domingo, 30 de octubre de 2011

Los Chicos del Maíz, he who walks behind the row




Título Original Children of the Corn (1984)
Director Fritz Kiersch
Guión George Goldsmith basado en el relato corto de Stephen King
Actores Peter Horton, Linda Hamilton, John Franklin, Courtney Gains, Robby Kiger




En el año 1984 no eran pocas ya las adaptaciones cinematográficas que se habían realizado de novelas o relatos del escritor norteamericano nacido en Maine, Stephen King. Incluso pesos pesados como Stanley Kubrick (El Resplandor), Brian de Palma (Carrie), David Cronenberg (La Zona Muerta) o John Carpenter (Christine) habían coqueteado, cinematográficamente hablando, con la literatura del novelista de Nueva Inglaterra para llevarla a imágenes, con más o menos éxito.




La hoy día extinta productora New World Pictures estrenó en el ya mencionado año un modesto film de terror titulado Los Chicos del Maíz, que estaba basado (con bastante fidelidad) en un relato corto homónimo incluído en el magnífico libro El Umbral de la Noche (Nght Shift), que aunaba varias historias de pocas páginas del autor de Maine entre las que también se encontraban las que más tarde servirían de base para otras adaptaciones cinematográficas como Los Ojos del Gato, El Cortador de Césped o la terrible La Rebelion de las Máquinas (Maximum Overdrive) que supuso el hasta hoy único y horrendo film de Stephen King como director.




Una joven pareja de novios que está de viaje, llega a Gatlin, un pueblo de Nebraska aparentemente deshabitado. Nada más alejado de la realidad, ya que por medio de la influencia psicológica de Isaac un niño fanático religioso que rinde tributo a una supuesta entidad que habita en los maizales de la localidad con la ayuda de Malachai, su brazo derecho, todos los infantes de Gatlin se encuentran bajo su yugo siendo incitados a asesinar a todos los adultos del lugar incluyendo a estos dos forasteros que vienen a invadir y alterar su peculiar estilo de vida.




Los Chicos del Maíz es pura y genuina serie B. Un film mediocre que conoce todas sus limitaciones como subproducto de terror creado por y para entretener a un espectador que se enfrentará a él sin pretensiones o sin pedirle muchas exigencias cinematográficas. Por suerte la misma naturaleza modesta del proyecto le permite revelarse como una cinta competente que consigue ser una interesante muestra de cine de género de bajo presupuesto pero llevada a cabo con bastante oficio.




Buena muestra de esa profesionalidad se deja ver en el magnífico arranque del film, posiblemente el mejor pasaje de todo el largometraje. El flashback que narra la matanza de aldeanos en la cafetería es un acierto de escueta puesta en escena, virulencia no muy explícita pero psicologicamente impactante y un uso magnífico de la apocalíptica banda sonora de Jonathan Elias que recuerda considerablemente a la de Jerry Goldsmith para La Profecía (The Omen) de Richard Donner.




El hoy olvidadísimo y en su momento poco conocido realizador Fritz Kiersch ejerce aquí de competente artesano y gracias a ello consigue sacar adelante un film que incluso llega a transmitir una sensación claustrofóbica y desasoseguante bastante considerable. Aprovecha la solvencia de sus dos actores principales, un Peter Horton pre Trentaytantos y una Linda Hamilton que ese mismo año llegaría al éxito con otra cinta bastante humilde dirigida por un semidesconocido canadiense llamado James Cameron y que supondría todo un sleeper llamado Terminator.




Pero también sabe sacar partido de unos actores no profesionles, niños y adolescentes en su mayoría, que no son genios de la intepretación precisamente. Destacando el extraño carisma de Isaac (una especie de Joselito americanizado) y la amenazante presencia física de Malachai, actores estos dos que quedaron marcados de por vida por estos roles y en el caso del primero, John Franklin, volviendo a interpretarlo al cabo de bastantes años en una de las secuelas de la obra que nos ocupa, titulada Los Chicos del Maíz 666: El Regreso de Isaac.




