sábado, 30 de abril de 2011

Ovejas Asesinas, the sheeps who stare at men



Título Original: Black Sheep (2006)
Director: Jonathan King
Guión: Jonathan King
Actor: Oliver Driver, Nathan Meister, Tammy Davis, Danielle Mason, Peter Feeney




En el año 2007 llegó a Europa una triste noticia. El proyecto Grindhouse, impulsado por los directores (y amigos) americanos Robert Rodriguez y Quentin Tarantino no había rendido lo esperado en taquilla. Tal hecho dio pie a que en España ambos films, Planet Terror y Death Proof, se estrenaran por separado, decisión que enfadó a gran parte de espectadores. La distribuidora española Manga Films se hizo eco de la noticia y decidió montar su humilde y menos pretencioso Grindhouse.



Esta sesión doble, estrenada en cines, estaba formada por Desmembrados (Severance) y Ovejas Asesinas (Black Sheep). La primera, una entretenida película británica del director Christopher Smith sobre el casual day de una empresa en una casa de campo que acaba en matanza. Una agradable mezcla entre un espisodio de la versión bitánica de The Office y Deliverance, la cruda cinta del inglés John Boorman. La segunda y de la que voy a hablar en esta entrada, toda una obra de culto dentro del gore más cómico y desprejuiciado.



En una granja de Nueva Zelanda un millonario está subvencionando económicamente un experimento cinetífico para conseguir la "oveja perfecta" con fines lucrativos. El hermano del empresario (que padece una fobia enfermiza hacia las ovinos) junto a unos ineptos ecologistas intentará dar al traste con tan inhumana misión y así salvar a los animales de su cruel destino. Este sencillo y disparatado punto de partida sirve para que el guionista y director Jonathan King realice, principalmente y sobre todo, un cariñoso homenaje a la figura del director Peter Jackson, haciendo especial hincapié en sus primeras obras adscritas al subgénero gore.



Black Sheep es un rendido tributo al cine de Peter Jackson y sobre todo a sus dos primeras cintas. La divertida y disparatada Mal Gusto y la genial y excesiva Brainded. Personajes insulsos y granguiñolescos que terminan zombificados. Un uso deformante de la cámara con todo tipo de trucajes por medio de los objetivos. Una simple pero naïf historia de amor en el centro de la trama. Una concepción trivial y muy humorística de los resortes formales referidos al cine gore y una preponderancia de lo abusrdo tan grande que al espectador no le queda más remedio que rendirse a los pies de la obra por su carencia de prejuicios.



El resultado es una divertidísima comedia de terror paródico que consigue algo meritorio y que en principio parece casi imposible. Que esos animales entrañables y cubiertos de lana parezcan, al inicio amenazadores, para más tarde despertar gracias a ello la simpatía de un espectador al que se le escapa la carcajada con sólo ver a los ovinos ocupando el plano sin tener que hacer nada. Ver como un rebaño de ovejas blanquecinas y achuchables devora impunemente a un grupo de empresarios en un día de campo produce una agradable y desenfadada fruición en toda persona que tenga el gusto de ver sin prejucios un largometraje de esta índole.



Pero curiosamente y a pesar de lo caótico del proyecto la cinta no está construida como un producto sin sentido y descerebrado. Hay una inteligente planificación en el rodaje, un buen uso de los escuetos efectos mecánicos y de maquillaje, proporcionados por Weta Workshop. Empresa creadora de los de la saga de El Señor de los Anillos, trilogía también de Peter Jackson a la que se homenajea con el plano del rebaño de ovejas apareciendo velozmente en el horizonte de la pradera. Incluso hay una mirada ácida hacia el capitalismo y la ingeniería genética que utiliza animales como cobayas, pero también a ciertos sectores ecologistas demagogos y poco inteligentes.



Momentos memorables bastantes. La oveja conduciendo el Land Rover, la que hace el placaje al científico, la gigante, la que ataca los protagonistas en la casa, los personajes humanos que son infectados y que también se convierten en ovejas, el momento del discurso con la posterior matanza, la escena post coital con homenaje a Todo lo que Quiso Saber Sobre Sexo Pero Nunca se Atrevió a Preguntar de Woody Allen o la explosión final que arranca la definitiva y más estruendosa carcajada al respetable.



