El primero fue el escocés Grant Morrison, una de las personalidades más importantes y polémicas del mundo del noveno arte, que escribió dos números que formarían un sólo y breve arco, el 25 y el 26, títulados Pimer Aviso y Cómo Aprendí a Amar las Bombas y que tenían como protagonista un extraño y macabro desfile callejero en el que el de Glasgow añadía algunas de sus constantes autorales como la obsesión con las armas nucleares que le inculcó su maniático padre, rematado el conjunto con el siniestro trazo de David Lloyd que en ningún momento deja de recordarnos a esa obra maestra que es V de Vendetta. Tras estas dos entregas y antes de que el escritor original volviera a la colección Neil Gaiman nos regaló Abrázame, sin lugar a dudas una de las mejores historias con el personaje como protagonista que atesora algunos momentos de emotividad inolvidables que muestran a Constantine más vulnerable que nunca gracias también a la ayuda del  dibujo de un gran Dave McKean (Batman: Arkham Asylum). Más tarde, cuando a Delano no le quedaba mucho en la colección otro número suelto (el 32) cayó en las manos de Dick Foreman (Black Orchid) que escribió el tibio y poco interesante relato Trucos Nuevos, protagonizado por una especie de enorme Bulldog mafioso que era un poco insulso.




A modo de profecía ese olvidable número de Dick Foreman marcaría la llegada de cierta decadencia a la colección. A Jamie Delano se le acababan las ideas, abusaba de caminos transitados y recurría demasiado regularmente a la retótica dando vueltas sobre las mismas ideas, no hay más que ver el bastante rebuscado arco del carnicero que daba buenas muestras de que el guionista ya había contado practicamente todo sobre  el personaje. Pero eso no impidió que por el camino nos regalara los números que nos relataban a modo de flashbacks la infancia de John, el relato secreto de su hermano o que se despidiera de la colección con ese último número a modo de homenaje y tributo hacia el carácter (sobre)humano de Constantine, una vez más con un Dave McKean bastante inspirado con el lápiz. Hilando fino ya me meto brevemente con el trabajo muy eclétcito de los dibujantes de la colección entre los que un servidor destacaría a John Ridgway que marcaría el estilo del cómic en sí, el trazo tenebrista de Jim McCarthy, la línea limpia de Alfredo Alcalá, el tono rústico (adecuado para los números que ilustró) de Dean Motter o e trabajo de un Sean Murphy dando sus primeros pasos y que poco tenía que ver por aquel entonces con el artista que ahora nos regala joyas como Joe el Bárbaro o American Vampire: Selección Natural.




La etapa de Jamie Delano no es ni la mejor de Hellblazer, ni la más recordada ya que tras su trabajo en la colección otros autores importantes en el medio como Warren Ellis, Brian Azzarello o Andy Diggle darían su visión del nigromante de Liverpool. Es más, justo cuando el británico dejó la colección se hizo con ella un por aquel entonces poco conocido Garth Ennis que alejó un poco a Constantine de lo sobrenatural para ponerle los pies, de manera brutal, en la tierra y regalarle uno de los arcos argumentales más importantes de su historia. Ese Hábitos Peligrosos que en pocos números superaba a todo lo escrito previamente por Delano y que por desgracia sería tomado (de manera lejana) como base para la terrible adaptación cinematográfica que la Warner Bros hizo con un imposible Keanu Reeves como protagonista. Pero guardo especial cariño al run del bueno de Jamie en Hellblazer. Es una etapa memorable en algunas ocasiones, anticuada a día de hoy en otras tantas, pero tiene personalidad, encanto y sirvió para que tomáramos contacto con un personaje que lleva casi 25 años ofreciéndonos historias memorables y siendo el estandarte de un sello como Vertigo, que en su momento fue mítico pero por desgracia hoy no vive su mejor momento.



2 comentarios:

  1. Yo tuve el otro día la oportunidad de leer el primer volumen de la cosa del pantano de la etapa de Alan Moore... Que cosa más grande.

    También me leí el primer tomo de escuadrón 10, c-10, o algo de diez. El talento esta ahí, pero no termina de ser recomendable

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  2. Yo de la etapa de Alan Moore en Swamp Thing sólo he leído números sueltos, pero sí, la cosa pintaba enorme, según todo el mundo lo es, algún día me haré con ella.

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