Hay varias escenas en Los Chicos del Maíz que no olvidaré nunca y no porque me marcaran en manera alguna debido a que la primera vez que vi la cinta era un adolescente seguidor de los relatos de Stephen King que también buscaba con avidez films basados en sus novelas, sino porque cinematográficamente me transmitían ciertas sensaciones, bastante primarias, pero fruiciosas en todo caso. El ya mencionado inicio, los títulos de crédito con los dibujos de Sarah que sirven a modo de previously con todo lo ocurrido en el pueblo, al asesinato entre los maizales, el atropello del coche, la crucifixión de Vicky o la llegada de "El que camina tras detrás de la hilera" durante la noche.




La película fue un éxito considerable (a pesar de que el mismo Stephen King la machacó a base de bien) pero tuvieron que pasar 8 años para que llegara la secuela. La buena acogida de la misma dio pie a una saga de hasta ocho entregas y un remake televisivo más o menos reciente de la cinta que nos ocupa, la primera, la más modesta y sin pretensiones que adaptaba con bastante fidelidad (aunque el final es distinto) un buen relato del escritor de Maine que nos hablaba del fanatismo y radicalismo religioso asentado en la América más profunda desde un punto de vista alegórico dentro del género fantástico y de terror.


viernes, 21 de octubre de 2011

La Cosa (2011)



Título Original The Thing (2011)
Director Matthijs Van Heijningen Jr
Guión Eric Heisserer, Ronald D. Moore basado en la historia de John W. Campbell Jr
Actores Mary Elizabeth Winstead, Eric Christian Olsen, Joel Edgerton, Jonathan Walker, Dennis Storhoi, Kim Bubbs, Stig Henrik Hoff




Remake con falsa piel de precuela de otro remake, el que John Carpenter realizara en 1982 de El Enigma de Otro Mundo (The Thing From Another World) film producido por Howard Hawks y dirigido por Christian Niby en 1951 sobre una expedición científica en la Antartida que da con un alienígena congelado que al ser liberado se revela como una criatura capaz de mimetizarse y usuarpar cuerpos humanos para ocupar su lugar mostrándose finalmente como una amenaza mortal que si llegara a la civilización podría suponer una plaga a nivel mundial del todo catastrófica.





Esta precuela busca una excusa mínima (una joven palontóloga americana es contratada por una expedición noruega para investigar una especie desconocida encontrada en la Antártida) para repetir pobremente todas las contantes y aciertos de la cinta de John Carpenter para dar forma a un producto que no deja de ser un claro ejemplo de cine de usar y tirar que poco tiene que ver con las producciones comerciales que se hacían en el Hollywood de los años 80 para el gran público.




Volvemos a tener a un grupo de científicos encerrados en una expedición polar. De nuevo tenemos una amenaza alienígena con la capacidad de sustituir a cualquiera de los seres humanos que se encuentran en el lugar y una vez más tenemos esa sensación de claustrofobia, amenaza constante y tensión palpable. Pero todo está peor acabado, el artifico toma forma y quita consistencia a lo realista, lo terrenal. Esto que comento es lógico cuando sustituimos a un maestro (actualmente en horas muy bajas) como John Carpenter por un debutante realizador de los Paises Bajos que sólo cumple con su cometido de artesano al servicio de una producción norteamericana de cierta importancia.




El medido tempo narrativo deja paso a la inconsistencia argumental. La dirección de acero al simple cumplimiento en la realización. La originalidad al hastío y el estereotipo vulgar (americanos listos que avisan de posible amenaza a estúpidos, amenazantes y borrachos noruegos). Un adusto Kurt Russell es sustituido por una guapa Mary Elizabeth Winstead como improbabilísima paleóntolga o escenas míticas como la de la prueba de los análisis de sangre son descartadas en beneficio de una odontológica que tiene tanto de estúpida como de inviable.