Le tengo un especial cariño a Ovejas Asesinas. Me parece un producto divertidísimo, agradable, gamberro y jodidamente entrañable. Un homenaje, no sólo a un director que hoy parece haber olvidado que dio sus primeros pasos entre litros de hemoglobina, kilos de vísceras, hamburguesas hechas de cerebros y cortadores de cesped utilizados para desmembrar muertos vivientes, sino a todo un subgénero entrañable y reivindicable que hoy está bastante dormido pero que cuando despierta de su letargo nos regala pequeñas y brutas joyas como las que nos ocupa.


miércoles, 27 de abril de 2011

Malcolm in the Middle, god bless this mess



"Lois, escúchame. No conozco a nadie que sea tan bueno como tú. En un montón de ocasiones cogiste a esos monstruos, les retorciste el cuello y les sometiste y no lo hiciste porque fuera necesario sino porque te encanta el juego y estuviste maravillosa"
Hal




En el año 2000 el, productor, actor, guionista y director canadiense Linwood Boomer, conocido por escribir episodios en series como Cuchara de Plata, Juzgado de Guardia (Night Court) o Cosas de Marcianos (3rd Rock) creó la serie cómica centrada en la familia americana más posiblemente incorrecta desde que Matt Groening estrenara en 1989 sus Simpson, Malcolm in the Middle. Puede que incluso en algunos aspectos el programa que nos ocupa tenga más mala baba y sorna que la serie de nuestros amarillos vecinos de Springfield.





Malcolm in the Middle está protagonizada por Malcolm, el tercero de cuatro hijos varones en una familia de clase media/baja en Estados Unidos. El chico, un superdotado bastante condescendiente y de caracter repelente nos narra su vida dirigiéndose continuamente de manera directa al espectador, es decir, poniendo en práctica con ello los guionistas la clásica ruptura de la cuarta pared para implicar al televidente todo lo posible con la historia que se narra en cada episodio.



A pesar de que el mismo Malcolm es el centro, narrador y sobre todo, nuestro guía a la hora de mostrarnos las bajezas y cómicas penurias de su vida familiar y social, el del protagonista (sin ser en absoluto desdeñale como rol) es el personaje menos interesante de la serie. Ya que cualquiera de sus familiares o allegados es más agradecido para con el espectador y carismático que el propio adolescente interpretado por el actor Frankie Muniz.




Malcolm tiene tres hermanos (un cuarto, Jamie, se unirá al núcleo familiar a lo largo de la serie). El más importante es Francis (Christopher Kennedy Masterson), el primogénito. Importante no sólo por ser el mayor, sino porque es el único de los vástagos que está independizado. Tal hecho da pie a que sus correrías sean narradas de manera independiente a las de su familia. Esta estructura definiría desde el primer episodio la construcción del programa. Ya que en cada uno de los capítulos (hasta la quinta temporada más o menos) se narra la trama en casa de la familia y por otro lado la de las peripecias de Francis en una escuela militar, un recóndito empleo de mala muerte en Alaska o un rancho dirigido por dos alemanes afincados en Estados Unidos.




Después tenemos a Reese (Justin Bierfeld, el hijo menor de la mediocre pero inolvidable Infelices Para Siempre), el segundo descendiente, un poco mayor que Malcolm. Reese es un crío descerebrado, más simple que el mecanismo de un chupete, totalmente asocial y violento, que sólo encuentra satisfacción golpeando y haciendo la vida imposile tanto a sus hermanos como a sus compañeros de clase en el colegio. Por último está el entrañale Dewey (Erik Per Sullivan) el pequeño de la casa. Un pobre niño que odia a sus hermanos mayores que le hacen la vida imposile pegándole y convirtiendo su existencia en un infierno con todo tipo de trastadas. Por eso no es de extrañar que la pobre criatura viva en su propio mundo entendiendo las cosas a su especial manera.




Nota aparte para los padres, que son sin lugar a dudas los dos personajes más interesantes de todo el producto. Por un lado tenemos al dubitativo Hal, al que da vida magistralmente Bryan Cranston, el inmenso protagonista de la genial Breaking Bad. El padre de familia es un hombre inseguro, sumiso con respecto a su esposa, siempre bienintencionado pero desastroso a la hora de poner en práctica sus ideas. El pobre individuo trata de encarrilar como buenamente puede a sus hijos, pero los mismos son pequeños diablos capaces de cualquier barbaridad, por esos sus intentos por enderezarlos siempre fracasan.




