miércoles, 29 de diciembre de 2010

Cisne Negro, spread your wings



Título Original: Black Swan (2010)
Director: Darren Aronofsky
Guión: Andrés Heinz, Jon McLaughlin & Mark Heyman
Actores: Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel, Winona Ryder, Barbara Hershey, Christopher Gartin, Sebastian Stan


Trailer


Definitivamente con Black Swan, su quinto trabajo detrás de las cámaras, el realizador americano de origen judío Darren Aronofsky se confirma como uno de los talentos cinematográficos más grandes que ha dado el cine contemporáneo. La cinta, protagonizada por Natalie Portman, narra la historia de una obsesiva bailarina preparándose para el que será su salto al ballet de élite interpretando el papel principal de El Lago de los Cisnes del ruso Piotr Ílich Chaikovski.




En pocas palabras y para situar al espectador con sólo unos apuntes referenciales cinematográficos, Black Swan vendría a ser un film producido por el Joseph L. Mankiewicz de Eva al Desnudo, con un guión del Roman Polanski de Repulsión, dirigido por el estilizado David Cronenberg de sus dos últimas obras, Una Historia de Violencia y Promesas del Este. Pero todo solidificado con la impronta de Aronofsky, un autor que no sólo evoluciona como director, sino que también muta con cada proyecto.




Black Swan es un pesadillesco viaje introspectivo a la mente de una joven y virtuosa bailarina obsesionada con la perfección. Dicha excusa narrativa le sirve el director de Requiem Por Un Sueño para ir más allá y así realizar, en un notorio pero sutil subtexto, un análisis al escalpelo de la represión sexual de su criatura y sus obsesiones psicológicas, que se llegan a somatizar incluso físicamente en heridas inflingidas a sí misma que bordean un complejo pero acertado (en su planteamiento) sadomasoquismo autoimpuesto, que una vez más recuerda a algunas obras del director de Scanners.




El sello de Aronofsky está a flor de piel durante todo el largometraje. Podemos percibir sin mucha dificultad su tendencia a retratar seres que se obsesionan de manera enfermiza con llevar a cabo un objetivo que les corroe por dentro y con el que tratan de llegar a un engañoso estado de bienestar. Los personajes de este autor casi siempre tienen buenas intenciones, pero a la hora de llevarlas a cabo hacen palidecer toda humanidad a su causa. Descubriendo los mismos en el último momento que sólo cayendo en lo más bajo, tocando fondo, llegarán a conseguir su propósito. Ya que asimilan de manera trágica que en la autodestrucción física y psicológica está la liberación final del cuerpo y el alma.




Black Swan al igual que The Wrestler (que revisioné hace poco descubriendo nuevos matices y apuntes señoriales que han hecho que la disfrutara mucho más que la primera vez que la degusté) muestra una clara madurez y evolución en el estilo de Aronofsky. El autor de The Fountain no abusa de resortes forzados en el apartado técnico de su realización si la historia no lo exige y los que incluye están justificados ya que los mismos están sustentados en el punto de vista del personaje de Nina que tiene una visión totalmente distorsionada de la realidad que la rodea.




Si bien la cinta interpretada por un magistral Mickey Rourke mostraba el largo e inevitable estertor de muerte de un profesional de la lucha libre en decadencia, que se obcecaba con seguir en ese mundo aunque ello le costara la vida, Black Swan nos habla practicamente de lo mismo, pero desde el otro lado del espectro. Narrando el momento álgido de la carrera como bailarina de su protagonista. Dicha responsabilidad hará que Nina se cuestione no sólo todo su endeble sistema de valores, sino también su sexualidad, la relación emocional con su madre y sobre todo su cordura.




Otro de los apuntes en los que acierta Aronfosky es en esquivar algunos caminos transitados dentro del subgénero del psicodrama. Evitando mostrar con los protagonistas los típicos clichés de madre obsesionada con que su hija se labre la carrera que ella no tuvo, amiga competidora que hará la vida imposible a la actriz principal o profesor déspota con ella que la abordará con un tipo de acoso físico y psicológico. Todos esos personajes maniqueos están ahí, pero poco a poco el realizador los obliga a mutar (todos los roles lo hacen durante el film, sobre todo la protagonista, que lo hace en más de un sentido) mostrándose de una manera distinta a la que parecía en un principio. Sólo Beth, la bailarina retirada a la que da vida Winona Ryder caería en el tipo de estereotipo que esa clase de personaje tiene autoimpuesto.




