viernes, 21 de mayo de 2010

Assassin(s), la ética y el legado del sicario


Título Original: Assassin(s) (1997)
Director: Mathieu Kassovitz
Guión: Nicholas Boukhrief & Mathieu Kassovitz
Actores: Michel Serrault, Mathieu Kassovitz, Mehdi Benoufa, Danièle Lebrun, Robert Gendreu





El Odio (La Haine), la segunda cinta en labores de guionista y director del actor francés Mathieu Kassovitz, supuso un joya urbana reivindicativa, nihilista y comprometida, que mostraba la tensa calma en un barrio marginal de París, siguiendo las andanzas de tres jóvenes de clase media/baja metidos en una continua guerra con la policía. En su momento fue un soplo de aire fresco en el cine galo de mediados de los 90. Una revisión del cine de Spike Lee con algunos apuntes de neorrealismo italiano que dieron prestigio y fama a su autor, que recibió merecidos premios en Cannes, San Sebastián y los César.




Dos años después, el hijo de Peter Kassovitz realizó su tercer film (el primero, Metisse, pasó sin pena ni gloria y pocos se acuerdan del mismo a día de hoy), Assassin(s), protagonizada por él y el veterano actor Michel Serrault. Se estrenó en Cannes y fue vapuleada impunemente por practicamente toda la prensa especializada, que la acusaba de reaccionaria, ¿racista?, violenta y demás divertidos apelativos ultraconservadores, que de ser ciertos, desde mi punto de vista no lo son, entroncarían directamente y de manera un tanto extraña, con las de su anterior obra, que fue tildada de ser una apología del extremismo de izquierdas, aunque eso es lo de menos.




Assassin(s) es con certeza un proyecto fallido, pero nada complaciente y hasta cierto punto bastante inteligente, que por desgracia no cumple con la encomiable misión de transmitir debidamente su mensaje de denuncia. Kassovitz quiere por medio de los personajes de Mr Wagner y Max hablarnos de un Pygmalion contemporáneo en busca de un sucesor que siga su legado como asesino a sueldo. En el proceso el guionista y director, con la ayuda en la escritura de Nicholas Boukhrief, quiere realizar un análisis crítico de la violencia y qué la origina, pero el resultado es irregular, valiente, sí, pero también errático.




Cuando el director de Babylon A.D quiere diseccionar al personaje de Mr Wagner acierta de lleno. En él vemos a un anciano criminal que se apaga poco a poco y que posee un ambiguo sentido del honor y el deber para con el homicidio remunerado y la correcta ejecución del mismo. También es hasta cierto punto creíble la psicología más o menos torturada de Max, el personaje que el mismo Kassovitz interpreta de manera convincente. El problema es cuando se quiere introducir en la trama la influencia del medio televisivo como instigador subliminal de la violencia.




Si bien en la primera mitad del film esa omnipresencia de aparatos televisivos en funcionamiento emitiendo todo tipo de mierda en 627 líneas, en la mayoría de las localizaciones de la obra, era sutil y nada simplista (mostrándose Kassovitz como una respuesta juvenil y menos pedante al, por otro lado casi siempre interesante, director austriaco Michael Haneke), en la segunda hora lo que en principio era un apunte que sin necesidad del subrayado hablaba por sí solo, se muestra como un poco creíble y algo torpe tratado sobre la influencia catódica que tienen los actos de hostilidad física en la mente humana, más en concreto en la de un adolescente alienado.




Dicho personaje, Mehdi, supone otro de los puntos flacos de la construcción narrativa de Kassovitz y Boukhrief. Cuando entra en escena en la media hora final de la película su personalidad no está perfilada, ya que sólo lo hemos visto en una insatisfactoria y muy corta escena hablando con Max al inicio del film. Es hasta cierto punto creíble que por vivir en un barrio de mierda con una familia llena de problemas (que inteligentemente los guionistas apuntan sutilmente en la secuencia de la inyección de heroína) Mehdi no se sorprenda por el nuevo trabajo de su amigo Max, pero sí es más dificil asimilar su inmediata empatía con Wagner y que decida irse a vivir con él.




