miércoles, 6 de enero de 2010

Grandes Momentos Cinematográficos del 2009


Anticristo:
Mórbido lirismo extraterrenal. Lars Von Trier inicia su último film con una escena magistral en blanco y negro que auna virtuosamente, belleza, pornografía, tragedia, música y crueldad. Puede que una de las escenas más impresionantes que haya rodado el danés en toda su carrera.



Up: En 5 minutos Pete Docter y Bob Peterson nos cuentan una maravillosa y entrañable historia de amor desde su nacimiento hasta su final. Con ecos chaplinescos esta secuencia se adscribe facilmente a lo mejor jamás salido de la factoría Pixar.



Ponyo en el Acantilado:
La pequeña y anfivia Ponyo corre sobre un banco de peces bajo una lluvia de proporciones universales en busca de Sosuke el niño por el que dejaría hasta su reinado marino.



Punisher, Zona de Guerra: La alemana Lexi Alexander abre su cinta con una referencia directa al primer tomo de la etapa MAX de Punisher, En el Principio, con guión de Garth Ennis y dibujo de Lewis Larosa. La matanza llevada a cabo por Frank en la mansión de un anciano capo de la mafia italiana y con ella por primera vez se ve a un Punisher en imagen real desplegar una salvajada llena de violencia como la de los cómics de su colección para lectores adultos y eso que se cortan mucho, porque la barbaridad que se ve en viñetas no se puede poner en imagen cinematográfica sin temor a que la censuren.



Mi Nombres es Harvey Milk:
El final de la cinta de Gus Van Sant, esperado para el espectador que va a ver el film con algo de información sobre la persona a la que retrata, es de una fuerte carga trágica, un juego de encuadres y tomas de una seca tosquedad anticlimática con la ópera Tosca de Giacomo Puccini como inspiración directa, cine en estado puro.



Avatar: La cinta de Cameron me produce tanta atracción como rechazo, pero el canadiense tiene oficio y la escena en la que Jake Sully se introduce por primera vez en su Avatar y sale al exterior me parece un pasaje de una gran fuerza dramática por lo que implica en cuanto a la fisicidad y psicología del personaje protagonista.



[·REC]²: La escena del cuarto de baño con el policia de asalto argentino. Asediado, sin salida y con final expeditivo, me parece lo mejor de la cinta de Balagueró y Plaza, tensión desatada y un torrente de fuerza visual, un perfecto uso de caos controlado.



Zombieland: Muertos vivientes, esta vez en clave cómica. Los títulos de crédito, geniales, cachondísimos perfectamente rodados a cámara lenta y al ritmo de For Whom the Bell Tolls de Metallica, con dos cojones.



Déjame Entrar:
La escena de la piscina, no tan enormísima como dicen por ahí pero sí con un acabado formal soberbio. Brutalidad contenida y una gélida belleza cruel a la par que inocente, genial, como todo el film de Thomas Alfredson.



El Desafío, Frost Contra Nixon: La fantasmal escena de la tan improvable como posible llamada a horas intempestivas del presidente Nixon al periodista David Frost dejándole intencionadamente o no, el camino a seguir para efrentarse a él dialectiacamente delante de las cámaras.




El Secreto de sus Ojos: Muchas de las escenas del último film del porteño Juan José Campanella son de lo mejor que se ha visto este año. Como la escena del ascensor o la del final en la celda. Pero la del campo de fútbol, que como es lógico no puede ser un solo plano secuencia, a pesar de todo es una obra maestra de técnica en fondo y forma. Fusionar al mejor Hitchcock con su alumno De Palma y parir la posiblemente más virtuosa escena del año 2009, verla para creerla.




Malditos Bastardos: Otra cinta con muchas escenas memorables, pero la que da inicio al film bebe de Hitchcock, Dickens y hasta Anna Frank. El buen hacer de Tarantino con el tempo narrativo, los diálogos, los encuadres y el excelente trabajo de Christoph Waltz y Dennis Menochet delante de la cámara, hacen que el arranque de Malditos Bastardos se encumbre como una de las mejores secuencias jamás rodadas por el de Knoxville en toda su carrera.



Gran Torino: Unos lo veían venir de lejos, otros no nos lo esperabamos, en lo que todos estamos de acuerdo es en que el final de Gran Torino es la cima de Clint Eastwood como actor y que posee una emotividad fuera de toda duda. No sólo marca la conclusión de un gran film, sino también el final de una era dentro de la historia del cine. Según sus propias palabras nunca lo volveremos a ver delante de las cámaras, por suerte lo tenemos detrás de ellas y esperemos que por muchos años.



Watchmen: Con unos títulos de crédito soberbios al son de The Times They Are a Changing de Bob Dylan. Haciendo referencia a historia, política, cultura popular, cómics, cine y música, Snyder pone en situación al espectador profano que no ha leído la obra maestra de Moore y Gibbons y regala un deleite para los ojos y los oidos de la platea, una obra de arte.



Ágora: El destino de Hipatia es uno de los muchos clímax de la para mí mejor cinta de Alejandro Amenábar, junto a otras escenas como la toma de la biblioteca de Alejandría, o la secuencia en la que Davo aparta la mirada de Hipatia para que no lo reconozca tras el asalto por parte de los cristianos. En plena desnudez física y psicológica esta mujer adelantada a su época lo dio todo por sus convicciones e ideales y no cedió ante nadie, ya fuera humano o supuestamente divino.

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