Sería injusto no mencionar que el film es realmente Natalie Portman. La joven actriz israelí realiza la mejor composición interpretativa de su carrera entregándose plenamente a su director (autor que exige y explota de manera bestial a su actores en todas sus producciones). La protagonista de Closer borda magistralmente un rol entre la fragilidad y lo animal, entre lo virginal y lo lascivo, lo etereo y lo desgarrado y consigue transmitir ese malestar físico y mental en el que se sumerge. No sé si será por efecto dominó, pero el resto del reparto, sin estar a su altura, le dan perfectamente la réplica. Como una dual Mila Kunis, Vincent Cassel señorial como nunca, Barbara Hersey de sufrida madre y Winona Ryder, con un breve pero importante papel en la trama que ya he mencionado anterioremente.




Black Swan es un excelente drama con toques de terror psicológico. Una convergencia magistral entre la dirección de un verdadero autor que se adapta al tipo de historia que debe narrar sin perder su personalidad, unos actores abiertos en canal y una historia oscura, trágica, puede que algo exagerada, ya que se le va la mano a Aronofsky en ocasiones con el onirismo y las transformaciones físicas del personaje (aunque qué se puede esperar de un tipo que hizo que una nevera viviente se comiera a la pobre Ellen Burstyn). Pero las virtudes autorales y los hallazgos formales hacen de Black Swan otro paso gigantesco de su creador dentro del anodino cine actual que él y unos pocos más están sacando del hastío y la necedad.


domingo, 19 de diciembre de 2010

Anvil!, el Sueño de Una Banda de Rock, metal is forever



Título Original: Anvil, the Story of Anvil (2008)
Director: Sacha Gervasi
Guión: Sacha Gervasi






En 1984 algunas de las mejores bandas de rock y metal a nivel mundial de aquella década (la mejor para el género, pero también la que dio pie a convertirlo en un circo) como Bon Jovi, Scorpions o Whitesnake hicieron una gira conjunta por todo el globo para posteriormente, la mayoría de ellos, alcanzar el cielo y vender millones de discos. Pero en el tour también tocaba una prometedora y puntera banda de thrash metal canadiense llamada Anvil que no corrió tan buena suerte. Tras más de 30 años de carrera, haber influenciado con su estilo a conjuntos por aquel entonces desconocidos como Slayer, Anthrax o Metallica y trece discos editados con mucha dificultad, el grupo surgido en Toronto cayó en el olvido y el ostracismo.




Durante aquella gira de 1984 un joven británico llamado Sacha Gervasi vio en directo a Anvil y se convirtió en fan de la banda. Con el tiempo se labró una carrera como productor y guionista cinematográfico (escribió La Terminal para Steven Spielberg). Pero su debut en la dirección, en forma de documental, llegó cuando en el año 2005 se enteró de las condiciones deplorables que los dos componentes fundadores de Anvil, Steve "Lips" Kuldow y Robb Reiner, casi completamente alejados de los escenarios y viviendo en su Toronto natal como trabajadores normales y corrientes. Gervasi se dirigió con su equipo de rodaje a Canadá para pasar unas jornadas con ellos y dar testimonio audiovisual de su día a día.




El resultado fue Anvil, the Story of Anvil, un inmenso y emocionante documental que más que de rock o heavy metal habla de dos amigos de la infancia que quieren cumplir sus sueños sin desistir a pesar de los golpes que la vida les asesta. En la obra de Gervasi tenemos rock, metal, riffs y solos de guitarra, pero el realizador inglés sabe que toda la parafernalia musical es una excusa para hablarnos de dos personas que se unieron con 14 años para cumplir un sueño que rozaron con los dedos en su momento, para poco después escapársele de las manos a ambos.