Pero lo peor y donde más se nota que no hablamos del mismo tipo de cinta, ni siquiera del mismo tipo de cine (quedando patente que nos referimos a dos épocas bien distintas dentro del séptimo arte) es en el apartado de los efectos especiales. El frío y artificioso pixel ocupa el lugar del epdiérmico y plapable látex y a pesar de que en esta ocasión la criatura se mueve a velocidades demenciales arrastrándose por suelos, escalando paredes o adheriendose a techos, nunca transmite más ameneza que la que pudimos ver creada por Rob Bottin, Stan Winston y compañía en la versión de 1982.




Finalmente y ya en el clímax descubrimos lo que nos temíamos y viene siendo moda dentro del Hollywood de hoy en día. A nadie en la meca del cine le importa el espectador o el fan de la anterior cinta (o de la original de 1951), ya que no es hasta que finaliza esta precuela, ya en los títulos de crédito, que se unen de manera pobre y precipitada las dos versiones, la de 1982 y esta de 2011. Una vez más el vil metal triunfa y nos venden un producto como lo que no es y que realmente no aporta nada al anterior largometraje o peor aún, en el plano cinematográfico.




La Cosa 2011 es una entretenida fast food cuya personalidad es tan inexistente, logros tan escasos (¿realmente hay alguno?) naturaleza tan descarada y misión tan triste (sacar dinero impunemente ofreciendo más bien poco a cambio) que ni a indignarnos nos incita. Ya que la cinta de Matthijs Van Heijningen Jr es tan poca cosa que ni perjudica a la entrega de John Carpenter y puede obviarse totalmente como película. Curiosamente de lo que sí es testimonio es de que en los 80 sí se hacía cine comercial para agradar al espectador, de manera diametralmente opuesta a lo que se hace en la actualidad. Algo preocupante debe haber con un largometraje como el que nos ocupa cuando lo que más me agrada del mismo es el chiste que cuenta uno de los noruegos al empezar el metraje. Tiene huevos La Cosa


La Cosa




Título Original The Thing (1982)
Director John Carpenter
Guión Bill Lancaster basado en la novela de John W. Campbell
Actores Kurt Russell, Wilford Brimley, David Clenon, Richard Dysart, Donald Moffat, Richard Masur, Keith David




En 1982 y tras tres de sus mejores films como fueron La Noche de Halloween, La Niebla y 1997: Rescate en New York el director norteamericano John Carpenter decidió dirigir el remake de un largometraje de los 50 con producción de su admirado Howard Hawks y dirigida por el televisivo realizador Christian Nyby, El Enigma de Otro Mundo (The Thing From Another World). El resultado fue uno de sus trabajos más conseguidos, una joya de culto dentro del cine fantástio y de terror que un servidor pudo visionar el pasado día 20 en gloriosa pantalla grande gracias a la precuela de recientísima factura, en una sesión doble al más puro estilo Grindhouse.




The Thing narra como un grupo de investigadores americanos aislados en la Antartida reciben la inesperada y hostil visita de un helicóptero de origen noruego que abre fuego indiscriminadamente contra un perro al que está dando caza. Los protagonistas se ven en la obligación de reducir a los invasores. Más tarde descubriremos que el animal porta en su interior una criatura extraterrestre multiforme y mimética que supondrá una amenaza mortal para los personajes principales.




La Cosa tiene como principal constante autoral del director de Asalto a la Comisaría del Distrito 13 pertenecer en espíritu y casi estructura a un género cinematográfico muy concreto. Por encima de todo y por enésima vez, aunque no ultima, la sombra del western es omnipresente a lo largo de todo el metraje en una cinta de John Carpenter. Hasta la presencia de un poco inspirado Ennio Morricone componiendo la banda sonora del film que nos ocupa en esta entrada nos remite a ese tipo de celuloide.




Dicha idea fija y bien asentada en su personalísima impronta tuvo su eclosión total en la genial Vampiros, probablemente lo más cerca que ha estado John Carpenter de ese tipo de largometrajes que tanto idolatra. En The Thing tenemos hombres aguerridos, duros, de personalidades fuertes y comandados por un Kurt Russell entre su Snake Plissken y un Franco Nero americanizado que hará de lider aún siendo cuestionado por varios de sus compañeros de fatigas. Se antoja imposible no pensar en films como Río Bravo del ya mencionado Howard Hawks viendo esta producción de 1982.




