jueves, 20 de agosto de 2009

El Derecho de Nacer, y el mío a quitarme la vida


Director: Tito Davison (1966)
Guión: Edmundo Baez y Félix B. Caignet.
Actores:Aurora Bautista, Julio Alemán,Augusto Benedico,Hada Bejar, Eusebia Cosme, Maricruz Olivier , Fernando Wagner y Fernando Soler, entre otros.


Después de pasar en Córdoba un día de esos para marcarlos en los calendarios, subiéndome ya en el autobús de madruagada reconozco en el televisor el final de Cadena Perpetua, la maravillosa obra maestra de Frank Darabont y justo cuando iba un servidor a ponerse a disfrutar de dos horas de música que iban desde Amaral, a Slayer pasando por Disturbed o Qntal, de pronto arranco los auriculares del reproductor de Mp3 y los instalo en los altavoces del asiento que había delante mío, la película que empezaba se titulaba El Derecho de Nacer y no podía de ninguna manera perderme una cinta que desde tan pronto ya prometía ser memorable.


El Derecho de Nacer, la versión mejicana, no la española de 1951 realizada por Zacarías Gómez Urquiza, es una cinta que en su época marcó a generaciones, por ser una oda en favor de la vida y en contra del aborto. A día de hoy el visionado de la película de Tito Davison, el director con apellido de moto, es tan sonrojante, tan vergonzoso e increíble que la carcajada continua que produce puede desencajar la mandibula a al tío más serio del mundo.

La película es un larguísimo culebrón que parece no acabar nunca y que comienza con una mujer que ruega a un médico que interrumpa su embarazo ante la negativa tajante de él: ¡¡y el derecho de ese niño a nacer!! espeta el buen doctor a la casquivana futura madre, haciendo mención de manera acertada y muy sutil al título del film. Él en vez de hacerla entrar en razón por la vía de la lógica, de lo maravilloso que es alumbrar una vida, criar una criatura y verla crecer, le cuenta una historia que tiene lugar en Santiago de Cuba llena de maniqueismo, sensiblería vergonzosa, diálogos impostados, donde no se lucha en contra del aborto, porque en la trama no se pide la interrupción de un estado de buena esperanza, aquí el malo de la velada lo que quiere es la ejecución de su nieto recién nacido, que es algo muy distinto. Pero lo mejor de la obra con diferencia, los negros cubanos, los amos de todo el cotarro, actores entrañables retratados con xenófobos clichés y diálogos del tipo: yo me arrastaré como un perro esclavo pol todo aquel que me dé dinero señol o el más memorable aún: Ayuda a esta negra vieja y golda, vilgencita de la Caridad del Cobre, ellos son entrañables, mueven la maloliente trama y se comen la cámara cada vez que se ponen delante del objetivo.




El Derecho de Nacer nos dice que el aborto es inviable en toda situación, porque posiblemente estemos matando a un futuro venerable cirujano que no fumará, beberá, saldrá de fiesta, irá con mujeres de mucho escote y que encima salvará millones de vidas, entre ellas la de la persona que quiso matarlo, irá a misa todos los Domingos y solucionará la crisis del año 2009 a pesar de llevar 40 años muerto cuando la misma tenga lugar. En cambio, sí es una descarada y demagógica apología de los clichés racistas, el machismo, el clasismo, los malos tratos y el resentimiento, que paradójicamante incita al suicidio físico y mental al que la visiona.

Como buena persona que soy os dejo el climax del film, cuando la hermana Marielena descubre que el doctor Alberto Limontes es su hijo desparecido años atrás. Después de ver esta obra maestra ya no me quedan ganas de ver 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días, el alabado trabajo del rumano Crisitian Mungiu, no tiene sentido .





¿Lo mejor del día y el motivo por el que fui a Córdoba?, mi acompañante, por supuesto, insuperable e inolvidable en todos los sentidos, pero esa es otra película y de las buenas.

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