Anvil, el Sueño de Una Banda de Rock tiene su más claro referente en esa obra maestra en formato de falso documental titulada This is... Spinal Tap que narraba la desastrosa gira de una, ya decadente, banda de heavy metal británica británica por Estados Unidos. Pero el caso que nos ocupa de falsedad tiene poco. Durante los casi 90 minutos de metraje asistimos a como Lips y Reiner tratan de sacar adelante sus carreras musicales sirviéndose únicamente de sus sueldos de trabajadores. En una ciudad de Toronto que los olvidó (el mismo Lips admite que sus compañeros de trabajo no conocen la existencia de su grupo de musical) se ganan la vida como buenamente pueden, hasta que la rutina salta por los aires cuando por un golpe de suerte consiguen negociar una gira por Europa con una manager, fan de la banda, que ni siquiera habla inglés.




El punto de vista de Sacha Gervasi es el de un fan incondicional del grupo. Por eso en un acto que le ennoblece no escatima a la hora de poner en pantalla lo bueno que le sucede a su protagonistas, pero sobre todo lo malo, lo ridículo o lo decepcionante. En ese sentido, aunque en otro aspecto, me ha recordado su visión a la de el realizador Mabrouk el Mechri en esa impagable obra llamada JCVD, en la que se desconstruye (en uno de sus momentos más bajos) a un mito de las artes marciales y el cine de acción como el belga Jean Claude Van Damme, pero en ese caso desde la ficción con toques de biopic verídico.




No es extraño pensar el films como por ejemplo The Wrestler de Darren Aronofsky cuando uno ve a estos dos cincuentones e inseparables amigos en lucha contra la adversidad de saber que su época dorada pasó hace décadas o encontrarse en un continente situado a miles de kilómetros de sus hogares, en el que pierden trenes que no los llevan a los locales donde deben realizar sus interpretaciones, a no cobrar por algunas de sus actuaciones o a descargar en directo en pubs en los que no hay más de 50 personas asistiendo a su intervención musical. Experiencia que para otros músicos sería lamentable y que ellos admiten sin tapujos no cambiarla por nada del mundo.




Porque ahí es donde está la verdadera magia y el mensaje original de Anvil, the Story of Anvil. Lips y Reiner son buenos músicos, excelentes padres y maridos, hombres trabajadores, pero sobre todo unos niños grandes que no han crecido, dos soñadores de la vieja escuela que comparten una amistad inquebrantable, que siguen haciendo música por amor al arte, sin importarles una mierda el dinero y siempre con la esperanza de volver a la cresta de ola porque sus aptitudes como músicos aún se lo pueden permitir.





Ese carácter incluso infantil se deja ver en secuencias memorables como en la que Lips reconoce a músicos de bandas que admira que de manera paradójica tocaron en gira con él años atrás y que no lo recuerdan (cuando el canadiense sabe exactamente el momento, lugar y situación en que los vio por primera vez) Tómese como ejemplo el magistral pasaje en el que se acerca, como si de un quinceañero ilusionado se tratase, a Tommy Aldridge, batería de Whitesnake o su cara de ilusión cuando recibe la llamada del productor discográfico Chris Tsangarides con buenas noticias para la banda o por otro lado las bravatas entre los dos músicos amigos que no pasan de zarandeos por motivos insulsos y las posteriores disculpas de uno con el otro.




Anvil, el Sueño de una Banda de Rock es en gran parte una delcaración de principios con respecto, no a un estilo musical o estético, sino a una clase de profesionales que incluso dentro del heavy metal son especies en extinción. Aquellos que no piensan en enriquecerse monetariamente y sí en tocar su música delante de miles de personas y hacerlas vibrar y disfrutar durante dos horas en las que se evaden de sus soporíferas vidas. Pero es sobre todo una oda a la amistad, a los soñadores, a los entrañables cabezones que no dan nunca el brazo a torcer hasta que no consiguen sacar adelante aquello por lo que luchan y que también son a día de hoy una rara avis en esta sociedad en la que nos ha tocado vivir.