Por último está Lois (Jane Kazcmarek), la madre y esposa, con diferencia el mejor personaje de la serie y uno de los más divertidos que ha dado el tubo catódico en toda su historia. La matriarca de la familia es una señora histérica, irascible, gritona y en muchas ocasiones aterradora. Sus hijos la temen, su marido la teme, hasta sus vecinos están atemorizados por ella. Jamás pone una mano encima en sus hijos, pero sus castigos son tan retorcidos, sus reprimendas son tan bestiales, que si no fuera porque comprendemos que con una familia así su carácter está justificado, podríamos afirmar con total rotundidad que la buena mujer está loca como una jodida cabra.




También tenemos en la serie algunos secundarios recurrentes del todo memorables. Stevie, el inválido amigo de Malcolm. Ida, la desgradable y cruel abuela de la familia. Craig, el compañero de trabajo de Lois que está enamorado de ella. Abe, el padre de Stevie o Piama, la esposa de Francis que choca frontalmente con Lois por tener un carácter muy parecido al de esta. Por último es conveniente mencionar a los rivales de Francis, personajes que son sus jefes o profesores y que le acaban odiando por su carácter rebelde. El comandate Spangler, la ruda y bestial Lavernia y el genial Otto, el único de sus jefes que le tiene aprecio, pero esto es debido a su peculiar y demasiado afable carácter.




Si bien en Los Simpson (los de los 90, los de la década pasada y los que nos ocupan en la actualidad no sin ni la sombra de los clásicos) hay mucha ironía a la hora de retratar a sus personajes siempre hay al final una reivindicación del verdadero cariño que se respira en ese hogar. Hasta en A Dos Metros Bajo Tierra (Six Feet Under) de Alan Ball, que es una pieza de orfebrería que da una perspectiva llena de claroscuros de la familia americana hay finalmente un verdadero y magnífico poso que muestra un discurso inquebrantable sobre la fuerza irreductible del amor y los lazos familiares. De ahí que en Malcolm in the Middle posiblemente se haga el retrato más políticamente incorrecto de la american way of life jamás visto en la pequeña pantalla. Esta familia muy en el fondo se debe querer, pero en la pantalla no siempre se refleja eso, precisamente.




Gran parte de esa mirada descreída sobre la familia viene por el origen canadiense de su creador, Linwood Boomer, que se respira en gran parte de la serie. El país vecino de Estados Unidos tiene una concepción mucho más cruda y suversiba, parecida a la europea si se me apura, de lo que la familia occidental puede contener en su interior (no hay más que ver el serial animado Kevin Spencer). De ahí que en Malcolm in the Middle los hijos lleguen a sentir verdadero odio por sus progenitores, que ni siquiera se preocupen por los problemas a los que se enfrentan sus mayores (magnífico y genialmente cruel el episodio en el que Hal puede tener cáncer y sus hijos ni lo sospechan o parece importarles) o que los padres no duden ni titubeen a la hora de hacer sufrir a sus hijos para hacerlos aprender una lección que nunca terminan por asimilar.




Malcolm in the Middle es una rara avis dentro de la comedia americana. A diferencia de otras series humorísticas y como bien han comentado muchos aficionados y entendidos, como producto catódico no se sustenta en gags que rompen la normalidad (que es lo habitual), todo lo contrario. El producto está completamente envuelto en una tonalidad cómica que abarca de principio a fin y que da una sensación granguiñolesca y a veces hasta irreal (la puesta en escena exagerada de muchos capítulos así lo afirman) pero que funciona a incontables niveles.




Cuando el espectador se habitúa a la serie (hace poco la he visto por primera vez íntegra y del tirón) se da cuenta de detalles que le agradan. El ver crecer a los protagonistas de niños a adolescentes a lo largo de las 7 temporadas. Los episodios en los que Francis comparte trama con su familia que son los mejores, memorables en ellos todas y cada una de las discusiones a grito limpio que tiene este con Lois. Las historias en las que se le da peso a Stevie, Ida o Craig, que son geniales y algunos en los que hacen apariciones actores famosos. Destacando el episodio doble (posiblemente el mejor de todos) del día de camping, con apariciones de Tom Green, Christina Ricci (estos dos en una escena descacharrante) y una inolvidable Susan Sarandon que acaba a golpes con Lois en un charco de barro.




