miércoles, 31 de marzo de 2010

Melinda & Melinda, la vida como tragicomedia


Título Original: Melinda & Melinda (2004)
Director: Woody Allen
Guión: Woody Allen
Actores: Radha Mitchell, Will Ferrell, Amanda Peet, Chloë Sevigny, Wallace Shawn, Zak Orth, Gene Saks, Brooke Smith, Vinessa Shaw, Jonny Lee Miller




En Melinda & Melinda, Woody Allen quiso hablar, desde un punto de vista existencial, de las diferencias y similitudes que hay entre tener una visión humorística o trágica sobre los mismos hechos. Con tal excusa argumental el director de Sombras y Niebla da su visión sobre la comedia y el drama dentro del medio cinematográfico, incluso llegando a mezclar ambos géneros con el fin de no llegar a distinguirlos, pero el resultado no es, al menos para mí, del todo satisfactorio, por distintos motivos que dañan duramente el cojunto del film.




En la cinta que nos ocupa Allen acomete inteligentemente la tarea de entrelazar y alternar las dos historias que narra, no poniéndolas en escena como dos relatos independientes, uno detrás del otro, dándole a su guión una interesante estructura. Pero el problema nace por el hecho de que ambos géneros están mostrados a medio gas, ni la parte dramática es tan sólida como Match Point, Interiores o September, ni la cómica es tan consistente como Desmontando a Harry o Acordes y Desacuerdos.




Uno de los principales motivos para que Melinda & Melinda no funcione como debiera es que la actriz australiana Radha Mitchel no da la talla en su doble papel. En el segmento cómico se mueve con soltura, resulta agradable y atractiva. Pero a la hora de interpretar a la Melinda dramática, a la neorótica, insegura y trágica, falla estrepitosamente por realizar un trabajo que deja mucho que desear por exagerado y unidimensional, en resumidas cuentas, le viene grande un personaje que en otra época, Diane Keaton hubiera bordado.




Pero no echaré toda la culpa a la protagonista de Silent Hill. Allen está irreconocible con los díalogos. Los dramáticos no poseen apenas hondura ni verdadera reflexión y los cómicos carecen casi por completo de esa chispa e ingenio que son marca de la casa, salvando minimamente los de un simpático Will Ferrel menos exagerado de lo normal, pero en ocasiones cargante a pesar de tomar él con bastante dignidad el relevo del Allen actor.




Es raro que una cinta de Allen no me convenza del todo, pero la obra que nos ocupa por desgracia es uno de esos casos. No veo esa obra maestra sobre las paradojas de la vida que dicen los entendidos en cine intelectual y filosofía. Para mí esta cinta es una obra menor de Allen que pudo dar mucho más de sí, entretenida, pero poco más. Melinda & Melinda se me antoja un proyecto fallido, no sé si porque su autor quiso abarcar más de lo que pudo o porque el problema es mío, que es muy probable.


martes, 30 de marzo de 2010

Carnivàle, el largo y tortuoso camino hacia Nueva Canaán



"Antes del principio, después de la guerra entre El Cielo y El Infierno. Dios creó la Tierra y dio dominio sobre ella al habilidoso mono que llamó Hombre, y en cada generación nació una criatura de luz y una de oscuridad. Y grandes ejércitos se enfrentaron de noche en la antigua guerra entre El Bien y El Mal. La magia existía entonces, y la crueldad inimaginable. Así fue hasta el día en el que un falso Sol explotó sobre la Trinidad y el hombre cambió, para siempre, la maravilla por la razón"

Samson




En el año 2003 la prestigiosa e imprescindible cadena de televisión por cable americana HBO estrenó una ambiciosa serie ideada por el guionista Daniel Knauf sobre una feria ambulante llena de personajes pintorescos situada en la época de la depresión americana y en cuyo interior palpitaba una nueva visión de la ancestral lucha entre el bien y el mal. Los caros costes de producción dieron pie a que la serie fuera cancelada en su segunda temporada, acabando con su andadura, pero convirtiéndola en una obra de culto.




Al igual que muchos productos salidos de la HBO (The Wire, por poner un ejemplo) y debido principalmente a su complejidad, Carnivàle es una serie que no engancha a la primera. Desde el primer episodio somos conscientes de que es un producto de una indudable y notoria calidad, con una puesta en escena totalmente cinematográfica, pero hasta que no se asienta la personalidad del Hermano Justin, la serie no despliega totalmente su interminable gama de posibilidades narrativas y visuales.