Aquellos que leen mi blog sabrán que no me gusta hablar de personas que ya no están con nosotros, incluso cuando fallece alguna celebridad y le dedico una entrada, no escribo nada, pongo una foto y un vídeo que represente lo que significó y que yo no puedo expresar con palabras. Pero cuando el otro día acabé de ver Anvil, el Sueño de una Banda de Rock con un nudo enorme en la garganta, me acordé de esos amigos y paisanos míos que intentaron sacar adelante una excelente banda de rock, que lucharon por conseguir fechas, grabar canciones y editar una maqueta que por desgracia nunca llegó. Pero sobre todo me vino a la cabeza uno de los componentes de aquel conjunto. Ese gran guitarrista y mejor persona de Vilches que amaba más que a su vida esto de la música y que por un golpe trágico del destino, una maldita enfermedad, un 31 Enero, con poco más de 20 años, se lo llevó de nuestro lado. Esta entrada va en su recuerdo. El de Mario Egido López.



sábado, 18 de diciembre de 2010

Balada Triste de Trompeta



Título Original: Balada Triste de Trompeta (2010)
Director: Álex De la Iglesia
Guión: Álex De la Igleisa
Actores: Carlos Areces, Antonio de la Torre, Carolina Bang, Santiago Segura, Sancho Gracia, Manuel Tallafé, Alejandro Tejerías, Fernando Guillén Cuervo, Enrique Villén, Terele Pávez

Trailer


Tremenda y bestial la última obra del bilbaíno Álex de la Iglesia. Un film que empezó una excelente carrera cuando su proyección fue aplaudida en el pasado festival de Venecia (incluso por el presidente del jurado, un Quentin Tarantino desatado) ganando en la biennale los leones de plata al mejor director y al mejor guión. Una ejemplar campaña de marketing, elogios en todos los certámenes en los que se ha estrenado, bien recibida por la prensa especializada en general, aunque a muchos su visionado los ha dejado con una mezcla de malestar y estupor que en parte es comprensible.




Ya desde esos magníficos títulos de crédito que muestran un compendio de material gráfico de la historia de nuestro país alternado con imaginería de la cultura popular a ritmo de un efectista ritmo marcial, De la Iglesia nos deja claro que vamos a ver un producto de una violencia vertebrada, omnipresente, visceral, cruenta. Balada Triste de Trompeta es un film crudísimo, más de lo que me esperaba. Todo en ello es directo, expeditivo, las acciones de los personajes son dignas de animales, por eso en la estética y los resortes narrativos he visto mucho la sombra de las dos primeras obras del americano Rob Zombie como realizador.




Esa violencia vírica, contagiosa, demente, sirve, no para hablar de las dos Españas como se ha dicho en muchos sitios (por mucho que el director lance mierda contra republicanos y nacionales por igual) sino para hacerlo de España en general, como país y hacer un ejercicio de autocrítica con nosotros mismos que deberían más cineastas tomar como ejemplo. El director de El Día de la Bestia utiliza la rivalidad de dos payasos de personalidad antagónica que luchan por el amor de la misma mujer para hablar de una época tormentosa de nuestro país, la del largo estertor de muerte de una terrible dictadura que duraba ya casi 40 años.




Javier y Sergio, el payaso triste y el payaso tonto, no son las dos supuestas caras que según dicen tiene el país. Ellos son el mismo español con, en principio, distinto carácter que acaban siendo la misma persona. Son el español medio, hijos de una guerra civil entre hermanos, herederos de una tierra que desde principios del siglo XX se arraigó en una violencia déspota, generalizada e innecesaria y una pobreza instaurada en las calles que asolaba el país. Son el mismo niño grande al que le arrebataron la infancia, lleno de prejuicios, dudas, miedo, complejo de inferioridad, envidia, todo escondido tras capas y capas de maquillaje y una nariz roja que no sólo los acerca al mundo del circo, también al esperpento de literatos como Valle Inclán.




Carlos Areces y Antonio de la Torre están inmensos. El chanante llena de ternura su personaje para más tarde dar un giro a lo Peckinpah (inevitable no pensar en el Dustin Hoffman de Perros de Paja) y sumergirse en la locura. En cambio Antonio de la Torre, ese malagueño que empezó haciendo el informativo de deportes los fines de semana en Canal Sur, insufla a su rol violencia, sadismo, bestialidad, el tipo transmite verdadero miedo y se nota bastante que ha tomado prestadas algunas ideas del Joker de Heath Ledger, acertando de lleno con ello. Carolina Bang es un cañón de mujer, pero le queda mucho rodaje como actriz ya que se le nota forzada en algunos pasajes.