Malcolm in the Middle es una obra de culto a reivindicar en la televisión estadounidense. Por primera vez desde el punto de vista del humor se realizaba una serie sobre una familia que no vivía en una lujosa mansión en Bel Air o Beverly Hills, que no llegaba a fin de mes y que se detestaba y se necesitaba en la misma medida. Por primera vez alguien en el mundo de la ficción se preocupaba por las clases medias o bajas de Estados Undios y lo hacía con ingenio, incorrección e ironía, las mismas que cierran ese memorable y hasta emocionante último episodio en el que Lois da el discurso final de madurez a su hijo Malcolm sobre lo que debe ser su futuro y como deberá encauzarlo... transcurriendo esto con todos los miembros de la familia cubiertos, literalmente, de mierda de pies a cabeza.


domingo, 17 de abril de 2011

Notting Hill, love and other drugs




Título Original: Notting Hill
Director: Roger Michell
Guión: Richard Curtis
Actores: Hugh Grant, Julia Roberts, Rhys Ifans, Hugh Bonneville, Emma Chambers, James Dreyfus, Tim McInnerny, Gina McKee, Dylan Moran, Alec Baldwin, Mathew Modine




El guionista y director británico de origen neozelandes Richard Curtis es un tipo bastante inteligente. Cuando su época de reconocimiento por ser el co creador de la mítica serie Mr Bean junto a su compañero Rowan Atkinson pasó, se dedicó acertadamente a reformular los conceptos y caracterísitcas de la comedia romántica británica a finales de la primera mitad de los años 90, dándole a este género un toque de distinción, picardía y hasta cierta originalidad.




El germen de todo vino con Cuatro Bodas y un Funeral. Cinta escrita por el mismo Curtis y dirigida por el decente Mike Newell que tomaba los planteamientos clásicos de la british comedy, pero añadiéndole toques como el humor negro o la ironía. Esta construcción y mixtura conceptos fue todo un acierto por parte de Curtis que acertaba de lleno atrayendo al público femenino ávido de cine lleno de amores y sentimentalismo y al masculino que compatibiliza con el humor más desenfadado y los diálogos llenos de mala baba y agilidad.




Antes de su sonado debut en la dirección con Love Actually, Curtis escribió la que puede considerarse una de las muestras quintaesenciales de su estilo. El film Notting Hill dirigido por Roger Michell y protagonizado por Hugh Grant y Julia Roberts, que narra como una famosa actriz americana se enamora de un tímido librero inglés con el que se topa en la calle londinenese que da nombre al título del film, durante la promoción de la última película que ha protagonizado como intérprete.




Notting Hill es una agradable comedia romántica. Un producto comercial realizado con soltura y saber hacer que viene a plantearnos temas como la soledad existencial en la que se ven sumergidas las estrellas del celuloide (a pesar de tenerlo todo en el plano monetario y profesional) y el choque frontal de clase y corte social que puede darse cuando una de estas celebridades se enamora de una persona anónima que lleva una vida de los más normal y corriente.




El flm se sustenta principalmente en la quimica del dúo protagonista, con una correcta y contenida Julia Roberts, que casi podríamos decir que casi ni actúa, debido a la naturaleza de su personaje y Hugh Grant haciendo lo que mejor se le da... hacer de Hugh Grant, es decir, de galán elegante pero algo atolondrado. Lo de intentarlo con el drama o el thriller no le dio buenos resultados, como se pudo ver, por poner un ejemplo, en Al Cruzar el Límite (Extreme Measures) de Michael Apted. Por eso mejor que nunca orine fuera del tiesto, es decir, que siga en la comedia y no haga experimentos que dejen en evidencia sus limitaciones como intérprete.




Aunque si hay algún personaje para destacar en el film es el del compañero de piso de Grant interpretado por un, por aquel entonces, desconocido Rhys Ifans que se come la pantalla el solo, con sus salidas, de tono, apariciones inesperadas y acciones dignas de un crío de 10 años que no tiene noción alguna de la realidad. Tras su paso por este film el actor recibió cientos de ofertas para trabajar en Estados Unidos. País en el que se ha labrado una carrera que se mueve entro lo irregular y lo mediocre. Una verdadera pena porque el tipo merece mucho la pena y es un seguro de vida a la hora de sacar adelante una cinta de humor.