Carnivàle tiene dos referentes claros, uno cinematográfico y el otro catódico. El primero es sin lugar a dudas el célebre clásico La Parada de los Monstruos (Freaks), del director americano Tod Browning. El segundo, bastante notorio también, es la serie Twin Peaks creada por David Lynch junto a Mark Frost y que comparte con el producto que nos ocupa, aparte de la tématica y el fondo, muchos de los guionistas, actores y directores que dieron forma a aquella. También hay, por extraño que parezca, ramalazos (incluso tramas idénticas) del genial cómic Predicador creado por Garth Ennis y Steve Dillon.




Otro de los temas clave en Carnivàle es la carga teológica que sobrevuela toda su trama. Curiosamente el bien está representado por un humilde joven de campo y el mal toma la forma de un clérigo, un siervo de dios que representa una alegoría del fanatismo religioso en el que se adentró norteamerica en la primera mitad del SXX por culpa de la carestía económica imperante en aquella época. A ese personaje, el Hermano Justin Crowe, le da vida un inmenso y aterrador Clancy Brown, al que es necesario ver en su voz original para disfrutar en toda su majestuosidad.




Esa eterna lucha entre la luz y la oscuridad que remite no sólo a la mencionada Twin Peaks (la Logía Blanca y la Negra, Cooper y Killer Bob), sino también a lo que parece ser que se nos está desvelando en la última temporada de Lost o de manera más solapada a Expediente X, sirve como nucleo para mostrar a los dos personajes antagónicos, Ben Hawking y Justin Crowe y las gestas que llevan a cabo, cada uno de ellos siguiendo su senda de realización existencial y extraterrenal, coincidiendo en principio ambos, sólo en ensoñaciones y finalmente enfrentados, de manera agradecidamente atípica, en los últimos episodios de la serie.




Carnivàle es un producto de una calidad incuestionable y una complejidad que el espectador no acomodaticio agradece. Sirve como fresco de una época terrible de la historia de Estados Unidos y como historia fantástica con sus ángeles y demonios, que en más de una ocasión no sabremos distinguir. Una relato crudo, metafórico y muy ambicioso sobre la dualidad del ser humano y su compromiso con una tierra vasta, cruel e inmisericorde que es mostrada como el campo de batalla de una guerra entre las luminosidad y las tinieblas que parece no tener fin.


Scoop, exclusivas desde el más allá


Título Original: Scoop (2006)
Director: Woody Allen
Guión: Woody Allen
Actores: Woody Allen, Scarlett Johansson, Hugh Jackman, Ian McShane, Romola Garai, Kevin McNally, Anthony Stewart Head





Scoop es una divertida y efectiva comedia ligera de Woody Allen que tuvo la desgracia de ser la película inmediatamente posterior a esa obra maestra llamada Match Point, cuyo inesperado éxito hizo creer a la prensa especializada que el de New York iba a volver a entregar piezas cinematográficamente perfectas todos los años. Idea preconcebida y gestada principalmente por sus paisanos americanos que llevan bastantes años dándole la espalda, mientras en Europa cada vez valoramos más sus obras.




Allen teje una sencilla y divertida comedia con tintes de intriga ayudado por su equipo técnico habitual y dos protagonistas de muy buen ver. Una Scarlett Johansson que como he dicho muchas veces, si tiene un buen consejero detrás de las cámaras da lo mejor de sí como la limitada actriz que es, haciendo (como inteligentemente se dijo por la red) un émulo femenino del mismo Allen, con más atractivo como es lógico y un Hugh Jackman elegante y carismático a pesar de hacerse un lío con el acento inglés, al que no acaba de cogerle el punto.




Pero como es lógico y esto es algo que me encanta profundamente, Allen, que se reserva el papel secundario del mago Splendini, se come la pantalla y a cuantos la pueblan. Basta sólo su primera aparición, con el número de ilusionismo, para que el director de Annie Hall consiga que al espectador no se le vaya la sonrisa en todo el metraje, gracias a sus aspabientos y su verborrea incontrolable, regalándose a sí mismo y de manera muy acertada, los mejores diálogos del guión.