La tensión, el hermetismo y la claustrofobía están medidas con escuadra y cartabón por un John Carpenter que sabe sacar provecho de una localización escasa y unos parajes helados (localizados en Alaska) o de un reparto de actores que no dejan de ser estereotipos pero tienendo todos ellos personalidades propias y definidas. Por otro lado tenemos unos efectos especiales del todo artesanales y magníficos para la época, que marcaron un antes y un después dentro del género de ciencia ficción pre CGI.




Posiblemente en La Cosa se encuentre el mejor uso que se ha dado en la historia del cine al látex. La criatura alienígena es mostrada como un engendro aberrante, terrorífico y multiforme cuya estructura corporal no parece seguir un patrón lógico. Todos sus tentaculos, patas, cabezas, lenguas o globos oculares dan composición al mismo caos en forma corporea, mostrándose como una sobredimensionada visión de la nueva carne acuñada por David Cronenberg y dejando al espectador impactado ante la visión de semejante entidad del todo inhumana cercana al ideario lovecraftiano.




Sirviendo incluso sus facultades miméticas y de adaptación (recordándonos también a los Ladrones de Cuerpos de Don Siegel y Philip Kauffman) como catalizadoras de una destrucción y manipulación de la personalidad humana (la de los protagonistas) llevada a límites de verdadera y pura paranoia. Por no mencionar que su sola presencia da lugar a escenas gore tan bestiales que por aquel entonces era casi imposible encotrarlas fuera del cine marginal o de serie Z. En resumidas cuentas, a pesar de lo aparatoso del monstruo del film (creado entre otros por dos expertos como Rob Bottin y Stan Winston) el mismo siempre está al servicio de la historia y no al revés.




En su momento el film fue un fracaso en taquilla (Universal tuvo la feliz idea de estrenarlo una semana después de ese otro alienígena devorador de taquillas que respondía al nombre de E.T.) y masacrado por gran parte de la crítica especializada. Hoy día no sólo es uno de los trabajos más sólidos y recordados de John Carpenter, también es un remake ejemplar, un clásico dentro de su género y el largometraje por cuyo complicado rodaje su director contrajo un cáncer de piel que le dura hasta nuestros días.




La Cosa es una pieza de orfebrería de incalculable valor, un film ejemplar sobre como crear magnífico cine de género en su máxima expresión. Un largometraje magistral que debería de utilizarse en las escuelas de cine para que sus alumnos contemplen lo que es ofrecer pureza cinematográfica (puesta en escena, tempo narrativo, colocación de la cámara, uso pordigioso del scope, ajustada dirección de actores) al servicio del entrenimiento puro y duro.




Desde mi punto de vista siempre he echado de menos en ella ese toque más irónico y crítico que Carpenter ha destilado en otros films. Pero como producto cinematográfico no puedo negar su genialidad, su fiereza, su influencia en muchos films posteriores, que escenas como la del perro, la del desfibrilador, la de la sala de recreo con los actores atados en el sofá o la de las pruebas de sangre están grabadas a fuego en mi retina por los restos de los restos o que la reciente precuela es tan entretenida como indigna e innecesaria. Pero de esto último hablaré más adelante y a su tiempo.


miércoles, 19 de octubre de 2011

Entrada 500



Entrada número 500 de este vuestro blog, Transgresión Continua. Más de dos años ya hablando, sobre todo, de cine, pero también comentando cómics, algunos libros y música lo menos (intentaré recuperar secciones y crear unas nuevas). Pero bueno, mi principal misión siempre fue hablar de películas en este sitio y eso pienso que lo estoy cumpliendo como buenamente puedo. Sobre todo porque trato de ser ecléctico con los gustos y trato de ver todo tipo de cintas para luego comentarlas aquí. Unas veces con más acierto, otras con menos, pero siempre (o casi siempre) con muchas ganas y animado por ver que cada vez sois más lo que me leéis y eso indudablemente incita a seguir adelante.