El trabajo de Álex De la Iglesia es el mejor posiblemente desde La Comunidad, si me apuran diría que desde El Día de la Bestia. Hay escenas magistrales en Balada Triste de Trompeta, potentes, que causan hasta impacto y que se quedan grabadas en la retina, cierto es que en este apartado ayuda y mucho la magnífica y hitchcockiana partitura de un Roque Baños apoteósico. Si bien en su anterior cinta, la entretenida pero muy impersonal Los Crímenes de Oxford, al cineasta vasco se le notaba atado en corto y su sello quedaba por ello diluido entre asesinatos y cálculos matemáticos, en cotrasposición su última obra no sólo es la más oscura y tenebrista de todas las que ha creado, es que en verdad tiene poco de comedia (ya que en más de una ocasión la sonrisa del espectador se convierte en mueca torcida) y no sólo eso, se revela indudablemente como su largometraje más sincero, libre y sobre todo personal.




Pero también hay fallos en el último trabajo del director de 800 Balas. Si bien el guión no es en absoluto malo, el rigor narrativo del mismo no está bien estructurado. La trama se antoja caprichosa, todo gira alrededor de los personajes y el desarrollo no respira, no hay una verdadera coherencia argumental. No sé si será por la falta de su habitual co guionista Jorge Gurricaechevarría en la escritura (que se apeó del proyecto para escribir Celda 211 para Daniel Monzón), pero De la Iglesia está más pendiente de impactar con escenas potentes que de hilvanar una historia verdaderamente consistente. Pecado, por otro lado, del todo perdonable.




Es para mí un verdadero honor que el presidente de la academia de cine de este país (a la que ha devuelto la vida y la imaginación desde que comenzó su mandato, digan lo que digan) sea el único cineasta que más allá del manido revanchismo de la izquierda imperante en el celuloide peninsular o del odio ciego a todo lo diferente de esa extrema derecha arcaica y déspota que ahora ataca desde los canales de nuestra televisión, tenga el valor de pintar de colores ridículos la cara de España, hacerla mirar su propio reflejo en un espejo para más tarde estrellarle el rostro contra el cristal, despojándola de hipocresía y doble moral. Porque todos somos iguales, todos formamos parte de esta país trágico y cómico, maravilloso y terrible, amable y déspota que como bien dice mi paisano el linarense Raphael, llora y gime por un pasado que murió y que debe ser enterrado pero nunca olvidado.




martes, 14 de diciembre de 2010

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, Parte I



Título Original: Harry Potter and the Deathly Hallows Part I (2010)
Director: David Yates
Guión: Steve Kloves basado en la novela de J.K. Rowling
Actores: Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Alan Rickman, Helena Bonham Carter, John Hurt, Timothy Spall, Richard Griffiths, Rhys Ifans, David Thewlis, Peter Mullan, Ralph Fiennes




Con esta primera parte de Las Reliquias de la Muerte comienza la recta final de las aventuras cinematográficas que adaptan las novelas de Harry Potter ideadas por la escritora británica J.K Rowling. La Warner Bros ha decidido exprimir al máximo la gallina de los huevos de oro y hacer dos films sobre el último manuscrito protagonizado por el mago miope. Esta decisión tiene sus consecuencias buenas y malas. Lo negativo es que nos sacan más dinero por el simple hecho de tener que ver dos largometrajes para cerrar la saga. Lo positivo que al dividir la trama en dos obras la fidelidad al escrito será mayor o eso supongo.




Como ya mencioné cuando comenté por estos lares la anterior entrega, no he leído ni uno sólo de los libros en los que se basa la saga cinematográfica para no cargar a cuestas con el handycap de si la obra cinematográfica que visiono es una fiel adaptación del relato escrito en el que se basa (como si me está pasando con la bastante buena pero mejorable serie The Walking Dead y como me pasará cuando la HBO estrene Canción de Hielo y Fuego, Juego de Tronos), aunque ahora es cuando me está picando la curiosidad con respecto a leerme las novelas y espero hacerlo en breve. De modo que hablaré una vez más sólo dentro del plano cinematográfico sobre esta penúltima entrega de Harry Potter.