Por desgracia la gran calidad de la ya mencionada Match Point ensombreció los logros de las otras dos cintas que daban forma junto a ella a la trilogía británica de Woody Allen, la entrañable cinta que nos ocupa y aquella injustamente vilipendiada Cassandra's Dream muy bien realizada que desgranaré dentro de poco por estos lares. Scoop es humor, amor, sexo, suspense, una mirada entre jocosa y agria hacia la burguesía inglesa, 90 minutos de puro entretenimiento y eso una vez al año, viniendo de la misma persona desde hace casi 40, no tiene precio.



sábado, 27 de marzo de 2010

Batman R.I.P (Epílogo), los restos del naufragio



El número inmediatamente posterior a la macrosaga del 2009, Batman R.I.P, la que más ríos de tinta hizo correr el año pasado ideada por el guionista escocés Grant Morrison es un jodido lío. El número 28 del volumen 2 de la colección regular de Batman está escrito por el mismo Morrison y dibujado por Lee Garbett, pero si no se han leído previamente los números de Crisis Final que complementan esta historia, el lector se encuentra ciertamente desubicado. Sin tener ni puñetera idea de cuando han apresado a Batman y de qué cojones pinta Darkseid en toda esta historia. Eso sí, en los dos números el autor de Nuevos X-Men se marca un emotivo homenaje al protagonista, por medio del personaje de Alfred.




Este número 29 es especial por varios motivos. Por ser el primero oficialmente después de que Batman salga de escena y por estar escrito por Dennis O'Neill. Maestro de maestros y autor de muchos de los más memorables arcos argumentales de Batman en los años 70, siempre con la indispensable ayuda de su buen colega Neal Adams a los dibujos. Parece mentira como un hombre como O'Niell, que está practicamente desaparecido del mundo del cómic, puede seguir siendo tan bueno con la escritura y como puede después de tanto tiempo seguir conociendo la psicología de personajes como James Gordon o Dick Grayson. El dibujo recae en un excelente Guillem March que sabe llevar perfectamente a las viñetas las ideas argumentales del veterano guionista.




En este volumen 30, Paul Dini (que como guionista no le llega ni a la suela de los zapatos a Morrison, pero que escribe sobre Batman 20 veces mejor que él) nos ofrece dos números de la colección Detective Comics en los que nos narra una historia (Las Caras del Mal) que sirve de epílogo a su excelente miniserie Corazón de Silencio en la que desarrolló y dio hondura a la personalidad de Thomas Elliot alias Silencio. Personaje creado por Jeph Loeb y Jim Lee en la infravaloradísima saga Hush y que para mí es uno de los mejores villanos que ha dado el universo del Caballero Oscuro en mucho tiempo. En estas dos entregas protagonizadas por Catwoman Selina Kyle se cobra una deuda con el antiguo Doctor Elliot que tenía pendiente desde la ya mencionada saga Heart of Hush. El guión de Dini, como siempre genial y el dibujo de Dustin Nguyen me sigue pareciendo tan extraño y deforme, como efectivo al fin y al cabo.




Acierto por parte de Planeta editar en España los "Archivos Negros" que se supone, dieron forma al acontecimiento de Batman R.I.P. En este tomo, con una introducción de Grant Morrison en la que deja patente su cariño por la etapa más camp y estrafalaria de Batman en el 9º arte, se recopilan números del personaje de finales de la década de los 50 y principios de los 60 en los que a parte de un delicioso aire exagerado y colorista se desvelan muchas de las claves de la etapa ideada por el guionista escocés. Batmito, el experimento militar al que se somete Batman y que deja mermada su mente, el planeta Zur-En-Arrh, el Club de Héroes, Thomas Wayne como el primer Batman. Ideas y conceptos que una vez descubiertas ayudan en mucho comprender no sólo la saga R.I.P sino también la pasión que el escritor de JLA siente por el Guardián de Gotham. Proximamente comentaré La Batalla Por la Capucha, la miniserie escrita y dibujada por Tony Daniel que sirve de puente entre R.I.P y las que serán las nuevas aventuras de Batman & Robin en nuestro país. Pero eso en otro momento.