Lo que en principio fue creado como un invento (poco original, todo hay que decirlo) para que lo leyeran un grupo reducido de personas y allegados hoy día es un sitio en el que me gusta desahogarme y escribir aquello que no puedo comentar con cualquier individuo próximo a mí (comprendo que puedo ser muy pesado hablando de qué buena es la última de Terrence Malick o lo que me ha gustado el último de Alan Moore) para que me lean un humilde, pero fiel, grupo de seguidores a los que considero amigos en cierta manera.




Ahora debería dar un adelanto sobre lo que que voy a escribir en un futuro próximo, pero luego siempre hay cambios de planes y cumplo menos que un político después de época de elecciones. De lo que si puedo decir que hablaré será de las últimas de David Cronenberg (A Dangerous Method), George Clooney (The Ides of March) Clint Eastwood (J. Edgar), Joss Whedon (The Avengers), Christopher Nolan (The Dark Knight Rises), Roman Polanski (Carnage) o David Fincher (Millenium I: The Girl With the Dragon Tattoo) entre otras. Mañana incluso me voy al preestreno de la precuela de La Cosa, porque en mis multicines van a hacer sesión doble poniendo antes de esta, y por el precio de una sola entrada, la versión de John Carpenter, idea que me hace muchísima ilusión.




Pues nada muchachos, esto sigue, yo aún tengo ganas y aunque haga parones (como este mes, que no me he animado hasta la mitad del mismo) seguiré actualizando con regularidad y hablando tanto de estrenos actuales como de films de antaño, no lo dudéis. Finalmente sólo daros gracias a los todos los que me leeis, tanto a los que me dejáis algo por escrito cuando os enfrentáis a uno de mis tochazos como a los que me seguís entre las sombras y en silencio, que sé que sois unos cuantos. Nos vemos por aquí.



domingo, 16 de octubre de 2011

Melancholia, this is the way the world ends, not with a bang but a whimper




Título Original Melancholia (2011)
Director Lars Von Trier
Guión Lars Von Trier
Actores Kristen Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Charlotte Rampling, Alexander Skasgard, Stellan Skasgard, Udo Kier, John Hurt, Brady Corbet




Unas bellísimas imágenes evocadores de un acabado pictórico poderoso y exultante, envueltas por la magnificencia de la ópera Tristán & Isolda del alemán Richard Wagner (exquisita obra musical cuyo preludio por desgracia es explotado hasta el hartazgo a lo largo del film) abren la última obra del excéntrico y genial director danés Lars Von Trier. En ese momento todavía no lo sabemos, pero dichos planos (o la mayoría de ellos) en slow motion están localizados a lo largo del metraje de Melancholia, el duodécimo largometraje de este autor tan sobrado de talento como de estupideces extracinematográficas.




Mientras se lleva a cabo en la suntuosa mansión de una familia de burgueses una boda celebrada por todo lo alto con cientos de invitados, dudas, inconvenientes y medias verdades, un planeta llamado Melancholia parece acercarse a la Tierra dando pie a una posible colisión entre los dos cuerpos celestes. Tras la boda, Justine, su hermana Claire, el marido de esta y el hijo de ambos, esperan la llegada de Melancholia entre fascinados y temerosos por no saber a ciencia cierta si pasará de largo o dará pie al fin de nuestro mundo tal y como lo conocemos.




Por culpa de unas innecesarias declaraciones de su director durante el pasado festival de Cannes, que también fueron estupidamente sobredimensionadas y malentendidas tanto por la prensa especializada como por los mismos organizadores del certamen, Melancholia quedó en un triste segundo plano, cuando se supone que debía ser el centro de atención en lo concerniente a la obra cinematográfica de Lars Von Trier. Una pena, porque el revuelo montado con la supuesta filiación nazi del danés y su improbable admiración hacia Adolf Hitler eclipsaron (nunca mejor dicho) los logros de su última cinta, que son muchos y considerablemente valiosos.