A pesar de ser en su conjunto una visceral crítica a la violencia y el asesinato, paradójicamente los 5 primeros minutos del film (Assassin(s) fue antes un corto de Kassovitz rodado en 1992, que un largo) sirven más que cualquier otra parte de la cinta para mostrar los estragos que el acto de quitar la vida a un ser humano puede producir en la persona que lo lleva a cabo, sin la necesidad de criticar de manera desacertada a la televisión. Sirva como ejemplo el segmento de la sitcom, en la que el director de Gothika fusila impunemente y con bastante descaro al Oliver Stone de Asesinos Natos.




Lo cierto es que Assassin(s), con sus virtudes y defectos, merece mucho la pena, no sólo porque en ella aún se puede ver el excelente pulso en la dirección que Kassovitz desplegó en El Odio, su oficio detrás de las cámaras y una considerable destreza con la construcción de planos secuencia y el uso de la profundidad de campo, sino también porque desgraciadamente supone el último trabajo con ambiciones e inquietudes artísticas por parte de su autor (Los Ríos de Color Púrpura era una muestra de polar puramente francés divertidísimo y bien acabado, pero sólo eso) perdido en una del todo errática carrera americana de cutre tufo comercialoide que demuestra poco a poco que ha perdido, casi totalmente, su discurso cinematográfico, o peor aún, que nunca lo ha tenido.


jueves, 20 de mayo de 2010

Wall Street, the money is not enough


Título Original: Wall Street (1987)
Director: Oliver Stone
Guión: Stanley Weiser y Oliver Stone
Actores: Michael Douglas, Charlie Sheen, Daryl Hannah, Terence Stamp, Martin Sheen, Hal Holbrook, Sylvia Miles, Richard Dysart, Millie Perkins, Annie McEnroe, James Spader





En 1987, tras el sonoro éxito de crítica y público que supuso la inolvidable Platoon, Oliver Stone decidió homenajear el oficio de su padre, corredor de bolsa, y de paso realizar un retrato del mundo de las finanzas estadounidense a mediados de la década de los 80. El resultado fue Wall Street, una de las obras más alabadas de su autor y sin lugar a dudas una de las cintas insignia de la década en la que fue producida.




Stone no tira uno de sus dardos envenenados si sabe que no va a hacer diana. Wall Street no se achanta un ápice y ataca de frente a un enemigo invatible, el capitalismo. El director de Alejandro Magno, con la inestimable ayuda de Stanley Weiser en el guión, realiza una atípica en la forma, pero clásica en el fondo, visión del sueño americano por medio del personaje de Bud Fox, Charlie Sheen forzado y menos convincente que en otras ocasiones, un joven broker que empieza en lo más bajo y llega a tocar el éxito con las manos.




Pero para llegar a lo más alto, Bud se pone en las manos de el que posiblemente sea uno de los villanos más memorables, efectivos y acojonantes de la historia del cine, Gordon Gekko, al que da vida un Michael Douglas inmenso, pero ojo, no el mejor, que nadie se olvide de Un día De Furia. Gekko es la representación física del capitalismo desproporcionado, de la avaricia, la ambición y la ruindad humana. Un ser humano capaz de vender a toda su familia o dejar en la calle a empresas enteras con tal de seguir en la brecha de la especulación financiera, arrasando con todo lo que se ponga en su camino.



Le perdonamos a Stone detalles como el papel de florero de Daryl Hannah, el tufo a moralina que desprende la subtrama de Bud con su padre en la ficción y la vida real, un Martin Sheen esplendido como siempre, y cierto maniqueísmo y estereotipo algo impostado. Se lo pasamos por alto, porque el retrato bestialmente crítico al imperialismo de su país, al afán desproporcionado por la riqueza de sus compatriotas y el retrato que hace de los snobs neocon, que surgieron en la década de los 80 (a los que más tarde pisotearían impunemente gente como los escritores Breat Easton Ellis o Chuck Palanniuk) en Estados Unidos, mostrándolos como niñatos ávidos de riqueza, podridos por dentro.