viernes, 26 de marzo de 2010

La Obsesión, no prayer for the dying



Título Original: The Premature Burial (1962)
Director: Roger Corman
Guión: Charles Beaumont y R. Wright Campbell, basado en la novela de Edgar Allan Poe
Actores: Ray Milland, Hazel Court, Richard Ney, Heather Angel, Alan Napier, John Dierkes, Dick Miller, Clive Halliday, Brendan Dillon




Roger Corman es un veterano director al que le profeso un especial cariño y admiración. Un señor que con el mínimo presupuesto para sus producciones era capaz de rodar varias películas al año. Mismamente en 1962 (fecha de el estreno del film que nos ocupa) realizó otras tres cintas más, todas de una excelente calidad para ser productos de serie B y poseedoras una elegancia fuera de toda duda.




Corman era un maestro dentro del terror gótico y su especialidad era adaptar a imágenes relatos del célebre escritor Edgar Allan Poe. Cintas como El Péndulo de la Muerte o La Tumba de Liegia, dieron muestra de la destreza del americano para llevar al celuloide el mundo literario del autor de Los Asesinatos de la Calle Morgue, pero también es cierto que no siempre acertaba, como dejó patente la floja La Máscara de la Muerte Roja, que pecaba de psicodélica en detrimento del clasicismo, que era lo que en verdad hacía grandes estos films.




A diferencia de la mayoría de adaptaciones que Corman hizo de Allan Poe, Premature Burial, no estaba protagonizada por el inmenso Vincet Price. Su lugar lo ocupó el prestigioso actor, también inglés, Ray Milland, que hizo un trabajo, puede que no tan exquisito, pero sí más acentuadamente dramático, perfecto para el papel de Guy Carrell, el hombre obsesionado con sufrir la agonía de ser enterrado vivo por culpa de que creía poder llegar a padecer la catalepsia que supuestamente había heredado de su padre.




La dirección de Corman, como siempre exquisita, con una utilización tan fluida de los encuadres que parece que la cámara no fuera intermediaria entre las imágenes y el espectador. Los contrapicados desde el exterior de la mansión, los planos generales del cementerio, los leves travellings en las escenas de los frondosos y oscuros bosques, el delicioso carácter naïf de las ensoñaciones de Guy sobre su encierro en la cripta o la efectiva atmósfera, muy acertada gracias a la dirección y el uso de la música que acentúa el terror psicológico, sencillo pero eficaz, que da forma al relato.




En los 60 no sólo de la inolvidable Hammer Films vivía el cine de terror. Un director americano al otro lado del charco nació para dar lecciones de como hacer cine de género exquisito y económico. Pero que nadie se engañe, Roger Corman no era un simpático Jesús Franco, que por mediocre resultaba entrañable. El director de The Raven era un auténtico artesano, un realizador de raza que podía codearse con la élite de directores asiduos al cine de terror de la época y que para colmo en su labor como productor nos descubrió a inmensos talentos como Francis Ford Coppola, Martin Scorsese o Jonathan Demme. El mundo del cine le debe mucho a este genio, más de lo que mucha gente cree.


jueves, 25 de marzo de 2010

X-Men II, X de Extinción


Título Original: X-Men II (2003)
Director: Bryan Singer
Guión: David Hayter, Zack Penn y Bryan Singer
Actores: Hugh Jackman, Patrick Stewart, Halle Berry, Anna Paquin, Ian McKellen, Famke Janssen, James Marsden, Rebecca Romijn-Stamos, Brian Cox, Alan Cumming





Tras el éxito de crítica y público que supuso el estreno de X-Men, cinta de la que hablaré en breve, poco tardaron Twentieth Century Fox y la Marvel en ponerse en marcha para dar forma a la secuela. Se sirvieron del mismo equipo artístico (practicamente repetía todo el reparto) y técnico, con Bryan Singer a la cabeza de nuevo como director, pero esta vez más implicado en la producción y escritura del film.




X-Men 2 toma como base argumental, aunque concediéndose algunas licencias, la novela gráfica Dios Ama, el Hombre Mata, escrita en los años 80 por el guionista inglés Chris Claremont, autor de algunas de las mejores historias de los mutantes tutelados por Charles Xavier, e ilustrada por el dibujante americano Brent Anderson. Idea inteligente tomar como nucleo narrativo una historia mítica dentro de los relatos de los Hombres X.