Melancholia está dividida en dos partes (algo habitual en el director de Rompiendo las Olas lo de construir sus films por medio de episodios) las mismas se centran en Justine y Claire, las dos hermanas protagonistas de la obra cinematográfica. En la primera parte podemos ver el lado más Von Trier ceñido al tratado Dogma 95 (las similitudes con Celebration de su compañero y amigo Thomas Vinterberg son notorias) cuando el de Copenhague retrata una celebración marital de un patetismo e incongruencia notable al hacernos testigos de que la novia tiene series dudas sobre su futuro en pareja. El fresco que Von Trier hace de este ritual es sutilmente irónico, acentuando todo lo que, según él, hay de pueril e inane en su interior.




En la segunda parte, tras la boda, el amigo Lars realiza un retrato intimista y decididamente desesperanzado sobre las diferentes vertientes de la compleja psicología del ser humano. Por un lado tenemos a una Justine que tras los hechos acontecidos en su boda parace haber tomado un rol mesiánico, como de deidad cruel e insensible. Claire se muestra temerosa, llena de dudas y miedos por la posible llegada y colisión de Melancholia con la tierra, que acabaría con todo rastro de vida humana. John, el marido de Claire, es un hombre de ciencia que confía en estadísiticas y que mantiene la calma entre fascinado y tranquilizador por estar seguro de que no sucederá tal choque entre los planetas. Por último Leo, el pequeño hijo del matrimonio que representaría una vida tempranamente truncada si este apocalipsis global llegara a tener lugar.



Lars Von Trier suele crear un cine de una pureza dolorosa, cristalina y arrebatadora. Melancholia no es la excepción a esa regla. Su último film, que en sus primeros pasos recuerda tanto a Kubrick como a ese Tarkoviski al que buscó (sin encontrarlo), en la tan desconcertante como fascinante Anticristo, es un maravilloso poema nihilista y misántropo sobre la existencia y huella del ser humano en la tierra. Contrariamente a lo que suelen mostrar otros films sobre catástrofes nada hay aquí de caos, calles infestadas por ciudadanos huyendo hacia ninguna parte o gobiernos sádicos intentando controlar a la marabunta desatada.




El autor de Europa prefiere contar una historia mínima por medio de pocos personajes que representan a una clase social muy determinada y que afrontan su destino entre el horror, la resignación y la indiferencia. Todo ideado con una fuerza visceral localizada en el paraje mas mundano y aislado posible, sin estridencia o sensacionalismo alguno. Esos cuatro roles sirven de termómetro generalizador para analizar como afrontarían distinto tipo de personas un posible fin de los días. Debido en gran parte a ese talento innato que tiene el danés para retratar lo mejor y lo peor que habita en nosotros mismos.




Una vez más los actores lo dan todo por este cineasta que sabe expirimr a sus intérpretes hasta dejarlos exhaustos. Kristen Dunst se entrega en cuerpo y alma (en un papel que en principio iba a intérpetar nuestra Penélope Cruz, pero que finalmente rechazó, para su desgracia) como nunca antes lo ha hecho para dar vida a este personaje de nombre sadiano que pasa de transmitir una falsa felicidad en la primera parte del film a dejarse llevar pos sus instintos (en ocasiones cuasi divinos en su propia alegoría, como ya he comentado) en la segunda. Charlotte Gainsbourg una vez más y al igual que en Anticristo no interpreta un papel, lo hace suyo y lo aborda desde las entrañas. Ella es, en lo referente al reparto, lo mejor del film.




Pero la grata sorpresa también la da un inspirado Kiefer Sutherland que demuestra que es algo más que el actor que dio vida al inolvidable Jack Bauer en la serie 24. El protagonista de Línea Mortal (Flatliners) compone un magnífico personaje, que mediante su determinación y sistema de valores, sirve como catalizador dramático para controlar las obsesiones del rol de Claire, ya que él tiene la misión de tranquilizar a su esposa con respecto a un supuesto choque con Melancholia. Finalmente su verdadera cara saldrá a la luz y un acto extremo por su parte dará pie al inicio del magnífico clímax de la obra cinematográfica.