La semana pasada Stone presentó en Cannes, con más pena que gloria, una tardía secuela, de la que se ha dicho de todo, desde que ablanda y humaniza a Gekko, hasta que es mucho más crítica que su predecesora. Como fan de Stone la veré, porque ya no es el mismo, pero siempre da que hablar y desprende talento de una manera u otra, por no mencionar que se ha convertido en un contradictorio rojeras, al que le han comido la cabeza los comunistas sudamericanos. Por ahora me quedo con esta Wall Street, hija de su tiempo, cinta de culto de los 80 y una obra por la que no sólo no pasa el tiempo, sino que por desgracia está ahora mismo de plena y triste actualidad.


domingo, 16 de mayo de 2010

El Imaginario del Doctor Parnassus, la potencia sin control no sirve de nada


Título Original:
The Imaginarium of Doctor Parnassus (2009)
Director: Terry Gilliam
Guión: Charles McKewon y Terry Gilliam
Actores: Christopher Plummer, Heath Ledger, Tom Waits, Lily Cole, Andrew Garfield, Verne Troyer, Mark Benton, Johnny Depp, Jude Law, Colin Farrell


Trailer


El título de la entrada es un poco alarmista, la cierto es que no es para tanto, ya que hasta hoy no puedo decir que exista una sola película de Terry Gilliam que me disguste, no sólo porque como he comentado aquí en otras ocasiones es uno de mis autores cinematográficos favoritos de todos los tiempos, sino también porque su cine repleto de fantasía y fuerza nunca me ha decepcionado del todo. Pero cuando no cumple expectativas como es debido no me corto y lo digo con sinceridad. El Imaginario del Doctor Parnassus es por desgracia uno de esos casos.




El Imaginario del Doctor Parnassus es una obra puramente Gilliam. Choque frontal del mundo real y el onírico, huida mental hacia un mundo de fantasía para escapar de la crudeza intrínseca de realidad, cierta simpatía hacia los desheredados y personas sin techo, y una inquebrantable oda hacia los dementes y perturbados mentales. Todo lo que hace a Gilliam especial como creador está ahí, condensado, atesorado, resplandeciente, enamorando a sus acólitos y enervando a los que no aguantan su discurso autoral.




El Rey Pescador, Brazil, Los Héroes del Tiempo, todas están aquí, porque El Imaginario del Doctor Parnassus es una de las más claras muestras de Terry Gilliam desatado, haciendo un cine personal, siempre transitando caminos que sus fans conocemos bien. Mostrando su ya conocida obsesión por los contrapicados y grandes angulares, el humor absurdo y granguiñolesco, puramente inglés, heredado de su etapa en los Monty Python, de la fantasía descontrolada, el triunfo de lo onírico sobre lo terrenal, retratando un mundo de imaginación intransferible fascinante, siempre entre lo satírico y lo naïf.




Pero toda esta maravillosa imaginería visual, con su infinita capacidad de asombro para con el espectador se cobra un alto precio, el del argumento. El guión que Gilliam escribe junto a su amigo Charles McKewon es un fino hilo que apenas se sostiene por su propio peso. La trama se estanca, no hay un desarrollo ni de los personajes, ni de la historia en sí, todo es un continuo bucle que transmite una insatisfactoria sensación de déjà vu.




Una vez más, el director de 12 Monos quiere mostrarnos su mundo visualmente inabarcable y la construcción narrativa de la historia se ve sepultada por su afán de obserionarse perdidamente por lo que tiene delante de la cámara, sin percatarse de algo tan o más importante que eso, que los cimientos de lo que está contando tengan una solidez acorde con su puesta en escena. Por otro lado su reparto de actores no destaca en ningún aspecto.




Nadie está memorable en su rol, ni el veterano Christopher Plummer, ni un Tom Waitts bien elegido pero poco convincente, ni siquiera ese Heath Ledger en el último papel de su corta carrera, que estaba mucho mejor en El Caballero Oscuro. Del trío Johnny Depp, Jude Law, Colin Farrell poco puedo decir, ya que se nota que la intervención de los mismos era de pasada y más por un compromiso ético y moral que profesional con Ledger.