Antes de ver esta Deathly Hallows revisioné la saga completa. Con ello descubrí después de años que las dos primeras de Chris Columbus son excelentes (sobre todo La Cámara Secreta). Que El Prisionero de Azkaban dirigida por Alfonso Cuarón me sigue pareciendo la mejor. Que la de Mike Newell, El Cáliz de Fuego, me ha gustado más esta segunda vez a pesar del (d)efecto Robert Pattinson. Que de La Orden del Fénix, la primera de David Yates, me acordaba muy poco a pesar de ser muy resuelta y de que, finalmente, El Misterio del Príncipe, aún conteniendo algunas de las mejores escenas de la franquicia es la cinta más floja de todas.




Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte I aumenta considerablemente el nivel con respecto a The Half Blood Prince. Toda la puesta en escena del film (repleta, como es lógico, de lugares comunes reconocibles para los seguidores de la saga) tiene matiz de épica crepuscular, de fin de una etapa, de círculo comenzando a cerrarse, incluso de cierta nostalgia. David Yates le ha cogido el tono al universo del personaje y ha conseguido por fin imbuirse completamente en él. Acentuándose en los largometrajes la adultez y el tenebrismo que se iba labrando dentro de la saga desde su primera secuela y añadiendo personaje secundarios más oscuros y con más peso que en las anteriores entregas, sirva como ejemplo el del enorme Peter Mullan.




Todo ese poso de madurez se deja ver no sólo en como han cambiado las relaciones de los personajes protagonistas o en la atmósfera mucho menos infantil del producto, sino también en esos ecos a estados en situación de conflicto bélico con la excusa narrativa de la radio y las listas de magos desaparecidos, las escena oníricas mucho más rendidas al terror o las de violencia como la que abre el film, que nos sirve para darnos cuenta de que esto ya no es cine realizado exclusivamente para niños, que puede que incluso asuste a muchos de ellos. Aunque lo más logrado para mí es el choque con posterior fusión de la imaginería mágica habitual de los films y ese ambiente más realista o terrenal que en esta última parte por fin se ha desbordado y desde el minuto uno de metraje.




A Daniel Radcliffe se le nota algo más recuperado. En El Misterio del Prínicpe se le percibía hastiado y aburrido, con el piloto automático encendido y con pinta de estar cansado de dar vida tantas veces al mismo rol. Aquí no es que de clases de interpretación, ni que Laurence Olivier sobrevuele sobre su trabajo, pero se le nota más entero a la hora de cargar con el dramatismo del personaje. Emma Watson como siempre la más entregada de los tres y Rupert Grint cada vez más mastuerzo y con porte muy británico (en su vertiente hoolligan) pero ganando con los años como Ron. Los tres después de tantos años, como es lógico, destilan química y complicidad, ya que la cámara lo percibe y el espectador lo agradece.




El guionista Steve Kloves y el realizador David Yates se han hecho definitivamente con el universo de Harry Potter. Esas tablas les permiten a ambos regalar momentos memorables como el ya mencionado inicio, las apariciones de Dobby, las batallas mágicas, los momentos más tenebrosos como el regreso al pueblo en el que nació el protagonista principal, la batalla en la casa de los Malfoy, la secuencia final en la playa y sobre todo todo el segmento animado de la fábula de Los Tres Hermanos, que me parece una pequeña obra maestra con resonancias del mejor Tim Burton.




El trailer vende muy bien la segunda parte que dará fin a la saga y a las andaduras cinematográficas de Harry Potter. Esta primera entrega del díptico ha sido muy convincente, sólo destaco para mal y es una decisión ajena al film en sí, la horrible voz que le han puesto al pobre Ralph Fiennes en el doblaje, que pesa aún más cuando uno ha visto la saga previa integramente en V.O.S. Unicamente espero que la posterior y última parte cumpla expectativas y si no consigue superar a la que nos ocupa, al menos que la iguale. Aunque las imágenes promocionales prometen que será bastante mejor o ese aparenta a primera vista.



sábado, 4 de diciembre de 2010

2013, Rescate en L.A, big trouble in California



Título Original: Escape From L.A (1996)
Director: John Carpenter
Guión: Debra Hill, Kurt Russell & John Carpenter
Actores: Kurt Russell, Stacy Keach, Steve Buscemi, Peter Fonda, Georges Corraface, Pam Grier, Cliff Robertson, Bruce Campbell, Valeria Golino, Michelle Forbes, A.J. Langer





A mediados de la década de los 90 el director John Carpenter, la productora Debra Hill y el actor Kurt Russell, decidieron que era el momento de hacer volver al célebre Snake Plissken y los tres se pusieron manos a la obra con un guión que sería la base de una secuela de la célebre 1997, Rescate en new York (Escape From New York). Su título fue 2013, Rescate en L.A (Escape From L.A) y a diferencia de su predecesora no fue ningún éxito de taquilla y la crítica la recibió con cierta tibieza.





