viernes, 25 de septiembre de 2009

La Tumba de Drácula, el conde transilvano según la Marvel



En el año 1972 la casa de las ideas, la Marvel, decidió relanzar su sello, aprovechando el tirón de los cómics de la editorial EC, especializada en relatos fantásticos y de terror. Su colección estrella fue La Tumba de Drácula (The Tomb of Drácula), serie que se publicó durante 7 años ininterrumpidos, basada en el personaje creado por el irlandés Bram Stoker.




Los primeros seis números estaban escritos por el veterano Gerry Conway, Archie Goodwin, uno de los mejores editores de la historia del noveno arte y Gardner Fox. Los mismos son de una calidad fuera de lo común, bebían directamente del cine de terror de la Universal de los años 30 y de la obra literaria de Stoker. El dibujo recayó en manos de uno de los grandes, el inmenso Gene Colan, el veteranísimo dibujante consiguió con esta colección alcanzar las mayores cotas de genialidad como viñetista de toda su longeva carrera.




A partir del número siete, tomas las riendas y se hace fijo de la colección como narrador Marv Wolfman (Crisis en Tierras Infinitas, Robin), él mantiene en muchos aspectos el estilo impuesto en los primeros números, pero también introduce un matiz fantástico, casi superheróico, (estamos en la Marvel, no es tan raro ciertamente) con muchos ecos de la época crepuscular de la inconmensurable productora británica Hammer. Muchas veces el terror se suaviza para dar pie a la aventura pura y dura, Wolfman enriquece con mucha imaginación las aventuras del conde y las llena de suspense y giros de guión inusuales para la época.




Durante 70 números Wolfman y Colan narraron las andanzas del amigo Vlad Tepes mientras huía de un grupo de cazadores de vampiros encabezado por su descendiente Frank Drake, Rachel Van Helsing nieta de su clásico archienemigo Abraham y Quincy Harker, veterano cazador de no muertos hijo de los dos protagonistas humanos de la novela de Stoker, Johnathan y Mina Harker. Durante muchos de los números aparecieron secundarios destacados como Spiderman, el Hombre Lobo (en aquella época muy en boga gracias a la colección de Gerry Conway y Mike Ploog) Lilith la hija de Drácula, los X-Men, el Doctor Extraño e incluso en las páginas de la serie nació el célebre personaje de Blade, el cazavampiros, que era puro blackexploitation setentero, a día de hoy muy conocido por los films que ha protagonizado y que realmente tienen poco que ver con el rol que se ve en esta La Tumba de Drácula.




En el año 1979 la colección finalizó, Wolfman y Colan tiraron la casa por la ventana con un algo forzado y alargado final, pero que se revela como memorable por su sana intención de intentar humanizar a la bestia, al asesino, al príncipe de las tinieblas. Más tarde la colección volvió, unas veces con continuidad otras sin ella, en la revista Drácula Lives, con contenidos más variados y dirigida a lectores más adultos, las historias eran más crudas, violentas y se incluían desnudos femeninos que a Gene se le daban exquisitamente bien. En esta colección Wolfman y Colan volvieron a trabajar juntos, pero no siempre, unas veces el primero escribía relatos del conde para otros dibujantes y el segundo utilizaba sus pinceles para llevar a imágenes los guiones de otros autores, de esta publicación destacar de manera ajena a estos dos señores, la excelente adaptación, aunque inconclusa, que Roy Thomas y Dick Giordano hicieron de la novela de Stoker.




Dos veces más y bastantes años después, Colan y Wolfman retomaron las andanzas de Drácula. Primero en una miniserie de cuatro números editada en 1991, que retomaba la esencia de la colección pero que perdía consistencia en el dibujo de Colan debido a que Tom Palmer (excelente entintador habitual de la serie señera) dejó la labor a un poco inspirado Al Williamson. Por último y ya alejados del sello Marvel, el tándem de guionista y dibujante realizaron la miniserie La Maldición de Drácula para la editorial Dark Horse, con una estética distinta a la de la colección que nos ocupa (el conde parece más joven y viste de cuero) y un inusual y agradable retrato ácido de los políticos americanos.




La Tumba de Drácula ocupa un lugar privilegiado en mi estantería y la guardo como un tesoro, gracias a la reedición que Planeta de Agostini hizo en 18 tomos de todas y cada una de las historias sobre el personaje que se editaron y que tenían conexión con estos dos autores y la colección que crearon. Es un producto que ha envejecido magnificamente, que destila un sabor añejo entro lo oscuro y lo naïf que enamora desde el primer número, un trabajo inolvidable, un gran homenaje a el lado místico del sanguinario Vlad el Empalador, un clásico del noveno arte.


2 comentarios:

  1. Podrías hacer un artículo de como se realiza un comic y de las personas que trabajan en su concepción y puesta de largo. Es una sugerencia que dejo aquí.

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  2. Interesante apunte sí señor, lo tendré en cuenta para una futura entrada.

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