Notting Hill es un interesante proyecto (dentro de su género) que complace a distintas clases de espectadores. No es tan irónica como para molestar a cierto tipo de público, ni tan empalagosa como para desagradar a otro menos dado a la comedia romántica. Es una convergencia armónica entre romance y humor desenfadado, pero con un matiz hasta cierto punto iteligente,. Em resumidas cuentas, un largometraje para nada desdeñable, pero tampoco para atesorarlo en la estantería del recuerdo.




martes, 12 de abril de 2011

La Legión del Águila




Título Original: The Eagle/Eagle of the Ninth (2011)
Director: Kevin Macdonald
Guión: Jeremy Brock basado en la novela de Rosemary Sutcliff
Actores: Channing Tatum, Jamie Bell, Donald Sutherland, Mark Strong, Dennis O'Hare, Tahar Rahim





Kevin Macdonald es un reputado documentalista británico que ha hablado en sus obras de no ficción de alpinismo (Touching the Void) el secuestro por parte del grupo terrorista Septiembre Negro de un equipo de deportistas israelíes en 1972 durante las olimpiadas de Munich (One Day in September) o los crímenes de la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial (My Enemy's Enemy). Ganando el Oscar con el segundo que he mencionado y con ello una fama de inteligente autor de documentales que suele tocar temas enriquecedores o complicados.






En 2006 con la ayuda del dramaturgo Peter Morgan y el guionista Jeremy Brock adaptó la novela de Giles Foden, El Último Rey de Escocia, que narraba la relación del tirano presidente de Uganda, Idi Amin con su médico, un escocés que llegó al país africano para ponerse a su servicio sin saber donde se metía. El film era harto interesante, estaba bien dirigido e interpretado (grande James McAvoy), pero un inmenso Forest Whitaker como el mandatario ugandés eclipsaba todo el proyecto con su genial caracterización.






En 2009 volvió a dar el campanazo en la ficción al adaptar al celuloide la alabada serie británica sobre corrupción política y periodística La Sombra del Poder (State of Play) ayudado por un magnífico equipo de guionistas formado por Tony Gilroy (Michael Clayton, la trilogía de Jason Bourne) Matthew Michael Carnahan (Leones por Corderos, La Sombra del Reino) y Peter Morgan (Frost/Nixon, Más Allá de la Vida). La cinta fue muy bien recibida, contenía un gran reparto y acrecentó la fama de su director, aunque en España pasó sin pena ni gloria. Un servidor aún no la ha visto, pero arreglaré pronto tal desaguisado.






Hay algunas cosas que agradecerle a Kevin Macdonald con respecto a La Legión del Águila. La primera y más destacada es que no haya caído en la trampa de rodar su cinta con el estilo (ya bastante manido) de 300, la adaptación que Zack Snyder hizo del excelente cómic de Frank Miller. No hay más que ver la esperpéntica, pero entretenida, serie Spartacus: Blood and Sand para descubrir la influencia que el largometraje del director de Sucker Punch ha dejado en gran parte de la ficción filmada contemporánea. El realizador británico ha preferido tomar prestadas ideas de la magnífica serie Roma ideada por la unión de la cadena HBO americana con la inglesa BBC y algún apunte de peplums clásicos del Hollywood de la era dorada.





Pero ahí acaban los elogios hacia el director de La Vida en Un Día con respecto a su último trabajo como director de ficción. Porque La Legión del Águila es decididamente un proyecto muy falllido. Rodado con desgana, escrito con apatía e interpretado de manera mediocre. El último film de Kevin Macdonald supone una oportunidad desperdiciada de recuperar el tono más épico del peplum siguiendo la senda de Gladiator de Ridley Scott o de la infravalorada Alejandro Magno de Oliver Stone.






Todo el producto carece de inventiva o personalidad. El conjunto, cinematográficamente hablando, es ineficaz, blando, poco elaborado. Las secuencias de batallas (a años luz de las que rodó, revolucionando el género estéticamente, Mel Gibson en Braveheart) no permiten que los encuadres respiren, ni transmiten épica o grandeza y Macdonald desperdicia unos paisajes majestuosos sin utilizar grandes angulares o tomas a vista de pájaro para crear una atmósfera que transmita lirismo o poesía. Además el guión es insípido y renqueante, no sé si por el relato en el que se basa o por la ineficacia de Jeremy Brock, pero su resultado es a todas luces insatisfactorio.





