viernes, 12 de agosto de 2011

Los Ríos de Color Púrpura, los niños de Guernon



Jean-Christophe Grangé, a parte de periodista, guionista cinematográfico o corresponsal internacional, es un autor de exitosos bestsellers literarios en el país vecino. A él se deben novelas de carrera comercial bastante meritoria, casi siempre adscritas al thriller, como Le Vol de Cicognes, L'EMpire des Loups (que tuvo una mediocre adaptación cinematográfica protagonizada por Jean Reno y dirigida por Chris Nahon) o Le Serment des Limbes.

En el año 1998 Grangé pegó considerablemente fuerte en las librerías internacionales (traspasando las líneas de Francia) con Les Rivières Pourpres, un éxitoso thriller policiaco bastante publicitado que se vendió muy bien y fue tratado con considerable respeto por la crítica. El trabajo escrito no deja de ser un etretenido producto literario que se deja leer con ligereza y que no destaca en ningún apartado de manera considerable, pero tampoco decepciona al lector que busca un rato de diversión en poco más de 250 páginas.

El libro narra dos investigaciones paralelas que finalmente confluyen en una sola. La primera está llevada a cabo por el expeditivo comisario Pierre Niemans y en ella debe dar con el asesino del bibiliotecario de la Universidad de la comunidad de Guernon. El cadáver fue encontrado incrustado en una montaña a cientos de metros de altura y con extrañas mutilaciones. Por otro lado otro agente de origen magrebí, Karim Abdouf, lleva otro complicado caso que se inicia con la profanación de un mausoleo en el que yacía un niño judío en el cementerio de la localidad Sarzac a 250 Kilómetros de Guernon.

Grangé perfila con acierto los dos personajes protagonistas. El primero es un policía que sobrepasa los límites de le legalidad de manera frecuente, es más, al inicio del libro agrede a un Hooligan durante las revueltas después de un partido de fútbol (ojo, la mítica final de la recopa que jugaron en 1995 el Zaragoza y el Arsenal,) al que destroza la madíbula y deja en coma, pasaje muy bien narrado, de los mejores del libro. Por otro lado tenemos a Karim Abdouf, que se crió en las calles como delincuente para más tarde formarse como agente con el fin de no caer en el mundo de las drogas como muchos de sus amigos.

La presencia de policías de carácter rudo o violento remite directamente a cierta literatura negra no muy ortodoxa, bastante influenciada por el subgénero policíaco Polar, arraigado en el cine francés. Grangé narra sin estridencias y con ritmo, pero se percibe que su impronta no es la de un escritor destacable a la hora de poner sus cartas sobre la mesa. Conoce los resortes del thriller, sabe incluir algunas ideas inteligentes en sus tramas (el concepto del perfecto hombre ario, que nos recuerda a Los Niños del Brasil del escritor americano Ira Levin) y sus personajes son creíbles. Incluso sabe mezclar conceptos como la investigación criminal con asesinos en serie, con los relatos conspiranoicos sobre hermandades o el suspense localizado en espacios cerrados (una universidad) o inhóspitos (un glaciar).

La resolución es precipitada y su cierre bastante anticlimático, pero la lectura deja un buen sabor de boca en el lector, es amena y se pasa en santiamén que no aburre en ningún momento. Para terminar destacar que en el año 2000 se realizó una muy correcta adaptación cinematográfica sobre la novela con el actor y director Mathieu Kassovitz detrás de las cámaras, el mismo Jean-Christophe Grange en el guión y Jean Reno, Vincent Cassel y la guapa Nadia Fares como protagonistas. Se trata de una entretenida cinta a la que le tengo cierto cariño y de la que hablaré dentro de poco en este blog.


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