En esta segunda entrega se acentúan los no pocos hallazgos que poseía la ya de por sí excelente primera parte. Singer inicia su film con una de las mejores escenas que ha rodado en toda su carrera, el asalto por parte de Rondador Nocturno a la Casa Blanca. Secuencia perfectamente realizada y coreografiada, que no sólo sirve como carta de presentación para el personaje sino también como una muestra de lo elaborada que es la puesta en escena del film.




La implicación dramática de los protagonistas es efectiva, desarrollando todos ellos sus roles y la interacción mutua en la que se ven implicados. La amenaza por parte del personaje de William Stryker (genial Brian Cox) es palpable para el espectador, mostrándose como uno de los logros más destacados del film. La saga de X-Men destaca principalmente por su tono pretendidamente realista y alegórico, por eso sus personajes están tan bien perfilados en los guiones, como muestra de esto serviría la relación entre el profesor Xavier y Magneto, acentuada por la labor y veteranía de los británicos Ian McKellen y Patrick Stewart, los dos mejores actores de la trilogía.




De nuevo el personaje más o menos central dentro del abanico de protagonistas es Lobezno y una vez más Hugh Jackman demuestra que es el actor perfecto para interpretar al canadiense de las garras de adamantium. El resto de actores cumplen su cometido, al igual que hicieron en la primera entrega y posteriormente en la tercera, como Famke Janssen, Anna Paquin o James Marsden, aunque se podría destacar la labor del inglés Alan Cumming, entrañable como el ya mencionado Rondador Nocturno.




X-Men 2 es un proyecto sólido, una buena muestra de como se puede adaptar de excelente manera al celuolide un cómic de superhéroes. Un film entretenido, serio, con cierta profundidad y sin hacer concesiones al infatilismo, siendo fiel a las viñetas en las que se basa y ofreciendo calidad y espectáculo. Es la película más completa y mejor acabada de la trilogía (aquello de X-Men, Orígenes: Lobezno ni lo menciono) aunque yo sienta cierta predilección por la injustamente denostada tercera entrega, como ya dejé ver hace un tiempo en este mismo blog y por la primera, que como he comentado unos parrafos más arriba, desgranaré dentro de poco.


miércoles, 24 de marzo de 2010

Gosford Park, el discreto desencanto de la burguesía


Título Original: Gosford Park (2001)
Director: Robert Altman
Guión: Julian Fellowes
Actores: Michael Gambon, Kristin Scott Thomas, Camilla Rutherford, Charles Dance, Geraldine Somerville, Tom Hollander, Natasha Wightman, James Wilby, Jeremy Northam, Bob Balaban



Gosford Park supuso no sólo una rareza dentro de la filmografía del director Robert Altman, también fue su gran última obra antes de fallecer el 20 de Noviembre (qué gran fecha, por cierto) de 2006. Un proyecto marcadamente británico, alejado de sus Estados Unidos, al que dio forma con la ayuda del actor, guionista y director americano Bob Balaban.




Gosford Park es una exquisita amalgama que mezcla todo tipo de referencias. Toma ideas de films como La Regla del Juego de Jean Renoir o Dublineses de John Huston, de series del estilo Arriba y Abajo o de relatos literarios escritos por Agatha Christie o Arthur Conan Doyle. El film podría dividirse entre una ácida (pero siempre apelando al buen gusto) mirada hacia la bestial diferencia de clases existente entre los invitados acomodados y sus sirvientes, y por otro la trama policiaca con un misterioso asesinato acompañado de su consiguiente investigación.




El director de El Juego de Hollywood contó con un infalible y extenso reparto de los mejores actores que han salido del Reino Unido. La película destila un corte profundamente teatral con una exquisita, a la par que sencilla, puesta en escena donde Altman muestra las tablas y la veteranía de un autor que empezó en la televisión y que llegó a lo más alto dentro del Hollywood más o menos idependiente, aunque dejóndose seducir en contadas ocasiones por los cantos de sirena de las majors (MASH, Conflicto de Intereses, Pret-a-porter).




Es cierto que el mayor interés del film reside en ver como hay dos mundos separados por unas simples escaleras. La altanería y condescendencia con la que la mayoría de los señores tratan a sus empleados y como el sótano es la zona de la casa que verdaderamente llama la atención del espectador, porque en él es donde las conversaciones, actos e intrigas exhalan auténtica veracidad y carecen de la suntuosa y vacua pomposidad de la zona de los adinerados con sus falsos buenos modales, perfectamente retratados, por poner un ejemplo, en una Maggie Smith soberbia.