Pero volvemos a lo de siempre, es Gilliam y a mí su mundo bestialmente anárquico me atrae profundamente. Esta revisión teatral y exagerada de El Séptimo Sello de Ingmar Bergman me parece una obra menor de su autor, sí, pero también un soplo de aire fresco dentro del cine actual. La visión alucinógena de un soñador de la vieja escuela, el discurso de un genio descerebrado que se mueve con placentera agilidad entre lo entrañable (enanos, travestis, mendigos, esquizofrénicos) y lo ácido (esos dardos envenenados a la policía, el periodismo sensacionalista o la pena de muerte y su uso como espectáculo circense para las masas).




Los seguidores de Gilliam no deben perdérse por nada del mundo esta El Imaginario del Doctor Parnassus. Si la maravillosa, reivindicable y superior Tideland, era Gilliam al 100% aquí lo es al 200%. Sus detractores que la eviten en todo lo posible, en cambio a los neófitos desprejuiciadios les digo que si quieren probar algo diferente, atípico, mágico, extraño pero poco complaciente y muy personal, ni lo duden, esta es su película.



sábado, 15 de mayo de 2010

Iron Man 2




Título Original: Iron Man 2 (2010)
Director: Jon Favreau
Guión: Justin Theroux basado en los cómics de Stan Lee, Jack Kirby, Don Heck, Wilson Meza y Larry Lieber.
Actores: Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, Scarlett Johansson, Mickey Rourke, Sam Rockwell, Samuel L. Jackson, Paul Bettany, Jon Favreau





Iron Man supuso una resuelta adaptación de los cómics de Tony Stark y su alterego mecanizado El Hombre de Hierro. El director Jon Favreau y sus guionistas crearon una entretenidísima cinta de acción con atípico superhéroe, un Robert Downey Jr al que el papel le sentaba como un guante, muy bien realizada y poseedora de una vena satírica y ácida mirada acerca de las empresas americanas fabricantes de armamento militar




Esta segunda entrega repite casi por completo equipo técnico y artístico, pero tiene al actor Justin Thoeroux como guionista. El protagonista de Mulholland Drive y casi con toda seguridad Favreau que a parte de dirigir, produce (se nota sobre todo en como ha alargado sus cameos como actor de la primera entrega, convirtiendo aquí su presencia casi en la de un personaje secundario) toman buena nota de lo realizado en la escritura de la primera entrega y repiten la formula duplicándola, pero con inteligencia.




El film alterna escenas de acción pura y dura (la del inicio, la que tiene lugar en el Grand Premio de Mónaco, la batalla final) en las que se puede ver que el director de Zathura es un resueltísimo artesano de blockbusters, con otras en las que la interacción de los personajes da pie a una trama interesante, entretenida, aunque irregular en su ritmo, que renquea en varias ocasiones a lo largo de las más de dos horas de metraje y algunas excusas argumentales más bien estúpidas, como la que se buscan para iniciar la primera pelea ente Iron Man y Máquina de Guerra en la casa de Tony.




Al igual que la primera entrega, Iron Man 2 se hace fuerte en las escenas en las que no impera la acción y ahí como es lógico entran en escena los actores. A Downey Jr se le sigue viendo a gusto con su Tony Stark, aunque esta vez las coñas que surgen de su incontrolable verborrea parecen algo impostadas. Mickey Rourke hace un buen trabajo con su Ivan Vanko, es un malo de lo más tradicional, la verdadera amenaza del film, no la de Justin Hammer, papanatas que poco aporta a la trama, pero que es sacado adelante con un mucho estilo por el gran Sam Rockwell. Gwyneth Paltrow cumple su cometido como en la primera entrega, Don Cheadle sale lo suficientemente poco como para que no nos demos cuenta que Terrence Howard estaba mejor que él en su papel y Scarlett Johanson hace lo que mejor se le da, de florero, más no se le pide.