Entre los secundarios destacar a habituales dentro de la obra de Lars Von Trier como el alemán Udo Kier (con simpático papel), el sueco Stellan Skasgard haciendo de cabrón como sólo él sabe cuando Von Trier lo lleva de la mano o el inglés John Hurt, que tras poner su voz como narrador en Dogville y Manderlay por fin ejerce como intérprete en una de las obras de este director. Pero también debo nombrar a recién llegados al mundo vontrieriano como Alexander Skasgard, un entrañable Brady Corbet o una irónica Charlotte Rampling. Todos ellos con su momento de gloria, pero eclipsados por el trío protagonista y sobre todo por las dos magníficas hermanas ya mencionadas previamente.




Para el que suscribe, Melancholia supone el enésimo triunfo de uno de los autores más interesantes, personales, engreídos e irascibles del cine contamporáneo. Lars Von Trier ha encontrado belleza en el terror, poesía en un fin de ciclo existencial, magnificencia en lo perecedero y ha creado otra de esas obras que dejan al espectador tocado en más de un sentido tras su visionado. Se confirma que este señor sigue sumido en una extraña depresión, eso o que su visión del mundo se vuelve cada vez más descorazonadora pero también por ello pardójicamente lírica y hasta bella. Veremos hacia donde se encarrila la carrera de este suicida artístico que tiene los cojones tan grandes como larga su bífida y descontrolada lengua cuando le ponen un micrófono delante.


sábado, 15 de octubre de 2011

Mientras Duermes




Título Original Mientras Duermes (2011)
Director Jaume Balagueró
Guión Alberto Marini
Actores Luis Tosar, Marta Etura, Petra Martínez, Alberto San Juan, Carlos Lasarte, Pep Tosar, Amparo Fernández, Oriol Genis, Iris Almeida




Tras las dos entregas de [·REC ] rodadas al alimón con su amigo Paco Plaza y antes del estreno de las otras dos secuelas (Génesis y Apocalipsis) que darán forma a una tetralogía que supuestamente cerrará la célebre y exitosa saga, el catalán Jaume Balagueró ha estrenado una modesta cinta que sin lugar a dudas será, en un futuro, clave para entender la evolución de su discurso cinematográfico. Para el que suscribe uno de los más interesantes del panorama internacional dentro del género fantástico y de terror.




César es el portero de un edifico de apartamentos en un barrio barcelonés. Aparentemente es un profesional en su trabajo, parece estar pendiente de todas y cada una de las necesidades de los inquilinos y no duda a la hora de ponerse a disposición de los mismos cuando sus servicios son requeridos. Pero detrás de la sonrisa y los buenos modales del conserje parece esconderse algo muy oscuro, que habita oculto pero latente en su psique y que saldrá a la luz totalmente cuando conozca en profundidad a Clara, una joven y risueña jovencita que vive en el bloque.




Desde su magnífica ópera prima Los Sin Nombre, con la que adaptaba una novela del escritor birtánico Ramsey Campbell, el español Jaume Balagueró se ha labrado no sólo un nombre internacional como director de cine de terror, también ha conseguido depurar un estilo propio (que nació en sus oscurísimos y viscerales cortometrajes Alicia y Días Sin Luz) como narrador que normalmente se percibía, mayormente, en el plano exterior de sus trabajos, ya fuera en el uso nervioso de la cámara, una utilización atmosférica del montaje o por medio una fotografía siniestra, dándole a sus productos un tono entre tenebroso y post industrial.




Pero por primera vez (o por lo menos desde su ya mencionado debut en el mundo del largo, que aunaba ubicua personalidad en fondo y forma) parece que Balagueró ha conseguido algo inusual y muy atípico, no sólo dentro de nuestro cine, sino también en lo que a la madurez de autores cinematográficos se refiere, no evolucionar (eso vino con aquella cinta de transición llamada Frágiles) sino hacer que su propio discurso, su manera de ver el cine, se apodere del conjunto de la última de sus obras y habite dentro de la misma sin necesidad de utilizar constantes visuales o esteilísticas habituales o propias para mostrarlo en pantalla.