El reparto es de pena. Decisión del todo equivocada darle el papel protagonista al americano Channing Tatum que tiene tan limitadas sus dotes interpretativas como su expresividad facial. Mucho cuerpo, músculos enormes, pero nada de credibilidad con su papel, ni siquiera se le ve resuelto en las escenas de lucha, que son en las únicas en las que podría ofrecer algo de competencia y profesionalidad. Mejor lo hace un Jamie Bell alejado de Billy Elliot como el esclavo britano, pero sin darle demasiadas palmaditas en la espalda. Un grande como Donald Sutherland ofrece entereza y saber estar, pero sale poco y no se luce demasiado y el bueno de Mark Strong cumple con soltura en su breve aparición, pero la horrible peluca le quita seriedad a su rol.





Una cinta impersonal, mediocre, sin chispa, con un fondo simplista y una forma anquilosada. Una pena, porque Macdonald demostró bastante soltura como realizador potente en El Último Rey de Escocia, aquí no parece él mismo. Lo que podía haber sido un digno peplum que relanzara el género en la gran pantalla queda en un proyecto ínfimo y mal acabado que no sólo no cumple su cometido básico de entretener, sino que se confirma como la primera mancha dentro de la impecable carrera de su director. Esperemos que no se repita.





lunes, 11 de abril de 2011

Torrente 4: Lethal Crisis




Título Original: Torrente IV, Lethal Crisis
Director: Santiago Segura
Guión: Santiago Segura
Actores: Santiago Segura, Kiko Rivera, Tony Leblanc, Yon González, Enrique Villén, Francisco




En 1998 y tras una interesante y entretenida carrera delante de las cámaras y como cortometrajista el actor madrileño Santiago Segura debutó en la dirección de largometrajes con Torrente, el Brazo Tonto de la Ley. Su ópera prima era un retrato casposo del español de a pie más chabacano y reaccionario. José Luis Torrente es un ex agente de policía, facha, sucio, racista y fan a muerte del Fary y el Atleti. La cinta reventó la taquilla y ganó dos goyas, uno inmerecido a la mejor dirección novel y otro enormemente justo para el gran Tony Leblanc al mejor actor secundario, interprete que volvía a la pantalla de la mano de Segura, cosa que le agradecemos sobremanera.




En 2001 llegó la secuela, Torrente 2 Misión en Marbella, más grande, más ruidosa, más escatológica y graciosa. En ella se dieron la mano gags memorables, algunos secundarios para el recuerdo (Gabino Diego genial como Cuco) un villano inolvidable interpretado por el presentador y productor José Luis Moreno y una vez más, caspa, disparates y mal cine, pero ese cine cutre y salchichero que nos despierta una sonrisa o carcajada cómplice y sólo por ello le perdonamos todo. Con esta entrega se confirmó una de las señas de identidad de la saga, la interminable galería de cameos tanto de actores, como de gente del famoseo o deportistas durante los films.




Ya en 2005 se estrenó Torrente 3, el Protector, que una vez más hizo muy buena taquilla pero fue vapuleada por gran parte del público (de la crítica no hablo, que no es especialmente amiga de esta saga) que a día de hoy no tiene muy buen recuerdo de ella. Yo personalmente es con la que más me he reído, recuerdo incluso llorar en el cine con alguno de los gags, que sí, cada vez son más primarios y estúpidos, pero en ocasiones funcionan y te hacen pasar un buen rato si no eres un sibarita del humor sin amplitud de miras. Billy Wilder, los Monty Python y las comedias de los Coen tiene su lugar en mi vida, pero siempre tengo una pequeña parcela para el humor cafre y de brocha gorda. En esa zona como es lógico hay sitio para el bueno de Torrente.




Año 2011, Torrente IV, Lethal Crisis, estreno mundial en sobrecogedor 3D, Santiago Segura con la promoción del largometraje hasta en la sopa. El resultado no puede ser mejor. La campaña de marketing funciona, la película se convierte en su primer fin de semana el mejor estreno patrio de la historia, la taquilla explota, la gente habla de que es jodidamente graciosa y el hecho de que personajes del faranduleo español como Belén Esteban o Francisco Rivera Pantoja salgan en la cinta alienta al populacho a ir a las salas a deleitarse con esta joya del neorrealismo ibérico.