Del mismo modo que la primera parte, Iron Man 2 es un entretenido producto de artificio, que combina con acierto acción y humor, aunque en este aspecto ha perdido mordiente con respecto a la entrega anterior. Respeta dentro de sus limitaciones el espíritu de los cómics y ofrece dos horas de entretenimiento sin prejuicios. Ahora, lo de Los Vengadores me huele mal, tanto personaje junto habiendo tenido cada uno de ellos un film y estilo propio, no sé, no me fío, sólo nos queda confiar en Joss Whedon, que rara vez decepciona.


miércoles, 12 de mayo de 2010

Kick-Ass, ¿Quién vigila a los Fanboys?


Título Original: Kick Ass (2010)
Director: Mathew Vaughn
Guión: Jane Goldman, Matthew Vaughn basado en el cómic de Mark Millar y John Romita Jr.
Actores: Aaron Johnson, Nicolas Cage, Mark Strong, Christopher Mintz-Plasse, Chloe Moretz, Elizabeth McGovern






Kick Ass, el cómic escrito por el guionista escocés Mark Millar y dibujado por el americano John Romita Jr, no marcará un antes y un después dentro del mundo del noveno arte. El mismo es una obra ligera, de escasa profundidad, pero poseedora de una mirada ácida, satírica y sobre todo condescendiente con los lectores de cómics a los que se retrata como un hatajo de niñatos mentalmente perturbados e irresponsables capaces de hacer cualquier gilipollez, como disfrazarse de héroe e ir por las calles impartiendo justicia, regalando hostias a diestro y siniestro. Ojo, aviso que hay algunos spoilers en el comentario, cuidado.




El problema más grave de la película de Kick Ass son los cambios con respecto al cómic que le da origen. Es lógico que en la transición de la viñeta al celuloide se queden por el camino algunas ideas, tramas o personajes y es aceptable que algunas cosas no sean iguales ya que ambos son medios diferentes. Lo grave se produce cuando esos cambios adulteran el espíritu o el mensaje original de la obra en la que se basa el film, como sucedió con la película V de Vendetta y como pasa, en menor medida pero de manera notoria, con la cinta que nos ocupa.




El primer fallo de la adaptación a imágenes que Nathew Vaughn ha realizado de Kick Ass es que se ha dejado por el camino la cruda y hasta insultante desmitificación que se hace en el cómic de Millar y Romita Jr no sólo de los héroes sino también del Fanboy. El director de Layer Cake insufla a su film una épica que no existía en la obra en viñetas, porque la misma ser reía de ella y mostraba la inclinación de los protagonistas por enfundarse en mallas para ayudar a gente desvalida como un impulso temerario propio de un loco y no un acto de altruismo llevado a cabo por un héroe.




Con todo, esto último que he comentado se puede aceptar por el simple hecho de que el film no deja de ser una película de superhéroes por mucho que los desmitifique y hay que darle un tono de aventura a la historia. Más graves son otras dos decisiones que no sé como Millar y Romita Jr han permitido a los guionistas, bueno, del primero sí lo sé, le gusta tanto el dinero que vendería a su madre por unos cuantos billetes, a la horripilante adaptación que se hizo de su novela gráfica Wanted me remito.




La primera es el cambio radical de la relación de Dave con Kate, su amor platónico, un giro innecesario, condescendiente y comercialoide que rompe con lo que la obra original nos quiere transmitir, que el lector medio adolescente de cómics por muchas gilipolleces que haga seguirá siendo un fracasado, nerd y casi antisocial. Esto que comento se dejaba ver con más crudeza, autocrítica (Millar es un jodido fan de los cómics desde que nació, él no se libra de su propia pluma y si me apuráis yo tampoco) y hasta humor negro en el origen que tenía Big Daddy en el cómic que lo mostraba como un niño que nunca creció incapaz de criar a una niña pequeña como un padre normal y corriente.