Lo que quiero decir es que Balagueró por primera vez no necesita pasadizos recónditos, piernas ortopédicas, máscaras de gas que dan un matiz inhumano a sus portadores, fantasmas deformes o un ambiente neogótico y sucio para definir el look visual de su film y con ello tratar de dar forma a su interior. Porque esa visión mórbida, cruel, bífida y tóxica que tiene del cine de género de terror por primera vez atraviesa el celuloide y se introduce en la epidermis de su personaje principal, al que borda, como sucede siempre, un Luis Tosar a todas luces inolvidable y sencillamente escalofriante.




César es la quintaesencia del estilo balagueriano de entender el cine. Un ser retorcido, oscuro, de sonrisa envenenada, que necesita de la desgracia ajena para alcanzar una felicidad que siempre le ha sido negada. Un tipo que amarga la existencia de su madre (o quién suponemos es su madre) contándole sus "hazañas", que es capaz de llegar a la tortura ajena con tal de saciar su apetito goloso, que con una sarta de palabras dichas sin inmutarse consigue hundir a una pobre anciana (mi paisana Petra Martínez, con un papel a su medida) o que ve incluso viable el suicidio al no encontrar a gente más desgraciada que él. Porque a pesar de que este conserje parezca la representación pura de la maldad no deja de ser un desgraciado que necesita que los demás sufran más que él para poder seguir adelante con su triste y pobre existencia.




Mientras Duermes es un ejercicio polanskiano (viene a la cabeza inevitablemente El Quimérico Inquilino en numerosas ocasiones a lo largo del metraje e incluso en La Semilla del Diablo) lleno de inquina, mala baba y a veces ironía sobre el lado más oscuro del ser humano, pero no mostrando una personalidad oculta en el fondo de la mente del protagonista sino una desviación psicótica que sale a la luz regularmente, cuando cae la noche y el personaje lleva a cabo sus escarcéos furtivos para destruir la vida de los demás. Su carácter demente aumenta y tiene su clímax en la media hora final del film cuando su afán por hacer daño a Clara (una preciosa y entregada Marta Etura, que para colmo es pareja sentimental de Luis Tosar en la realidad) llega a cotas de locura difíciles de calibrar.




Al igual que Rob Zombie en Los Renegados del Diablo (The Devil's Rejects) Jaume Balagueró logra pervertir su última obra de manera que nos hace cómplices de un enfermo mental con el que, contra todo pronóstico, llegamos a empatizar de alguna manera. Ya que en las muy medidas ocasiones (de pulso hitchcockiano todas ellas) en las que están a punto de pillar in fraganti al protagonista la tensión se hace palpable en el espectador. No sabemos si por miedo a que lo atrapen y deje de realizar sus fechorías o por si al ser descubierto por sorpresa pueda acabar con la vida de su delator. Ahí, en esa ambigüedad transmitida a través de la pantalla es donde se encuentra el mayor acierto de una cinta como Mientras Duermes.




El trabajo de Balagueró es medido y muy seguro de sí mismo. Como ya comenté en su momento tras Frágiles el co director de OT: La Película (sí, no puedo evitar nunca mencionar esta película cuando hablo de este señor) dosíficó sus trucajes de cámara y constantes visuales entregándose a una realización más elaborada y homogenea. Mientras Duermes es la confirmación de la madurez de un Balagueró que como ya he comentado puedo construir una cinta 100% hija de su impronta sin tener que repetir sus señas de identidad en el plano formal del producto porque ya ha solidificado un discurso como narrador total, con sus fallos y sus virtudes, pero de manera cohesionada y poderosa.




A la espera de esa que estrene esa [REC ·] Apocalipsis que supondrá el cierre de la célebre y existosa saga y que le volverá a unir (aunque esta vez no en la dirección, que será exclusivamente suya) a su amigo Paco Plaza, Balagueró ha estrenado posiblemente su película más personal y pura cinematográficamente hablando (aunque mi corazón siempre estará con esa Los Sin Nombre que tan tocado me dejó cuando la vi en pantalla grande allá por 1999). Mientras Duermes no sólo confirma uno de los talentos más singulares salidos de nuestro cine reciente, también sirve como reflejo aterrador la más pulcra y e inherente envidia. Ese pecado capital que el español de a pie a convertido en deporte nacional.