Torrente 4 es incluso más mala (cinematográficamente hablando) que las tres anteriores entregas, pero hay algo interesante en ella. Segura ha creado un arte, ya que debido al incontable número de apariciones estelares de personalidades conocidas a lo largo del metraje el espectador está tan pendiente de ellas que en ningún momento se para a pensar que realmente no hay argumento en la cinta. Porque si las tramas de los anteriores Torrentes eran estúpidas la de esta cuarta parte ya es que es casi inexistente y está cogida con pinzas, todo con la única misión de meter a cuantos personajes sean posibles para que tengan su momento de (dudosa) gloria en el producto.




Estas cintas solo se sustentan en el casting de celebridades y las secuencias de humor cafre. El primero es, como siempre, muy irregular. Paquirrín y Belén Esteban están para matarlos. Él como ayudante del protagonista está forzadísimo y falso como él solo y con ello lo único que consigue es que echemos de menos a gente como Javier Cámara o Gabino Diego. Ella parece que no sabe ni donde está a cámara (y eso que vive practicamente delante de ellas). De las apariciones que me gustaron destacan las de los chanantes, la de David Bisbal, el papel de Yon González, sobre todo su pelea con John Cobra y El Batu, Pablo Motos y Florentino Fernández, Andreu Buenafuente o la de mis paisanos y ex compañeros de clase Bigotes, Dientes y Galleta, linarenses de pro.




El humor es más escatológico y zafio que nunca. Con chistes de pedos, heces, objetos que salen por orificios a los que normalmente no les da el sol, racismo, política, catalanes, vascos y haciendo especial hincapié en la actual crisis global que se está cebando especialmente con nuestro país desde hace unos tres años más o menos. Todo con brochazos de trazo muy grueso, humor poco sutil que a pesar de todo confunde a gente poco espabilada hasta el punto de llegar algún imberbe a admirar al protagonista de la saga. Para mear y no echar gota.




Personas enemigas del mal gusto y la pueril incorrección política, alejénse de esta nueva entrega de las andanzas de el simpar José Luis Torrente. En cambio todos aquellos que sean capaces de reírse con las correrías de este personaje tan español como la sangría, el pescaito frito, el flamenco, el paro o la envidia, que no lo dude y la vea. Recomendable hacerlo en ese resultón y estúpido 3D. Siempre es un placer compartir con Torrente la filosófica y milenaria duda de si hacernos o no unas pajillas con su persona.


miércoles, 6 de abril de 2011

Sucker Punch, bailar en la oscuridad




Título Original: Sucker Punch (2011)
Director: Zack Snyder
Guión: Steve Shibuya, Zack Snyder
Actores: Emily Browning, Vanessa Hudgens, Abbie Cornish, Jena Malone, Jamie Chung, Carla Gugino, Jon Hamm, Scott Glenn, Oscar Isaac, Danny Bristol






En los tiempos que corren en los que el cine comercial se ha convertido casi en su totalidad en un cúmulo de productos vacíos y sin alma es fácil que alguien poco avispado levante la voz y proclame que tal o cual director es un visionario con una personalidad única e intransferible. Zack Snyder es un muy competente realizador de cine de entretenimiento, que ha conseguido con sus tres primeros films dar forma a destacadas obras, más por la base argumental que las sustentaba (un largometraje anterior al que se revisionaba y dos cómics con mayúsculas) que por sus dotes como realizador, que son pocas, limitadas y repetitivas hasta el hartazgo. Sucker Punch es la muestra fehaciente de esto que comento.





El quinto film de Zack Snyder (aún no he podido ver Ga'Hoole) es la metida de pata más clara del americano y la confirmación de que si como director es un señor muy limitado como guionista es penoso. Sucker Punch es un proyecto sin pies ni cabeza que el realizador de Amanecer de los Muertos utiliza para marcarse un mix de géneros puesto hasta el culo de todo tipo de referencialidades sin sentido para dar cuerpo a una historia que no se sostiene por sí sola y cuya única misión es dar una excusa argumental mínima par marcarse un desfile visual excesivo, repetitivo, mecánico, que vende humo y que de cinematográfico tiene poco o nada.