Vaungh y su co guionista Jane Goldman cambian ese origen y de nuevo traicionan la esencia del cómic, haciendo que la historia y misión de Big Daddy y Hit Girl sea la típica y mil veces vista historia de retribución y no la aguda e incómoda mirada que las viñetas arrojaban sobre esos dos personajes en concreto. El mayor problema de Kick Ass, la película reside en que en verdad no es fiel a Kick Ass, el cómic, sí a su estética y a su planteamiento, pero no a su mensaje que es donde el creador de Nemesis y el dibujante de Spiderman se hacían fuertes y tenían algo que decir.




Lo que sí es cierto es que cinematograficamente hablando Kick Ass es una delicia. Se nota el cariño, puede que demasiado, de Mathew Vaughn hacia los personajes y su excelente labor detrás de las cámaras, como esa killbillesca recreación del origen de los personajes de Cage y Moretz . También se puede ver que el casting está muy bien elegido, que Nicolas Cage (ávido devorador de cómics en la vida real) se lo pasó de puta madre en el rodaje, que Chloe Moretz es encantadora hasta haciendo de una cría pirada homicida o que Mark Strong tiene carisma para parar un tren.




La cinta es ligera, divertida, frenética, violenta, aunque menos que el cómic que lo es bastante más, y valiente por su incorrección política. Porque seamos francos, ver a un niña de diez años masacrar a un puñado de mafiosos italianos no se ve todos los días y produce una sensación de desprejuiciada fruición en el espectador que no tiene precio. Sólo por eso Kick Ass merece, y mucho, la pena.


lunes, 10 de mayo de 2010

Peter Pan: La Gran Aventura, do you belive in fairies?


Título Original: Peter Pan (2003)
Director: P.J. Hogan
Guión: P.J. Hogan y Michale Goldenvberg basado en la novela de James .M. Barrie
Actores: Jeremy Sumpter, Jason Isaacs, Olivia Williams, Lynn Redgrave, Rachel Hurd-Wood, Harry Newell, Freddie Popplewell, Richard Briers, Carsen Gray, George MacKay


Trailer


Es de justos decir que el siglo XX acabó sin que Peter Pan, la novela universal del británico James. M. Barrie, fuera llevada a imagen real como es debido dentro del 7º arte reciente al menos. Teníamos aquella Hook de Steven Spielberg, que a mí personalmente me parece entrañable e infravalorada, pero nunca se vio una adaptación realmente ortodoxa que mereciera la pena de las aventuras de Peter Pan y los niños perdidos en cine sonoro.




P.J. Hogan, un director australiano al que se le ha dado cierto reconocimiento, siempre haciendo obras de poca trascendencia como las casaderas La Boda de Muriel o La Boda de mi Mejor Amigo, se implicó bastante con esta adaptación que data de 2003 sobre los personajes de Barrie. El resultado contra todo pronóstico es excelente en todos los sentidos y la misma concepción del film ya se justifica por sí sola.




Peter Pan, la Gran Aventura posee el gran mérito de transmitir practicamente toda la magia del escrito original de Barrie. Por medio de una excelente puesta en escena, unos medios considerablemente holgados en la produccción y unos efectos digitales elaborados, pero siempre al servicio de la historia, Hogan y su equipo consiguen introducirnos en ese mundo de fantasía, hacer que nos creamos a esas criaturas y que en ocasiones hasta nos identifiquemos con ellas.




El casting es también un acierto, parece como si cada uno de los actores hubiera sido elegido milimétricamente para dar vida a sus roles, seguramente así sea. Destacan sobre todo Jeremy Sumpter como Peter, adorable en ocasiones, abofeteable en otras (exactamente como requiere su papel) y Jason Isaacs con doble papel que se luce dando vida a James Garfio. Los apuntes cómicos, muy acertados todos ellos, corren a cargo de los hermanos de Wendy (guapa Rachel Hurd Wood debutante por aquel entonces) los niños perdidos, un inspiradísimo Richard Briers como Smee y Ludvigne Signier, entrañable como Campanilla, la pequeña y muy celosa hada que acompaña a Pan.