Pero estoy en desacuerdo con aquellos que dijeron en su estreno que cuando entra en escena la trama detectivesca la cinta pierde fuerza. La transición en el guión está muy bien llevada por Jullian Fellowes, el devenir del argumento acentúa el dramatismo (que recae sobre todo en una inmensa Helen Mirren) y lo único que me chirría de él es el comportamiento del simpático Stephen Fry, porque un policía torpe y sin talento se puede representar sin retratarlo como un gilipollas integral, sin idea alguna de métodos de deducción.




Gosford Park es una elegante propuesta, una interesante obra coral perfectamente acabada que regala al espectador dos horas de entretenido celuloide marcadamente inglés, con un acertado toque de crítica social, una historia agradable y un reparto en estado de gracia en el que todos los intérpretes tiene su pequeño momento destacable. La última obra remarcable de un gran director cuya poliédrica mirada nos regaló productos tan soberbios como Vidas Cruzadas o acertados como el que nos ocupa, que supone un apetitoso bocata di cardinale para disfrutar en una noche lluviosa.


sábado, 20 de marzo de 2010

El Secreto de los Hermanos Grimm


Título Original: The Brothers Grimm (2005)
Director: Terry Gilliam
Guión: Ehren Kruger
Actores: Matt Damon, Heath Ledger, Lena Heady, Peter Stormare, Jonathan Pryce

Trailer


El Secreto de los Hermanos Girmm supuso la recuperación del Terry Gilliam más taquillero. Pero al igual que en todas las producciones de gran presupuesto en las que se ha involucrado el creador de Brazil el rodaje fue problemático, caótico e incluso tuvo que verse interrumpido a la mitad (tiempo que Gilliam aprovechó para realizar la menor, pero más personal y lograda, Tideland) y retomado tiempo más tarde.




La misión de Brother's Grimm es desmitificar la imagen que se tiene de estos hermanos alemanes que molderaon y dieron forma a los cuentos populares infantiles más celebres de la historia. Gilliam y el guionista Ehren Kruger muestran a Jacob y Will como dos canallas, timadores (el estilo de la literatura picaresca española se deja notar) que viven ejerciendo de falsos cazadores de fantasmas, brujas y demonios, cobrando cifras elevadas por ello.




El mayor fallo de El Secreto de los Hermanos Grimm, lo que impide que se erija como una de las mejores cintas de Gilliam y una obra maestra (que pudo serlo, lo tenía todo a su favor) es la poca consistencia estructural del guión de Ehren Kruger, un mediocre escritor cinematográfico que de vez en cuando sorprende con algún trabajo de calidad bastante considerable, como Arlington Road.




Debido a la endeblez ya comentada en la escritura, por mucho que la imaginería visual de Terry Glliam se despliegue con más virtuosismo que nunca, con un apabullante delirio de escenas que dejan verdadermante sorprendido al espectador, el esqueleto argumental del film no se sostiene con entereza. Toda la historia, la unión de las tramas, el homenaje a los cuentos de hadas está bien planteado, pero a la hora de desarrollarse el producto pincha y no explota todo su potencial que es enorme.




Con todo, la cinta me ha parecido mucho mejor que cuando la vi en su momento en pantalla grande, se muestra como un producto Gilliam 100%, con sus personajes granguiñolescos, su sátira y mirada ácida (con una considerable mala hostia hacia los franceses) muy Pythonesca y una dirección que explota al máximo la dirección artística y la puesta en escena de la obra, ya que el director de 12 Monos utiliza los decorados como un añadido a sus films (que son profundamente visuales), no como el Tim Burton de los últimos años, que permite que el diseño de produccción devore su trabajo detrás de las cámaras.




Pudo ser una obra maestra, pero se quedó en diamante en bruto. No es una de las mejores cintas de Gilliam, pero sí supone uno de sus más logrados trabajos como director. La confirmación de que su imaginación es tan grande que a veces el mismo medio cinematográfico se le queda pequeño a la hora de mostrar su mundo de ensoñación, unas veces maravilloso, otras terrible, pero siempre interesante y enriquecedor.