Cuando comenté hace un tiempo en este mismo blog Avatar, la interesante pero sobrevalorada cinta de James Cameron, hablé de un temor por mi parte con respecto a que el cine del futuro estuviera tan sobreproducido y envuelto en efectos digitales que fuera difícil distinguirlo de los videojuegos. Sucker Punch es la confirmación de tal miedo debido a que lo que Zack Snyder nos ofrece con su último trabajo es más parecido a un juego de la PS3 o la XBOX que una obra cinematográfica. Y no, no tengo nada en contra de los videojuegos. Es más, como sí estoy a favor de que los mismos tomen un tono cinematográfico, no me gusta que el celuloide se asemeje en demasía a las arcades de toda la vida.





Sucker Punch es un puto videojuego, pero no por su atmósfera, su realización o diseño de producción, es que estrcuturalmente no hay duda de que lo es. Con la (estúpida) excusa de que Baby Doll es una experta bailarina que deja extasiados a los espectadores que la observan danzar Snyder nos mete por la cara fases de un videojuego puro y duro, que para colmo tienen sus monstruos de final de pantalla. Aquí la construcción narrativa adherida al cine como medio brilla por su ausencia. El americano se ampara en la imaginación de su protagonista para crear un batiburrillo en el que ha metido ideas visuales pretendidamente modernas y resultonas que no tienen sentido alguno pero que él cree que encadenadas y puestas en pantalla pueden servir como largometraje, cuando no es así ni de lejos.





Zack Snyder no es Quentin Tarantino. El de Knoxville es un autor que tiene una concepción tan acertada y sincera del lenguaje cinematográfico (sea del pelaje que sea) que es capaz de crear una obra multireferencial y darle a pesar de ello no sólo coherencia, sino su sello personal que incluso engrandece y honra a esas obras y autores de las que se ha alimentado para moldear su propia criatura. Synder en cambio introduce todo lo que le gusta (anime, cine bélico, films carcelaríos, onirismo mal entendido, serie B, vodevil, aventuras gráficas) en una turmix y el resultado es un disparate a tantos niveles que es dificil mencionarlos todos.





Aunque con respecto a esta construcción formal el mayor fallo es que si estás realizando una película situada en los años 50, con música machacona y remixes chirriantes de temas rock y pop, unas protagonistas estereotipadas hasta el exceso, que utilizan armamente pesado (los americanos y su incomprensible fetichismo por chicas con curvas armadas hasta los dientes) que luchan contra samurais gigantescos, dragones y nazis zombies lo mínimo que debes hacer es tomarte todo a broma y ser consciente de que estás dando vida a un disparate y no darle una pátina de solemnidad y dramatismo que tiene su sonrojante clímax en las escena del camerino. Es más, si Snyder toma como referencia esa genialidad llamada Brazil de su admirado Terry Gilliam, parece no recordar que el ex Monty Python construyó sobre el humor esa impagable obra maestra, para luego darle ese giro dramático que dejaba al espectador completamente fuera de juego.





Todo falla en Sucker Punch. Snyder abusa más que nunca de filtros, cámaras lentas interminables, planos detalles innecesarios y que no aportan nada a la endeble trama (el de la hoja de la katana en la que se muestran todos los grabados de la misma es de vergüenza ajena) reincidiendo alarmentemente en un simple subrayado que transmite hastío e inquietud al espectador. Por otro lado la intención de que el film sea sexy fracasa estrepitosamente, ya que ni una sola de las chicas que protagonizan la obra consiguieron transmitirme algo más que indiferencia a pesar de vestir como dominatrix y poner morritos durante todo el metraje. ¿Estarán en lo cierto los que dicen que a Snyder se le da mejor retratar físicamente a hombres que a mujeres?.





Sucker Punch confirma varias cosas. A pesar de ser un considerable fracaso es una cinta entretenida para ver en una tarde tonta. Snyder no es un genio, ni un visionario, ni un autor. Su estilo visual, su única virtud y carta de presentación, renquea, cansa y no se puede usar para todo tipo de proyectos (¿donde está ese prometedor artesano que debutó con Amanecer de los Muertos y que por desgracia desapareció en 300 y Watchmen a pesar de ser cintas excelentes?). El nombre y la temprana e inmerecida fama pueden servir para ocultar hechos casi irrefutables como que la escena del tren parece perpetrada por Uwe Boll. El Hollywood más comercial va de culo, cuestabajo y sin frenos y sobre todo... si este es el cine del futuro, que alguien pare el Planeta de los Simios que yo me apeo.