Pasemos por alto algún pequeño fallo, cierta Harrypotización en el trabajo del director y que la sombra de la clásica adaptación de la Disney sobrevuela todo el metraje. La cinta que nos ocupa es una excelente adaptación de la novela en la que se inspira y posee suficientes virtudes como para ser recordada como un soberbio acercamiento a los personajes de Barrie. Película para todos los públicos, con dulce aroma a cine infantil de los 80, que fascinará a los más pequeños, y entretendrá a sus padres. Peter Pan, la Gran Aventura está finalmente hecha a medida especialmente para esos niños grandes y soñadores que nunca dejarán de creer en hadas por muy oscura y fría que sea la noche.


Furia, I can see my future, writings on the wall


Título Original: Furia (1999)
Director: Alexandre Aja
Guión: Alexandre Aja y Grégory Levasseur basado en un relato de José Luis Cortazar
Actores: Stanislas Merhar, Marion Cotillard, Wadeck Stanczak, Pierre Vaneck, Carlo Brandt, Laura del Sol, Jean-Claude de Goros, Etienne Chicot, Julien Rassam, Daniel Vérité





Furia fue allá por 1999 la carta de presentación del dúo de cineastas franceses Alexandre Aja y Grégory Levasseur. Una ópera prima cinematográfica basada en un relato corto (Graffiti) del escritor argentino Julio Cortázar. Cinta que puso en escena a dos jóvenes deseosos de subvertir patrones establecidos, con una propuesta radicalizada en fondo y forma, para en cierta manera, dar un soplo de aire fresco al cine francés de género.




Furia, es sin lugar a dudas un proyecto fallido en el más amplio de los sentidos. Es curioso, pero en este debut el considerable talento que este binomio desplegó más tarde en obras tan destacables como Alta Tensión, excelente perversión recrudecida del giallo italiano que sólo fallaba en aquel olvidable y vergonzoso giro final, o esa genialidad visceral, llena de dobles lecturas, que supuso el remake de Las Colinas Tienen Ojos de Wes Craven, brilla totalmente por su ausencia.




En la ópera prima de Aja nada funciona, todo resulta mundano, inerte, distante, hasta la lograda pero adecuada banda sonora del gran Brian May se muestra agotadora en muchos momentos. El espectador nunca percibe esa atmósfera distópica, el anodino protagonista no transmite para nada ese matiz revolucionario y antisistema, necesariamente alegórico, que debería suponer para él el acto de realizar pintadas nocturnas en muros anónimos, síntoma de pensamiento individual que el estado autárquico que rige este supuesto futuro próximo no permite y castiga con pena de cárcel.




La dirección de Aja es poco acertada, en lugar de alimentarse de gente como John Carpenter o Sam Peckinpah lo hace innecesariamente de Luis Buñuel o Roberto Rosselini, influencias intachables por otro lado, si no fuera porque aquí no pintan absolutamente nada. El guión avanza dando bandazos, haciendo un uso desacertado de la voz en off, aburriendo sin contar apenas nada en la primera hora de metraje y saturando con una crudeza innecesaria torpemente planteada y resuelta (la misma que por suerte sus autores depurarían más tarde convirtiéndola en uno de sus puntos más fuertes como narradores cinematográficos) en el último tercio del film.




Furia es sin lugar a dudas la obra más endeble y titubeante de Alexandre Aja, todo esto en parte es lógico por ser su primera incursión en el difícil camino del largometraje. Un realizador que hasta dentro del manistream más in de Hollywood, como se puedo ver en Reflejos, su última obra hasta la fecha, muestra su personalidad como autor de género. El discurso de un animal salvaje que a día de hoy muestra una seguridad detrás de la cámara que en su primera película se vislumbraba a duras penas en un par de escenas aisladas.



Lo próximo, su tercer remake, uno de Piraña, la cinta de culto dirigida por Joe Dante y por extraño que parezca, escrita por John Sayles, en el ya cansino formato 3D, que sabemos que no va a ser un paso adelante ni de lejos, pero que seguro hará brotar su vena más bestia y gamberra, el tiempo nos lo dirá. Por ahora yo me quedo con la violencia extrema de Alta Tensión y Las Colinas Tienen Ojos en su totalidad, la mejor película de terror de la pasada década para el que firma.