Escape from L.A llegó en el momento perfecto a la filmografía de John Carpenter. Desde principios de los 90 el americano estaba en una etapa extraña de su carrera. Moviéndose entre proyectos correctos pero despersonalizados como Memorias de un Hombre Invisible y trabajos con cierta pátina de solemnidad que perdían parte de su ironía como narrador, aunque eran grandes films. Como el dignísimo remake de El Pueblo de los Malditos o la excelente y muy reivindicable En la Boca del miedo (In the Mouth of Darkness). El regreso de Snake Plissken volvió a poner en la palestra al Carpenter juguetón y crítico.




2013, Rescate en L.A más que una secuela de 1997, Rescate en New York es un remake de la misma. No sólo porque tenga practicamente la misma estructura, es que Carpenter con cierto descaro y bastante nostalgia en ocasiones copia plano por plano los pasajes que se vieron en la anterior producción de 1981. En lo que sí se distingue esta entrega de la anterior es que se enfatiza bestialmente el espíritu ya de por sí satírico y crítico que destilaba Escape From New York, llegando en ocasiones a la caricatura. Característica que desde mi punto de vista no tiene nada de malo.





Toda la ironía de la anterior parte se agudiza. El presidente del gobierno no es un cobarde rastrero, es directamente un parricida al que poco le importa vida de su hija, a la que da vida una A.J Langer apetecible y con aire a Patty Hearst. El revolucionario comunista, que borda un George Corraface pasado de rosca, es un émulo satírico y exagerado de el Che Guevara (¿ecos de Topaz de Hitchcok?). La sociedad autárquica de la anterior entrega aquí parece un enorme Gran Hermano militarizado en el que se tortura a los enfermos mentales y los presos en las cárceles. También hay un pullazo a la obsesión por la cirugía plástica que tienen los habitantes de la ciudad californiana que da título al film, con cameo de un irreconocible Bruce Campbell.




Las similitudes con el anterior films son tantas que Carpenter no se olvida de hacer referencias a cintas de corte deportivo. Si en Escape From New York homenajeaba al cine sobre wrestling aquí lo hace con el de baloncesto y el de surf, con la magistral escena con Peter Fonda que se mueve entro lo genial y lo ridículo en la misma medida. Incluso volvemos a tener ecos y deudas con el black exploitation setentero, pero esta vez no con la presencia de Isaac Hayes, sino con la aparición de una Pam Grier que empezaba a recuperar una carrera que tendría su resurrección oficial y definitiva gracias a Quentin Tarantino en la soberbia Jackie Brown.




El inolvidable Snake Plissken en líneas generales sigue siendo el mismo tipo de personaje enraizado en el western mestizo, de métodos expeditivos, voz siseante y porte engreido. Esta vez, como el conjunto del film en sí, el personaje de Kurt Russell es más irónico y dado a un humor más remarcado y algo forzado, pero desde mi punto de vista tal carácter funciona bastante bien. El actor conserva la presencia física quince años después de la primera película y se le agradece, por no decir que tiene algunos momentos memorables que se muestran fácilmente como lo mejor de la velada.




2013, Rescate en L.A no sólo me parece una dignísima secuela/remake de 1997, Rescate en New York, también supuso, gracias a la recuperación del John Carpenter chulesco e irónico, el primer paso para que el americano hiciera, sólo tres años después, su gran última obra hasta la fecha, Vampiros. Yo aún espero que el director y Kurt Russell cierren la trilogía antes de que el actor envejezca más o John la palme por su cáncer de piel, aunque la ausencia de Debra Hill se hará notar. De todas formas siempre podremos revisitar las dos aventuras fílmicas de Snake Plissken. Ese outsider americano de pura cepa que no se arrodillaba ante nadie, si no sacaba algún beneficio por ello, claro está.